Disclaimer: Me aburre esto pero vamos a hacerlo, "Death Note no me pertenece solo escribo por mi propio entretenimiento y sin ánimo de lucro" *Insertar sonrisa idiota* ¿Ya, felices?

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Los giros de la furia

En la semana que Nira, o Raven, había vivido en esa casa, aprendió dos cosas.

Uno, que realmente se le hacía raro vivir sin la emoción de siempre.

De hecho, no diría que fuese raro, más bien era aburrido. Erebus estaba trepando las paredes por poco del aburrimiento que intoxicaba el oxigeno, incluso los shinigamis de Dios-sabrá-cuantos-años se aburren.

Dos, que era mejor no hacerse enemigos por esos lares. La mayoría tenía un intelecto superior, ya sea en un ámbito o en otro, por lo que enemistarse con alguien podría ser peligroso.

En este último aspecto Nira hacia lo que podía. Aun así, se negaba a crear lazos con alguno de esos chicos. Ya tenía suficiente con cierto shinigami como para también tener problemas con mortales.

Hablando del shinigami, al parecer seguía ofendido por su decisión de quedarse allí. No era precisamente que le agradara el lugar, por decirlo de forma suave.

Entre los "Este lugar me da repulsión" y los "¿Qué precio ofreces para irnos de este manicomio de eruditos?" Nira noto una sincera preocupación de parte del inmortal hacia ella.

Sin embargo, hubo una discusión que le hizo afirmar eso.

Fue al tercer día de estar allí.

Habían sido días bastante lentos. Sin ese peligro constante que ofrecen las calles, volver a un ámbito civilizado era algo un poco tedioso. Como cuando corres lo suficiente para no cansarte y paras abruptamente.

Sin embargo, el préstamo de Roger sirvió para entretener por un rato a cierta morena de ojos dorados.

Y de paso para darle unas cuantas frustraciones.

A su vez, Erebus estaba bastante distraído. Si, hacia los mismos comentarios jocosos y tenía la misma actitud de siempre, pero se le notaba mas sumido en sus pensamientos que de costumbre. Por simple respeto Nira no le había interrogado respecto a sus ideas, pero aun así sentía inmensa curiosidad al respecto.

La menor estaba batallando con el maldito cubo de colores en ese momento, o al menos lo hizo hasta que Erebus dijo algo que le obligo a interrumpirse.

-Diecisiete.

Nira enarco una ceja. "¿Tanto misterio para eso?"

- ¿A qué te refieres?

-Hace un mes tu tiempo de vida llegaba hasta tus diecisiete años-La niña alzo las cejas sorprendida. Ambos sabían que iba en contra de las reglas revelar el tiempo de vida de un humano- No creo que me digan algo si ese ya no es tu tiempo de vida- Aclaro adivinando los pensamientos de la menor.

-Supongo…- Dejo la palabra difuminarse mientras su mirada se perdía. Sus pensamientos aun bailaban sobre la idea de que hasta hace poco su vida estaba destinada a terminar dentro de seis años.

Seis años. Ahora que lo pensaba, nunca había sopesado la idea de un futuro. Cuando vives en la calle el peligro de muerte esta todos los días. Ladrones, pedófilos, traficantes, mafiosos y violadores eran lo más común que escondían las sombras de Londres, por ello nunca podía cruzársele por la cabeza la idea de un futuro. Ya era mucho sobrevivir a una fría noche de invierno solo con una manta raída.

Por ahora, con una cama mullida y gruesas mantas para el frio, se daba cuenta que sus puertas habían sido abiertas. Cualquiera reiría de felicidad, lloraría de alegría, gritaría de emoción o quedaría estupefacto por la noticia. Pero en ese instante, Nira solo pudo sentir miedo. Un futuro. Sonaba muy grande para alguien como ella. Los techos fríos, la comida desechada, una moneda en el piso o ropa medianamente usable eran las cosas que una persona sin hogar ambicionaba. Pero cuando salías de esa situación, cuando todas esas cosas se vuelven de fácil acceso o pasaban a segundo plano, no se podía evitar sentir una horrible sensación de sofoco.

De cierta forma, en ese momento se dio cuenta de que eso era real. Se había negado inconscientemente a aceptar la existencia de esa situación. Fantasías, delirios, se dijo inconscientemente. ¿Habría comido algo intoxicado y a esos extremos había llegado su mente? ¿La hipotermia le hacía delirar? ¿Acaso estaba al umbral de la muerte y su mente le ofrecía un mundo perfecto?

Pero la antigua sentencia de Erebus le obligo a aceptar la realidad de los hechos. Su vida hasta hace un par de semanas le golpeo fuertemente en el estomago y la dejo sin aire.

