Nada me pertenece, pero eso ya lo saben.


4.- Carreras pueblerinas

Bella POV

Todos entramos y nos dirigimos al comedor. Emmett estaba ansioso. Rose confundida. Al verlos entrar juntos, el contraste fue interesante.

Nos sentamos sin orden ni concierto, aunque los que estaban ya dentro de la casa sí se posicionaron estratégicamente. Carlisle me volteó a ver una vez que todos se hubieran sentado.

- Tienes la palabra – me susurró, aunque todos escuchaban perfectamente.

- OK – me dirigí a todos en un tono de voz formal, - como todos saben, Don y yo somos corredores – ellos asintieron. – Mi hermana menor y su novio, principalmente, también lo son. Y todos saben que, originalmente, nos dedicamos a robar gasolina y repartirla en las carreras. Hace unos meses, comenzó a haber inconvenientes y la policía se enteró. Arrestaron a Don, pero Mía, O'Conell y otros dos lo ayudaron a escapar. Ahora nos buscan a todos con más fuerza que antes. Según sé, Mia y Brian están en o rumbo a Brasil. Los recibirá Vince, un amigo de hace años. Ellos creen que estamos en Ecuador. Lo que sucede es que no confío en Brian, es algo lento – Don me dio una mirada de advertencia, pero lo ignoré, - y es probable que se meta en muchos problemas, y mi mayor preocupación no es él, pero Mia está en peligro, y es por eso que debemos ir por ellos.

Y se hizo el silencio. Nadie hablaba y sólo Don y yo respirábamos. El primero en hablar fue Emmett.

- ¿A… Brasil? ¿El Brasil de Sudamérica? – su cara estaba descompuesta.

- No, el de Europa. Claro que el de Sudamérica. – Dije mitad en broma, mitad en sarcasmo. Sus reacciones no se hicieron esperar.

Carlisle respiró varias veces y parpadeó. Emmett comenzó a pseudobrincar de alegría, haciendo temblar toda la casa. Rose tenía los ojos desorbitados. Jasper parecía estar a medio ataque de pánico, al sobrecargarse con lo que sea que estuvieran sintiendo los demás en ese momento. Alice parecía estar emocionada. Edward aferró mi mano, sin embargo, se sentía distante, como si se preparara para lo que la familia decidiera.

Todos miraron a Carlisle y pude percibir un leve zumbido. Estaba paralizados, sin embargo, sus labios parecían temblar, así que deduje que estaban hablando a velocidad vampírica.

Don me dio una palmada en la espalda, como consolándome. Después de un par de tortuosos minutos, Carlisle me miró y dijo:

- ¿Qué tenemos que hacer? – casi brinco del alivio. Suspiré.

- Bueno, primero que nada, iríamos directo a las favelas de Río, lo más importante es no llamar la atención de nadie o nada en lo absoluto. Aún tenemos un par de días antes de que nos esperen, según mi última conversación con Vince. – Pude deducir que estaban de acuerdo, por lo que proseguí: - Necesitamos autos, y nuevas identificaciones. Necesitamos comenzar a ganar dinero porque una vez que estemos allá no habrá muchas oportunidades de ir al cajero, si me entienden. Por no mencionar el hecho de que no debe haber ni un movimiento sospechoso en sus cuentas bancarias. Este par de días nos servirán para encontrar la manera de que ustedes actúen natural en nuestro medio, y de que no les afecte el sol en lo absoluto.

- ¿Y cómo vamos a confundirnos con los demás? – preguntó Emmett.

- Bueno, deben aprender lo básico. Cómo correr, camuflarnos, huir de situaciones escabrosas, mentir, robar gasolina sin incendiarse a ustedes mismos – dije, recordando algunos casos que se nos habían salido de las manos. – Y tienen que conocer al equipo. Son un grupo muy variado, pero les agradarán, creo.

- Bella, nosotros ya sabemos hacer todo eso. Correr, camuflarnos, mentir… reduce la lista. – Intervino Rose.

