CP#4. Incertidumbre.

No sabía qué había sucedido, solo actúe por instinto cuando maté a sangre fría a los hijos de la oscuridad.

Parecía que mi cuerpo se movía solo porque tan solo quería proteger a los niños.

Aún mi cuerpo no se movía, sabía que no estaba herida, sabía que físicamente estaba bien, pero entonces lo que hizo aquel osado vampiro me dejó perpleja… ¡¿Cómo se atrevió a mancillar mis labios vírgenes?!

En ese momento por primera vez en mi vida me tomaron completamente desprevenida, nunca antes me había sucedido algo así. ¡¿Qué clase de demonio era este?!

Lo que vi en sus ojos no me gusto, un extraño escalofrío recorrió por todo mi cuerpo.

¿Acaso eso era deseo? No había algo más en su mirada, algo más allá de la lujuria, la sed de sangre.

Apenas alcancé escuchar los grito de las hermanas, las palabras del padre Abel, regrese mi mirada hacia él, parecía que mi cuerpo se hubiera desconectado de mi alma. ¡¿Qué me hizo ese demonio?!

Atine a decir por inercia:

—Estoy bien solo un poco perturbada y algo cansada— Sabía que no me creía sonreí, actuaba, parecía que todo lo hacía por inercia, finalmente vi mi ropa toda ensangrentada entonces un aroma que no era mío me golpeo, el olor de su sangre estaba en una de mis dagas, hacía mucho tiempo que no la usaba, una extraña sensación que me recorría por dentro, no habían palabras para describir lo que sentía en aquel momento y finalmente comenté sin pensar—: ¿Puede aplazar la ceremonia para mañana?... Por favor.

No sé por qué hice tal petición, no dudaba de mis creencias y menos de la decisión que había tomado con anterioridad, pero me sentía de alguna manera impura no podía tomar mis votos de esa manera, el padre pareció entender mi dilema, su sonrisa me tranquilizo cuando me sugirió ir a la enfermería del convento a que me revisen.

Lo siguiente que recuerdo era ser llevada al lugar pero algo en mí sentía que algo estaba mal. Me sentía observada.

Por primera vez en mi vida sentí miedo, temor a lo desconocido y a lo que me enfrentaba.

Necesitaba conversar con Dios, sentir el consuelo de sus palabras por medio de la oración, necesitaba hacer algo pero no sabía qué, algo en mí decía que ese encuentro no había terminado ahí, porque nunca antes un vampiro me había mirado de esa forma, era inusual, extraño y aterrador.

No sabía dónde estaba, quién era, qué quería de mí; Sin embargo mis sentidos parecían percibirlo de alguna manera, no estaba tranquila, mi instinto me decía que algo iba pasar antes que terminara el día, pero no sabía qué y eso era lo más aterrador, la incertidumbre me estaba matando lentamente, hasta que escuche a la madre superiora decir con suavidad:

—Hermana Sakura creo que debe darse un baño y descansar, ha sido un día difícil para usted.

¿Difícil? Esa no era la palabra que tenía en mente solo atiné a mover la cabeza por inercia en un gesto afirmativo, no sabía si era buena idea regresar a mis aposentos, no sabía si era buena idea tomar un baño, sabía que no debía quedarme con esas prendas porque a cada paso que daba tenía la certeza que me vigilan con sigilo.

¿Qué iba pasar? No lo sabía, pero tenía la certeza que algo iba cambiar.


—No puedo creer que me haya atrevido a escribir esto, después de tanto tiempo...— Comentaba en un tono bajo una hermosa mujer de cabellos castaños largos, atrás quedó los hábitos o la ropa de cada época que vivió, ahora vestía con una pantalón negro y una chaqueta que hacía juego, miraba con atención la moderna e imponente vista del lugar, habían pasado más de cinco siglos y por primera vez desde su transformación estaba de regreso en el país del sol naciente «Japón».

Sonrio sin gracia al regresar sobre sus pasos y leer por segunda vez lo que había escrito, entonces susurro en un tono mortal:

—Era 1483, el mundo ha cambiado desde entonces, pero está vez es completamente diferente.

Detuvo sus comentarios al ver hacia un costado las hermosas espadas dobles que llevaba, las había usado por siglos pero era hora de cambiar de armas, abrió una gaveta y se tomó su tiempo en ponerse sus guantes de cuero de color negro antes de abrir con mucho cuidado una caja especial, sonrío con malicia cuando vio el contenido «balas de platas fundidas de las cruces bendecidas de la Basílica de San Pedro ubicada en El Vaticano», ella las había conseguido dos siglos atrás pero en esa época eran dagas y no sabía como el escurridizo vampiro había adivinado sus planes, se le había escapado una y otra vez pero está vez iba hacer diferente, guardó sus balas en su gaveta, no si antes decir en voz baja:

—Es hora de ir por mis armas, porque esta noche Li Xiaoláng pondré fin a tu existencia de una vez por todas.

Esa noche fue la última vez que iba usar sus espadas dobles, así que con cuidado se las puso en la espalda como siempre las usaba antes de saltar por la ventana para subir a la terraza del imponente edificio, la ventaja de ser un vampiro era que el medio de transporte no era un problema, sobre todo cuando puedes correr a una velocidad imperceptible al ojo humano y poseer una fuerza sobrenatural.

Era hora de terminar aquel cruel juego que empezó siglos atrás, o al menos eso era lo que ella pensaba.


No lejos de ahí en los alrededores de una ciudadela universitaria, un vampiro desquiciado tomaba la vida de su última víctima.

Esa noche se había dado un festín porque se auto invitó a una desenfrenada fiesta de universitarios, su última víctima había sido una joven doncella de no más de 17 años, cuando al relamer el líquido carmesí que escurría por sus labios sonrío con malicia, le tomó segundos deshacerse del cuerpo al lanzarlo sin cuidado alguno en una de las fuentes del lugar luego de romper su cuello, ante todo nunca dejaba marcas con sus colmillos.

Aspiró el aire profundamente y comentó con una malsana alegría:

—¡Ehhhhhhh! Al fin estás aquí… Está vez te tomó más de cinco décadas ubicarme, me preguntó, por qué te tomó tanto tiempo.

Los ojos del vampiro se volvieron peligrosamente rojos de la excitación que le corría por dentro, entonces no dudo en correr hacia la dirección donde estaba ella, porque el juego había empezado de nuevo.

Continuará…