Capítulo 3: Tú y tus casos extraños.
-Por favor, deje sus cosas sobre el recipiente; cinturón y zapatos también.
Levi asintió con pereza y acató las órdenes que el guardia le dio. Saco sus llaves, celular, riata y dijes. Luego de pasar por la requisa y detector de metales, tomó su maletín y ajustó su corbata. Le dedico una mirada de superioridad al guardia y comenzó a avanzar por el pabellón seis de la cárcel municipal.
El caso que le salió hace poco era, sencillamente, macabro.
-Eren, ¿Quién te odia tanto, tanto? –Esa mañana, fue lo primero que Erwin le dijo a penas lo vio bajar hasta el primer piso. Era temprano y aun así Levi ya no estaba. Había salido, medio embriagado y trasnochado. Ya habían pasado tres días desde que él volvió y nulo contacto tuvieron. El día siguiente a su regreso, Hanji tuvo que llevarle algo de comer y vigilar que aun estuviera vivo.
-Buenos días y te amo para ti también. –Erwin soltó un risita leve y se acercó para besar la frente de Eren. El muchacho después de pensar un poco, respondió. –Aparte del letrado Levi, nadie. –Contestó con sinceridad.
La verdad, esta jodidamente confundido. Necesita con desesperación hablar con Levi, no esperaba que de todas las personas del mundo fuera el mismo Levi quien lo pillara en semejante situación. Aun lo desconcierta un poco que no le haya contado nada a Erwin, además de que está seguro que con lo despistado que suele ser ni siquiera se ha dado cuenta de que es a él a quien se refería. Suelta un leve suspiro, aun sobre la barra que conecta con la cocina, con Erwin mirando, tratando de descifrarlo y con su rostro apoyado sobre su mano.
Además, lo que más le genera confusión es esa forma casi idolatra con la que se refería a él hace unos años; Claro, obviamente sabe que esos diez años que compartieron fueron lo suficientes para que ambos quedaron con una ameno recuerdo del otro. Lo contrario es la forma en la que fue capaz de "enamorarse" caprichosa y superficialmente de una ladrona solo por su parecido. Aun así… sabe que las cosas seguirían iguales, siente que Levi piensa que perdió una especie de hermano menor y es exactamente eso lo que evita que Eren sienta arrepentimiento.
Cambia su posición; deja de estar sobre su mano, para cruzar sus brazos sobre el mueble y esconder su cara en ellos, prácticamente, echándose.
El suspiro que deja salir de sus labios alarma un poco a Erwin, pero este no dice nada. Dentro de la cabeza de Eren corren infinidad de hipótesis que solo sirven para deprimirse un poco más; no quiere atormentarse con ese tipo de interrogantes. A pesar de todo… se siente profundamente desolado, le duele que haya estado con otra mujer y que esa asquerosa mujer haya asesinado al hijo de Rivaille y… desde un principio le molesta que ella lo haya engendrado.
-¿Sabes? –La dulce voz de Erwin lo desprende de sus pensamientos. No levanta la cabeza, se siente levemente adormilado y aun así no tiene la mínima intención de dormitar. Necesita pensar.
-¿Hmm? –Es lo único que alcanza a musitar; con su cara aun enterrada entre sus brazos y las entonaciones de su voz sonando amortiguadas.
Erwin se ríe un poco, se acerca tal como lo haría una madre con su hijo y comienza a sobar con lentitud la espalda de su joven esposo.
-No creo que Levi te odie en verdad. –Le soltó deduciendo que el estado del muchacho se debía a la pregunta anteriormente formulada. –En realidad creo que es su forma de defenderse de la hostilidad que tú le tienes.
Eren bufa audiblemente. Se levanta frunciendo el ceño y mira a Erwin, aleja las breves caricias del rubio y casi, de una forma sarcástica y jocosa, se ríe de él.