- No es verdad del todo. Sé que saben hacerlo, sin embargo, su estilo nos delataría de inmediato. Sé que aprenden rápido, por lo que supongo que con ver un par de ejemplos podrán imitar a los demás. – Lo acababa de inventar, sin embargo, sonaba coherente para mí.

- Bueno, pero ¿cómo pretendes hacer eso? No creo que puedas solo googlearlo – Alice se burlaba de mí, aunque tenía razón.

- Ella tiene razón, Ana. ¿Cómo lo haremos? – Don me miró, interrogante,

- Podemos ir a las carreras de Forks. Conduciendo, tardaremos cinco días en llegar a Rio, si nos tomamos sólo esta noche, llegaremos casi al mismo tiempo que Mia.

- No estoy seguro de que podamos, Bella. No es nuestro ambiente. ¿Nos ayudarás? – Carlisle realmente creía que los dejaríamos a la deriva.

- Por supuesto, es el objetivo de esto. Si les parece bien, creo que podemos comenzar – miré a todos. Lucían un poco perturbados, pero dispuestos.

OoO

Yo me encargué de asesorar a las chicas sobre su vestimenta, y Don se encargó de los hombres. Había decidido que comenzaríamos de manera radical para todos, aunque tenía que remarcar el hecho de que a Carlisle y a Esme no les iba del todo el look pandillero. Serviría sólo por hoy.

Yo había ido a las carreras sólo un par de veces desde que me había escondido, y sabía que las chicas no iban tan primaverales como en Sudamérica, por obvias razones, sin embargo, sí que usaban ropa provocadora, tacones y chaquetas con mucha personalidad. Así que ese fue el patrón que seguí con las chicas. Sólo Rose y Alice quisieron usar los mismos shorts que yo llevaba usando desde mi llegada, pero Esme se acomodó mejor con unos pantalones pitillo que realmente le quedaban bien.

Cuando bajamos a la primera planta, los muchachos ya estaban allí. Don y yo nos miramos y yo comencé con mi discursito:

- Los autos en los que vamos a competir son sólo los de Don y míos. No queremos bajas, por lo que los demás autos irán sólo de exhibición, con excepción del Jeep y del Volvo. El Mercedes irá como cubierta para Carlisle y Esme, pero el Porsche, el BMW y el Aston Martin van a correr, pero sólo en nuestras manos. Su tarea es escuchar lo más posible, observar, memorizar y estar atentos a todo. Entre más absorban, mejor les irá en el futuro. – Miré mi reloj. – Aún es temprano, pero podemos ir yendo. Nos dará tiempo de elegir un buen lugar y explicarles sus dudas allá.

Todos asintieron y se dirigieron en silencio a los respectivos vehículos que les habíamos dicho. El camino fue tranquilo. Edward iba en el Aston Martin, Rose llevaba el BMW, y los demás en sus respectivos autos. Emmett iba conmigo, sorpresivamente. Al parecer me había extrañado.

No nos costó mucho ubicar el sitio de esta noche, aunque la penumbra era bastante, y el camino estaba oculto por los árboles. La medianoche era inminente y los organizadores ya estaban allí.

Detuvimos los autos y me bajé para hablar con todos.

- Ok. Por el momento, dejen ahí los autos. Don y yo iremos con los organizadores a pagar lo necesario y después podremos comenzar a participar. Habrá una carpa para corredores y otra para los autos de exhibición – Vaya con las carreras en climas lluviosos. – Tengan en cuenta dos cosas, aquí no hay reglas para la convivencia, todos estamos detrás de un cartel de "Se Busca", así que tengan cuidado. No confronten con la mirada, pero tampoco estén acomplejados. No se asusten ante nada. Todo es normal y está controlado. – Podía ver que un ligero estremecimiento los recorrió enteros, sin embargo, asintieron y pusieron sus mejores caras de póquer.

