Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.


Fachada

La enfermera Carol Smith abrió la puerta de la habitación de hospital del Coronel Mustang con sus anchas caderas, maniobrando durante todo el camino con una pequeña bandeja metálica que contenía gazas y antisépticos; miró hacia la cama y sonrió al ver al ocupante de la cama: Mustang aún estaba dormido, pero estaba recostado sobre uno de sus costados de manera natural. En las últimas dos semanas, el hombre había permanecido en cualquiera de las posiciones en las que lo acomodaban por las noches cuando estaba catatónico, y jamás se movía mientras dormía. Sin embargo, ahora era fácil ver, gracias a su posición y a las arrugas de las sábanas, que él se había estado moviendo y girando durante la noche.

La enfermera del turno nocturno, Ellen, le había informado a Carol que, solo unas horas antes, Mustang había recuperado la consciencia la noche anterior y Carol estaba más que feliz de oír las noticias; durante las últimas dos semanas, ella se había encariñado con Maes Hughes, y pensar que él había sido capaz de hablar con su mejor amigo después de tan largo tiempo, era una buena razón para celebrar. La cariñosa, más sin embargo exhausta, sonrisa que portaba en los labios el Mayor Hughes esa mañana cuando había dejado el hospital, era prueba suficiente de ello. Sí, el Coronel eventualmente había tenido un ataque de histeria y había necesitado sedación, pero al menos había estado consciente por un tiempo.

Carol se había interesado bastante por la salud de Mustang desde el primer día, obviamente eso no quería decir que se preocupara menos por sus otros pacientes, pero ella misma había tratado a varios de los hombres que estaban bajo su mando en Lior, y había escuchado historias acerca de su valentía y su auto-sacrificio en el campo de batalla... No bastaba decir que todos en el hospital estaban pendientes de la recuperación de Mustang; varios de los soldados heridos habían preguntado por él a diario, dos de los cuales habían sido prisioneros junto a él, y habían sido testigos de las largas semanas de torturas por las que había pasado. Ambos se rehusaban a hablar acerca de la experiencia, excepto para decir que los abusos cometidos contra ellos no habían sido tan malos, como los que su querido Coronel había tenido que enfrentar.

Carol dejó la bandeja y se ubicó a un lado de la cama de Mustang, tomó su brazo con gentileza y lo levantó un poco, quitando parte de la gaza que cubría una larga línea de puntos de sutura en el antebrazo del hombre; Mustang se movió ligeramente al sentir el contacto, pero no se despertó.

La herida lucía bastante bien, había sido una laceración profunda cuando lo trajeron, pero ahora la carne estaba cerrándose magníficamente, el doctor probablemente le dejaría remover la sutura dentro de los próximos días; con una sonrisa satisfecha, Carol mojó ligeramente la herida con el antiséptico, observando el rostro de Mustang detenidamente mientras trabajaba. Las cejas del hombre se fruncieron levemente: sin duda alguna, el agente desinfectante le hacía doler su dañada piel; un leve gemido de dolor resonó desde la garganta del hombre, y Carol detuvo la aplicación del ungüento presintiendo que el hombre estaba a punto de despertar.

— ¿Coronel Mustang? —preguntó con suavidad— ¿Señor?

Mustang abrió los ojos al escuchar las suaves palabras, y su cuerpo se puso rígido, su mirada sorprendida se convirtió en una de auténtico terror al verla, retiró de inmediato su brazo del gentil agarre de la enfermera, a la vez que intentaba apartarse de ella, lanzándose a sí mismo contra el lado opuesto de la cama.

—Shh... está bien, cariño... —dijo la enfermera con dulzura manteniendo su tono de voz bajo y afectuoso— Mi nombre es Carol, soy enfermera de este hospital.

Por un momento el hombre no dijo nada, pero luego balbuceó: —Hospital... Central... —como si se estuviera recordando a sí mismo algo que había olvidado. Lentamente, Carol intentó tomar su brazo de nuevo, pero él se alejó de ella.

—Necesito terminar de limpiar la herida, y vendar tu brazo —le dijo con gentileza, totalmente sorprendida por su nerviosismo; Mustang miró su brazo como si no estuviera consciente de que estaba herido, y luego regresó su mirada oscura hacia Carol, dudando por un largo momento antes de moverse cuidadosamente hacia ella para permitirle tomar su brazo.

