CAPÍTULO 4: LA MEJOR OPCIÓN


Notas de la autora:

Os aseguro que he intentado equilibrar la visión de Kaoru y la de Kenshin, pero siempre acaba atrayéndome más la perspectiva de él. Me parece mucho más interesante que la de Kaoru y por eso al final, parece que el fic está más narrado desde la perspectiva de él que la de ella.

No lo he hecho a propósito, pero me temo que la mente de Kenshin es para mí mucho interesante de escribir que la de Kaoru.


CAPÍTULO 4: LA MEJOR OPCIÓN

Cuando Kaoru llegó a casa acompañada de Yahiko, se encontró a Kenshin sentado en el suelo de madera mirando al cielo. Siempre le había parecido curiosa la forma en la que se sentaba, con la espada apoyada en él. Era una vieja costumbre que no sabía si lograría quitársela alguna vez.

En cuanto llegaron, les miró y la ayudó con los bultos que cargaba. Yahiko dejó los suyos y se marchó hacia el nuevo Akabeko donde trabajaba algunas horas para ganar dinero.

—Te estaba esperando, Kaoru —dijo mientras dejaba las cosas en la mesa.

—¿Querías hacer algo? —preguntó ella.

—Tengo que irme.

—¿Has olvidado comprar…

—Me marcho de aquí —la interrumpió. A Kaoru se le detuvo el corazón.

—¿Cómo… Cómo que te vas? —titubeó—. ¿Ha ocurrido algo? ¿Quién ha venido?

Kenshin la miró fijamente, después sonrió con afectación.

—No debería extrañarme que lo primero que pensaras fuese que había venido alguien a por mí —dijo con resignación—. No me voy de Tokio, sólo voy a dejar de vivir aquí.

Kaoru no entendía nada de lo que le decía. ¿Por qué se marchaba de casa si nadie les había amenazado? Se le aceleró la respiración. ¿La estaba abandonando? Ella no había hecho nada para inquietarle. No le había presionado, ni nada por el estilo.

—No lo entiendo, ¿por qué te vas? —cuestionó a Kenshin.

—No es adecuado que viva aquí contigo.

—Llevas más de medio año viviendo aquí —repuso desconcertada.

—Pero ahora estamos solos.

Kaoru se quedó de piedra. ¿Y qué importaba que estuvieran solos? Además, llevaban varias semanas así, ¿por qué ahora? ¿Lo había estado retrasando para que no se encontrara sola tan de repente? Primero Megumi, luego Sanosuke y después Yahiko. Todo en menos de dos semanas. Quizás había esperado a que se calmaran las aguas para irse también.

Kenshin se acercó a ella y la cogió de la mano suavemente.

—Te seguiré viendo todos los días —añadió para no preocuparla.

—Entonces, no te vayas —le pidió ella—. Quédate aquí.

Si antes ya tenía miedo a levantarse un día y ver que Kenshin se había marchado, no quería ni saber lo que le haría a sus nervios que estuviera en otro sitio, temerosa cada mañana de que un día no apareciera por su puerta.

Kenshin suspiró y le acarició la mejilla con la otra mano. Era la primera vez que la tocaba así.

—No es correcto para ti que esté viviendo contigo.

Ella subió su mano libre y la puso sobre la de él para evitar que la alejara de su rostro.

—A mí no me importa si es correcto o no.

—Pero a mí, sí —contestó con determinación Kenshin.

Y le importaba mucho. Kaoru era una buena mujer y no tenía por qué soportar las injurias de otros por no hacer las cosas como era debido.

Sin embargo, vio con horror que Kaoru estaba a punto de echarse a llorar. No esperaba que se lo tomara tan mal.

—¿Kaoru? —susurró con cuidado.

—Por favor, no te vayas —le suplicó. Kenshin se tensó; no soportaba verla sufrir—. No me dejes.