- De acuerdo – continuó Don. – Necesitamos que se queden al lado de los autos mientras no los utilicemos. La gente querrá verlos y esas cosas, déjenlos acercarse. No les harán daño. Ana y yo vendremos a cambiar autos cuando sea necesario. No hablen con nadie. El Mercedes estará en la carpa de exhibición y los demás en la otra. Tienen sus teléfonos. Si algo pasa, sólo llámennos. – Asintieron de nuevo.

-Muy bien – dije yo. – Iré a registrar los autos y Don los acomodará y les dirá qué hacer y qué no hacer.

Los demás autos pasaban a toda velocidad a nuestro lado, antes de ir a dar una vuelta y pararse detrás de nosotros. Me dirigí a mi auto, me quité el abrigo y tomé la gran maleta con dinero que traía. La llevé conmigo hasta la zona de registros, tengo admitirlo, caminando lo más parecido a una modelo que pude, ya que me encantaba mi forma de vestir y nunca estaba de más presumir. Aquí el registro era bastante organizado, ya que no todos los autos podían competir contra todos. Además del hecho ineludible de que debías irte si no pagabas antes de todo.

Al llegar al pequeño mostrador improvisado, el tipo que atendía me miró de inmediato, ya que apenas estábamos comenzando y mi vestimenta no era precisamente discreta.

- Hola, guapo – su mirada estaba fija en mis piernas, por lo que troné los dedos a la altura de mi rostro y continué: - ¡Ey! Atención aquí.

- ¿Qué puedo hacer por ti? – respondió de inmediato.

- Ah, veamos. Quizás podrías registrarme – le dije con sarcasmo. Él se sonrojó y comenzó a trabajar.

- ¿Cuántos autos?

- Cinco. Para carreras de poca distancia, y uno para exhibición.

- ¿Qué modelos? – preguntó mientras sacaba las hojas que correspondían a cada tramo.

- Un Aston Martin V12 Vanquish, un BMW M3, un Porsche Turbo 911, un Toyota Supra 1996 y un GMC Yukon 2005 – estaba sorprendido, aunque hizo lo posible por que no se le notara.

- ¿A nombre de quién? – bien, venía la hora de la verdad. A ver si este pequeño pueblo podía con nosotros.

- Ana y Dominique Toretto – sus ojos se abrieron de inmediato. Pude ver la sorpresa en sus ojos, y el miedo. Bueno, eso le pasaba por no mirar mi rostro y darle más importancia a mis piernas. Abrió la boca como un pez y comenzó a boquear, buscando palabras. Estudió mi rostro a fondo, y supe que iba a gritar.

- ¡¿Por qué están aquí?! No tenemos nada de su interés. ¡Váyanse antes de que llamemos a la policía! – Nadie lo estaba escuchando en realidad, pero me tocaba mucho los cojones que fuera así de marica.

- Mira, niño. Venimos a correr. Según los noticieros, estamos en Ecuador. ¿Quieres atraer a la policía a este lugar, aún sabiendo que para cuando ellos lleguen ya no estaremos aquí? El único trasero en juego es el tuyo. – Su mirada se descompuso, Don comenzó a acercarse y más y más gente nos estaba mirando.

Alguien a mis espaldas gritó:

- ¿Y qué pensaban? ¿Que no los reconoceríamos? – me volví para responderle, sin embargo, por el rabillo de mi ojo pude ver que el niño sacaba su teléfono y comenzaba a marcar.

Sin tiempo que perder, tomé mi pistola, que saqué de mi bolsillo en un movimiento y apunté a su cabeza.

- No creo que quieras hacer eso – sonreí, mirando aún al tipo que nos había retado. Se congeló y soltó el teléfono. El tipo sacó su arma y apuntó a mi cabeza, confiado en que yo no podía responder. Fue entonces cuando Don sacó la suya y apuntó a él.

- Ni tú eso – le dijo, detenidamente y con la voz grave que lo caracterizaba.

- Muy bien, ahora. Pon atención a la persona que te apunta con el arma – le dije al sujeto. – Venimos a correr. No creo que ustedes, ninguno de ustedes, quiera decepcionar a un Toretto. Menos a los dos – sonreí lo más encantadora posible.