-¡Ja! No solo me odia, me detesta. Créeme tú no lo conoces más que yo. –La repentina furia de Eren se esfumó tan rápido como llegó suplantándose nuevamente por un puchero casi arrepentido. –Y tiene razón para hacerlo.
Erwin parpadea varias veces, por primera vez deduciendo que hay algo más entre esos dos que solo un odio que esporádicamente se generó y creció con el tiempo.
-N-no, Eren. Soy su amigo de la infancia… nadie lo conoce mejor que yo y nadie a mí mejor que él. Levi solo se siente arrinconado, es como un gato; si tú te portaras mejor con él estoy seguro que su relación sería mejor. –Eren solo resopla frustrado ante las ingenuas palabras de Erwin. De ser así, las cosas hubiesen mejorado hace mucho, pero Levi aún no era capaz de disimular el rencor que le tiene por su traición y si trataba de aparentar otra cosa era por los años de amistad con Erwin.
Sin embargo sonríe un poco, confundiendo a Erwin de paso. Y sonríe principalmente porque, nuevamente, puede comprobar que no hay nadie que conozca a Levi mejor que él, ni siquiera el mismo Levi… Aun así, tiende a ser doloroso también. A veces piensa que la distancia lo ha cambiado, que cada que se va por esos largos periodos de tiempo a un lugar donde no lo puede alcanzar, ese hombre cambia un poco y le genera pánico siquiera pensar que un día ya no lo podrá reconocer y que ese día, el único lazo que aún les queda, se rompa.
Eren comienza a levantarse, se dará una ducha, esperará el momento en el que pueda hablar con Levi, preferiblemente lejos de cualquier persona.
-No se puede, Erwin. –Le espeta con frialdad. –Porque yo tampoco puedo portarme diferente. –Y encogiéndose de hombros, le susurra: -Es porque le hice algo muy malo hace un tiempo.
El joven da un brinquito desde la alta silla en la que estaba sentado con anterioridad hasta el suelo y comienza a irse, dejando solo el estupefacto rostro de su esposo.
-¿Qué…? –Musita el rubio confundido. Sabe que Eren siempre fue, es y será un libro de incógnitas para su persona. Siempre fue así, el muchacho pocas veces hablaba con él acerca de sus cosas o sentimientos, nada aparte de decirle diariamente que lo amaba. Y así lo había aceptado; pero en esta ocasión era diferente. -¿C-cómo es eso?
Eren se detuvo a unos metros del rubio, dándole la espalda, pensado en las exactas palabras que le diría. Pasados casi sesenta segundos en los que la cabeza de Erwin se llenó de suposiciones, Eren sonrió, aun de espaldas.
-Maté al mocoso que siempre estaba tras él. –Y salió de allí.
-¿En qué puedo servirle, abogado? –La voz de aquel sujeto no sonaba en lo absoluto como la imaginó. Pensó que se encontraría con un gorila musculoso y sobrepasado de testosterona como una voz gruesa que podría simular a la de Hades.
No a un mocoso.
-Esa debería ser mi línea. –Señaló Levi repentinamente molesto. Esta debía ser una maldita broma. Eso no era exactamente lo que estaba buscando ni lo que quería. ¿Dónde estaba el convicto medio psicópata que esperaba? Suspiro llevándose sus dedos índices a las cienes y comenzando a sobar con fastidio. –Ah, ni te esfuerces, mocoso. Tú no eres la persona que busco, consíguete un abogaducho de oficio.
El muchacho que anteriormente estaba relajado sobre el asiento, con sus manos tras su cabeza y los pies sobre la mesa, se levantó incontinenti. Sus ojos arrogantes trastornándose en temor y sorpresa.
-E-espere, mi familia lo contrató, doctor Ackerman. –Le llamo cuando Levi comenzó a levantarse e irse del lugar. –No es por joder, -Le dijo e inmediatamente hizo un puchero. –Pero no quiero pudrirme en este lugar.
-Mira, niño. Estoy buscando a un asesino sin escrúpulos que no tiene más opción que pudrirse hasta que los gusanos se caguen en su cuerpo, en la cárcel. No a alguien como tú. Dile a tu familia que busquen a alguien más.