A Kaoru se le cayeron varias lágrimas silenciosas mientras seguía mirándole a los ojos; y a Kenshin, el alma a los pies. ¿Por qué pensaba que la iba a dejar? Le había dicho que se iba a quedar en Tokio, sólo que no viviría allí con ella.

—No te dejo, Kaoru. No sé por qué piensas eso.

—Porque nada te amarra a aquí —replicó.

Kenshin soltó un suspiro. Iba a contestarle que eran miedos infundados, hasta que se dio cuenta de que eran fundados. Era un vagabundo, se lo había dicho muchas veces. Cuando se fue a Kioto, se despidió de ella diciéndole que había sido feliz allí pero que ese tiempo se había terminado y debía volver a vagar. Si Kaoru no hubiera viajado a Kioto para buscarle y llevarle de vuelta a casa, él nunca habría vuelto a pesar de haber sido feliz en aquel lugar con ella. Era algo que sabía con cada onza de su cuerpo.

Pero pensaba que Kaoru sabría a esas alturas que ella le anclaba a ese lugar. El momento en el que estaban no era el mismo que cuando se marchó antes del verano. Aquel día todavía tenía las fuerzas suficientes para dejarla atrás, pero ya no.

—Tú lo haces —le contestó.

Kenshin pudo ver que, al menos, el llanto de Kaoru se había cortado. Se liberó de su agarre porque tenía que irse. Se giró y comenzó a andar hacia fuera de la estancia.

—Entonces, quédate conmigo —volvió a pedirle Kaoru.

—No es apropiado para ti —repitió.

—Pues haz que lo sea —le exigió en un susurro que oyó perfectamente… Lo que puso por fin las cartas bocarriba.

Porque Kaoru acababa de colgar sobre ellos el matrimonio.

Era curioso el concepto. Para él era algo definido e indefinido a la vez. Tenía claro que quería casarse con ella, pero no cuándo. Y mientras no tocaran el tema, ahí quedaba como algo intangible pero accesible a la vez.

—No puedo hacerlo mientras los brazos de mi pasado puedan alcanzarte, Kaoru —le dijo—. No puedo permitir que te suceda algo de nuevo.

—Pero tú pasado ya me ha alcanzado más de una vez y sabes que no me importa —le replicó.

Kenshin se giró hacia ella soltando un largo suspiro.

—No es lo mismo, Kaoru —comenzó él—. Si alguien viniera a hacerme daño, puedo irme y evitar que te inmiscuyan. Si sales fuera de Tokio, nadie sabe de ti… —Hizo una pausa mientras la miraba directo a los ojos—. Ni lo que supones para mí —dijo con un hilo de voz. Se llevó una mano a la cara con la que se frotó los ojos—. Pero si eres mi esposa, les daré carta blanca. Mi punto débil se hará oficial y vendrán a por ti.

Kaoru se acercó hasta él y cogió su cara con ambas manos.

—No me importa lo que suceda siempre que esté contigo —susurró ella. Deslizó los brazos y se abrazó a su cuello—. Entiende que prefiero una vida corta y feliz contigo, que una larga y desgraciada sin ti.

Kenshin correspondió el abrazo de Kaoru. Amaba a esa mujer con todas sus fuerzas y para él era difícil conciliar que la dañaran por su culpa.

—Para mí es lo contrario —murmuró contra su hombro—. Prefiero verte viva sin mí, que muerta conmigo.

—¿Y qué tenías pensado hacer? —preguntó ella con curiosidad echando la cabeza un poco hacia atrás y así poder verle—. Nunca estarás seguro del todo sobre que nadie más venga a por ti. ¿Cuánto tiempo pensabas que sería necesario estar lejos de aquí antes de estar conmigo?

—No lo sé… Pero sigo teniendo ese plan en mente —aclaró el por la elección de palabras de ella.

—No —decretó Kaoru—. No te vas a ir. —Volvió a abrazarle—. Quiero que te quedes conmigo.

—Pero…

—Dime, Kenshin —le interrumpió—. ¿De qué tiempo estamos hablando? ¿De un mes? ¿De dos?

