N/A: Solo para que lo sepan, añadí un par de párrafos más al final del capítulo anterior. Para los que ya siguen de esta historia y ya leyeron el Capítulo 3, les sugiero que los lean antes de continuar; de lo contrario, el comienzo de este capítulo podría parecer un poco confuso. Para los nuevos lectores de esta historia, hagan caso omiso del mensaje anterior. ¡Disfruten el capítulo!


Elsa.

Jack abrió sus ojos lentamente. Su visión era borrosa, casi como si alguien hubiera puesto un velo blanco sobre ellos. No podía recordar qué había pasado, y no podía concentrarse en otra cosa que no fuera esa simple palabra.

Elsa.

Le costó trabajo levantarse. Su cabeza le dolía más que el resto de su cuerpo, pero al parecer no se había roto ningún hueso, y francamente, le habría sorprendido que fuera así. Después de todo, los espíritus no tenían huesos que romperse. Miró alrededor de él y se dio cuenta de que el velo blanco en realidad era niebla. Estaba de pie sobre la cima de una montaña. Entonces recordó lo que había sucedido. Instintivamente, desvió su mirada hacia el norte.

¡Elsa!

No tenía manera de saberlo, pero creía que algo malo le había sucedido a ella. Los dos eventos, es decir, su coronación y esta pérdida repentina de fuerza y poder, estaban demasiado juntos como para que no estuvieran conectados de alguna manera. Hizo un intento por invocar al viento, y éste lo alzó por encima de la cumbre al instante. Satisfecho, alzó el vuelo, en dirección a Arendelle.

Sin embargo, pronto se arrepintió de no haberse asegurado que pudiera permanecer en el aire por periodos más largos de tiempo. El viento constantemente dejaba de obedecerle, haciéndole caer varias veces. Afortunadamente, se las arregló para frenar su caída cada vez, y terminaba flotando a pocos centímetros por encima del suelo antes de reanudar su vuelo.

Por supuesto, el viaje duró más de lo normal, y para cuando llegó al norte, sus poderes se habían ido casi por completo. Era como si poco a poco se los estuvieran quitando. Tuvo que aterrizar en la cima de otra montaña para tomar un respiro… pero se quedó sin aliento cuando vio con pavor el paisaje a su alrededor.

Eran mediados de julio, y sin embargo, todo estaba cubierto de nieve. El invierno había llegado a casi cada país en el lado norte de la Tierra.

No había ni un solo pedazo de tierra que no se viera blanco. Cada árbol, cada lago y río, y hasta el océano, estaban enterrados bajo hielo y nieve. El sol resplandecía de forma tan brillante y se sentía tan caliente como debería durante el verano, pero ni siquiera sus rayos podían derretir la nieve, dando fe del carácter sobrenatural de este clima. Jack hizo un esfuerzo por volar tan alto como pudo y encontró que la mayor parte de Europa ya estaba bajo un enorme círculo blanco que poco a poco se iba ampliando para cubrir todo a su paso… y mientras más crecía, más débil se sentía él.

Tenía que encontrar a Elsa.

Según sus cálculos, Arendelle, como era de esperarse, estaba en el centro del círculo, así que Jack se dirigió allí. Su primera parada fue en el castillo. Allí encontró evidencia de la magia de Elsa en una fuente. El agua de la misma estaba congelada en una forma bastante inquietante, reflejando el miedo de Elsa. Así mismo, había una explosión de hielo en la entrada del castillo. Sin embargo, después de pasar casi una hora buscándola por todo el castillo e incluso en todo el pueblo, llegó a la conclusión de que se había ido desde hacía tiempo. Así que, ¿dónde estaba?

Alzó de nuevo el vuelo, elevándose sobre el fiordo congelado, para tratar de encontrar algún rastro en los alrededores; algo como un rastro de hielo o nieve o algo remotamente similar que le pudiera decir a dónde había huido Elsa. Por desgracia, si había un rastro en alguna parte, probablemente estaba enterrado bajo la nieve recién caída, lo cual sólo sirvió para frustrarlo aún más.

De repente, un destello de luz en el rabillo de su ojo llamó su atención. Se volvió para mirar una gran montaña al norte de Arendelle. Algo estaba reflejando los últimos rayos del sol del atardecer, cerca de la cima, y las montañas por lo general no hacían eso. ¿Podría ser…?

Sin dudarlo, planeó a través del pequeño reino, casi chocando contra unos árboles cubiertos de nieve un par de veces cuando el viento dejaba de ayudarlo. Pero cuando estuvo cerca de la montaña, no fue por causa de que el viento le fallara que casi se cayó al suelo, sino a causa de la estupefacción que vino con la visión de lo que se alzaba con magnificencia cerca de la cima.

Había estado en lo cierto al suponer que era hielo lo que estaba reflejando los rayos del sol, y también al asumir que Elsa probablemente estaba detrás de ello. Aun así, esto iba más allá de su imaginación más loca… y él ya había visto esto antes, aunque solo como un dibujo.

Era el Palacio de Hielo de Elsa.

Jack tuvo que parpadear un par de veces y agitar su cabeza para recuperarse de la impresión. Cómo era que había logrado mantenerse en el aire durante su trance, no lo sabía. Pero ahora que había vuelto a la normalidad… o al menos tan normal como un espíritu que pronto estaría sin poderes podría estarlo… tenía que enfocarse en el asunto en cuestión, por lo que voló hacia la imponente estructura y aterrizó en el único balcón que había. Abrió las puertas y caminó dentro de la obra maestra de ingeniería de Elsa.

