Hola y Feliz Navidad pasada, aquí les dejo el cuarto capítulo de Equivocada.

Candy Candy no me pertenece, escribo esta historia como fin de entretenimiento.

Sin más los dejo con la lectura.


Albert se encontraba en la casa de Lakewood, ese era su lugar favorito para poder despejar su mente. Desde que había asumido su cargo como jefe de la familia Andrey, había ordenado que el exterior de la casa se mantuviera tal cual estaba. Lo había hecho con el fin de que los animales que siempre lo visitaban pudieran encontrar un refugio en aquel lugar.

Por dentro la casa estaba en mejores condiciones, contaba con habitaciones estratégicamente apartadas para que los animales no dañaran el mobiliario.

Recapitulaba los últimos acontecimientos, el compromiso de matrimonio de Archie y la carrera de Candy; le agradaba la noticia del primero, pues de sus tres queridos sobrinos era el último que quedaba, por su identidad oculta no tuvo oportunidad de acercarse a ellos, sobre todo al hijo de su hermana que falleció con tan sólo 14 años.

Agradeció que mientras vivía simplemente como Albert pudo acercarse a Stear y Archie, hasta la partida del mayor.

Ahora convivía más con Archie pues este había sido integrado al mundo de los negocios familiares. El menor de los Cornwell había recibido, por parte de su futuro suegro, un extenso discurso donde le anunciaba que siendo esposo de Annie le correspondería velar por los intereses de la familia; además del hecho que como miembro de la familia Andrey, Archie podría llegar a ser sucesor de William, claro si es que el mismo Albert no llegara a tener descendencia. Como hija adoptiva, Candy podía ser la sucesora legítima, pero la conocía muy bien y sabía que ella jamás aceptaría entrar a los negocios.

Por otro lado, él era consciente que vivían en una sociedad en la cual los negocios eran manejados por hombres, casi nulo era el número de mujeres que podían entrar a ese mundo y como protector de Candy la cuidaría de esos viejos lobos que intentarían intimidarla.

Y precisamente Candy pasó por su mente. Su pequeña rubia había conseguido plaza gracias a las importantes donaciones que hacía la familia al hospital y gracias a su propio desempeño la enviaron a Nueva York para asistir a un importante cirujano que estaría en esa ciudad.

Le alegraba que progresara en el campo laboral, el problema y raíz de su preocupación radicaba en que Nueva York representaba la boca del lobo para Candy. Años atrás había viajado para reunirse con Terry, pero el desenlace de su historia fue realmente triste. La imagen de una desvanecida Candy con el corazón roto se apoderó de su mente.

Albert sabía que el propósito del viaje de Candy era muy distinto ahora.

Él le había advertido que existía la posibilidad de cruzarse con Terry en esa ciudad, a lo que ella respondió que no podía haber algún problema pues la historia de ambos había quedado en el pasado, ella era una enfermera profesional y su mente sólo podía enfocarse en el trabajo. Esa respuesta era propia de la señorita Candice White Andrey

Le preocupaba un poco lo cambiada que estaba, si bien conservaba su calidez con la familia y amigos cercanos, Candy había aprendido a adoptar una actitud frívola y ambiciosa para representar su papel de dama de sociedad con el fin de ocultar su verdadero yo. Todavía recordaba la carta en la que le comunicaba que la tía abuela le había abierto su corazón y no pasó mucho tiempo para que Elroy le pidiera presentarla en sociedad, ya que antes sólo había sido presentada con los miembros de la familia. Desde ahí que vino el cambio.

Como nueva dama de sociedad ella había sido objeto de interés de muchos hombres. Albert ya había perdido la cuenta de cuantos se le habían acercado a él para pedirle su mano en matrimonio; a lo cual se negaba. No importaba lo que le ofrecieran sólo Candy sería quién decidiría cuando y con quién casarse.

Le dio la tarde libre a su fiel mayordomo, caminó por el jardín y se dirigió hacia unos arbustos.

-Creo que ya es momento de que salgas de tu escondite, ¿te importaría tomar el té de la tarde conmigo?- preguntó cordialmente.

