Era viernes al fin, habían pasado dos semanas de su encuentro con Hermione Granger, él no la había vuelto a insultar ni a maltratarla de ninguna manera, necesitaba que la castaña entendiese que él estaba cambiando para bien, sería una persona de luz y no de oscuridad como le había sido inculcado, ella por otra parte, le dedicaba unas miradas de reojo cuando estaban en la misma habitación, entraban a las clases que compartían y ella ya estaba ahí con sus amigotes San Potter y la Comadreja, él y Theodore siempre se sentaban en los pupitres laterales a donde fuese que se encontrara la chica de ojos miel, excepto en el Gran Comedor que siempre se sentaba viendo hacía la mesa de Gryffindor y la chica hacía su mesa de Slytherin, gracias a Morgana que no habían vuelto a cruzar palabra, él estaba muerto de miedo, en tal solo unos meses, cuando volvieran a iniciar clases, ellos dos compartirían la torre de premios anuales, aunque él no pudiera admitírselo a sus amigos, amaba ser el segundo de su año, eso lo había llevado a poder tener al destino de su lado, ella lo iba a conocer, como fuera, él le iba a mostrar que era una persona diferente, que estaba totalmente cambiado y que podían ser amigos, desde hace mucho tiempo que el rubio dejó de odiarla, si es que alguna vez lo hizo, dejó de sentir cualquier cosa desagradable, él la amaba como nadie tiene idea, y aunque los sentimientos te hagan débil, como le había repetido mil veces su padre, él amaba con todo su marchito corazón a la castaña de ojos miel que le controlaba la vida sin darse cuenta.
Ese día era el último de ese año en Hogwarts, esperaba ansioso volver a empezar, al contrario que los años anteriores, pero con una característica en común, nunca le había gustado el fin de las clases, eso significaba ir a su casa, ver a su padre, a los sangrepura elitistas, a los mortífagos y principalmente a su tía loca que desde que él era muy pequeño se había estado quedando en su casa a vivir, no soportaba tener que llevar el peso de una máscara para aparentar ser lo que debía ser, un muchacho sin sentimientos, sin corazón, un mortífago, un asesino, en resumen, una persona sumida en la muerte y en la soledad, la única persona que le había demostrado un pequeño sentimiento de amor, dulzura, agradecimiento, pasión, era su madre, pero ella no podía hacerlo más, estaban vigilados desde que empezó su quinto año en Hogwarts, desde ese momento, él ya no recibía más cartas de su madre contándole como estaba todo allá, él solo esperaba que al leer el Profeta no hubiera una mala noticia para su familia, también estaba pendiente de las muertes ocurridas de muggles, necesitaba saber si los padres de su castaña estaban con vida, la amiga número uno del enemigo más grande de su "Lord", como odiaba a ese mestizo, dándoselas del rey del mundo, pero siendo tan insignificante como una hormiga, el "Señor Oscuro", otro de los apodos que se había inventado a sí mismo, lo que internamente quería era poder, pero creía que la destrucción y la muerte lo ayudarían a conseguirlo, estaba tan equivocado.
Ahora hablando de seres que Draco detestaba con todo su ser, su padre, el primero de su lista, por inculcarlo de una manera tan vil como lo hizo, por enseñarle que matar y torturar a las personas te hará grande, por enseñarle a usar esa máscara invisible para cubrirse del mundo, para guardar todo en su interior y reprimirlo hasta la muerte, lo odiaba sobremanera cuando lo veía maldecir a su madre, cuando la había casi matado por una orden de Voldemort, luego de que ella expresó su necesidad de un respiro, ella tampoco era una asesina, no podía serlo, pero al mestizo con complejo de superioridad no le interesaba, ni una mínima parte, el sufrimiento de sus seguidores, bien sean leales o no.
"Voy a ser espía para la Orden" era uno de los pensamientos que frecuentaba la mente del rubio, "Ellos no me van a aceptar" era lo que seguía luego del primer pensamiento, luego de eso desechaba la idea y pensaba en los estudios, una forma de escapar de la realidad.