Lo primero que notó fue que no había muebles, así que, a menos que Elsa hubiera construido este lugar un par de horas atrás, ésta no podía ser su habitación personal. Tal vez estaba descansando en otro lugar o construyendo más habitaciones en la torre detrás de ésta. Sin embargo, su ausencia en esta habitación no era lo que le preocupaba más, sino la forma en que las paredes parecía que se estaban quebrando de adentro hacia afuera. Le recordaba lo que había sucedido en la sala del trono hacía tantos años, cuando toda la belleza del paraíso invernal que ella había creado se había cubierto de una capa de escarcha que incluso destruyó su muñeco de nieve. En otras palabras, todavía estaba asustada, lo que significaba que probablemente sabía del invierno se había desatado en todas partes.

Aparte de eso, este lugar era impresionante y prácticamente perfecto, hasta el más mínimo detalle. Al igual que en el dibujo, la habitación estaba centrada alrededor de la forma hexagonal de un enorme copo de nieve constituía el piso. Junto con una gran lámpara de araña de hielo que adornaba el techo y que también tenía la forma de un copo de nieve, iluminaba todo el lugar, aparentemente irradiando luz propia. Cierto, los colores púrpura y rojo daban a la habitación un ambiente bastante espeluznante, pero no quitaba el hecho de que estaba brillando por su cuenta. Lo que Elsa había logrado aquí era sorprendente, sobre todo considerando que lo había hecho a pesar de su miedo.

—¿Elsa? —gritó Jack—. Elsa, sé que estás aquí. Necesito hablar contigo. ¡Es importante!

Silencio.

—¡Elsa! —gritó de nuevo a todo pulmón. Si alguna vez hubo un momento adecuado para que lo oyeran, era ahora. Sin embargo, el dicho era cierto: "ten cuidado con lo que deseas".

—Oh, no gastes saliva —oyó una voz haciendo eco por toda la sala de hielo—. Ella no puede oírnos, ¿sabes?

Jack se estremeció, no porque alguien realmente había hablado con él por primera vez en la historia, sino debido a lo espeluznante de la voz. —¿Q-quién eres tú? —preguntó, tratando de ocultar su ansiedad.

—¿Quién soy yo? Creo que la verdadera pregunta es, ¿quién eres ? —La voz respondió. Jack miró a su alrededor, sosteniendo su cayado de manera defensiva a pesar de que no tenía la fuerza para luchar—. Puedes bajar esa rama. Sé que no eres un guerrero, Jack Frost.

—Pensé que no me conocías —Jack respondió con sarcasmo, levantando una ceja ante la mención de su nombre.

—Yo nunca dije eso. Sólo expresé tus pensamientos… tu miedo —siseó la voz—. Porque tienes miedo, ¿no es así? Temes que nunca sabrás quién eres o por qué viniste a este mundo. Sabes que hay una gran posibilidad de que podrías pasar toda la eternidad sin descubrir si tienes un propósito mayor que simplemente traer el invierno al mundo, y te aterra. Aunque al ser espíritu no necesitas dormir como lo hacen los humanos, puedes optar por cerrar los ojos y soñar o permanecer despierto todo el tiempo. Tú eliges lo segundo porque, las pocas veces que has intentado dormir, ese miedo ha plagado tus sueños y se ha convertido en tu peor pesadilla.

Aparte del hecho de que la voz sabia de los temores de Jack, la forma en que parecía deleitarse hablando de ellos le dio escalofríos. —¿C-cómo puedes saber todo eso? —preguntó, sin siquiera molestarse en negar nada de ello.

—Porque ese es mi trabajo; mirar dentro de las almas de todos los seres vivos en este mundo, aprender de sus miedos más profundos… —el eco de la voz comenzó a desvanecerse, solo para que Jack la escuchara de nuevo, fuerte y claro, justo al lado de él—. ¡…y convertirlos en pesadillas!

Jack saltó, asustado, y se dio la vuelta a tiempo para ver una sombra desaparecer en el suelo helado. Agitó su cayado, golpeando el aire, y gritó: —¡¿Quién eres?!

La voz… la sombra… soltó una risa demoníaca. —Oh, he estado esperando el momento en que nos viéramos cara a cara durante mucho tiempo. Después de todo, no es una reunión apropiada entre dos personas si sólo una de ellas ve a la otra. —El eco se desvaneció de nuevo, volviéndose más claro otra vez cuando habló de nuevo detrás de Jack—. Mi nombre es Pitch Black, Rey de las Pesadillas y Señor de las Sombras.

Jack se dio la vuelta y se encontró mirando a un par de ojos dorados con plata, ojos llenos de rabia y odio y maldad. —Pitch Black —repitió en voz baja, dando un paso atrás para ver mejor a este tipo que sin duda hacía honor a su nombre. Pelo negro, ropa negra, piel ceniza… en verdad daba miedo—. ¿Qué es lo que quieres de mí?

—¿De ti? —Pitch se rió entre dientes, caminando alrededor del Espíritu del Invierno con las manos cruzadas detrás de su espalda—. ¿Qué, piensas que de repente eres tan importante sólo porque puedo verte y hablar contigo? No te hagas ilusiones. Esta reunión no es más que una mera coincidencia, aunque debo admitir que esperaba verte aquí en algún momento. No, no es por ti que estoy aquí. Es Elsa a quien realmente quiero.

El agarre de Jack en su cayado se suavizó por un momento. —¿Elsa? —dijo, incapaz de ocultar su preocupación.

—Bueno, no exactamente ella, por supuesto. Verás, no sólo percibo los temores de otras personas. Me alimento de ellos. Dependo del miedo para mantenerme fuerte. Ahora, el miedo de un adulto es bueno, pero no es lo suficientemente sabroso. El temor de un niño, por el contrario, es delicioso y muy… nutritivo. Pero el miedo de Elsa, oh, ¡su miedo es como un festín!