—Ya te he dicho que no lo sé —respondió.

—¿Entonces? —cuestionó Kaoru—. No podemos esperar eternamente. Y sin contar que mientras tú vivas fuera de aquí, yo estaré sola. A cualquiera que le pregunten por ti le dirán que vives aquí. Si alguien tan fuerte como tú viene buscándote, ¿qué puedo hacer yo sola?

Kenshin se tensó en sus brazos. Lo que decía Kaoru era una realidad. Le habían dejado claro que era una persona reconocible de Tokio; Hotaru le había dado incluso detalles de su popularidad que no le entusiasmaban, pero que ahí estaban. Cualquiera les informaría de que vivía allí aunque no lo hiciera ya. Tardaría semanas en extenderse por Tokio su nuevo lugar de residencia. Pero hasta entonces, les enviarían directos a esa casa, donde ya no estaba él y sólo vivía una Kaoru desprotegida.

Esta vez, fue Kenshin quien la abrazó hasta pegarla a su cuerpo y así sentirla. Se sentía en parte acorralado, pero no por ella, sino por no estar seguro de cómo proceder.

—Lo siento, Kaoru… Pero en verdad no sé qué hacer —se lamentó él.

Se sentía impotente con aquella situación. Lo que más deseaba por sobre todas las cosas era estar con ella, formar una familia y vivir felices. Pero su maldito pasado sería una amenaza constante; nunca podría vivir fuera de su sombra y, por lo tanto, Kaoru tenía razón: nunca podría estar seguro al cien por cien de que no regresara.

—Si te pasara algo…

—Lo sé —dijo ella aferrándose más fuerte a él—. Lo sé, Kenshin. Pero elijo eso.

Kenshin la abrazó largo rato, respirando el aroma de Kaoru que tanto le gusta. Sin embargo, tras varios minutos se separó un poco de ella para mirarla y zanjar esa conversación.

—Entonces, ¿quieres que nos casemos? —dudó al decirlo.

—¡Sí! —gritó ella exaltada y se agarró a él con más fuerza—. Sí, sí y sí. Por supuesto que sí.

Kenshin no había dudado cuál sería su respuesta, pues ella misma lo había dejado caer. Pero sí se sobresaltó al ver la reacción explosiva de Kaoru; lo feliz que se había puesto con sólo esa pregunta. Toda ella se había iluminado y eso hizo sonreír a Kenshin.

—Está bien, está bien… —Intentaba tranquilizarla porque estaba pletórica. Le apretaba el cuello y empezaba a hacerle daño con su ímpetu. Al menos no podía decir que no deseaba estar con él—. Me estás sujetando muy fuerte.

Ella se separó en el acto.

—Oh, lo siento —se disculpó en el acto. Kenshin sabía que sonreía como un idiota, pero no podía evitarlo mientras la veía tan emocionada. Se le empezaron a humedecer sus preciosos ojos azules—. Llevo tanto tiempo esperando esto.

La vio abanicarse con la mano e inspirar hondo, como intentando contener las lágrimas.

—Me he imaginado esto de mil maneras, pero no lo esperaba así, como si me preguntaras sobre el tiempo.

A pesar de las palabras que dijo, supo que no se lo estaba recriminado, sólo constataba un hecho.

—Perdóname, Kaoru. —Quizás debería haberle impregnado algo más de romanticismo a la pregunta en vez del tono pragmático que había usado. Era una mujer y seguro que habría soñado con una declaración perfecta.

—No pasa nada —le restó importancia—. Así está bien. No me importa cómo sea el proceso para convertirme en tu mujer. Simplemente, quiero serlo.

Con bastante sorpresa, Kenshin se dio cuenta de que no se había parado a pensar cuándo sería el momento adecuado para pedirle a Kaoru que se casara con él, a pesar de que él mismo le estaba diciendo que esperaba dicho momento para hacerlo. Era una contradicción.

