Y que se hizo un nuevo capítulo :D Ustedes creerán que es relleno, pero nada de eso, todo es importante y lo verán más adelante ;B ¡Gócenlo y no olviden comentar!
El día iba normal y aburrido. Sólo habían asistido a una clase y ya estaban agotados.
Para reponerse antes de seguir la jornada, los cuatro podridos se sentaron en el borde de las escaleras de piedra que daban a la entrada principal de la institución.
-La historia de la fundación de Auradon es mucho más aburrida de lo que creí-farfullo Carlos, apoyado en el hombro de Jay con Chico en su regazo.
Por su parte, Jay estaba tan ensimismado en todos los deberes que había acumulado que apenas emitía un quejido lastimero.
-El señor Deley me pidió asesorar a tres estudiantes para el fin de semana-dijo Evie al aire, suspirando pesadamente.
-Es tu castigo por ser una nerd-le dijo Mal con el brazo sobre sus ojos.
Parecía que Evie iba a rebatirle a su mejor amiga, pero la verdad es que tenía toda la razón. En vez de decirle algo, apoyo su cabeza sobre la de Mal con cansancio. La peli-morado lo permitió sin rechistar por la pesadez en su cuerpo, de no ser así quitaría a Evie con delicadeza por la posición que la hacía sentir bajita… Era bajita, pero no debían recordárselo de esa manera.
A la distancia escucharon el sonido de un potente motor acercándose. Apenas levantaron la vista para mirar. Por el horizonte del camino vieron una figura oscura acercarse a gran velocidad a ellos. Tres segundos después alguien derrapo habilidosamente en una motocicleta estilo chopper a escasos centímetros del primer escaño de la escalinata. El conductor estaba cubierto por un casco totalmente oscuro y una chamarra de cuero negra con cuello alto, remaches en los hombros y dos aberturas en rojo opaco desde la clavícula hasta los brazos a cada lado de la prenda.
-Que buen vehículo-dijo Jay acercándose a la máquina, muy despierto de repente.
-Gracias-. Esa voz les era conocida. Por supuesto que era Kiah quien removió la cabeza para peinarse cuando se quitó el casco.
-¿Crees que puedas prestármela?
-Seguro-. Hizo el ademan de tenderle la llave al joven de cabello largo-. Algún día que espero sea muy lejano.
La risa que siguió por parte de todos les sentó muy bien. El ánimo general se levantó con la presencia de Kiah. Eso, aunque había uno de ellos que no estaba muy feliz de ver a la leona.
Chico empezó a temblar en los brazos de Carlos sin quitarle la mirada a Kiah. Los pequeños quejidos se convirtieron en ladridos, y se removía con fuerza.
El joven intentaba calmar al animal, hablándole delicadamente y rascándole bajo el hocico.
La princesa dejo caer la cabeza a un lado mientras Chico la retaba con sus gruñidos.
-Ponlo en el suelo-pidió Kiah sin haberse bajado de la moto. Sonrió por la mirada preocupada que Carlos le daba-. Tranquilo, no lo voy a lastimar.
Carraspeo antes de dejar al perro al alcance de su compañera. No sabía si estaba más inquieto que Chico mordiera a Kiah o al revés.
El animal se resistió a ser levantado por la leona. Hacia el ademan de morderla pero la princesa siguió sosteniéndolo. Mal y Jay estaban de curiosos, por otro lado Evie y Carlos contenían el aire por lo repentinamente salvaje que se había vuelto Chico.
Kiah aguanto el peso del animalito entre sus manos, contemplando sus diminutos ojos. Chico dejo de forcejear al poner atención en la mirada de la leona.
Sin decirle nada y con sólo mirarlo de frente, Chico empezó a mover la cola de alegría, estirándose para lamer la nariz de Kiah.
Satisfecha, la princesa bajo al perro con semblante divertido por las caras estupefactas de los chicos.
-¿Cómo lo hiciste?-dudo Carlos, acomodando a Chico en sus brazos mientras este no quitaba la pesada mirada de Kiah.
-Encanto animal-bromeo, apoyándose con aire seductor en el manubrio de su vehículo.