—¿Y eso por qué?

—Eres listo. Tú dímelo.

—Ahórrame el esfuerzo.

El Rey de las Pesadillas miró a Jack, desafiándolo. El Espíritu del Invierno sostuvo la mirada, sin ganas de seguirle el juego. Finalmente, Pitch cedió. —Está bien, te lo diré. Elsa es más que solo una niña temerosa. Ella es una fuente de temor. Ella infunde miedo en los corazones de todos a su alrededor. Incluso sus padres tenían miedo de sus poderes.

—Eso no es cierto —respondió Jack—. Ellos nunca tuvieron miedo de Elsa.

—Dije "miedo de sus poderes". Eso no necesariamente significa que tenían miedo de ella, pero sí temían que nadie la aceptara jamás si su secreto se daba a conocer. Así que, en cierto modo, su temor estaba relacionado con ella, y además, tenían razón. ¡Deberías haber visto las caras de todos en la noche de su coronación! Toda esa gente muerta de miedo cuando sus poderes se revelaron por accidente. Incluso ahora, hasta el último hombre, mujer y niño en Arendelle aún temen por sus vidas.

Un pensamiento terrible se le ocurrió a Jack después de escuchar de la coronación de Elsa. —¿Cuándo ocurrió eso? —se preguntó en voz alta.

—Oh, eso fue hace varios días. ¿Crees que esta cantidad de nieve cayó sobre más de la mitad de un continente en una sola noche?

—¡¿Días?! —Jack comenzó a respirar entrecortadamente. ¿Había estado inconsciente durante días? Se habían sentido como horas. ¿Cómo pudo permitir que esto suceda? Al diablo con sus deberes; debería haber estado al lado de Elsa ese día. Tal vez podría haber ayudado de alguna manera.

—Ah, y ahí está… tu propio miedo, también causado por ella —Pitch sonrió—. Puede que no tengas miedo de los poderes de Elsa, pero al igual que sus padres, temes por ella. No sólo eso; también temes que no puedas tener oportunidad de ayudarla porque ella no puede verte, no importa cuánto te esfuerces. Y pensar que estuviste a punto de lograr tu cometido un par de veces.

—¿A qué te re…? —empezó a preguntar Jack, pero entonces comprendió. Todas esas veces que había pensado que el miedo de Elsa era antinatural… como si algo o alguien alimentara su miedo—. Tú…

—"Yo" —Pitch lo imitó burlonamente—. ¡Por supuesto que era yo! ¿Quién crees que estaba allí todo el tiempo para influir en sus sueños y pensamientos? Cada vez que intentabas usar tu poder para influir positivamente en su magia, yo ya había trabajado duro para convencerla de que todo era culpa de ella y que nunca lo controlaría.

Jack sintió un repentino deseo de callar a este supuesto Rey de las Pesadillas a golpes, pero se contuvo. En su lugar, dándose cuenta de dónde estaba parado, sonrió y dijo: —Entonces has fallado. Por sí misma, ya descubrió la belleza de su magia invernal. Ya encontró una forma de controlarlo, y este palacio es prueba de ello.

—¿Eso crees? —Pitch respondió con sarcasmo—. En ese caso, el que congelara el corazón de la pobre de Anna fue algo que hizo conscientemente.

Jack perdió el aliento. ¿Elsa había hecho qué? —¿Ella… lastimó a Anna?

—No la "lastimó". La mató. Muy pronto, en todo caso. Por lo que entiendo, un corazón helado es lo más cercano a una sentencia de muerte que puede haber. Hasta entonces, voy a deleitarme con su miedo también. Porque ella tiene miedo; oh, tiene tanto miedo que pueda morir sin haber podido ayudar a su hermana. Supongo que ella y tú son similares en ese aspecto… excepto por la parte de morir, por supuesto.

Jack cerró los puños en torno a su cayado con tanta fuerza que creyó que se rompería. Estaba furioso, no sólo porque este demonio había corrompido la magia de Elsa a través del miedo, sino también porque no había estado allí para evitar… no. Él había estado allí. Había estado al lado de Elsa cada día de cada invierno desde el accidente. Incluso durante el verano, o por lo menos cada vez que podía durante esa estación, no dejaba de visitarla. En cierto modo, había luchado, que era más de lo que se podía decir de este cobarde que sólo sabía esconderse en las sombras. Y con tal de rescatar a Elsa de las garras de Pitch Black, también lucharía esta vez… aún si ella no podía verlo mientras lo hacía.

—Disfrútalo mientras puedas, Black, porque no durará mucho tiempo. Ahora que sé contra quién estoy luchando, voy a hacer todo lo que esté en mi poder para detenerte, y pronto perderás tu fuente de temor.

Pitch abrió la boca para contestar, pero algo aparentemente llamó su atención, porque se volvió a mirar al exterior a través de las puertas abiertas del balcón antes de volver a hablar. —Tienes razón. Esto terminará pronto. Es una pena… aunque, con todo, la ejecución deberá ser algo interesante de ver.

Jack frunció el ceño. —¿Ejecución?

—¿No te lo dije? La maldición del invierno eterno de Elsa ha sembrado suficiente miedo en los corazones de algunos de los habitantes del pueblo para que se sientan obligados a acabar con este clima de cualquier manera posible. Sobra decir que una de sus opciones es eliminarla de raíz. Y ahora parece que están eligiendo esa opción.

—No lo harían. No matarían a su propia reina.

—Oh, sí, lo harán. De hecho, hay una turba a la puerta ahora mismo. Bueno, en realidad es más como un ejército.