Desde ese día, tomo mayor conciencia de sus acciones. Cuando se vestía trataba a las prendas como si fueran de seda, cuidando de no arrugarla más de lo necesario y de no mancharla. En el estudio prestaba más atención que ninguno, no por el hecho de sacar buenas notas, sino para saciar su sed de aprendizaje. A las horas de la comida ella dejaba el plato limpio, siempre saboreando cada bocado como si fuese el último en meses.

Para todo aquel que nunca paso hambre, esto último podría parecer una exageración. Sin embargo cuando pasas días, por no decir semanas, sin probar un bocado de nada o cuando la comida llega de los desechos de alguien, la comida decente es comparable con un manjar digno de un rey.

De vez en cuando lograban conseguirse lujos como caramelos o comida real, pero… eso era muy de vez cuando. Quizás por eso no se pensó dos veces robar el almacén que recibía un nuevo suministro de dulces.

El hambre podía traumar considerablemente a cualquiera.

Erebus la observaba mientras ella se sumía en sus pensamientos. Y observo como poco a poco palidecía. "Al fin caíste en la realidad, vieja amiga" se dijo con un poco de tristeza. No había nada que lo hiciese más feliz que el que ella tuviese una vida por delante.

Además, para que negarlo, ese había sido su sueño y su meta por años. Alargar el tiempo de vida de Deyanira Lepoid.

Envidiaba a los humanos. Ellos estaban con sus pares sin saber si esa sería la última vez que hablaran, eran felices en su ignorancia. Pero ver a alguien a quien le tienes mucho cariño e incluso amor y saber que en seis años esa sonrisa rebelde se borraría y solo quedaría una fría coraza vacía, era más cruel que el verla morir. La espera era peor que la ejecución.

Pero nada podía hacer el sin intervenir directamente con el destino de Nira. Meses y meses tratando de darle una vida digna, hasta que se tropieza con un hombre mientras robaba al panadero.

Tan simple como eso. Los números cambiaron y la cifra aumento. Su vida se alargo, su sueño más desesperado y tortuoso… el hombre frente a él simplemente lo logro. Solo cruzando un par de palabras.

Lo odiaba. Se sentía en deuda con él, cierto, pero aun así no podía evitar odiarlo. Lo que el por años trato de lograr, ese hombre tardo un par de segundos en cumplir. Y aunque en parte el había tenido que ver con ese desenlace, la decisión final había estado en un extraño.

La vida de Nira por unos segundos dependió de la decisión de un extraño. Y Erebus, aun siendo inmortal, aun siendo un dios, aun siendo una criatura con un amor extraño hacia esa mortal, no logro lo que Quillsh Wammy había logrado.

Porque, aunque quisiera negarlo, eso que sentía hacia la mortal era amor. ¿De padre a una hija? ¿De un hermano mayor a un hermano menor? ¿De un amigo a otro? ¿De…?

Ni siquiera se permitía pensar en el último.

Un silencio cómodo de reflexión se filtro en el ambiente. Pero cuando ambos terminaron sus cavilaciones, un silencio tenso se hizo presente. Y ambos odiaban esos silencios.

-¿Ya te diste cuenta, verdad?-Susurro Erebus rompiendo suavemente el silencio.

-Si…-Contesto ella con una seriedad desubicada. Con la mirada que solo la experiencia y el sufrimiento, sumado a un entendimiento prematuro del mundo. Una mirada adulta. Una mirada que solo el dolor y el sufrimiento del alma podían lograr.

Y eso que aun no conocía el sufrimiento real.

-¿Entiendes el porqué de mi preocupación?- Dijo Erebus con la expresión dura.

La morena negó suavemente con la cabeza.

-Tu vida, ese futuro que acabas de adquirir, está en manos de estas personas. En este punto, cualquier golpe que recibas puede derribarte. Estamos en la situación que siempre tratábamos de evitar. Dependes de esas personas.

Nira miro con nuevos ojos a su amigo y se reprocho el no haber caído en esa conclusión.

No hablaron mas por el resto del día y al siguiente amanecer hicieron como si nada. Por dentro, algo había cambiado en la de ojos ámbar. Estaba comenzado a vivir por el mañana y no por el hoy.

Y amaba poder afirmar eso.

Un cambio importante en la vida de Deyanira fue la incorporación de las clases.

Las habitaciones de la mansión servían de aulas y en ellas les daban clases distintos profesores contratados especialmente para un objetivo.

