Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a J.K Rowling.
Este fic participa en el minireto de enero para "La Copa de las Casas 2015-16" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Reto: Escribir una historia que comience con la palabra "fuego" y termine en "poción".
Mi belleza sin límites será el mayor tesoro de los hombres.
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El fuego derretía el lejano paisaje, su silueta surgía del humo mientras la población que nadie extrañaría se hundía en cenizas, con el consuelo de haberlo visto a él antes de partir. Tener que ocuparse de ese trabajo era algo inaudito, pero la recompensa lo valía. Pronto, aquellos que se burlaron de su ineptitud tragarían sus palabras y se pondrían de rodillas ante su encantadora sonrisa la cual, por cierto, no le pertenecía, pero claramente lucía mejor en su mandíbula.
Cuando llegó a su hogar, tardó trece horas en restaurar las delicadas ondas de su peinado de los efectos del terrible humo. Luego de ésto, repasó con orgullo sus logros recién adquiridos: jinete de fantasmas, dentista de vampiros, guitarrista sin guitarra y, su favorito, ahora podía convertir el agua en vino. Sólo pensar en la barba de aquel último hombre le provocaba náuseas, pero se contenía sabiendo que con esa hazaña casi completaba el libro que sería el best seller del mundo mágico.
Claramente ser Gilderoy Lockhart no era algo sencillo, y su próxima misión así lo demostraba: debía depilar las piernas de un anciano a cambio de que le vendiese otra peluca. La suya, claro, duraría otro par de semanas; pero cuando se trataba de su belleza, nunca se era precavido.
Llegó puntual a su cita y entregó su varita, el procedimiento así lo requería. Los ladridos de un perro retumbaban en el suburbio, tapó su nariz con disimulo y comenzó a rasurar. Los vellos eran más densos que cualquier selva que hubiese inventado, ocultando completamente la rugosa piel; un orín rancio hedía por toda la habitación y los pies del anciano dejaban claro que no se había aseado en el último milenio. Aceleró el ritmo queriendo terminar pronto, pero debió cortar al hombre porque éste soltó un grito que sacudió la precaria vivienda y calló al vecindario.
Se miraron por primera vez, entonces Gilderoy halló con sorpresa que conocía al viejo escondido entre las barbas. Iba a alcanzar su varita cuando el perro que antes ladraba entró con violencia en el cuarto para vengar a su dueño.
Colmillos mordiendo un tierno trasero, caja de dientes volando por los aires, peluca desnudando una brillante calva. Todo esto fue observado por su ex-compañero de colegio quien, sonriendo con cinismo, recuperaba sus facciones tras los efectos de una poción.
15/01/16
