Corazón
Capítulo IV
Pan se acercó a él y rozó con sus finos dedos sus labios, delicadamente, lentamente, sin apartar su mirada oscura de su boca. Trunks se limitaba a mirarla, distraída, hacer pequeños trazos en su barbilla, pareciéndole de lo más hermosa.
—Pan... —soltó un leve suspiro cuando ella se puso de puntillas y dio tímidos besos en su mejilla. Tan lentos que le parecieron un martirio—. Escúchame, Pan —la tomó por las muñecas y la obligó a verlo a los ojos.
—Dime —susurró sin apartar la mirada de la suya.
—Te dejaré en claro, desde ahora, que una vez que empecemos con esto, no seré capaz de parar... aunque supliques —ella abrió la boca, dispuesta a protestar—. No lo sabes, quizá, pero en este instante me muero de nervios; nunca había hecho algo así —Pan lo miró, confundida, y él estuvo dispuesto a explicar—. Jamás he estado con una chica virgen, me aterra poder lastimarte y que en vez de darte placer, sólo te produzca dolor, y, me conoces, nunca me lo perdonaría. Además —la acercó a su pecho y susurró a su oído, produciéndole un cosquilleo—, hace mucho que no estoy con una mujer.
—¿Por qué aceptaste? —soltó, Pan, de pronto—. ¿Por qué aceptaste ser tú mi primera vez? Dímelo, por favor, quiero saberlo.
Trunks la observó por largo rato y le sonrió. Era decida cuando se lo proponía; aventurera y curiosa, a veces ingenua e inocente, pero era su franqueza lo que lo volvía loco.
—Porque te amo, Pan. Ya no importa nada, te quiero a ti, quiero darte lo mejor de mí. He deseado por tanto tiempo acallar todo lo que me haces sentir por considerarlo una locura, que al final he acabado por aceptarlo sin problemas. Jamás imaginé que al regresar de mi viaje aún estuvieras, ahí, esperándome. Y tampoco imaginé que terminaría cediendo a tus deseos... —Pan ocultó su rostro sonrojado en el cuello de Trunks.
Tuvo mucho valor en llegar una semana después a su oficina y hacerle saber cuáles serían sus regalos de cumpleaños.
—¿Lo recuerdas?- preguntó ella.
—Por supuesto.
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Trunks volvió luego de catorce meses. Su viaje se había prolongado más de lo que hubiera esperado, sin embargo, se sentía bastante satisfecho por el gran prestigio que su empresa tenía, y aún más, por tener tantos logros en tan poco tiempo. Contratos tentadores, nuevos socios, y demás, lo habían rodeado durante ese tiempo. No obstante, no todo fue maravilloso.
Alrededor del octavo mes de viaje, se encontró de manera inesperada con su esposa mientras cenaba en uno de los más prestigiosos restaurantes de aquella ciudad, mas ella no estaba sola. Acompañada por un hombre, atractivo, tal vez un poco mayor que la propia Mai, disfrutaban, muy juntos, de la cena como si de dos amantes se tratase. Eso hirió su ego.
Tratando de ignorar a la pareja que cenaba con total calma a unas cuantas mesas de la suya, siguió conversando con sus socios, quienes no ignoraban el renombre del que gozaba su mujer pero que sí el hecho de que estuviera justo allí. La pareja se levantó y se marchó; Trunks no perdió ni un solo segundo y se disculpó para salir a averiguar a dónde se dirigía su esposa.
Craso error.
No faltó mucho tiempo para que él se diera cuenta que esa había sido mucho más que una cena amistosa. Empezaron besándose con pasión mientras se introducían al auto deportivo de Mai y Trunks no quiso saber nada más; pidió que le llevaran su auto y condujo, confundido y enojado, hacia su hotel.
Confundido, porque no creía que Mai pudiese haber sido capaz de semejante cosa.
Enojado, porque él creía que no era justo que solamente ella pudiese gozar de ese tipo de diversiones.
Y en el momento más inesperado, más inoportuno si se quiere, la voz de Pan susurrándole "No te vayas" le paralizó el corazón.
¡No podía ser cierto!
Él, quejándose de su mala suerte y su mente jugándole una mala broma, pues así lo consideraba. No era justo que en esos momentos recordara tan dolorosa escena. Casi deseaba no tener la responsabilidad que tenía y poder volver a platicar con la jovencita. Ah, sus preguntas tan espontáneas, sus respuestas llenas de fría sinceridad, su voz tan dulce y a la vez determinada... Esos pequeños detalles eran los responsables que esa simple petición estuviese llena de significado, llena de emoción a pesar de no haber sido pronunciado con un sentimiento preciso.
Y, ¡oh, Kami! Si el cosquilleo en su estómago no cesaba, juraba que se volvería loco.
Tan amarga experiencia fue olvidada por el joven Briefs y a su regreso carecía ya de efecto.
Catorce meses.
Pan, como la mayoría de chicos a su edad, comenzaba a sentir el extraño deseo y curiosidad de explorar al sexo opuesto, aunque las relaciones afectuosas no era algo en lo que ella se especializara.
Catorce meses.
Su madre, cada mañana, la admiraba con total devoción y su padre no cesaba en recordarle lo mucho que se parecía a Videl. Había crecido, se había desarrollado, como cualquier otra chica de quince años, y a pesar de ello, su espíritu infantil no desaparecía del todo.
—Señor Briefs —la voz de la recepcionista lo detuvo de sus labores en ese momento—, la señorita Son Pan desea hablar con usted, ¿la hago pasar? —cuestionó, con su educada voz.
—Sí, por favor, hazla pasar —Trunks contestó, con algo de rapidez y emoción pero sabiendo cómo esconderla muy bien.