Levi no era de ceder fácilmente, además confiaba demasiado en su intuición y solía inclinarse por los casos más complejos, de esos que obviamente no podía ganar y aun así pagan millonadas. Los demás casos estaban para los recién graduados sin experiencia.
-U-usted leyó mi expediente ¿O no? Por eso decidió tomar mi caso. –Chilló el joven. Levi apretó con un poco más de fuerza la manija de su maletín y dijo lo que desde hace un rato rondaba su cabeza.
-¿Cuántos años tienes?
-D-dieciocho. Los cumplí hace unas semanas, antes estuve en la correccional de menores, casi desde que cumplí los diecisiete.
-¿Y aun no se ha comenzado juicio? –Interrogó Levi confundido.
-Ni primera instancia. –Le respondió encogiéndose de hombros. –Al parecer la fiscalía hasta hace poco pudo conseguir pruebas suficientes.
Levi se volteó algo sorprendido, solo lo más superficial del caso había leído esperaba que lo demás se lo contara directamente el implicado. Se llevó las manos a las cadera y frunció el ceño hacia al chico.
-¿Quieres que investigue un caso que pasó hace más de un año? –Nuevamente el chico se encogió de hombros siguiendo con sus ojos la trayectoria de las manos y cadera del abogado.
-Por eso nadie toma el caso, doctor.
Pasó un largo y tendido rato en que Levi lo miro, hasta que el joven también tomó las agallas para enfrentarse al abogado. Mucho más tiempo duraron así, el abogado tratando de desnudar al joven presunto.
Siendo el Ackerman quien terminó suspirando con pesadez al final.
-Cuéntame tu historia, mocoso.
Eran cerca de las cinco de la tarde, Eren había salido por un par de horas antes de volver a casa. No sabía cómo agradecerles a los dioses que hoy su marido tuviera turno de noche. Solo esperaba que el muy fantoche se largara de una vez o a este paso Levi llegaría y al saber que se quedarían solos los dos, se largaría o llamaría a alguien y no podría atraparlo.
Lleva esperando tres días a que eso pasará, pero aun así, Erwin prácticamente se había tomado vacaciones a pesar de lo mucho que lo hostigaban por el teléfono. Al pasar de pocos segundos Eren decidió subir a su habitación, no solo por la mejor vista a la calle sino también para afanar a Erwin a irse.
Entre sus manos llevaba un café y algunos utensilios que sabía Erwin necesitaba, y comenzó a subir rumbo a la habitación que ambos compartían.
-Hola. –Dijo, viendo como el cuerpo del rubio se movía de un lado para otro, pudo notar que ya estaba preparado para irse y pudo gesticular una genuina sonrisa. –Traje café. –Comentó llamando su atención, dejándolo sobre la cómoda y posteriormente irse hasta la pared y recargarse en el marco abierto de la ventana, donde tenía una vista perfecta hacia la calle.
-E-eren, hola. –Dijo el hombre saliendo de su estupor y deteniéndose a beber su café. -¿Qué pasa? –Le dijo al verlo abstraído mirando hacia la avenida a unos cuantos metros.
-Nada en especial, solo que se te está haciendo algo tarde y creí prudente avisar. –Erwin sonrió un poco, algo feliz por saber que Eren se estaba esforzando un poco más por complacerlo. Soplo a la taza en sus manos y bebió haciendo una mueca, Eren siempre le hacía el café amargo a pesar de que el propio siempre lo hacía dulce.
-Estaba pensando en… tal vez ausentarme hoy también. –Al instante el muchacho quito los ojos de la ventana y volvió a mirarlo, confundido. Sin embargo el rubio hizo una mueca casi dolorosa. –Necesito hablar con Levi.
Eren palideció. No de nuevo, estúpido Erwin; ya llevaba seis meses esperando por Levi, no quería que pasará más tiempo. Sintió una extraña molestia aflorar en su interior y sus manos se apretaron en puños.