Tan cuidadosamente como pudo, Carol terminó de limpiar la herida, y comenzó a colocar un nuevo vendaje sobre ésta; Mustang la observó como un halcón todo el tiempo, su cuerpo rígido debido a la intensa desconfianza que estaba intentando disipar, sabía que ella no significaba ninguna amenaza para él... lo sabía, pero eso no quería decir que no le tuviera miedo. Por su parte, Carol había lidiado con víctimas de tortura antes, y era común que tomara bastante tiempo ganar su confianza.

—Parece que ya estás mucho mejor —dijo la enfermera alegremente mientras enrollaba lo que faltaba del vendaje sobre la herida, y ponía el sobrante en la bandeja—, es bueno verte alerta.

Mustang la miró incómodo, como si no estuviera seguro de cómo tenía que responder a esa pregunta; finalmente, miró hacia otro lugar, era más que clara la desesperación que había en su mirada, su mente aún no estaba del todo recuperada, eso se podía notar... pero Carol no esperaba más ni menos de él. Las víctimas de tortura, especialmente aquellas que habían enfrentado la crueldad que Mustang había enfrentado, resultaban heridos más allá de lo físico: el pobre hombre debía estar divagando, su desbalanceada mente intentaba ordenar todos los sucesos por los que había tenido que pasar.

—El Mayor Hughes estaba muy feliz por haber podido hablar contigo —le provocó ella, esperando que el nombre le hiciera relajarse, y como era de esperarse, el hombre se giró hacia ella.

— ¿Maes? ¿Dónde... dónde está? —preguntó a la vez que parte de su sospecha se disipaba de su pálido rostro.

—Se fue hace un par de horas... pero no creo que tarde mucho en regresar; casi no se ha alejado de tu lado desde que te trajo aquí.

—Lo... vi. Anoche —aseveró más para él mismo que para la mujer.

—Así es —le animó la enfermera— ¿Recuerdas sobre qué hablaron?

Él la miró como si estuviera a punto de darle una respuesta, pero entonces su mirada se oscureció; un cambio le sobrevino súbitamente: la aterrada confusión en sus ojos desapareció tras una abrupta fachada de dureza y se erguió, arreglándoselas para sentarse contra la cabecera de la cama; su mirada se volvió apacible y fría, y su rostro se volvió carente de emoción alguna.

—No lo recuerdo —dijo llanamente.

Carol se encogió levemente debido a su repentino cambio de comportamiento; su recién encontrada y sosegada frialdad era un acto incuestionable sobre la rapidez con la que el hombre era capaz de apagar sus emociones, eso era por demás impresionante... pero al mismo tiempo, era bastante triste. Y aún así, después de haber sido atormentado tan violentamente, tal vez era necesario que colocara sus emociones en el lugar más alejado de su mente...

Era devastador ver que se había vuelto tan bueno en eso.

—...Está bien, cariño —dijo Carol ligeramente luego de un momento de pausa— Es normal que se te olviden las cosas luego de estar dos semanas en estado catatónico —ella ni siquiera le creyó por un segundo que hubiera olvidado de la conversación que había tenido con Hughes la noche anterior, pero lo que sea que hubiesen hablado era obvio que era demasiado estresante para que Mustang se permitiera pensar acerca de eso ahora, así que la enfermera no lo presionó, dejaría que Hughes se preocupara de eso.

Y hablando del diablo... Mustang levantó la cabeza al escuchar un ruido en la puerta, mientras Hughes entraba en la habitación con cautela: por un instante se miraron el uno al otro incómodamente, pero entonces Hughes se adentró en el lugar, y se sentó en una de las esquinas de la cama.

—Buenos días —dijo con una sonrisa de medio lado— ¿Cómo te sientes?

—...No lo sé —replicó Mustang mirando hacia otro lugar: no sonaba como si intentara ser evasivo, sino más bien como si en realidad no pudiera decir en palabras cómo se sentía; Hughes lo observó a la vez que se mordía el labio inferior, se adelantó un poco para acariciar el brazo de su amigo con su mano, pero Mustang se puso rígido inmediatamente y se apartó de un salto, tal y como lo había hecho con Carol.

—No me toques... por favor, Maes —murmuró, añadiendo a la última parte un tono de disculpa para Hughes, mientras éste le miraba con dolida sorpresa; era obvio que Hughes había esperado que él se mostrara tan apegado emocionalmente como lo había hecho la noche anterior, haciendo de Hughes una forma de confort.

—Está bien, está bien —dijo Hughes rápidamente, forzando una nueva sonrisa para encubrir su repentina expresión vacía— Entiendo.