Y tan pronto como Pitch pronunció esas palabras, un fuerte rugido atravesó el aire. Jack corrió al balcón y vio una cantidad considerable de Guardias Reales, dirigidos por un hombre con patillas y vestido con un abrigo gris, frente al Palacio. Lo único que se interponía entre ellos y la entrada era un pequeño abismo… y un gigantesco muñeco de nieve que custodiaba una escalera de hielo que conectaba ambos lados del abismo. Los soldados estaban atacando al muñeco de nieve, pero lo único que sus lanzas y flechas parecían lograr era enfadarle y hacer que le crecieran picos de hielo por todo el cuerpo.

Las puertas de balcón se cerraron por sí mismos en ese momento, como si el Palacio pudiera sentir el peligro y estuviera bloqueando toda entrada. Jack, que seguía fuera, intentó abrirlas, sin ningún resultado. No tuvo más opción que caminar a través de ellos, y al entrar se encontró con que las paredes de la habitación habían recuperado su aspecto prístino, y el copo de nieve bajo los pies del Espíritu del Invierno, así como las paredes y la lámpara, habían cambiado de color. La luz morada y roja había dado paso a algo más similar al ámbar. Fuera lo que fuera que eso quería decir, probablemente no era bueno.

—En fin, fue bueno mientras duró —Jack oyó que decía el eco de la voz de Pitch Black. El espíritu se dio la vuelta, pero la entidad oscura ya no estaba por ninguna parte—. Nos volveremos a ver, Jack Frost.

Jack rechinó los dientes. No había nada que pudiera hacer al respecto de Pitch Black, y francamente, no le importaba en este momento. Necesitaba encontrar a Elsa, por lo menos para mantenerla a salvo de estas personas. Tenía que estar en algún lugar del Palacio.

Justo cuando estaba a punto de bajar, Elsa entró en la habitación, corriendo a través de Jack, como de costumbre. Éste último apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que dos hombres la alcanzaran, ballestas en mano. Sus uniformes eran diferentes a los que portaban los Guardias Reales de Arendelle, así que Jack asumió que eran extranjeros. Y no parecía que las súplicas de Elsa de dejarla vivir los conmovieran. Tal y como lo había dicho Black, iban a ejecutarla. No habría juicio ni defensa en su favor. Sería asesinato; así de simple.

Sólo que un cierto Espíritu del Invierno no se los permitiría.

Uno de los dos hombres ya habían levantado su ballesta y apuntado a Elsa. El tiempo pareció alentarse cuando la flecha salió disparada desde el arma y comenzó su corto vuelo hacia la cabeza de Elsa. Jack estaba en el medio, pero siendo él una entidad etérea, solo lo atravesó. Él estaba esperando que eso sucediera de todos modos, y en el momento en que las remeras de la flecha salieron de su cuerpo, se dio la vuelta y agitó su cayado enfrente de Elsa, creando una barrera de hielo que atrapó el proyectil, el cual falló en herir a Elsa solo por un par de centímetros, al mismo tiempo que ella levantaba sus manos a manera de defensa y cerraba los ojos.

El esfuerzo le cobró un precio grave. Cayó de rodillas, debilitado. Sabía que había utilizado la mayor parte de cuanto poder de invierno le quedaba para salvar a Elsa de una sola flecha, y que los dos hombres tenían muchas más, pero no importaba. Tal vez ella no podía verlo, pero podía ver su obra, aunque siempre creyera que era de ella. Eso era exactamente lo que Jack necesitaba en ese momento. Pitch Black tenía razón en una cosa: Elsa tenía miedo. De hecho, tenía demasiado miedo como para usar sus poderes en defensa propia. Sin embargo, si podía ver que no sólo era más que capaz de utilizarlos con ese fin, sino también que su supervivencia dependía de ello, tal vez encontraría el valor para luchar por su cuenta.

Estaba en lo cierto. Tan pronto como volvió a abrir los ojos y vio la punta de flecha, ella pareció darse cuenta de que estos rufianes no tendrían piedad de ella.

—¡No se acerquen! —exclamó, usando su propia magia esta vez para crear más barreras de hielo entre ella y los dos hombres mientras éstos se separaban y la flanqueaban, tratando de conseguir un mejor ángulo para disparar. No parecía que su magia les inmutara, pero Jack sabía que las palabras del Rey de las Pesadillas eran ciertas. El miedo estaba motivando a estas personas a destruir aquello que temían. Estaban haciendo acopio de valor a partir de su miedo, y eso era lo que Elsa tenía que hacer.

—Elsa, si alguna vez ha habido un buen momento para que me escuches, es ahora —dijo él, tratando de tomar el rostro de Elsa entre sus manos. Éstas atravesaron sus mejillas y entraron en su cabeza, pero eso no podía importarle menos ahora—. Sé que no quieres lastimar a otros con tus poderes. Es por eso que te aislaste durante tantos años, y por eso viniste aquí, lejos de tu gente. Pero si no los utilizas ahora, ¡morirás a manos de estos hombres!

—Tal vez eso sería mejor. Nunca volvería a lastimar a nadie más… como lo hice con Anna.

Jack se quedó boquiabierto, y sus manos trémulas casi soltaron el rostro de Elsa. Ella le había oído. En realidad le había oído, y estaba absolutamente seguro de ello. Más aún, él la había oído hablar a ella… pero sus labios no se habían movido. Él estaba escuchando sus pensamientos, como si una especie de vínculo psíquico se hubiera formado entre los dos cuando sus manos entraron en su cabeza. No podía creerlo. Trece años de tratar de encontrar una manera de comunicarse con Elsa, ¡¿y esto era lo único que tenía que hacer?! ¿Cómo era que eso jamás se le había ocurrido en primer lugar?