-Oh, ya veo. –Le dijo con odio en sus ojos. –Quieres preguntarle por tu esposo el asesino. –Sentenció. Erwin abrió los ojos en sorpresa por un momento pero recuperándose con rapidez, era más que obvio que quería hablar de eso, pero mucho más importante quería saber porque Levi nunca le contó nada de sobre eso. Entendía –aunque no aceptaba- que Eren nunca le dijera pues el muchacho siempre había sido muy reservado con él pero se suponía que Levi era un libro abierto.
-No lo digas de esa forma. Además tú no me dirás nada. –Eren siguió mirándolo por varios minutos más antes de soltar un sarcástico "Ja".
-Me case con un irresponsable. Deja que alguno de tus odiosos pacientes muera, vuélvete fiscal y mándame a pudrirme en una cárcel. –En medio de los gritos rencorosos de Eren, el joven comenzó a caminar rumbo a la salida y al instante Erwin salió tras él, tratando de calmarlo; sabía lo impulsivo que su esposo podía llegar a ser.
-¡Eren, no es eso! –Le dijo tratando de alcanzarlo cuando salieron ambos al pasillo.
-No quiero escucharte, traidor. –De inmediato Eren entro a un cuarto, en medio del propio y el de Levi, y le tiro la puerta en la cara a Erwin. -¡Haz lo que quieras! –Agregó gritando desde adentro y, por lo siguientes minutos que Erwin estuvo golpeando a la puerta, no escuchó nada venir del otro lado. Posiblemente Eren se pegaría a su Smartphone y no lo vería sino hasta el día siguiente cuando le diera hambre.
Suspiró y bajó hasta la sala, quería tomar algún Whiskey fuerte y tirarse frente a la piscina a beber hasta que Levi llegara porque, aunque quisiera, ya era muy tarde para asistir a su trabajo. Tal y como pensó, hizo. Destapo una botella de Jack Daniel's y se dispuso a esperar a su mejor amigo porque, tal y como dijo Eren, quería preguntar por su asesino esposo.
Levi por su lado, terminó sus deberes mucho antes de las seis, ya eran casi las siete y hasta ahora tomaba un taxi para la casa en la que se estaba queda. Suspiro por fin, por lo menos ahora podía reclamar algo dinero para los viáticos. Joder, cogería taxi hasta para ir a la puta esquina, estaba jodidamente cansado de ser aplastado y manoseado en el transporte público.
Aparte de entrevistar al mocoso ese día, trató de colarse en la fiscalía para inspeccionar las pruebas que tenían del caso, pero fue completamente inútil. O por lo menos por ahora. También esa misma noche debía hacer el acta de representación legal y mandarla al pretor a cargo; con eso tenía la posibilidad de recabar más información. Mañana mismo, también, hablaría con los familiares.
Vaya, estas situaciones jamás dejaban de emocionarlo ¿Por qué era que había dejado el litigio? Ah, cierto, porque como que se medio corrompió y, al no ser capaz de vivir con su consciencia, prefirió salvar el mundo. Levi Ackerman alias Linterna Verde. O DeadPool, ese tipejo es más gracioso. Tal vez se travestiría y haría cosplay de Harley Quinn –así por lo menos sería conocido- pero le seguía agradando más, la de los cómics de los primeros números. Y la enferma esa no es que fuera una heroína tampoco.
Cuando volvió a casa casi que pasaban las ocho de la noche. Sinceramente, no le importaba; si no tuviera que ponerse al día con el cuerpo normativo, ni siquiera llegaría a casa hoy, bebería hasta le diera muy entrada la madrugada en cualquier bar medio decente.
Llego y metió la llave sin mayor ceremonia, entró sin limpiar sus zapatos y, por costumbre, miró a su derecha, al computador apagado.
Resopló con fastidio, tampoco es como si estuviera esperando que algo o alguien, estuviera allí. Es solo que desde la madrugada ha tenido un mal presentimiento alojado en la boca de su estómago.