- No, por supuesto que no – dijo un tercer sujeto, al que reconocí como dueño del taller mecánico del pueblo, quien era el dueño de las carreras. - ¿Quieren correr? Corramos – él estaba tranquilo.

- Muy bien. Eso quería escuchar. – Don dijo:

- Perfecto. Reto a este sujeto. 500 metros a velocidad. Auto por auto. – Levantó la pistola con lentitud y el niño tragó. - ¿Qué dices? ¿Te asusta?

- Claro que no – reaccionó, mostrando su carácter. – Hecho. Será la primer carrera.

Oh, no. Tendría que aprender a no meterse con un Toretto. Asentí con tranquilidad y me volví hacia Don. Lo tomé del brazo y nos abrazamos por un pequeño y corto segundo.

- Ok – le dije en voz baja.

Habíamos perdido a nuestro padre en una carrera y desde entonces teníamos una pequeña despedida antes de que ninguno de nosotros subiéramos a un auto. No tenía importancia a menos que pasara algo, en cuyo caso nos habríamos despedido. Era lo mejor.

- Bueno, pues esa será la primera carrera, Ana – me llamó el niño – aún tenemos que terminar de registrarlos.

- Sí – me acerqué a él mientras tomaba sus hojas de registro. Con rapidez y precisión, escribí los datos correspondientes con una floritura antes de dárselas de vuelta.

- Muy bien, Toretto. La primer carrera es la de tu hermano y el señor Dwaling. Kilómetro y medio a velocidad auto por auto. ¿Cuál será la apuesta por los demás?

Los Cullen se acercaron, excepto Carlisle y Esme, queriendo escuchar. Edward fue directo a mi lado y rodeó mi cintura con sus brazos. Señalé los papeles que acababa de firmar y dije:

- El Aston Martin y el Porsche van por $100,000.00 El BMW por $60,000.00 – Rosalie me lanzó una mirada que podría cuajar la leche. Uy. – Todos por kilómetro y medio a velocidad. Todos conducidos por mí.

- Muy bien, ahora lo único que necesito es el dinero – me miró, casi como si esperara que falláramos en eso. Con un fluido movimiento, levanté la maleta con el dinero y la puse sobre sus registros.

- Cuéntalo. Incluye los $175,000.00 por mi hermano. No tenemos las escrituras del Aston Martin a nuestra disposición, pero ya es un hecho. – Mi novio casi se desmaya al escuchar esto último, lo hubiera hecho de no ser por su naturaleza. El tipo me sonrió y yo le sonreí de vuelta.

- De acuerdo. Las carreras van espaciadas por dos, es decir, va tu hermano, esperas dos y luego vas tú. ¿Entendido? Sabes que, si surge algún reto, éste será primero que nada. ¿Dudas?

- Sólo por qué sigues mirando mis piernas en vez de contar el depósito – le dije con suficiencia, antes de dar media vuelta y caminar hacia los autos. La tormenta no se hizo esperar.

- ¡¿Cómo te atreves?!

- ¡¿Acaso estás loca?!

- ¡¿Sí te das cuenta de que es mi auto?!

- ¡Estás vendiendo lo que no es tuyo!

- Ok, ¡deténganse! – les grité, volteando bruscamente. Guardaron silencio, pero sus miradas seguían recriminándome. – Bien, para empezar, no estoy vendiendo nada. En las carreras se paga una inscripción a modo de apuesta. La pierdes si pierdes, y si ganas, ganas. El único auto en peligro potencial es el Aston Martin, en vista del reto, pero está en manos de un Toretto y no hay manera de lo perdamos. Mucho menos con estos aficionados – sabía que me estaban escuchando otras personas. – Así que lo único que asará es que saldremos con al menos dos millones doscientos setentaicinco mil dólares y un Nissan GT-R. ¿Entendido? – Sólo asintieron. – Bien, eso creí. Vamos.