Muchos de ellos deberían enseñar en universidades, ya que los contenidos no eran propios de alumnos de esa edad. Aunque las clases no se organizaban por edades sino por capacidad individual de cada alumno, por lo que los resultados eran muy productivos. Las clases variaban en número, podría ser que nada mas tuvieran cinco estudiantes o veinte, en casos extremos obviamente.

En cuanto a contenido era lo básico, matemática, biología, química, física, literatura, música, etc. Al menos un par de horas de cada materia por semana. Pero dependiendo de las facultades de cada niño, se le deban clases especiales.

No todos allí eran huérfanos, aunque la mayoría tenía problemas familiares. Algunos eran niños de familias ricas y en un menor porcentaje de clase media, por lo que las personalidades variaban bastante.

Blaze era un niño de doce años que tenía una gran mente estratégica y guiada por lógica, incluso una astucia algo maliciosa a veces. Por lo general estaba siempre haciendo el tonto y se la pasaba molestando, pero su astucia siempre lo libraba de problemas.

Attenya tenía once años y parecía una persona con coeficiente normal, sin embargo desde los ocho había desarrollado un código que solo ella comprendía para transcribir ideas o mensajes a notas y claves musicales. Un Do junto a un Sol para ella podía ser aburrimiento. Con distintas combinaciones Attenya podía lograr ideas concretas.

Marcus era un caso de inmadurez total, siempre estaba molestando junto a Blaze. De hecho, los primeros días Nira dudaba de porque él estaba allí. Bastaron un par de charlas, o discusiones, para resolver el misterio. Marcus podía hacerse con el perfil de una persona en solo un par de charlas, por lo que Nira tenía especial cuidado con él. Una persona como él en su situación podía ser peligrosa.

Valeska era otro caso. Ella era una chica que se llevaba bien con todo el mundo, pero siempre estaba sola. Todos la querían, pero no parecía que ella terminara de quererlos a ellos. Cualquiera diría que con esa actitud marginada todos la ignorarían, pero por el contrario los que la conocían de años la apreciaban.

Fue la persona con la que más tiempo paso Deyanira.

Era cerrada al principio, pero por una extraña razón se había acercado a Nira. Por supuesto, ella rechazo su amistad de forma educada. No quería formar ningún lazo que luego pudiera resentir. Prefería valerse por su cuenta, además para charlar o para hacer de amigo estaba Erebus. No quería tener ningún amigo mas y le dejo en claro eso a Valeska.

Tardo un día en caer en sus redes. "La maldita sabe cómo engatusarte", pensaba con amargura en la clase de historia. Aunque por dentro se alegraba de la paciencia de la castaña con ella. Le gustase o no, estaba desesperada por un amigo real.

Al pequeño dueto se unió Attenya y por consecuencia Blaze y Marcus.

Por supuesto, Valeska, Attenya, Blaze y Marcus no eran sus nombres reales. Tanto como Raven, era una especie de renacimiento. Cambiar tu nombre real por otro a tu elección tenía algo de ritualismo, ya que ese nuevo nombre era totalmente tuyo. Nadie lo elegía por ti.

Para todo aquel que este orgulloso de su familia, podría entender esto a medias. Pero para alguien que tuvo una vida difícil la oportunidad de comenzar de cero totalmente era muy grande como para desperdiciarse con un nombre normal.

Cada uno de sus nombres tenía un significado, ya sea personal o no, que lo hacia propio.

Pero ninguno de los cinco sabia los el nombre real del otro, lo cual daba una sensación agradable de privacidad.

Valeska y Attenya eran viejas amigas de la infancia junto a Marcus y Blaze, pero ninguno tuvo problemas en asimilarla. Aun así se sentía un tanto infiltrada en ese grupo, por lo que no pasaba demasiado tiempo con ellos. Le había comentado vagamente a Erebus que no le gustaba "viajar en manadas".

-Siempre con el papel del lobo solitario, ¿Eh, mocosa?-Se mofo mientras giraba los ojos.

A pesar del golpe que se gano el shinigami, este no paro con sus bromitas.

Ahora se encontraba dando vueltas por la mansión junto al dios inmortal. Se había logrado librar de sus compañeros por un rato con la escusa de que quería descansar.

Estaba en un ala de la mansión que nunca había visto cuando lo vio salir de una habitación.

Tenía la misma ropa que cuando lo conoció, a pesar de haber pasado una semana, y el mismo pelo azabache desordenado.

Se miraron con mutua curiosidad unos segundos. Después de la evaluación, L hablo por simple inercia.

-¿Qué haces aquí?-Pregunto simplemente mientras se rascaba el tobillo izquierdo con la planta del pie derecho. Su expresión no había cambiado de la inexpresividad y su mirada apenas mostraba un leve destello de curiosidad. Tan pequeño que podría desaparecer al menor soplido.