De un segundo a otro, Ben apareció junto a ellos, interrumpiendo el ameno momento que estaba teniendo. El modo en que dejo caer el brazo en los hombros de Mal hizo a Kiah tener la necesidad de tronarse todos los dedos de las manos, gesto que Evie noto con una media sonrisa apenada. Suerte que el soberano estaba tan abstraído en Mal para advertir el ensombrecimiento en los dorados orbes de Kiah.
Los ojos azules del joven pasaron de su peli-morada a la leona, enseñando sus relucientes dientes con gesto alegre.
-¿Cómo te va en la escuela, Kiah? ¿Te estas adaptando bien?
-Fuera de que algunos alumnos se verían bien en una mesa de banquetes, todo me parece tranquilo-. Carlos se aferró a Chico, mirando furtivamente al resto quienes se ahogaban con una carcajada. Ben era el único notablemente confundido y pareciera que tomo en serio el comentario por lo abierto de sus ojos y lo separada de su mandíbula-. Bromeo, soy una leona decente, no soy una salvaje.
-Deberías tratar de convencer a Carlos de lo contrario-. Jay no resistió más y se rio en la cara de su amigo, sujetándose a su hombro.
Aunque trataba de unirse a la diversión, para Mal las voces de sus amigos se difuminaban en sus oídos. Un calor molesto le atravesaba toda la espalda, y debía ser serio para que la sensación extra de temperatura le incomodara siendo parte dragón.
No lograba sacar nada en limpio de la plática. Todo en lo que podía concentrarse era en el brazo de Ben acomodado en sus hombros. Y de repente cada cosa que debía hacer según el calendario real que debía acatar volvió a hacerse presente en su cabeza, repitiéndose insistentemente… En la Isla nada era así, en la Isla su mente no estaba tan brumosa, tan abrumada… tan harta…
La voz de su novio la regreso a la realidad, mareándola ligeramente.
-Bueno, me retiro chicos, avísenme si necesitan cualquier cosa-. Beso a Mal en la mejilla-. Recuerda que pasado mañana tenemos una entrevista planeada para medio día en la entrada de la preparatoria.
-Tratare de recordarlo.
El rey se fue rápidamente sin notar el rechinar de los dientes de su novia.
Si la muchacha escuchara lo que su cansado corazón decía estaría organizando un boicot contra todo reportero y cadena televisiva interesados en hacerla responder preguntas tontas; sin embargo eso estaba en su antiguo y desenfrenado ser. Eran tiempos de hacer caso a su razonamiento, olvidándose del vandalismo y las maldiciones, por más que su cuerpo suplicara al menos una pequeña mala acción, una indolora travesura.
No se dio cuenta que apretaba los bordes de las mangas de su chamarra de piel morada, enterrándose los cierres en la palma. Sin dejar de lado que su rostro era el retrato del estrés.
Evie aclaro su garganta sutilmente, teniendo la misma expresión intranquila que los demás. Tanto ella como el resto querían salir pitando de tal situación.
-Me adelantare a Historia de Magia Blanca, Jane necesita que le explique algunas cosas.
Kiah siguió el ejemplo de Evie al tratar de escapar, bajándose de su moto y acomodándola a un lado de las escaleras.
-Yo también debo irme, tengo clase de Arte en 10 minutos.
-Coincidencia, yo tengo la misma clase-dijo Mal, dándole una palmada en la espalda, tratando de estar animada.
Ambas se despidieron del resto para entrar al castillo.
En todo el recorrido al aula, Mal era cordialmente saludada por muchos de los alumnos, y eso la molestaba de tanto en tanto. Y Kiah advirtió lo forzada de su sonrisa cada que alguien se acercaba a ella.
-Ser novia del rey no te sienta muy bien.
-Un comentario mordaz, ¿no crees?
-Simplemente soy honesta-dijo, encogiéndose de hombros y sacando el pecho-. Tú no estas cómoda con todo esto.
Dolida, Mal no respondió. Y estaba dolida por lo acertadas de las palabras de la princesa.