Mi pequeño arranque de ira los calló durante un rato, en el cual me dejaron estar de pie sola, observando a Don hacer las comprobaciones y probando el auto para antes de la carrera. Me guiñó un ojo y subió. Lo vi ajustarse el cinturón de seguridad y dirigirse a la línea de meta. Me hubiera gustado que Edward estuviera a mi lado para poder explicarle muchos detalles sobre cómo correr, sin embargo, él lo estaba escuchando en los pensamientos de mi hermano de todas maneras y no tenía ánimos para ir a buscarlo.

La carrera iba a ser en círculos, en vez de en línea recta, para probar la habilidad de ambos corredores. Vi a mi ex-mecánico subirse a su auto, que la verdad lucía algo destartalado. Se colocó al lado de mi hermano y una rubia típica agitó los banderines un par de veces antes de marcar la salida. Los motores rugieron y ambos autos salieron disparados hacia el frente. Ambos derraparon en cada curva, pero la ventaja de Don era indudable, especialmente cuando, en una maniobra aventurada, él le cerró el paso. El mecánico evitó la colisión y frenó demasiado aceleradamente sobre un montículo de lodo que lo sacó de ruta por completo. Mi hermano terminó la carrera dos vueltas más tarde, cuando el Nissan apenas intentaba volver al rodeo. La gente vitoreó con éxtasis cuando mi hermano emergió. Aplaudí con lentitud, mirando con secreta satisfacción como el otro auto llegaba a su lado y el dueño nos entregaba las llaves. Primera victoria ganada.

Comencé a caminar hacia él cuando unos brazos helados me jalaron fuera del camino. Juro que casi golpeaba al tipo antes de darme cuenta de que era mi novio. Me apoyó en un árbol, y se puso frente a mí, taladrándome con la mirada.

- No tenías derecho – me dijo con la mandíbula tensa.

- Claro que lo tengo. Ya lo demostré – su mirada se tornó salvaje. – Mira, Edward. Comencé a conducir desde los diez años, y he participado en carreras desde los catorce. Jamás he perdido, ni Don. Comprendo que tienes tus límites, así como yo tengo los míos. Te mostraré mi mundo, así como me mostraste el tuyo. Es vital que confíes en mí. Así es como son las cosas. Tómalo o déjalo, Edward – en sus ojos pude ver que el enfado se desvanecía y daba paso a la tristeza.

- Lo tomo, sí. Y te tomo a ti. Pero tienes que prometer que no te pasará nada.

- No lo puedo prometer, el peligro existe. Sin embargo, puedo asegurarte que no tienes que preocuparte.

Antes de que nos diéramos cuenta, comenzó a sonar música atronadora desde la carpa. Reconocí de inmediato el Hipno de DJ Tiesto. Me gustaba.

- Ven, ya comenzó la fiesta – le sonreí y lo arrastré conmigo. – Tengo que correr en media hora, podemos disfrutar mientras tanto.

- ¿Qué es esto? Pude haberte llevado a algún antro en Seattle si esto es lo que querías – bromeó conmigo.

- No es lo mismo – dije después de soltar una carcajada – apostamos aquí. Don está en ello – le señalé un rincón del lugar, donde mi hermano acababa de cerrar un trato con algún desconocido. Edward alzó las cejas.

- Para obtener más ganancias, apostamos contra otros corredores. Es más fácil y rápido. Ahora mismo está apostando sobre cómo saldrá mi primer carrera, es por eso que nos voltean a ver tanto. No mires ahora – le advertí. – Ven conmigo, voy a preparar el coche y luego podrás ver lo que hago.

Volví a jalarlo hacia el Aston Martin, intacto junto al resto de los vehículos. Subimos y lo conduje hasta un lugar cercano a la línea de meta. Cambié velocidades un par de veces y me acostumbré al volante. Salimos del auto y nos besamos durante un par de minutos hasta que el estruendo se dirigió a nosotros.

- Quédate con mi hermano, y estate tranquilo. Todo saldrá bien – le aseguré antes de besarlo de nuevo. Me despedí de Don y besé a mi novio por unos segundos antes de hacer los mismo que Don en su momento.