Un tenso silencio llenó la habitación en esos momentos, cayendo sobre ellos como una pesada capa de asbesto; fue entonces que Carol tomó la bandeja y se enderezó, interpretando eso como la señal para salir del lugar y dejarlos solos: estaba segura que esos dos tenían mucho de qué hablar, y ella no necesitaba ser testigo de ello.

—Volveré a revisarte luego —le dijo a Mustang y luego se giró hacia Hughes con una sonrisa tratando de animarlo, y salió del lugar.

Maes miró a Roy dubitativo, intentando decidir cuál era la mejor manera de acercarse a él, él no quería ser tocado –eso era seguro-, y aunque Maes quería abrazarlo desesperadamente otra vez, sabía que era mejor no intentarlo.

Maes era de esas personas a las que les gustaba el contacto humano, le gustaba abrazar a todo el mundo. Muchas veces se adelantaba y tocaba a la gente mientras mantenía una conversación, y siempre ofrecía el contacto físico como una fuente de alivio; Maes siempre había sido así, pero eso se había intensificado inmensamente luego del nacimiento de su hija. Roy, por el contrario, era el extremo opuesto: siempre había sido muy insistente en conservar su espacio personal, y Maes era la única persona en el mundo entero a la que le permitía salirse con la suya cuando pasaba un brazo alrededor de los hombros de Roy mientras caminaban juntos por una calle, o cuando lo abrazaba sorpresivamente sin ninguna razón en particular.

Roy, usualmente, toleraba las demostraciones infantiles de afecto por parte de Maes, rodando los ojos y dando suspiros cansinos, pero la verdad era que jamás se había quejado, o rehusado a ello... Pero aunque no se quejara, tampoco sería él quien los empezaría; de todas las veces que él y Maes se habían abrazado en los años que se conocían, solo dos de ellas había sido el mismo Roy quien había comenzado el abrazo: una había sido justo después del nacimiento de Elysia, y la otra había sido el día en que el padre de Maes falleció. Maes entendía que esa muestra de afecto le había tomado un gran esfuerzo a Roy, bajar las barreras defensivas y tocar a alguien... Sin embargo, jamás lo había rechazado por completo o, había temido que Maes lo tocara.

Maes jamás había visto al herido hombre cerrarse emocionalmente de la manera en que lo estaba haciendo, Roy no siquiera le dirigía una mirada y, claramente, Maes entendía sus razones... pero aún así, era devastador verle huir luego de su corto ataque nervioso la noche anterior.

Bien, ese tipo de cosas toman su tiempo.

—Hablé con Ed esta mañana —dijo Maes esperando que Roy se uniera a la conversación.

Roy lo miró como si acabara de decir que el sol había explotado.

— ¿Está bien?

—Sí, él está bien, te dije que no había estado en Lior... ¿Lo recuerdas? Él está...

—No les dije nada.

Maes dejó de hablar, la repentina desesperación en la voz de Roy hizo que su corazón se contrajera de lastima. —Te creo —dijo Maes luego de un rato, observando cómo Roy recogía su pierna sana, llevándola hacia su pecho para luego rodearla con sus brazos protectoramente; sus ojos del color del ónix se volvieron vacíos y atormentados, a la vez que se perdía en pensamientos distantes y por demás inquietantes.

— ¿Quieres hablar de eso...? —preguntó Maes, su cuerpo entero queriendo abrazar a su amigo para calmar su intranquila mente.

—No.

Maes apretó la mandíbula y cerró sus puños con fuerza sobre su regazo; Roy cerró sus ojos por un momento intentando tranquilizarse, y luego de un largo abismo de silencio, abrió los ojos nuevamente: de repente su mirada se había vuelto dura y penetrante. Roy levantó su mirada hacia Maes, adoptando una conducta de trabajo.

—Mayor, reporte.

Maes pestañeó por unos segundos tomado con la guardia baja, pero entonces entendió a qué se refería y se puso de pie, colocándose en posición 'firme' y saludando a su Coronel; Maes sabía qué estaba esperando de él, y se sintió un poco más relajado: Roy se quería esconder bajo la máscara que usaba como el Coronel Mustang, y estaba demandando tácitamente que el Mayor Hughes hiciera lo mismo. No era una práctica poco común por parte de Roy, y Maes estaba más que contento de tener que obligarse a cumplir con su profesional decoro militar, si eso le ayudaba a reintegrarse a su vida normal.

Así que, con frialdad calculada que solo se podía aprender tras ser un militar luego de tantos años, el Mayor Hughes lanzó un aburrido reporte acerca de lo que había sucedido en Lior; le contó sobre como él y Hawkeye habían guiado la misión de rescate en el momento en que el Führer les había dado luz verde, recogiendo cadáveres y a los sobrevivientes que pudieron encontrar para traerlos de vuelta a Central. Maes describió brevemente que habían encontrado a Roy en el auditorio, atado y golpeado mientras enlistaba los elementos químicos.