Vamos, ésta no es la hora de darte de cabezazos contra la pared, Jack, pensó. Había asuntos más urgentes, como convencer a Elsa que se enfrentara a estos…

De repente, se dio cuenta que tanto Elsa como los dos matones se movían más lentamente. Muy lentamente, de hecho. Casi como si no se estuvieran moviendo en absoluto, como si el tiempo se hubiera ralentizado de nuevo. Sin embargo, y a diferencia de lo que había ocurrido con la flecha que había detenido antes, esto no se sentía como si fuera sólo su percepción, por lo que decidió hacer una pequeña prueba. Se apartó durante un par de segundos y luego metió de nuevo sus manos en la cabeza de Elsa.

En esos pocos segundos, el tiempo había transcurrido normalmente. Y ahora, una vez más, se había detenido casi por completo.

Esta experiencia había pasado de ser única a ser milagrosa. Ella podía oírle claramente y tenía el tiempo para hacerlo, a pesar de la situación tan precaria en que estaba, algo por lo que él estaba agradecido, incluso si ella no podía verle todavía. Necesitaba sacar el máximo provecho de esta oportunidad, y lo haría.

—Elsa, lo que le hiciste a tu hermana y el invierno que desataste no fue tu culpa. Perdiste el control. Fue un accidente. Pero puedes arreglarlo, todo esto.

—No, no puedo. No puedo controlar esta maldición.

—Eso es porque todavía piensa en ello como una maldición. Elsa, tus poderes son una bendición. Necesitas aceptarlos como tal. Puedes hacer cosas que nadie más puede hacer. ¡Sólo mira dónde estás parada! ¡Tú construiste este palacio desde cero!

—Lo construí pensando que podría vivir libre aquí y ser yo misma sin herir a nadie. Pero fui una tonta. —Su voz sonaba llorosa y sin esperanza.

—No, no lo eres —respondió Jack—. Eres muy inteligente y talentosa y brillante. Más que eso, eres una buena persona. Sí puedes ser libre sin tener que renunciar a tus poderes, y serías una maravillosa reina también. Pero primero tienes que hacerles ver. ¿Cómo vas a hacer eso desde la tumba, eh? Por favor, Elsa, te lo ruego. Debe luchar por tu vida. No dejes que te maten. No te rindas así. No… —Sintió un nudo en la garganta—. No me dejes solo. Eres todo lo que tengo, significas mucho para mí, y yo… no podía soportar verte morir.

Incluso con el tiempo ralentizado, vio el comienzo de un ceño fruncido formándose en el rostro de Elsa. —¿Quién eres tú?

Él sonrió con esperanza. No podía saber si ella creía que era su propia conciencia la que hablaba con ella antes. Pero ahora, finalmente había llamó su atención. Tal vez, si esa niña que había conocido años atrás todavía estaba allí, podría utilizar eso a su favor.

—Vive, y te lo diré —dijo él, y la soltó.

Con el tiempo de vuelta a la normalidad, el ceño fruncido de Elsa se completó. Miró de un lado para otro entre los dos soldados que la rodeaban, pero también parecía que estaba buscando a alguien más por la habitación. El corazón de Jack latió rápidamente. Por fin, ella era consciente de su existencia.

El soldado a la izquierda de Elsa levantó la ballesta y apuntó. Afortunadamente, ella acababa de voltear a ver en esa dirección, y Jack vio cómo sus ojos se llenaron de determinación y un renovado deseo de seguir con vida. Sin vacilar, ella disparó una ráfaga de magia de hielo que creó, no una barrera como las que había estado usando para evitar que le dispararan, sino un montón de carámbanos que literalmente clavaron al hombre por su uniforme a la pared detrás de él. Uno de los carámbanos amenazaba con atravesarle el cuello si intentaba hacer algo.

—¡Eso es! —vitoreó Jack—. ¡Muéstrales lo que puedes hacer!

El segundo soldado, que en un principio se había quedado en estado de shock, se recuperó rápidamente y trató de descargar su arma contra Elsa, pero ella ya había lo había mirado de reojo. Sin perder de vista al atacante en la pared, y antes de que el hombre pudiera apretar el gatillo, lanzó otra ráfaga de magia que envió el arma volando fuera de sus manos. Él trató de huir, pero Elsa le cortó la fuga al crear otras dos paredes de hielo a su izquierda y derecha. Añadió una pared de hielo más grande y comenzó a hacer retroceder al soldado hacia las puertas del balcón con ella.

—¡Así se hace! Lo pensarán dos veces antes de… —Jack empezó a celebrar, pero cuando la pared de hielo dejó efectivamente al hombre fuera de combate y sin más lugares hacia dónde huir, y aun así, ella siguió empujando, comenzó a inquietarse—. Elsa, c-creo que le dejaste en claro el punto.

Las puertas de los balcones se quebraron y cedieron, y a Jack se le hizo evidente que Elsa no pararía de empujar hasta que el soldado cayera al abismo. Obviamente, todavía no podía oírlo a través de medios convencionales, por lo que nuevamente puso sus manos en la cabeza de Elsa. —Elsa, ¿qué estás haciendo? Ya los venciste.

—Es la única forma en que me dejarán en paz —escuchó la respuesta encolerizada.

—No, no, no, esto no es lo que quise decir cuando te dije que lucharas —suplicó Jack—. Tienes que mostrarles misericordia para que…

—¿Ellos me mostraron misericordia? Necesitan entender que soy un peligro para todos. Esto les enviará un mensaje.

—Así es, mi querida Elsa —susurró otra voz—. ¡Mátalo y haz que te teman como deberían!

Jack reconoció la voz. Dio un paso atrás y encontró a Pitch Black de pie delante de él, con las manos también en la cabeza de Elsa.