Fue fácil, sobra decir. Era en línea recta y mi técnica de cambio de velocidades era un éxito. Así fueron las otras dos carreras. Tenía que admitir que estaba un poco oxidada, a pesar de la poca práctica que había tenido con Don el día anterior, pero había sido fabuloso volver a las andadas. Me recordaba tiempos más felices y libres, en los que Letty y yo corríamos por diversión y por ver a quién recibía Don primero. Ah, Letty. Era como mi hermana, y cuando Brian llegó, ella y yo éramos más unidas que nunca. Hasta el accidente y todo lo que había ocurrido después. La extrañaba como a nada en el mundo, y corriendo era como me sentía más cercana a ella.

Cuando bajé del Porsche en la última carrera, Edward estaba esperándome. Se había arriesgado a ser descubierto, pero por suerte el alboroto era más que suficiente. Ya eran las tres de la mañana.

- ¿Qué haces aquí? – me reí y lo besé, dejándome caer en sus brazos. – Alguien pudo verte.

- Bueno, escuché a alguien pensando en abordarte justo ahora para pedirte compañía para más tarde – se estremeció. – Y decidí que yo debía pedírtela primero. Así que, ¿aceptas acompañarme?

- Claro que sí – me reí de nuevo y lo besé con fuerza. Las carreras me daban una euforia y un candor que nada me había dado hasta entonces. – Bueno, sólo vendrán por mí si me dejas sola – le aseguré. Lo besé de nuevo, metiendo mi lengua en su boca. Ambos gemimos tras un momento.

- Recuerda esto – le dije. – Si los demás te ven seguro, te respetarán. Amedrenta o halaga por igual y a quien corresponde. Nunca falla.

- ¿Y de qué depende lo que corresponda? – me dijo, besándome de nuevo, y acariciándome, haciéndome perder la concentración.

- De ti, claro.

- ¿De mí?

- De tus habilidades, tu capacidad para conducir y… - sollocé un poco cuando succionó mi labio inferior y dirigió su lengua a mi cuello, lamiendo con suavidad.

Me llevó a un puf cercano en el cual continuó con su tarea, y cuando mis manos comenzaron a ir varios pasos más allá y mis ojos giraron sin permiso en sus cuencas, una voz conocida nos interrumpió.

- Vaya, vaya – nos separamos de inmediato y casi me caigo del pequeño sillón al mirar al interruptor. – Bella, no creí que te gustaran estos medios – se burló Mike Newton desde su elevada cabezota.

- Ana, está todo listo. Una carrera más y nos iremos – improvisó Don, llegando de inmediato. Mike alzó una ceja.

- ¿"Ana"? Vamos, Bella. Tú no sabes ni manejar derecho. Tu trasto no puede ni consigo mismo – la burla seguía y noté a Tyler y a Ben a sus espaldas. Este último lucía avergonzado y hasta culpable. Ok, necesitábamos medidas desesperadas.

- Mira, rubio – lo barrí. – Mi nombre es Ana Toretto. No sé con quién demonios me confundes, y tampoco me importa, pero tendrás que retractarte de tus intenciones si quieres llegar vivo a la guardería mañana – dije, lo más arrogante y grosera que pude.

- No es así – lucía muy avergonzado – sólo Bella está con un Cullen – señaló a Edward.

- Ya no – dijo él. Bella Swan fue un error de aquellos, pero ahora he vuelto a ser libre. Ella está fuera de mi vida.

- Mientes. La amas. Me dan diabetes cada día que los veo. No es posible – lucía algo lento.

- Bueno, su padre es jefe de policía. Uno no sólo hace eso – le contestó. – Ahora ella está en Florida, molestando a alguien más – parecía aburrido.

- ¡Pruébalo! – me gritó, desesperado.

- Fácil – respondí de inmediato. – Corramos. ¿Qué puedes perder, aparte de tu dignidad?

- ¿Cuánto apuestas? – exclamó, dolido por el orgullo.

- Un millón de dólares.

- Como si tuvieras esa cantidad – me retó.

- ¿Tienes miedo? – respondí

- ¡Hecho!