Una joven mujer salió de entre los arbustos, era casi tan alta como él. Llevaba puestos unos pantalones pegados, un chaqueta que le quedaba hasta las rodillas, una bufanda y unos lentes de aviador en el cuello; pero lo que más resaltaba de ella era su largo cabello pelirrojo cubierto por hojas secas, su rostro reflejaba enfado sin embargo no ocultaba su belleza.

-¿hará que me lleven a prisión por invadir su propiedad?-preguntó

-preferiría que tomaras el té conmigo y me cuentes de qué o quién te escondías- respondió con una sonrisa.

La joven lo miraba con desconfianza pero eso no implicaba temor, por lo pronto accedió a tomar el té con él.

-William Albert Andrey- se presentó él.

-Claire Wittenberg- respondió ella dejando atónito a Albert.

-eras una recién nacida cuando te conocí- dijo sorprendido e invitándola a pasar a la casa, en una pequeña mesa ya se encontraban la tetera y las tazas listas para servirse el té.

-verá usted…

-por favor llámame Albert- dijo sentándose e indicándole que lo imitara.

-Albert, lamento haber irrumpido en tu casa, no creí que hubiera alguien viviendo aquí. Este lugar siempre está lleno de animales y pensé que simplemente estaba abandonado- comentó sorprendiéndole el hecho de que por dentro todo el lugar se conservaba muy bien.

-no es así, ellos tienen acceso a esta casa.

Iniciaron la conversación con temas referentes a la fachada de la casa, que parecía abandonada. Albert le confesó su amor por lo animales, siendo esta la razón por la que estos eran bienvenidos. "Por alguna razón lugares tristes y abandonados atraen a seres indefensos o a quienes simplemente buscan un refugio" lo había dicho con el fin de que le diera razón para que una joven como ella, hija de una familia muy rica, se ocultara en ese lugar.

La calidez de Albert la animó a hablar.


Nueva York…

Candy se encontraba en el pequeño departamento que arrendaba, llevaba algunas semanas en Nueva York gracias a la invitación del Doctor Issac Levene para asistirlo en las cirugías que debía practicar en un hospital de la ciudad.

A Candy le sorprendió que siendo corto el tiempo en el que había ingresado a trabajar, fuera elegida para acompañar al Doctor Levene. Le habían dicho que su desempeño era excelente y debía ser ella quien asistiera a ese viaje, por un momento pensó que sería influencia de su familia la razón por la que le invitaban a participar, pero siendo cirugías muy importantes las que se realizarían, no podía poner en duda sus propias capacidades.

Se encontraba desayunando en un restaurant muy concurrido junto a Issac, que a insistencia de él debía dejar el trato laboral en las salas del hospital.

-me sorprende lo diferente que te ves sin el uniforme- le había comentado.

-este es mi atuendo habitual cuando no estoy trabajando.

-así nadie te reconocería como enfermera.

-esa es la idea, como sabes mi familia es reconocida en la alta sociedad y por alguna tonta razón no se ve bien que desarrolle este tipo de actividades.

-imagino que debe ser complicado, por fortuna tu padre te apoya.

-Albert sabe lo importante que es mi vocación, pero también respeta las decisiones de los viejos de la familia.

Las conversaciones con Issac eran naturales y fáciles de llevar, en el tiempo que llevaban trabajando juntos habían establecido un gran equipo, él era dos años mayor que Candy y al igual que ella demostraba un espíritu jovial. Issac guardaba el secreto de Candy frente al personal del hospital, donde no sabían que su familia era benefactora principal. En sus ratos de descanso, como ahora, Candy le platicaba sobre sus días en el Hogar de Ponny y sus interminables travesuras.

-Es muy gracioso lo que me cuentas Candy- dijo Issac mientras se disponían a salir del restaurant.

Dieron un par de pasos cuando una mujer, se acercó a la joven pareja.

-perdone ¿es usted Candy Andrey?-preguntó la dama.

Issac emocionado contempló a la mujer que se dirigía a Candy, era rubia de ojos azules, muy atractiva, pero su aspecto físico no era la razón por la que no podía apartar su vista de ella. La famosa actriz Eleanor Baker estaba frente a él.

-Dios mío pero si es…-dijo Issac.

-…Eleanor Baker- completó Candy al reconocer a la madre de Terry.