Sin necesidad de que le dijera nada, la leona se dedicó a verse lo más amenazante que pudo para alejar a la gente de Mal. La verdad era que también a ella le irritaba la atención indeseada. Si Mal notaba lo que estaba haciendo, tampoco dijo nada para hacérselo notar.
Ya en el salón y una vez acomodadas en sus mesas de dibujo, el maestro apareció indicando que esa lección se enfocaría en sus habilidades libres, dándoles a cada uno una hoja en blanco, varios tipos de lápices y carboncillos, y diversas gamas de colores de madera.
Mal y Kiah intercambiaban oraciones de vez en cuando, ambas enfocadas en el arte que intentaban dar forma. La leona se veía más suelta, incluso más feliz con una sonrisa asomándose de sus labios cada tanto. Por otro lado, Mal tenía problemas concentrándose en lo que estaba haciendo. Llego a pensar que lo hacía por obligación y no porque le gustara…
Llegando a ese punto, soltó el color y se levantó violentamente para mostrarle su dibujo al profesor y terminar con eso.
No era su mejor trabajo, y el hombre al frente del aula se lo hizo notar muy bien.
-Una aplicación del color menos tosca hubiera resaltado los trazos primarios para darle más vida a los dragones.
-Présteme una lata de pintura y le enseñare a estas paredes lo que es vida-sostuvo su cintura con las manos, levantando el mentón.
-Tienes mucho talento, Mal. No me gustaría verlo todo enfocado en graffitis.
Casi le arrebato la hoja y paso a volver a sentarse junto a Kiah.
-Hombre exigente-murmuro la leona, tapando la hoja con su brazo al tiempo que usaba un color azul muy claro.
-Por eso estará solo el resto de su vida.
-Mujer violenta-dijo más fuerte, embozando una sonrisa que mostraba sus colmillos.
-Cuando pases con él pensaras igual que yo-le reto, inclinándose sobre ella. Ni así logro ver su dibujo.
Kiah se levantó rápidamente, haciéndole muecas en todo el camino al escritorio del profesor. Al llegar y extenderle la hoja, el hombre se quedó sin palabras, poniendo nerviosa a la creadora. Incluso Mal comenzó a hacer ruido con sus dedos en la mesa sin notarlo.
Apunto de irse a esconder bajo la mesa, la rara princesa sintió la mano de su educador apretándole la muñeca delicadamente.
-Es hermoso…
Y de ahí no pudo pasar, estaba anonadado, Kiah igual, y a Mal se le cayó la mandíbula con esas dos palabras. El resto de los alumnos dejaron lo que estaban haciendo para mirar con curiosidad lo que pasaba al frente del aula.
El hombre siguió adulando el talento de la leona hasta que la mando sentarse. Los alumnos intentaban ver el dibujo, hasta que Kiah lo apoyo contra su pecho para alejarlo de los mirones.
Antes de sentarse, le paso el papel a Mal, sabiendo que quería ver lo que había hecho por la impaciencia en cómo se mordía el labio.
Y el profesor no exageraba, el dibujo era realmente bello. Ocupando toda la extensión de la hoja, estaba el hogar de Kiah, la Roca del Rey en todo su esplendor, en un día con el cielo más azul, las nubes más blancas y esponjosas, y en el nacimiento de la princesa. Al borde de la roca, un mono de pelaje gris levantaba a un pequeño cachorro, bañado por un haz de luz que venia del sol. Más atrás había un león con melena roja y una leona adulta; los padres de Kiah. Y al final otros dos leones, esta vez una leona y un león de pelaje oscuro. Mal asumió que sería su hermana y su cuñado. Todo estaba perfectamente hecho hasta el más mínimo detalle. Era un deleite ver esa obra.
Estaba sin palabras. Quería encontrar la manera correcta de alabar el trabajo de su compañera, aunque cada frase que pensaba era poca cosa. Después de abrir y cerrar la boca varias veces, se decidió por ser sincera y directa.
-De verdad es precioso. Tú deberías inscribirte a eso de la Galería de Arte.
-Creo que lo pensare seriamente.
Mal paseo sus ojos del papel en sus manos al rostro de Kiah… y volvió a olvidar su odiosa agenda repleta de eventos reales.
