Eternamente tuyo

~Capitulo 4~

Silver King

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Zeref miró de reojo a la chica que llevaba de copiloto. No habían hablado en la mitad del camino y se le habían acabado las ideas para mantenerla un poco más con él. Apretó el manubrio de manera disimulada, ¿Qué haría? Pensó y pensó, algo molesto porque su mente no le estuviera ayudando en nada. Sin embargo, un pensamiento un tanto... fuera de lugar, fue el que le dio una idea. Pues pensar en el hambre que le estaba invadiendo poco a poco, no era algo en lo que alguien normal -y preocupado- pensaría teniendo a una chica al lado. Mucho menos si cabe la posibilidad de que ella sea a quien buscas.

—¿Tienes hambre, Lucy?— preguntó mirándola de reojo por unos segundos, antes de devolver la vista a la autopista.

—No— contestó secamente.

Ella miraba por la ventana, aparentemente buscando algo que hacer mientras tanto. Zeref rodó los ojos, es que ella no sabía que él podía saber ligeramente lo que pensaba. No podía con exactitud ni con todas sus puntos y tildes, pero a su mente llegaba una idea. Y en ese momento, ella pretendía controlar el gruñido de su estómago, ¿y cómo lo sabía? Digamos que no era lo único que podía hacer, y los ligeros sonidos le llegaban de manera cómica a los oídos.

—¿Segura?

—Segura.

—¿En serio?— insistió él.

—¡Que sí, pesado!— gritó fastidiada. Bueno, por lo menos había logrado que dejara de mirar sólo por la ventana.

—¡Cielos, chica, que genio!— rió Zeref, divertido —No me comas, soy demasiado joven para morir, todavía.

Lucy lo asesinó con la mirada. Menudo imbécil éste, pensó ella.

—Calla idiota— masculló.

Zeref sonrió complacido, debía aceptar que le gustaba que fuese así y que no se le lanzara a los brazos a penas él le sonriera. Aunque si lo pensaba mejor, sería un poco difícil que otra chica hiciera eso, después de todo, la mayoría pasaba o se alejaba de él. ¿Por qué? La verdad es que poco le interesaba, estaba ahí por Lucy. Le tuvieran miedo, rechazo o ninguno de los dos, a él aquel tema se la sudaba.

—Vamos a ir al bar de un amigo antes, puede que tú no tengas hambre, pero yo sí— dijo con simpleza.

Por su parte, Lucy solo pudo boquear como pez fuera del agua. Le había dicho que no, claramente ¿Es que era retardado?

—Pero te he dicho que no quiero comer— exclamó —. Mucho menos beber.

—Y te he dicho que yo sí quiero comer, rubia— la miró fijamente, aprovechando el semáforo. Y por supuesto, ella apretó la mandíbula, infló un poco los mofletes y se limitó a cruzarse de brazos, enfadada.

Zeref echó a andar el automóvil, en dirección al mencionado bar de su amigo. Cuando llegaron, él sacó la llave y se giró hacia Lucy. Ésta lo miró, expectante y confundida.

—Te recomiendo que bajes y vayas conmigo, sé cuando la gente miente— le guiñó un ojo, seguido de la sonrisa que le envió. Salió del auto, dejando en ella la decisión.

Abrió la puerta de un local gris y de letras azul eléctrico que anunciaban "Silver King" en la parte superior. Dentro, se encontraban unas cuantas mesas esparcidas mientras que a penas entrar, se podía divisar la barra. Al otro lado de esta, se encontraba un hombre de unos treinta y ocho años limpiando un vaso paño en mano.

—¡Eh Zeref, chico! ¿Qué tal va tu gran vida?— preguntó con suspicacia y una sonrisa ladeada.

—Hola Silver, por cierto, mis oídos te agradecerían si dejaras de repetir lo mismo cada vez que vengo.

—Oh vamos, no seas mala leche. Además no tengo tiempo para preparar otra bienvenida— rió divertido.

Zeref suspiró, sentándose en la silla de la mesa más cercana a la barra.

—Tranquilo, lo entiendo, tus vasos se merecen su tiempo— sonrió burlón.

—Me hieres— suspiró dramáticamente, ante un entretenido Zeref.