- ¡Atentos! – grité, alzando mi mano y llamando la atención de todos allí. – El niño dice ganarme. Sean testigos. Un millón de dólares, por kilómetro y medio. – Susurré lo último, aunque todos escuchaban, y me dirigí a mi auto.

Pude escuchar la ola de risas que generó el atrevimiento de Mike y él se puso rojo de coraje. Muy mal. Fue en ese estado en que él subió a su vehículo, que puso al lado del mío. La rubia se puso entre ambos y exclamó:

- ¡Nada de empujones o de acorralar a nadie! Si llega a pasar, iremos a un auto por auto. Sin juegos sucios. – Movió los banderines. - ¡FUERA!

Podría jurar que Mike arrancó antes de lo indicado, pero no importó cuando le saqué ventaja de inmediato a su muy mal cuidado Ferrari, nuevo al parecer.

A pesar de la advertencia de la rubia, me acorraló contra los árboles a lo largo de cien metros, pero tuve mi oportunidad al aprovechar un cambio de velocidad suyo. Me coloqué por delante de él, sin bloquearlo, y aceleré ante una subida repentinamente alta. Caí primero, por supuesto, y cuando vi el final, decidí frenar poco a poco para no quedarme en el lodazal. Él no lo hizo, y para cuando llegué a la meta, él había remontado un árbol, volcándose de inmediato y cayendo 30 metros antes de la meta.

Todo se hizo un caos tratando de ir a ayudarlo, yendo a ver cómo estaba, incluyéndome, sin embargo, él salió de su auto un par de segundos después, con una herida en la cabeza y sin ayuda, caminando directo hacia mí. A un metro y medio de mi posición, su brazo tomó vuelo para darme un puñetazo que seguramente me rompería la cara, pero me mantuve en calma y di un paso atrás en el momento indicado, haciendo que su brazo pasara frente a mis ojos. Aproveché el gesto y tomé su brazo, jalándolo de tal manera que él aterrizó en la grava.

Yo ni siquiera estaba acelerada, así que no tuve reparos en ondear mi cabello cuando caminé hacia el resto de gente, que se había detenido al ver la escena. Sin embargo, uno de ellos salió (Carlisle) y continuó caminando con energía hacia el rubio. Intenté detenerlo con mi brazo, pero lo torció con facilidad y siguió avanzando. Fue Don el que lo detuvo.

- No puedes ayudarlo. Aquí se ayuda a todos, pero al atacar a Ana fue un mal perdedor y aquí no ayudamos a cobardes. Ahora debe irse por su propio pie y sin auto. Le será confiscado y será pagado como indemnización a Ana.

Carlisle se calmó y se dio la vuelta, yendo directo al Mercedes. Hablaría con él luego.

El organizador fue hasta Mike, buscó en sus bolsillos y sacó su tarjeta de crédito, la cual deslizó en un cobrador que alguien había llevado. Dwaling me pagó el millón, que ya había sido cobrado por su cuenta. Asimismo, me dio un bono por el valor del auto, que estaba en muy mal estado, y yo sólo agradecí, alejándome de la escena.

Hacia las 4 am, decidí que era buena idea irnos, por lo que tomamos los autos y los condujimos a la casa de los Cullen. Don y yo sólo queríamos dormir, por lo que dejamos los autos ahí, a la intemperie y fuimos directo a las habitaciones. En un segundo plano escuché que Edward ponía las noticias, pero no tuve ánimos de escuchar nada más cuando mi cabeza entró en contacto con la suave almohada. Me dormí en segundos.

OoO

Mientras tanto, una denuncia anónima nos ha dado a conocer el hecho de que Ana Toretto se escondía en el pequeño pueblo de Forks bajo la identidad de Isabella Swan, alumna del instituto local. Policías locales se dirigieron a la escena con la intención de registrar su casa e interrogar al Jefe de Policía, quien pretendía ser su padre. Sin embargo, el lugar estaba desierto cuando las autoridades llegaron a él, y se hallaron signos de allanamiento.


~Sev