—Y ha estado así desde ese momento, señor; hasta ayer, claro está. Eso fue hace dos semanas.

—Eso es... —comenzó a decir Roy, pero entonces perdió el rumbo de lo que decía mientras pensaba en la palabra correcta—...interesante.

Maes observó cómo la mente de Roy comenzaba a divagar y detuvo su reporte, esperando a que el Coronel restableciera el contacto visual; luego de unos segundos, Roy lo miró de nuevo, su expresión totalmente impecable: siempre había sido bueno escondiendo sus sentimientos.

Maes continuó y le dijo que el General de Brigada Shanks había sido enviado al lugar con al menos cuatrocientas tropas hacía casi tres semanas, y que la mayoría de las guerrillas se habían rendido ante ellos, escogiendo no oponer resistencia ahora que tenían tan pocos hombres; Maes también le contó que Dahveed Jenkins, el líder de la rebelión había sido capturado, y estaba recluido en una prisión en Central. El Mayor apreció, lo que podría ser, un tinte de oscura satisfacción surcar el rostro de Roy.

Finalmente, Maes terminó su reporte con una breve explicación de la salud de los soldados sobrevivientes, podía decirse que Roy estaba aliviado al oír que todo estaban recuperándose, y que la mayoría de ellos había sido dados de alta del hospital hacía mucho tiempo; Roy asintió lentamente para sí mismo mientras Maes terminaba el reporte.

—Quiero una lista de los nombres de los soldados que fueron dados de baja —dijo luego de unos instantes.

—Sí, señor.

— ¿Hay alguien más que aún siga en el hospital?

Maes meditó la respuesta por un segundo. —Creo que hay otras tres personas aparte de usted: los soldados Nelson y Cornell, y también el Teniente Beal.

Los ojos de Roy se abrieron ligeramente. — ¿Beal sobrevivió...? ¿Qué sucedió con Jordan? —preguntó esperanzado.

—El soldado Jordan fue dado de alta la semana pasada, señor.

Roy cerró sus ojos por unos instantes y apoyó su cabeza contra la cabecera de la cama, luciendo dolorosamente aliviado.

Maes sonrió y se sentó en la esquina de la cama de nuevo, pensando que era seguro dejar de lado al hombre de milicia ahora que Roy estaba en un mejor estado mental.

—Quiero ver a Beal —dijo Roy de repente, abriendo sus ojos.

—Bien, se lo haré saber.

Maes sabía por qué Roy había preguntado específicamente por el Teniente Beal y por el soldado Jordan: de los ocho hombres que habían sido capturados junto con Roy, esos dos eran los únicos que habían sobrevivido todo el infierno que él había vivido; durante cinco largas semanas habían soportado la terrible agonía juntos en Lior, observando silenciosamente mientras los demás eran asesinados lentamente.

Beal y Jordan habían sido encontrados en Lior ni siquiera media hora después de que Maes hubiera contrado a Roy: Maes recordaba vívidamente como los heridos hombres habían aparecido prácticamente de la nada, cargando entre ellos el cuerpo inerte del soldado Lindor, ambos hombres habían estado aliviados al ver que Roy ya había sido encontrado, y que estaba siendo tratado. Jordan no había hablado mucho, pero Beal había insistido en dar reporte a Maes incluso cuando el equipo médico estaba limpiando y vendando sus heridas.

"El Coronel nos liberó hace unos días". Había dicho con la voz tintada de dolor y fatiga. "Nos ordenó escapar sin él porque no podía caminar, y nosotros no podíamos cargarlos a ambos, a él y a Lindor... Le dije que regresaríamos por él cuando el territorio estuviera despejado, y lo hicimos, observábamos desde afuera de la ventana que estaba en la parte trasera, y esperamos la oportunidad para sacarlo de allí, y llevarlo a nuestro escondite. Pero... bueno, esos malnacidos estaban furiosos porque nos ayudó a escapar... cuando regresamos por él, no había mucho en lo que pudiéramos ayudarlo".

Beal no había entrado en detalles acerca de cómo habían golpeado a Roy luego de que descubrieran que sus aliados habían desaparecido, pero mencionó que el Coronel había estado completamente coherente antes de eso... y que después había entrado en ese estado catatónico en el que Maes lo había encontrado.