—Te recomiendo que empieces a hacer lo que sabes, una chica con El apetito entrará en uno— sonrió —, dos— apuntó la puerta y de la nada apareció Lucy—y... tres.

Silver sonrió al instante. Quizás qué era lo que se traía ese chico en manos, no todos los días llevaba a una chica ahí. Bueno, de hecho, nunca lo hizo hasta ese día.

—Juro que te mataré, bastardo— masculló ella con una extraña fuerza recorriéndole las manos en puño.

—Lo lamento rubia, pero mi amigo Silver aquí presente— lo indicó con un movimiento de cabeza — testificará apoyándome.

Lucy miró a el hombre, que su vez la saludó sonriente. Ella asintió, como un saludo y se volvió hacia el chico de sus sueños en los que ella era asesina.

—Pues no parece muy por la labor mientras limpia esos vasos— sonrió.

Zeref soltó una animada carcajada ante el comentario y Silver alzó una ceja, muy entretenido con todo eso.

—Chica lista— dijo simplemente el hombre.

—Y con carácter, Silver. No lo olvides.

—Entonces, ¿para qué me has traído aquí?— preguntó, ignorando los comentarios de los dos.

Que lamentable, ese tal Silver parecía más simpático. Era igual que el idiota de Zeref, bueno, por algo eran amigos.

—¿No te he dicho que para comer?— murmuró sustituyendo la sonrisa por una expresión impasible.

Mientras tanto, detrás de ellos Silver hacía lo pedido por el pelinegro, no sin perderse de la conversación entre esos dos. Lucy rodó los ojos y puso lo brazos en jarra.

—Deja eso y siéntate de una vez, no podrás irte de aquí hasta que lo haga yo— sonrió, tomándola de el antebrazo y sentándola junto a él.

Lucy anotó mentalmente que debía pedirle a Erza que le enseñara a manejar, así hubiera podido quitarle las llaves y largarse de ahí.

—Me las pagarás, tarado— susurró girando le rostro para no verlo.

—Ya, ya, eres una chica muy soñadora— sonrió él, dándole golpecitos en la cabeza.

Siguieron así por unos segundos hasta que el cabreo de Lucy no pudo más.

—¡Ya!— exclamó, ante la divertida mirada de los dos hombres —¡Basta ya!

Zeref se carcajeó con la reacción de la chica. Se esperaba algo así.

Estuvieron así por mucho más hasta que Silver se acercó a ellos con dos platos poblados con un sándwich relleno con carne y otras cosas. Al terminar, Lucy debió aceptar que estaba realmente delicioso, Zeref insistió tanto que acabó confesando.

Se despidieron de Silver, que les correspondió con un "¡Vuelvan pronto! ¡Y los dos eh!", sin embargo Zeref solo se dedicó a soltar un bufido que bien podía remplazar a una risa, puesto que el hombre sabía perfectamente que al día siguiente lo vería por ahí.


—Entonces chicos, damos comienzo a la asamblea de la misión "Hay Happy encerrado"— dijo Levy ante la mirada de todos.

Se escuchó un "¿Y por qué no hay Lily encerrado?" que fue completamente ignorado.

—¿Por qué es esto?— preguntó Erza.

—¡No deberías estar aquí, estás enferma!— exclamó la chica peliceleste.

—Queremos saber por qué Zeref últimamente está muy pegado a Lucy— contestó Gray con los brazos cruzados.

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—¡Suéltenme! ¡Debo salvar a Lucy!— gritó Erza como una bestia, intentando salir de su propia casa en busca de la chica.

Todos los chicos estaban sujetándola de donde pudieran, con fuerza y a la vez con mucho cuidado, no fuera a ser que se les resbalara una mano y luego quedaban machucados gracias a la pelirroja.

—Sujétenla más fuerte chicos— los animó Levy sin hacer nada.

Como pudieron, Gray, Jellal, Gajeel y Natsu la fulminaron con la mirada. ¡Ellos jodidos con los puñetazos de Erza y ella ahí sin hacer nada más que saltar! Era completamente indignante.


Hmm... no sé si habrá quedado como quería, no estoy completamente segura.

En fin, espero que os haya gustado este capítulo :D

También muchas gracias por los reviews, que cada día hacen más feliz a cada escritor :3

Bye! =)

—Sly.