Sin embargo, sí era un hecho que había pensado que se casaría con ella porque más de una vez su mente había saltado a lo que ocurriría cuando ya estuvieran casados. Y Kaoru debería asustarse por las cosas que había soñado hacerle. Esto sólo dejaba más patente la diferencia que había entre ellos tanto de edad como de experiencia.

Aquella situación era extraña. Se había dado cuenta de que Kaoru no daba por hecho que iban a casarse. Seguía temiendo que un día se marchara y retomara su vida de vagabundo. En cambio, él sí lo daba por hecho, igual que cualquier persona daba por hecho que si no sucedía nada, al año siguiente cumpliría un año más. Era cierto que no había meditado sobre cómo ocurriría, pero de igual forma, para él no había manera de evitarlo.

Había sido así desde el momento preciso en que Kaoru le había revelado sus sentimientos. Se había enamorado de ella: una mujer cariñosa y muy generosa que le había acogido en su casa. Le había dicho desde el principio que no le importaba su pasado de asesino, pero una cosa era tener una amistad con él y otra muy distinta, amarle. No había creído que Kaoru correspondería lo que sentía por ella.

Pero en el mismo momento en que se le declaró, había tomado en una fracción de segundo la decisión egoísta de quedarse con ella. Se había dado cuenta de esa decisión involuntaria un instante después, cuando le asaltó su conciencia para decirle que no estaba bien. Pero finalmente, su conciencia había perdido la batalla; todo su ser deseaba que fuese suya. Se había impuesto sobre él la posibilidad de tener una relación con ella. Y tras unos largos segundos debatiéndose entre aceptarla o no, optó por la primera opción.

De modo que había dado por hecho que acabarían uniendo sus vidas, pero sin contemplar una petición de mano por medio porque la que, en primera instancia se había declarado, había sido Kaoru. Era ella la que le había dicho que quería pasar su vida con él afianzando así en su mente el futuro enlace.

Escuchó a Kaoru reír de felicidad y eso consiguió que volviera a centrar su atención en ella.

—Te quiero, Kenshin —dijo mientras le daba un beso en la mejilla y volvía a abrazarle.

¿Un beso en la mejilla? Se acababan de comprometer, ¿y sólo le daba un beso en la mejilla?

Kenshin se fustigó en su mente. Para su horror, acababa de darse cuenta de que Kaoru era una ignorante de las relaciones de pareja. Entendía que fuese virgen, pero ¿nunca se había besado con un chico?

Y para rematar, era huérfana y tampoco tenía ninguna mujer casada en su entorno, por lo que no habría nadie que le explicara una teoría básica de lo que sucedía entre hombres y mujeres.

Suspiró con resignación. Tendría que enseñarle todo.

No habían tenido mucho contacto hasta ahora, de modo que suponía que para Kaoru era un gran avance darle un beso en la mejilla. Si intentara algo más, a lo mejor la asustaba.

Tendría que darle una tregua, por mucho que le pesara.

—Yo también te quiero, Kaoru.


— * —


Fin del Capítulo 4 - 22 Abril 2013

Revisión - Diciembre 2017


Notas finales:

Kenshin siempre me ha parecido un personaje tan eficiente y pragmático, que me cuesta imaginármelo siendo romántico. Siento si decepciona cómo ha ocurrido la escena. Mi idea de la pareja de Kenshin y Kaoru se acerca mucho a la definición que dio Sanosuke de ellos: que se comportan como una vieja pareja.

Siempre me la he imaginado como la típica pareja de novios que llevan siéndolo diez años, viven juntos y que todo el mundo sabe que si no se han casado es por algún tecnicismo (léase, factor económico o similares). No me puedo imaginar a esa pareja montando una escena romántica para la pedida de mano; más bien me imagino algo así como estar un sábado a la hora de la comida y de repente uno diga:

—Ahora que hemos terminado de pagar el coche, podríamos buscar fecha para casarnos el año que viene.