Nira enarco una ceja algo escéptica ante el tono ligeramente acusador de L.

-¿Es que acaso no debería?-Rebatió con otra pregunta. La chispa de curiosidad del chico, quizás un año mayor que ella, aumento un poco ante esa respuesta. Sin embargo su rostro siguió inexpresivo.

Muchos de los habitantes de la mansión lo miraban de tres formas; o con intimidación o con admiración. Y una tercera de envidia, molestia o desagrado. Los únicos que no lo miraban así eran un par de niños a los que no les importaba, Roger y Quillsh. Los dos últimos más que nada porque lo conocían de años.

Sin embargo la chica nueva no le daba ninguna de las miradas anteriores. Lo miraba con curiosidad y un dejo de desinterés similar al que el mismo tenía por lo general.

Como si miraras una piedra, solo que en un lugar en el que no debería estar.

Quizás sea por esto que se permitió gesticular una respuesta.

-No, no deberías- Contesto distraídamente- Esta parte es mía.

Nira ahora si enarco una ceja escéptica. ¿Su parte?

-¿Entonces no puedo estar aquí porque esta parte es tuya?-Afirmo más que pregunto-Entonces, si puedo estar aquí-Se respondió con sencillez.

La máscara de inexpresividad se movió un poco junto al ceño fruncido del mayor. Antes de que preguntase, Nira se aclaro.

-Si este lugar "te pertenece", entonces no hay ningún problema con que venga a romper tus reglas. Como no eres mi superior y no te debo ningún favor, no hay problemas con que pase de ti.

L se sintió divertido por esa respuesta tan tonta. Solo había que ver a la chica para saber que ella también sabía que esa respuesta era idiota. Y aun así, había cierto grado de razón.

Se limito a encogerse de hombros.

-Pero aun así este lugar es mío y debería poder negarle la entrada a alguien si así lo quiero- Insistió.

A Nira le empezaba a molestar esa actitud tan "amo del lugar", así que comenzó a liberar su genio.

-¿Y que hace que sea tuyo?-Inquirió con cierta frustración. Ni siquiera sabía porque se gastaba en responder.

-Que aquí está mi habitación- Respondió con la misma inexpresividad y la misma indiferencia, mientras señalaba vagamente la puerta por la que acababa de salir.

-¿En tal caso no sería solo esa habitación tuya?- Estaba a nada de mandarlo a la mierda. Erebus se reía de la frustración de su amiga.

-Nadie más duerme aquí. Solo yo uso esta parte de la casa, no veo porque no puede ser mío-Se miraron a los ojos.

Los ojos grises, en un tácito desacuerdo con su expresión, brillaban levemente ante una victoria. Los ojos ámbar sin embargo estaban molestos ante la terquedad del otro par. Entonces, Nira poso la mirada en el libro en manos del moreno.

-¿Leíste El caos de la idea?-Pregunto sin darse cuenta con evidente asombro, dejando atrás todo enojo. L bajo la mirada de forma perezosa y sonrió de forma leve y rápida. Tan rápido que podría nunca haberlo hecho.

-Hace bastante. Acabo de releerlo. Es bastante bueno-Respondió mientras recordaba la primera vez que lo había leído. Tenía ocho años y era su cumpleaños. Fue el primer regalo que le hizo Quillsh. Le gustaba leerlo, era concreto y daba para reflexionar sin importar la cantidad de veces que lo leyeses-¿Lo conoces?

-Leí los primeros capítulos hace años, en una librería. No tenía para comprármelo, pero lo que leí era bastante interesante. La forma en que el autor explica la teoría en la que se forman las ideas y como estas evolucionan mezcla muy bien una explicación psicológica, filosofa y científica. Casi parece hablar de una sola cosa, cuando en realidad habla de muchos temas por separado-Sonrió tristemente mientras recordaba cómo había arrastrado a su hermano dentro.

Su hermano. Desmond.

Una verdad que había negado e ignorado por años golpeo con fuerza la boca de su estomago.

Desmond.

Aun con la misma inexpresividad, L se sorprendió un poco. El autor no era muy famoso, al menos no en esa parte del mundo, por lo que no muchos conocían su investigación.

La chispa de curiosidad ahora ardía, pero logro aplacarla con rapidez.

-Ten-Dijo con aburrimiento- Ya lo conozco de memoria.

Nira tomo el libro sorprendida por el gesto, pero con la boca seca. Su mente repetía una sola palabra.

Desmond.