—¿De verdad creíste que sería tan fácil, Jack? —dijo él con una sonrisa malvada—. Bueno, ¿adivina qué? No eres el único que puede llevar a cabo este pequeño…

El Rey de las Pesadillas no llegó a terminar su frase, pues Jack cargó contra él y lo derribó. —¡Déjala en paz! —gritó, asestando un buen puñetazo en la cara del demonio.

—¿Y ser privado del mejor suministro de alimentos que he tenido en mucho tiempo? —gruñó Pitch, deteniendo otro golpe con la mano y luchando por conseguir quitarse a Jack de encima—. ¡En tus sueños!

—¡Reina Elsa! —alguien gritó desde el otro extremo de la habitación—. ¡No sea el monstruo que todos piensan que es!

Tanto Jack como Pitch dejaron de luchar y miraron en dirección de donde provenía la voz. Los Guardias Reales y su líder estaban de pie allí. Pitch dejó escapar un suspiro de exasperación. —Ay, no él.

Quienquiera que fuera "él", sus palabras sin duda tuvieron un efecto sobre Elsa. Ella se volvió y, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, cesó su ataque y bajó la guardia. Jack la miró, desconcertado. —¿Es en serio? No me haces caso a mí, ¿pero sí lo escuchas a él? ¿Quién es él, de todas…?

Se estremeció cuando escuchó el sonido de una ballesta disparando, pero nada le dio a Elsa. La lámpara, sin embargo, comenzó a caer desde el techo. Cuando ella se dio cuenta, soltó un resuello y corrió tan rápido como pudo, pero se resbaló y cayó.

—¡ELSA! —gritó Jack. Su visión estaba bloqueada por la gran cantidad de trozos de hielo. Se puso de pie y corrió hacia el mismo lugar donde la mayoría de los Guardias Reales se estaban reuniendo. Elsa estaba tendida en el suelo, inmóvil. El hombre de la capa gris también se unió a los Guardias.

—Aún respira, señor —dijo uno de ellos, inspeccionándola. Jack dejó escapar un suspiro de alivio.

—Bien. Pónganla en un caballo, con cuidado. La llevaremos de vuelta a Arendelle —ordenó el líder. Luego, al resto de los Guardias que ayudaban a los dos matones extranjeros a salir de sus respectivas trampas de hielo, dijo: —Tan pronto como esos hombres estén a salvo, átenlos. No seré el que permitió que asesinaran la Reina de Arendelle a sangre fría. Ella es nuestra mejor oportunidad de detener este invierno. Sólo después de que lo haga, y si el pueblo así lo exige, tendrá un juicio justo. ¿Está claro?

—Sí, príncipe Hans —los Guardias respondieron.

Mientras levantaban a Elsa del suelo y dejaban la habitación, Jack miró a su alrededor. Pitch había desaparecido sin dejar rastro de nuevo, pero esta vez, el Espíritu del Invierno no se dejaría engañar. A pesar de sus palabras de resignación, el Rey de las Pesadillas se había quedado a ver la pelea, y en el momento en que había visto que Jack estaba teniendo éxito en ayudarla, había aprovechado la oportunidad y convertido su valor en miedo, un miedo que ella luego había canalizado en enojo y odio. Jack no dejaría que eso sucediera de nuevo.

Siguió a los Guardias que llevaban a Elsa por todo el camino hasta que salieron y cruzaron el abismo. Lo único que quedaba del enorme muñeco de nieve era su pie izquierdo. El líder de los Guardias, el príncipe Hans, se unió a ellos unos momentos después, seguido por los guardias que traían presos a los dos matones. Jack decidió que sería mejor seguirlos a pie. No sólo no estaba en condiciones de intentar volar; de esta forma podría estar más cerca de Elsa. Y así, una vez que todos habían montado en sus caballos, comenzaron su viaje de regreso a Arendelle, sin darse cuenta del acompañante invisible caminando junto al caballo que lleva a la Reina de Arendelle… y de la criatura malévola que acechaba en las sombras.


—Trabajas para Pitch, ¿no?

—¿Quién?

—¡No te hagas la tonta conmigo!

—Jamie, realmente no tengo idea de lo que estás hablando…


No fue sino hasta varias horas después que Elsa finalmente despertó… en una celda fría y oscura, con las manos en grilletes. Hans le había ordenado al mejor herrero en Arendelle que los fabricara lo más rápido posible, y que se asegurara de que cubrirían las manos de Elsa completamente, tan pronto como había regresado a Arendelle. Era una medida de precaución, según él, pero Jack seguía pensando que era algo brutal e inhumano, viniendo del hombre que la había salvado.

El Espíritu del Invierno vio desde una esquina mientras la joven reina recobraba la consciencia lentamente y se sentaba en la cama, aunque "cama" era un término demasiado amable para el banco de piedra en que la habían dejado recostada. Elsa miró a su alrededor con cansancio hasta que sus ojos se fijaron en la ventana. Entonces saltó del banco y corrió hacia ella, pero las cadenas cortas no la dejaron llegar lejos. Tuvo que encontrar una posición en la que no se interpusieran en su camino antes de que pudiera mirar hacia afuera.

—Oh, no. ¿Qué… qué fue lo que hice? —su grito silencioso y devastado hizo eco por toda la celda.

Jack, frustrado, negó con la cabeza. Quería consolarla, pero ella sólo podía oírlo cuando estaban conectados psíquicamente… y él no quería intentar hacerlo por segunda vez. Le había parecido perfecto al principio, pero ahora estaba teniendo sus dudas al respecto. Ir dentro de su mente de esa forma se sentía como si la estuviera invadiendo, obligándola a escucharle. La había ayudado de vuelta en el Palacio, seguro, pero si seguía haciéndolo una y otra vez, ¿cómo era él mejor que Pitch Black?