—Ah, pues sí... me parece bien. Así nos da tiempo a prepararlo todo...

Y siguen comiendo mientras ven las noticias de la tele.

Es decir, algo que das por hecho que va a ocurrir pero sólo se está buscando el momento adecuado para ello.

Y lo que he hecho ha sido trasladar esa actitud en Kenshin porque, como dije al principio del todo, es el que me parece más seguro dentro de esta relación.

¡Saludos!


— * —


Comentarios a los reviews:

Mapache, me alegra que te haya gustado ver una Kaoru «poco entendida» del tema, porque en este capítulo, la pobre va a andar parecido.

Serena, en cuanto a tu comentario, he planteado para este fic la situación de que Kaoru no sepa nada de las relaciones. Puede parecer extraño que no tenga ni una ligera idea del tema, pero hay que analizar realmente la situación de Kaoru, al menos, en este fic. No ha tenido novios, no tiene familiares que le hayan podido explicar ni lo más básico, ni puede obtener información del exterior. Allí no hay ni películas, ni libros románticos (ella, al menos, no), ni Internet, y por supuesto, la gente de aquella época no mostraba en público, bajo ningún concepto, gestos afectivos. Entiendo que en la sociedad en la que estamos, pueda ser difícil de entender que una persona no sepa nada de nada sobre estos temas. Pero Kaoru no está en este siglo. En cuanto a que lo hablara con sus amigas, tenemos que la mejor amiga de Kaoru es Tae, una solterona con todas las letras. Y Misao es otra chica de dieciséis años que sólo vive por y para Aoshi. Las amigas que la rodean no tienen mucha idea tampoco. Pero lo que es más importante, en esa época esos temas eran tabú. No se hablaban tan alegremente como ahora.

Sin tener ni una sola referencia sobre estas cuestiones, es difícil que Kaoru sepa nada de las relaciones.

Kaory1, en mi perfil está explicado lo que pasó. De todas formas, se nota bastante el cambio en la forma de escribir. Lo puedes ver si lees la introducción del otro fic que tengo colgado «Juegos del destino».

Okashira, Sobre la proposición… lo sé, pero es que no soy capaz de imaginarme a Kenshin romántico. Para mí es echarle mucha imaginación, jajaja. En mi cabeza siempre he pensado que sería algo así: que lo preguntase como quien no quiere la cosa.

En cuanto a la posdata, si hay algo que más me fastidie que poner títulos, es hacer sinopsis, jajaja. Han pasado años ya, pero creo recordar que no he hecho ni una sola sinopsis para ninguno de mis fics. Me limito a poner las características, pareja, ambientación y poco más. No es algo que me preocupe, la verdad. Pero haré el esfuerzo, ya que lo mencionas ;-) .

Mirita: no lo dudes, Kenshin quería a Kaoru. Tengo entendido que en el OVA pasa algo así como: «Kaoru quiere casarse y Kenshin acepta para tenerla contenta». Bueno, pues quédate tranquila que el creador de Kenshin no lo quiso así.

De tu mensaje, estoy totalmente de acuerdo contigo, por eso siempre he pensado que Kenshin estaba más seguro que ella. Kaoru siempre estaba temerosa de que se fuera, y cada vez que una fémina se acercaba a Kenshin, se subía por las paredes. En cambio él, siempre estaba más seguro en cuanto a todo. Por eso, en el fic, he querido dar esa perspectiva: una en la que Kenshin está seguro de tener a Kaoru, mientras que ella sigue temiéndose que la deje.

En cuanto a que las personalidades están apegadas a los personajes… buff, menudo halago (MAEC otra vez emocionada). Describir personalidades siempre lo he llevado fatal, incluso en las historias de cosecha propia. Siempre me queda la sensación de que todos son iguales, aunque por lo que me dicen, es más cosa mía. Así que el decirme que me acerco a las personalidades que ha creado otra persona, es todo un lujo. ¡Gracias!