-¿Levi? –Erwin pudo escuchar con claridad como alguien entraba y automáticamente lo asocio a su mejor amigo, aun desde el patio lo llamó antes de que el abogado se escapara a algún lado o llamara a alguien más.
-¿Qué sucede? –Respondió solo un poco más alto que su tono natural, pero lo suficientemente fuerte para que Erwin pudiera escucharlo; Levi dejó sus cosas irresponsablemente sobre el sofá y salió a su encuentro. Al ver su menuda figura, Erwin le sonrió lanzándole una cerveza que destapó y comenzó a beber con agilidad.
-¿Cómo fue tu día? –A pesar de cualquier cosa, Erwin siempre se comportó como un padre –o una madre- con él, preocupándose aún más que sus propios familiares. Por primera vez en todo el día, puedo resoplar tratando de liberar estrés.
Se echó en una silla frente al rubio aflojando su corbata y casi que arrancando los botones de su camisa. Como cuando estaban en la universidad, llevó sus manos a sus cabellos y los despeino hasta que algunos mechones cayeron de forma atractiva sobre su frente.
-Digamos que fue… interesante. –Sonrió de medio lado antes de darle otro largo sorbo a su bebida. –Estoy defendiendo a un asesino de dieciocho años.
Erwin levantó una ceja un poco divertido y lo inspecciono, tratando de adivinar qué pensaba.
-¿No deberías decir presunto…?
Levi Ackerman, doctor de derecho en la universidad de Massachusetts, especializado en ciencias penales y criminológicas y, posteriormente, un master en Derecho humanitario; sonrió de una forma torcida.
-De no saber que es un asesino, ni siquiera hubiera tomado el caso. –Erwin lo miró, cualquier rastro de buen humor, borrándose paulatinamente. Nuevamente Levi volvía a esas viejas "mañas". -¿Qué? –Le espeto Levi en cambio. –No me mires así, no soy mala persona. –Le dijo haciendo un puchero con los labios.
-Te hace falta sentar cabeza. –Reprocho a Levi. –Casarte o por lo menos tener un perro. Así dejaras de hacer tantas estupideces.
-Pff –Bufo exageradamente el litigante. –Como a ti te ha sentado tan bien. Mira, no dejas ni un solo día de salvar personas. Eres grande, doctor Smith. Si algún día mi cerebro colapsa, lo dejaré a tu cargo. –Erwin viro los ojos como pocas veces lo hacía y casi rió antes las ocurrencias de su viejo amigo.
-¿Cómo es que funciona la medicina en tu cabeza? –El tono de voz de Erwin iba impregnado de un repentino buen humor. Levi se encogió de hombros y bebió más de su cerveza.
-Pues como en las películas, ¿no? Conectas a alguien a una maquina, un par de electrochoques al pecho y ¡poow! Resucitas hasta a John Lennon.
Agregado a eso Levi realizó un par de gestos a lo largo de su explicación, que sólo hicieron a Erwin reír más fuerte haciendo que Ackerman se pusiera brevemente rojo.
-N-no me molestes, cejon. Fuera de la Lex Artis no conozco nada más. –Sin embargo eso solo hizo que el rubio reirá aún más fuerte.
Esa era una de las ventajas de vivir en la misma casa que tu mejor amigo; la confianza que Erwin tenía para con Levi era completa, pero no solo eso. El azabache era capaz de levantar su ánimo y lo ayudaba a descargar su corazón, muchas veces hasta más que su propio esposo. Aunque claro, no es como si solo con una sonrisa de Levi su vida se iluminara tal como pasaba con Eren, solo si el menor sonriera un poco más seguido.
Claramente, tenían sus diferencias, más siendo Levi una persona tan complicada de entender y complacer. Pero a pesar de todo, el destino decidió juntarlos.
Destino.