Eso de su fama de gigoló, no era cierto, nunca había hecho nada con ninguna mujer, Pansy fue a la primera que él invitó a su cama, pero no pudo hacer nada, se sentía sucio porque ella era como su hermana, esa fama mal ganada era realmente de Blaise, ni Theo ni Draco, Zabbini era el único gigoló , nadie se fijaba cuando ellos salían de la habitación justo un segundo después de que entraba alguna chica al cuarto, pero como Malfoy era el más guapo, todo apuntaba a que él era el que se acostaba con medio Hogwarts, incluso posiblemente más de medio Hogwarts, también algunas muggles, unas estudiantes de Beauxbatons y quién sabe, posiblemente algo más.
Habían llegado a la estación King Cross, era 28 de Junio, tenían dos meses de vacaciones, y a medida que el Expreso de Hogwarts se vaciaba, se podían observar los rostros de felicidad de los estudiantes al regresar con sus familias, al ver a sus padres luego de tanto tiempo, emocionados de contar todo lo sucedido cuando llegasen a casa, la vida de alguien normal, pero no era el caso de una buena cantidad de estudiantes que si fuera posible se quedarían por siempre en Hogwarts, su hogar era ese, la casa de sus familiares era solo eso, la casa de sus familiares, pero no era suya, su casa realmente era Hogwarts, eso afectaba terriblemente a esos que estaban por comenzar su último año en Hogwarts, ya habían crecido, no eran esos pequeños de once años siendo escogidos por el sombrero seleccionador antes del banquete de bienvenida, iniciando una educación completa en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Sin darse cuenta ya estaba en la mansión Malfoy, deseaba una y mil veces, no tener que estar ahí, poder irse a vivir solo, pero no era muy sencillo, figuraba entre lo más fácil de decir, pero lo más complicado de hacer. Ignorando a cualquiera que atreviese a decir algo, el rubio se dirigió a su habitación escuchando que su madre le decía a los elfos que dentro de dos horas sería la comida, que prepararan todo porque ya estaba el joven Malfoy acá, y con eso Draco no pudo aguantar una sonrisa que se escapó de sus labios, pensó en su castaña y en su campaña del programa de protección a los elfos, salario digno, vacaciones y esas cosas, se mantuvo pensando un rato en cómo sería la vida si eso lo aplicaran en su casa, él creía que su padre se asesinaría antes de aplicar eso en la mansión.
Dejando las cosas feas de un lado, esa noche comerían todos los sangrepura juntos, no tenía idea de la razón y pronto la averiguaría, solo esperaba que sus amigos llegaran para distraer su mente de la chica ojimiel, por mucho que Draco quisiera contarle a su madre que lleva más de un año enamorado de esa chica, sabía que hacer eso no sería positivo para su familia, podrían torturar a su madre para sacarle cualquier información y de ninguna manera él permitiría eso.
Luego de una hora de haber llegado al lugar más tétrico, siniestro y frío en el que él había estado, el rubio bajó al vestíbulo al escuchar muchas voces, sabía que las personas empezaba a llegar y debía hablar con sus amigos sobre algo importante que había descubierto en ese tiempo de rondar por sus pensamientos, al llegar a la gran puerta que indicaba la entrada a la mansión, observó a Pansy, Blaise, Theodore y otros Slytherin más que conocía de vista, más nunca había tenido una conversación seria fuera de las que ocurrían en los eventos de ésta índole.
Cuatro personas se fueron directo a los jardines, todavía quedaba un poco menos de una hora para la comida, ninguno de ellos sabía la razón de la reunión, eso de que sea por terminar un año más en Hogwarts, no les sonaba convincente, algo debían tramar sus padres, mientras los chicos hablaban tranquilamente, llegaron las dos hermanas Greengrass a arruinarles el tiempo, informando que llegó la hora de ir al comedor de la mansión, la hora de la cena había llegado, ellas "sin querer" se les escapó que habrían noticias interesantes esa noche y que capaz una sería emocionante, aunque no todo era color de rosa, también dijeron que venía un invitado especial y éste tenía noticias para todos los jóvenes, todos se imaginaron que esa persona sería Voldy para reclutarlos y que ellos se unieran a sus filas, y por mucho que no quisieran, debían aparentar por su vida, su futuro y sus familias.
A llegar al comedor, todos se sentaron y tal como lo predijeron, estaba el sin nariz ahí sentado, mientras comían únicamente se escuchaban las respiraciones de todos, hasta que el primer joven se levantó y una voz escalofriante habló.