Oh, sabía que el espíritu oscuro también estaba presente en la celda. Aunque no podía verlo, también estaba seguro de que éste había estado jugando con sus sueños mientras ella estaba inconsciente. Por lo que sabía, él la había mantenido en ese estado más tiempo de lo que debería haber sido. Ella no pudo haberse golpeado la cabeza con tanta fuerza al caer en el Palacio, ¿o sí? No, Pitch le había estado haciendo algo durante todo el camino de regreso de la montaña, y saberlo sólo hacía que Jack se enojara aun más. Estaba impotente, en todos los sentidos de la palabra. No tenía la fuerza para luchar contra él, e incluso si las tuviera, ¿cómo luchar contra alguien a quien no se le puede ver?

El sonido de una llave hizo que Jack y Elsa se volvieran a mirar a la puerta. Era Hans.

—¿Por qué me trajiste aquí? —exigió Elsa.

—No quería que la lastimaran.

—Pero soy un peligro para Arendelle. ¡Trae a Anna!

—Anna no ha regresado —Hans le dijo. Claramente preocupada, Elsa miró hacia fuera otra vez mientras Hans continuaba hablando—. Reina, por favor, suprima el invierno. Devuélvanos el verano. ¿Puede?

—¿No lo entiendes? No sé hacerlo. —El arrepentimiento y la desesperación en su rostro le rompía el corazón a Jack—. Tienes que decirles que me liberen.

Hans parecía descorazonado, pero respondió: —Sí, lo intentaré.

Jack oyó el resoplido burlón de Pitch a la distancia. —No, no lo hará.

—¿Hay algo que quieras compartir, Black? —preguntó él, fastidiado.

—El galante príncipe de las Islas del Sur aquí presente tiene sus propios planes —respondió el Rey de las Pesadillas, y el eco de su voz resonó mientras Hans se alejaba—. Él quiere el trono de Arendelle y planea casarse con Anna para conseguirlo. Lo último que necesita es una reina hechicera en su camino, pero no puede matarla solo porque sí. Es por eso que la salvó en el Palacio. Él actúa como un héroe noble hasta que encuentra la excusa adecuada para deshacerse de ella… lo cual Elsa le acaba de brindar al decirle que no puede deshacer lo que ha hecho. En otras palabras…

—Ejecución —Jack concluyó por él, viendo cómo el príncipe extranjero cerraba la puerta detrás de él después de salir. El Espíritu del Invierno miró a Elsa pensativamente por un momento. Entonces, tan pronto como escuchó la cerradura, se dio la vuelta y, tocando rápidamente ambos grilletes con la punta de su cayado para cubrirlos con escarcha, determinó: —Nadie va a hacerle daño, no mientras yo siga aquí.

—Vaya, realmente eres melodramático, ¿no es así? —se burló Pitch.

Jack ni siquiera se dio por enterado. Tenía todas las razones para desconfiar de Pitch. Por ejemplo, él había mentido al decir que Hans y la Guardia Real iban tras Elsa. Los Guardias habían estado charlando todo el camino durante el viaje de regreso de la montaña, y por lo que Jack había escuchado, habían ido a buscar a Anna. Incluso Hans había insistido en que "no debían lastimar a la reina".

Por otro lado, Pitch se había visto bastante molesto cuando Hans apareció en el Palacio. Entonces, ¿y si la mentira que le había contado a Jack había sido con la intención de hacer que él temiera por la vida de Elsa, alimentándolo en el proceso, pero al final había resultado ser verdad?

Pensándolo bien, qué conveniente que la flecha que había fallado en herir a Elsa hubiera cortado el hielo del cual pendía la lámpara de araña. Elsa había tenido suerte de que la enorme estructura de hielo no la hubiera aplastado al caer, pero si Hans se la tenía jurada…

El demonio aún podría estar mintiendo, por supuesto. Jack no podía estar seguro de la verdadera lealtad de Hans a menos que saliera de la celda e investigara por su cuenta, pero ya no dejaría a Elsa a solas con Pitch Black, y sin más información, esperar de brazos cruzados a que algo suceda sería apostar con la vida de Elsa, algo que no estaba dispuesto a hacer.

En cualquier caso, ella no estaba a salvo en Arendelle. Necesitaba huir del reino, pero primero, Jack tenía que dejarla en libertad, y por ello era que se estaba esforzando en congelar los grilletes. Tal vez las cerraduras podrían romperse con hielo de alguna manera, y, si bien él ya no tenía el poder de hacerlo por sí mismo, Elsa sí lo tenía. Si tan sólo ella pudiera darse cuenta de ello…

—Ya, solo date por vencido —Pitch insistió desde las sombras—. Se acabó.

—Eso no te ha impedido tratar de influir en su mente y sueños un poco más —Jack respondió sin distraerse de su trabajo.

—Es la fuerza de la costumbre. Está en mi naturaleza, y me ayuda a pasar el tiempo hasta que ella dé su último aliento. Pero créeme cuando te digo que me he dado por vencido. No hay nada que pueda hacer al respecto. Como dije antes, fue bueno mientras duró.

Jack tomó un momento para descansar. Incluso conjurar escarcha estaba resultando ser cada vez más agotador a cada minuto. No podía hacer esto por su cuenta, y Elsa, que a juzgar por la forma en que ella seguía mirando por la ventana parecía estar más preocupada por Anna que por cualquier otra cosa, no estaba cooperando. Él necesitaba ayuda, pero no podía exactamente pedírsela al único otro espíritu en la celda. Lo único que le importaba a éste era alimentarse del temor que los poderes de Elsa sembraban en el corazón de…

Por supuesto.

—¿Y si no tuviera que terminar? —gritó—. ¿Y si pudiéramos hacer algo al respecto?