En general, ninguno de los amigos de Levi cree en el destino. Para ellos era tan nefasto como creer en la suerte, todos excepto uno. Cuando era más joven, contando con sus dulces diecisiete, Eren le confesó que creía en el destino, pero con la diferencia de que nunca sabía qué era lo que este deparaba para los mortales; siempre que le preguntaba el por qué, el mocoso terminaba diciéndole que en la vida hay cosas tan buenas que no podían simplemente ser atribuidas a una coincidencia. De todas formas, ni siquiera el Eren de ahora era capaz de creer en lo que tanto defendió siendo un niño, con lágrimas desbordando de sus verdosos y fotosintéticos ojos.
Tal vez era solo un acumulado de coincidencias; de una situación que llevaba a otra que desencadenaba un par más. Y que sus resultados mediatos pueden ser buenos o mucho más problemáticos. Justo como en ese momento.
Una canción vieja de los Rollings Stones comenzó a sonar desde el celular de Erwin y Levi de inmediato frunció el ceño cuando Erwin lo sacó y comenzó a leer el mensaje.
-Oye, cejon. Si vas a comenzar con eso, tengo trabajo que hacer.
-No es eso, Levi. –Se apresuró a justificarse el rubio. –Es de Eren, peleamos en la tarde y desde entonces ha estado encerrado en su cuarto.
-Es un mocoso. –Agregó Levi conteniendo un risa que trato de salir.
Cuando Erwin desbloqueó su celular, ignoró cualquier otra cosa y se dirigió al chat de Whatsapp casi vació con Eren: "No le digas nada al letrado o me ira mal". El mensaje era corto y contundente; a Erwin no se le había olvidado lo que quería preguntar y ese mensaje solo logró estimular más su curiosidad. De vuelta envió muchos mensajes, tal como si fuera correo spam, pidiéndole que se explicara y dando disculpas por lo de la tarde, al final solo mando uno más diciendo: "No te preocupes, yo te protegeré".
Visto.
-Hmp.
-¿Qué pasa ahora? –Preguntó Levi frunciendo el ceño. -¿El mocoso anda de pesado otra vez?
"Ojalá" pensó Erwin. Eren jamás se portaba de esa forma.
-Oye, Levi… -Comenzó el rubio casi titubeado, cosa que no hacía más que molestar al abogado. Odiaba que la gente se fuera por la tangente. –tú y Eren, ¿desde hace cuánto se conocen? –A pesar de saber eso, no tuvo el valor para ser tan directo.
-¿Tu esposo? –Dijo algo extrañado. –Pues tú nos presentaste, unos meses antes de tu boda.
-Entonces, ¿Por qué odias tanto, tanto a Eren?
Al instante Levi comenzó a sentirse como una fiera acorralada; no le agradaba hablar de eso y en más de una ocasión le dejo eso claro a Erwin. Eso le ameritaba como el mal presagio de esa mañana; la totalidad de su cuerpo volvió a tensarse de una manera tan obvia que el rubio logró vislumbrarlo a la perfección; sus ojos cambiaron radicalmente mucho más obscuros y fríos.
-¿A qué quieres llegar? –Musito amenazante, la lata de la cerveza en su mano cedió ante la fuerza comenzando a regarse.
-¿Eren mató a tu otro amigo de la infancia?
Y se desató el caos. Levi terminó de aplastar la lata, parte del compuesto enterrándose en su piel y cortando sus tejidos; seguidamente la tiró al suelo con un gran estruendo y se levantó, hecho una fiera. Sus pasos eran fuertes e ignoraba todo lo que Erwin trataba de decirle. Fue con rapidez y de un porrazo que sonó por todo la casa, abrió la puerta.
Cuando habló, su voz sonaba como un grotesco gruñido sobrenatural; como un silbido lleno de odio y rencor, entre dientes.
-¿Dónde está?
Esta vez sí mataría de verdad al mocoso.
Notas: Gracias a todas las personas que leen este fanfic. También por los reviews, favorite and follow. Espero y les haya gustado.