-Candy querida, cuánto has cambiado, te ves muy bien- saludó Eleanor abrazándola, gesto que Candy correspondió.

-Candy, ¿es que conoces a Eleanor Baker?-preguntó Issac.

-oh pero qué descuidada, Eleanor permítame presentarle al Doctor Issac Levene

-es un gusto conocerlo Doctor Levene.

-el gusto es mío señorita Baker, y no puedo evitar mi sorpresa de que usted conociera a Candy- dijo para luego dirigirse a la joven enfermera- Candy, no te perdonaré que no me dijeras que conocías a la señorita Baker.

-Nos conocimos hace varios años.

Issac Levene era un hombre muy listo, y por cómo se miraban ambas mujeres, supo entender que necesitaban un poco de privacidad para poder conversar sobre su reencuentro.

-ya veo- comentó- si me disculpan debo pagar la cuenta.-dicho eso dejó a ambas damas solas.

-Candy me da tanto gusto verte después de todos estos años.

- a mí también Eleanor, ¿cómo ha estado?

Candy se encontraba nerviosa pero pudo ocultarlo. Semanas atrás vio a Terry a lo lejos y podía afirmar que haberlo visto la alteró un poco y el hecho de tener a su madre cerca no ayudaba a alejar sus sentimientos pues los ojos de Eleanor eran idénticos a los ojos de su hijo.

-bien, no puedo quejarme- respondió Eleanor, pero su mirada delataba tristeza, Candy lo identificó inmediatamente con Terry.

-¿todo bien con Terry?-preguntó, arrepintiéndose inmediatamente pero era inevitable no preguntar teniendo a Eleanor cerca.

-Se podría decir que sí, es sólo que no nos frecuentamos y estando frente a ti, trae a mi mente el día que pude reconciliarme con mi hijo.

-pensé que estando en América ambos estarían más unidos- sintió un impulso de morderse la lengua para no seguir preguntando por Terry. Eleanor captó inmediatamente lo incomoda que se sentía Candy.

-todo es muy diferente a lo que esperábamos, pero sé que mi hijo me ama tanto como yo a él, al menos eso no ha cambiado.

-es bueno saberlo- respondió Candy con una sonrisa sincera.

-Lo sé y discúlpame por tomar de tu tiempo, creo que estabas de salida, te vi a lo lejos pero no sabía si serías tú hasta que oí tu nombre y no pude evitar saludarte.

-no se preocupe, me alegra poder verla- ambas se despidieron con un abrazo.

De alguna manera Candy se sintió animada al ver a Eleanor pero no podía apartar de su mente la frase "todo es muy diferente a lo que esperábamos".

Se dirigió a la salida donde Issac la esperaba para regresarla al departamento.

-Conoces a tan famosa actriz Candy, quién lo diría.

-creo que no eres el único que no perdonará no haberle dicho que nos conocemos, mi primo Archival Cornwell es un gran admirador de Eleanor Baker.

-estás en graves problemas Candy.

-en ese caso, ¿cómo podría obtener tu perdón?-preguntó la rubia.

-podrías invitarme a alguna obra de Eleanor Baker.

-¿que yo te invite?

-sí y con eso te ganarás mi perdón, podrías hacer lo mismo con tu primo.

-él no lo sabe y dudo que llegue a enterarse, como ves han pasado años de haber visto a Eleanor y fue precisamente el día que la conocí, cuando nos vimos por última vez.

Candy se quedó pensando la razón por la que Terry no frecuentaba a su madre "tal vez es porque no se ha dado a saber que Eleanor tiene un hijo" "será que el duque les ha prohibido verse" "pero él prometió dejar a Terry ser feliz" "¿qué podrá ser?"


Eleanor POV´S

Es imposible para mí conciliar el sueño esta noche. Me acerqué al buró y pude sacar la armónica de Terry, hace un par de años la dejó olvidada en casa pero comprendí inmediatamente que lo había hecho para dejar atrás los recuerdos de Candy.

Él había prometido verme más seguido pero la realidad es que desde esa fecha fue más distante conmigo. Al inicio solía visitarme cada dos semanas, luego una vez al mes, luego cada dos meses y finalmente sólo recibía su visita el día de mi cumpleaños, suele escribirme para las festividades o para anunciar la nueva obra en la que participará. Casi no lo veía pero siempre tenía noticias de él.