¿Nosotros? ¿Quieres decir, juntos? ¿Para que puedas salvarla y ser su héroe mientras que yo salgo perdiendo de todas formas? No, gracias. Prefiero guardar mis fuerzas para más adelante.

—No te estoy pidiendo que me dejes salvar su alma —argumentó Jack—. Sólo su vida.

Hubo silencio por un momento. Entonces, Jack oyó la respuesta clara como el día, justo detrás de él. —Estoy escuchando.

Jack sonrió con superioridad. Pitch había captado la idea y finalmente había salido de las sombras. Ahora era el momento para ver qué tanto necesitaba a Elsa.

—Tú quieres conservar tu… suministro de alimentos —le dijo, dándose la vuelta para mirarlo—. Yo quiero mantenerla a salvo de ti. Pero Hans quiere matarla para que él pueda tener su trono. Ahora, ¿con cuál de nosotros dos te sería más fácil lidiar a la larga?

—Estás proponiendo una tregua —dijo Pitch con un rastro de diversión en su voz. Luego, más en serio, respondió: —Muy bien. El enemigo de mi enemigo es mi amigo… por ahora, al menos. ¿Qué es exactamente lo que quieres hacer?

—Revierte lo que le has hecho a Elsa. Quita el miedo que has sembrado en su corazón y mente para que ella pueda reunir el valor que necesita para…

Pitch se echó a reír locamente antes de que Jack pudiera terminar la frase. —No funciona de esa manera, chico. Yo provoco miedo. No puedo "revertirlo" ni llevármelo de nuevo. No está en mi naturaleza.

Esta afirmación sólo confirmó lo que Jack sospechaba, y ahora que lo sabía a ciencia cierta, era el momento de poner la oferta real en la mesa. —Entonces deja de influenciarla. Sólo por un rato; eso es todo lo que pido. Permíteme tratar de ayudarla a encontrar el valor para que use sus poderes para fugarse de aquí. Luego, una vez que haya escapado, puedes volver y hacerla sentir miedo otra vez. ¿Quién sabe? Tal vez puedas convencerla de cruzar el océano congelado y huir a una isla donde nadie puede encontrarla.

Sus propias palabras le daban nauseas. Sabía que estaba jugando el juego de Pitch, y la amplia sonrisa irónica en su cara le hacía ver a Jack que lo estaba disfrutando, pero no tenía otra opción. Ya había descubierto que Pitch estaba causando que Elsa temiera por Anna. Incluso si lo estaba haciendo simplemente por costumbre como él aseguraba, la estaba distrayendo. Sin Pitch cerca para alimentar ese miedo, Elsa probablemente dejaría de pensar tanto en ello. Sólo entonces podría Jack conseguir que se enfocara en escapar.

—Adelante —el Rey de las Pesadillas respondió finalmente—. Haz lo que tengas que hacer. Sé el héroe. No voy a interferir. —Comenzó a caminar hacia el rincón más oscuro de la celda, pero luego miró hacia atrás—. Aunque, si consigues hacerlo, volveré por ella. No te atrevas a creer que te dejaré ganar tan fácilmente.

Jack miró amenazadoramente a Pitch. —Yo tampoco. Somos enemigos, y siempre lo seremos. Pero no hoy.

Pitch soltó un resoplido burlón y desapareció en las sombras. Jack se quedó allí un rato más, asegurándose de que no regresara. No porque pudiera saber si lo hacía, pero de cualquier modo se quedó allí. Entonces, cuando Elsa finalmente apartó la vista de la ventana y se quedó mirando los grilletes, el Espíritu del Invierno volvió a trabajar.

—Vamos, Elsa. Hay que sacarte de aquí.


N/A: No quise pedir disculpas antes por el retraso porque imaginé que preferirían comenzar a leer el capítulo de inmediato, pero ahora que ya terminó, pues… me disculpo por el retraso. Quería actualizar más pronto, pero no podía conseguir que este capítulo funcionara. Originalmente, pretendía acabarlo con la escena de la batalla en el Palacio, pero pensé que sería un poco decepcionante dejarlo allí, así que seguí escribiendo. El capítulo terminó siendo más largo de lo previsto (por ende la necesidad de pasar los primeros cuatro párrafos a la última parte del capítulo 3), pero supongo que se lo merecían después de tan larga espera. Espero que les haya gustado.

escudodeplata: Me alegra que aprecies eso de la ortografía y gramática. Espero no haberte estresado demasiado al tardarme así :P. Y esa pequeña incógnita va a durar buena parte de la historia, solo para agregarle un buen toque de misterio, jejeje. ¡Gracias por tu comentario tan lindo!
MyobiXHitachiin: Es triste pero cierto eso de las buenas historias. Solo pregúntale a Ghostpen (uno aquí tratando de hacerle la barba, ^_^) Qué bueno que te haya gustado tanto el capítulo y la canción, y sí, ¡es tan… ellos! ¡Gracias por comentar!
laloquita . co: ¡Qué linda, mil gracias a ti por darme esas palabras de ánimo!
Ghostpen94:
Wow, alguien andaba muy romántica cuando escribió ese comentario :P. Jeje, gracias por apoyarme con tus comentarios tan alegres. (Y sí, ya comenté tus fics.)
Lightscales15: Perdón, me tomó más de lo que hubiera querido, pero aquí está la actualización. ¡Gracias por comentar!
Snow Heaven: Oh, tú tranquila y yo nervioso ;). Lo de Lizette va a durar un rato, pero ya te enterarás a lo que se refería. ¡Bienvenida al club de seguidores, y gracias por tu comentario!

Haré lo mejor que pueda por tener listo el Capítulo 5 lo antes posible, pero no les prometo nada. ¡Nos vemos!