"De hecho, hacía eso muchas veces, al final...". Había dicho Beal en referencia al metódico listado de los elementos que hacía Roy. "Lo hacía cuando el dolor era demasiado para él, o si creía que estaba a punto de dar algún tipo de información; era como si él solo... se fuera a algún lado, su mente divagaba en otro lugar mientras su cuerpo era destrozado. Pero esa vez... su mente simplemente no regresó". Entonces, Beal miró a Maes repentinamente desesperado. "Estaba seguro que moriría esa noche, aunque lo sacáramos de ese lugar... Si hubiera sabido que aún podría sobrevivir, jamás lo hubiera dejado allí..."

La culpa en los ojos de Beal había sido tan profunda, y cuando Maes lo había visto últimamente –tan solo unos días atrás-, la culpa seguía allí; probablemente a Roy y a Beal les haría bien verse, y saber que ambos estaban bien. No había lazo más fuerte en el mundo que aquél que había sido forjado entre soldados durante la guerra, Maes lo sabía por experiencia.

—Hablando de personas que quieren verte... —se acordó Maes de repente— Tu personal ha solicitado una audiencia contigo, les dije que te preguntaría si estabas dispuesto a concederla.

Roy vaciló por un momento, y meditó silenciosamente por unos instantes más antes de contestar: —...No creo estar cómodo con eso en estos momentos... —la voz de Roy era baja y preocupada, sonando casi asustada ante la perspectiva de ver a sus amigos.

—Está bien, de todas maneras les dije que tal vez era demasiado pronto... tienes que ajustarte a muchas cosas, después de todo...

Roy asintió sin decir palabra alguna, pero su expresión inquieta no se suavizó, sus brazos se apretaron más alrededor de sí mismo, y tembló; al igual que Maes, Roy había dejado de lado su fachada militar, y ahora su naturaleza nerviosa y desbalanceada era visible de nuevo, enviando dagas de dolor directo al corazón de Maes. Lucía completamente abrumado... Lucía como si fuera a gritar o llorar en cualquier momento... Lucía como si todos los miedos conocidos por la humanidad estuvieran recorriendo todos los rincones de su dañada mente, en un brutal e interminable bucle de tormento.

—...Siento mucho que todo esto haya pasado, Roy... —se aventuró Maes suavemente, incapaz de mantener a raya la aflicción en su voz— Nunca debiste pasar por una situación como esa.

Roy miró hacia sus vendadas manos y no replicó nada, mordiéndose el labio que ya estaba herido.

—Detén eso, lo abrirás nuevamente —le dijo Maes permitiéndose darle una ligera sonrisa paternal.

—Estoy acostumbrado a que esté abierto —contestó Roy encogiéndose de hombros despreocupadamente; la sonrisa de Maes vaciló en sus labios, y su estómago se encogió de tristeza. Roy debió haber notado la morbosidad de su declaración, porque pareció estar avergonzado de repente, y se giró hacia el otro lado para no tener que mirar a Maes, acostándose con suavidad en la cama para así ponerse de lado bajo las mantas.

—Estoy cansado —dijo Roy con tono áspero luego de un largo y doloroso silencio.

—No lo dudo —replicó Maes gentilmente— ¿Quieres que me quede contigo mientras duermes?

Maes no recibió respuesta alguna, pero realmente no esperaba una: Roy no se sentía seguro, Maes lo entendía, pero también entendía que sin importar qué tan aterrorizado estuviera Roy, jamás le pediría a Maes que lo protegiera... especialmente no ahora, cuando Roy no sabía que estaba seguro, y que aún quería que alguien le cubriera la espalda. Tal vez era por eso que Roy y Maes siempre habían sido tan cercanos: ellos se entendían sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

—Bien, Roy, estaré aquí si me necesitas.

Roy no dio otra respuesta más que colocarse en posición fetal, y cerrar sus ojos con fuerza.


Notas de la Traductora: No esperaban que actualizara tan rápido, ¿cierto? ^^

Bueno, ¡buenas noticias! :)

Como ya me dieron mi dosis de Kuroshitsuji hoy, alias actualizaron el Manga, decidí que recortaría el tiempo de espera esta vez a una semana :3 No se acostumbren, esta oferta es por tiempo limitado y solo hay ciertas ocasiones en las que sucederá: primera, cuando actualicen Kuroshitsuji y Naruto al mismo tiempo, o sea el mismo día :3 ...y segunda, cuando salga la quinta película de Naruto Shippuden ^^ Y eso será hasta Mayo más o menos... ¡MUAHAHA!

Se despide,

Yuzuki Kuro :3