Durante las primeras visitas que hacía solía instalarse en mi habitación dejando para mí la habitación de huéspedes, él decía que si dormía en una habitación de huéspedes no sentiría el calor del hogar por lo que dormir en mi habitación le hacía apreciar la decoración de un cuarto habitado regularmente. No tenía corazón para negarle aquel capricho.

Supe que él había hurgado en mi cajón cuando una noche lo oí tocando la armónica. Él sabía que yo la guardaba. Pude apreciar como entregaba su corazón a aquel amor perdido; sus melodías eran comparadas con las lágrimas que yo solía regalarle a Richard cuando nos separamos, y cuando él se me llevó a mi hijo.

Terry dejó de frecuentar mi casa con el pasar de los meses, ahí comprendí que yo también era parte de la vida que dejaba atrás.

Por anuncio de él, supe que vivía junto a una joven llamada Susana, ella había sido actriz y era la Julieta del primer protagónico de Terry. Él me había dicho que ella le había salvado la vida, pero nunca entró en más detalles. Hice averiguaciones por mi propia cuenta y logré enterarme que salvando la vida de Terry, ella había perdido una pierna, era fácil de comprender que lo había hecho por amor. Sin embargo, bastaba ver el rostro de mi hijo para saber que no olvidaba a Candy.

Yo la conocí en Escocía y fue gracias a ella que mi hijo pudo perdonarme. Un muchacho rebelde y solitario como era Terry había abierto sus emociones a una joven dulce como Candy que lo conocía mejor que yo, puesto que fue ella quién me confesó que Terry estudiaba piezas de teatro.

Años después, Terry me escribió diciendo que Candy vendría a visitarlo para ver el estreno de la obra Romeo y Julieta. Estaba tan entusiasmado que en un descuido me comentó su interés de retenerla en Nueva York comprándole sólo el pasaje de ida. Pero luego sucedió el accidente de Susana y marcó el final de la relación de Terry y Candy.

No llegué a conocer en persona a Susana, pero la había visto a lo lejos cuando acompañaba a Terry a una de sus presentaciones, se rumoreaba entre actores que estaban comprometidos pero otros lo descartaban pues nunca habían visto un anillo en la mano de Susana. Terry jamás me había escrito al respecto, en realidad nunca hablaba de esa joven, siempre esperé a que me la presentara pero Terry simplemente decidió mantenernos alejada y yo acepté su decisión.

Tomé la correspondencia que había llegado ese día y que no me tomé el tiempo de revisar en la mañana, me arrepentí de no haberlo hecho. Encontré una carta de Terry, era inusual que escribiera en estas fechas.

"Querida Eleanor,

Ha sido un largo tiempo desde la última vez que te escribí. Debo felicitarte pues tu puesta en escena es magnífica.

Hace poco me han presentado la oferta de audicionar a la obra de Romeo y Julieta, ha sido difícil pero finalmente me he decido a participar. Deseo visitarte tan pronto obtenga los resultados.

Saludos,

T.G. "

Era una carta breve. Imagino la razón por la que desea verme, sólo espero que pase la audición. "Confío en ti hijo"


Y llegamos al último día del año, juro que no podía dar un paso al 2016 si no publicaba al menos un capítulo más; a menos que quien lo lea se encuentre en Europa y su notificación no le llegó con fecha del 2015.

Quiero agradecerles por darle una oportunidad de lectura a este fanfic. Sus mensajes me alegran mucho y en respuesta a ello prometo que no lo dejaré abandonado.

Además quiero desearles un venturoso 2016, para mi este año nuevo es importante pues es mi último año en la universidad.

En cuanto a este capítulo. Esta vez incluí a los personajes de Albert y Eleanor para poder entender un poco el presente y pasado de Candy y Terry. Todavía no logro ponerlos frente a frente pero estoy trabajando en ello. Paciencia por favor.

Para su deleite Susana no se ha manifestado en este capítulo, pero era inevitable que salga en las reflexiones de Eleanor.

Espero sus reviews.

Nos leemos en el 2016.