Y noto como sus manos lo aferraban con añoranza. Extrañaba más de lo que quería aceptar la textura de la tapa de pasta de un libro y el olor de sus hojas. Extrañaba la voz de su hermano quejándose por haberlo obligado a entrar en esa librería, por haberse quedado leyendo.

-Gracias-Murmuró en voz baja y con la garganta aun seca.

Pero el ya había comenzado a caminar por el pasillo. Se paró a pocos pasos de ella y sin voltearse respondió unas pocas palabras tan bajo que Nira no capto bien.

Estimaba que fueran un "De nada".

Nira miraba la cubierta negra y las letras en plateado con aprensión sentada en su cama.

Desmond. ¿Cómo pudo haber sido tan idiota para bloquear su recuerdo? Una cosa es no poder olvidar, otra es poder bloquear.

Su hermano había azotado la puerta con furia ese día. Se fue para despejar su mente y no armar más problemas con su padrastro y su hermanastro.

Ese día, su padrastro levanto la mano contra ella.

Y cuando encerrada en el baño, con un labio reventado y una mejilla hinchada, había escrito esos nombres malditos, con unos detalles un poco sádicos respecto a la muerte, había matado a dos personas.

Y huido.

Abandono la escena del crimen.

Y su hermano, ese día o al siguiente, llegaría a una casa con coches de policías aparcados afuera, dos cadáveres adentro (suponiendo que su madre no se había matado aun) y ningún rastro de su hermanita.

Palideció al pensar en donde podría estar él.

Solo una vez se preocupo por él, ya al principio, cuando le dijo a Erebus que lo buscase.

Desde entonces vivía negando su existencia, desde entonces Deyanira Lepoid no tenía un hermano mayor.

Desmond Lepoid había muerto junto al resto de los habitantes de esa casa. Y conjunto, su hermana.

Esa chica que escapo de esa casa no era la Deyanira hermana de Desmond, era otra persona, una asesina, que caía en la inmensidad de sus actos.

Y ahora que el futuro volvía a ella, también la existencia de su hermano.

Con lagrimas de rabia tomo el juguete colorido y se puso a buscarle el orden mientras lloraba con odio a sí misma.

Erebus la miraba sin comprender.

Miraba como ella giraba las caras con furia, como mesclaba y juntaba colores con asco y como arruinaba lo que había logrado para empezar de nuevo.

Giro, giro, giro. "¿Cómo mierda te borraste de mi mente?" Giro, giro, giro. "¿Dónde estás?" Giro, giro, giro "¿Estás vivo siquiera?" Giro, giro, giro "¿Realmente me buscaste?" Giro, giro, giro "¿Cómo pude negar a mi propio hermano?" Giro, giro, giro.

Giro.

Dos horas más tarde había parado de llorar y daba un último giro.

Resuelto.

¿El cubo de Rubik o la situación de Desmond? Ambas.

-Voy a buscarlo, Erebus. Hace cinco días no sabía qué hacer con mi futuro, con mi vida. Ahora lo sé-Su mirada de rojo irritado por lagrimas y llameante de decisión desafiaba a contradecirla- Voy a buscarlo… No, eso no basta. Voy a encontrarlo.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Hola!

Bueno, ya hice lo que mi librito de "Como ser buena persona" decía que hiciera, así que vamos a lo otro.

Primero que nada, mi internet se cortó y recién la recupere, así que aplausos a los del servicio de internet.

Segundo, puse un poco mas de interacción Nira-L, aunque si esperan que ese par acabe dándose besitos, de la mano y diciendo "Te amo" con voz idiota todo el p*to día se equivocan.

Estos dos se van a odiar *Evil face*

Aun no sé como terminarlo, pero creo que tengo una idea.

A ver los reviews anónimos:

Chole: Sep, voy a meter a Near, Matt y Mello (Mello *o*) así que no te preocupes. Y veo que cumpliste con eso de molestar con los reviews, me alegro mucho.

Por cierto Vale, admito que mi imagen de Valeska la inspiraste mucho, así que espero que con el tiempo te agrade. Aun no la vez totalmente desenvuelta, pero espero que por el momento te caiga medianamente bien.

Etto… si estoy de mal humor es que estoy resfriada (Vale, ¿Existirá el contagio virtual?). Así que como deliro de fiebre me perdonan el no releerlo y hacen ojos ciegos a mis errores? :3

Ah! Cierto, los nombres de los mocosos, eh, digo, los amigos de Nira si tienen un significado real, si están muy aburridos búsquenlos. Excepto Blaze, ese fue por descarte XD

Bueno, saludos desde mi país y en caso de no actualizar antes de las fiestas, ¡Feliz Navidad/Año nuevo/Muerte o 2012!

Se retira Nei-chan!