Desde su llegada, no había ni rastro del paradero de Pan, esa chica que se había vuelto tan especial para él, tan importante, tan esencial. Y para Trunks era una sorpresa que luego de una semana, ella se encontrara de pie frente a él, con el ceño fruncido, mirándolo con fijeza, lo que le indicaba que algo importante saldría de su boca.
—Buena tarde, Pan —trató de sonar contento, pero no lo logró; su saludo fue, en demasía, seco.
—Hola, Trunks —dijo ella, sin dejar de fruncir el ceño al sentarse—. Necesito hablar contigo de algo importante, algo que he pensado por mucho y de lo que no puedo hablar con nadie más que no seas tú.
Trunks se percató que el ceño fruncido de Pan era para evitar que su rostro mostrara el nerviosismo que su trémula voz sí reflejaba.
— Yo... —pasó una mano por su larga y brillante cabellera, y soltó un suspiro mientras comenzaba a jugar con sus dedos. - Hace dos meses conocí a un chico. Su nombre es Oob y me gusta bastante... Eh —soltó otro suspiro—, me ha invitado a salir varias veces pero... es mayor que yo por tres años y... y yo... quiero... Ah... —suspiró, con frustración, otra vez.
—¿Tú quieres... tener algo más íntimo con él? —preguntó él, con cautela.
—No exactamente —murmuró ella.
—¿No exactamente? Pan, no creo que comprenda mucho el rumbo de esta conversación —dijo con firmeza.
—Escucha, Trunks. ¿Recuerdas que alguna vez acordamos que, si yo lo requería, tú harías lo que yo te pidiera?
—Discúlpame, ahora estoy más que confundido —soltó una ligera risa nerviosa, porque no le agradaba en absoluto pensar lo que pudiera pedirle Pan.
—No te rías, Trunks Briefs, que lo que sigue es muy serio —exigió, ella, con determinación.
Él atendió, atento.
—Es... es algo difícil —se levantó de su asiento y apoyó las palmas de sus manos en el escritorio de Trunks—. Quiero que, cuando se dé el momento, yo esté preparada para algo más... íntimo, con un chico —Pan observó a Trunks pasar saliva y ella tomó valor—. Y para eso quiero que seas tú mi primera vez.
—¿Qué...? —apenas pudo susurrar.
¿Estaba escuchando bien? ¿Acaso estaba durmiendo, o tal vez se dio un golpe en la cabeza? Porque la verdad que no podía creerlo.
—Pan, creo que... que estás confundida y solamente es... es una etapa que superarás y... Pan, por favor, dime que es una broma —rogó, le rogó a ella y a Kami-Sama que únicamente esas palabras pronunciadas fueran un mero producto de su imaginación, provocado por su necesidad de afecto.
—No estoy bromeando, Trunks. Te lo pido a ti porque te tengo confianza y quiero... quiero hacerlo contigo. No podría con nadie más que no seas tú. Además, debes tener algo más de experiencia que cualquier otro chico de mi edad — tocó con delicadeza su mano, y un impulso eléctrico recorrió su piel; su tacto fue muy suave. Y la maldita sensación de cosquilleo en su estómago no cesaba.
—Pan, yo... Me siento halagado con tus palabras pero... —estaba nervioso, ¡por el infierno que lo estaba! Y es que la imagen mental de ella, debajo suyo, era... jodidamente excitante. La niña ya no estaba frente a él, sus formas ya estaban lo suficientemente desarrolladas y no le sorprendía que ese tal Oob se hubiese fijado en ella.
¡Pero qué estaba diciendo!
Él nunca podría verla así, no podría... No debía.
—Trunks, por favor —le suplicó.
Fue inevitable el dirigir su mirada hacia ella y descubrir el anhelo de una respuesta positiva de su parte. El cosquilleo en su estómago no cesaba al perderse en ese par de negros y maravillosos ojos.
—¿Sabes besar? —preguntó él.
Ella negó con la cabeza.
—Si quieres hacer eso, entonces, deberás aprender primero a besar, porque... tendrás que esperar hasta cumplir dieciséis para... -hizo un ademán a modo de 'tú sabes'.
—Está bien —. Trunks pensó que se marcharía, sin embargo, ella seguía apoyándose en su escritorio—. ¿Tú también me enseñarás a besar?
La pregunta lo dejó fuera de lugar, ¿no había pensado muchas veces en cuánto le gustaba su manera tan directa de preguntar?
—No creo que...
—Porque también estás mucho más experimentado en eso, ¿no? Entonces también podrías mostrarme cómo —se irguió en su lugar, y como él seguía sentado, se sintió indefenso.
—Podría —contestó, tratando de sonar sereno.
—Entonces... —ella se acercó, sin ningún atisbo de inseguridad, hacia él, inclinándose un poco— que ésta sea mi primer lección.
Trunks dudó antes de, no sin algo de culpa, unir sus labios al fin.
—
Llegó a su apartamento sintiéndose en las nubes. Ese beso fue lo más puro que se podía pedir en uno, mas lo que había detrás le desconcertaba. Jamás pensó ser capaz de acceder a algo como lo propuesto por Pan. Comprendía a la perfección los cambios que estaba experimentando ella en esa etapa de su vida, su curiosidad, su necesidad de explorar pero, ¡por Kami! ¿Por qué debía ser él, precisamente?
Experiencia, decía ella.
Estupidez, se repetía él.
Esa chica lograba poner su mundo de cabeza y lejos, muy lejos, habían quedado sus inocentonas pláticas, para darle paso a algo mucho más serio, algo más maduro.
Golpeó en repetidas ocasiones su frente contra un muro de su vivienda.
"Estúpido, estúpido, estúpido Trunks. " se reprendía. "Y yo que creí que estaba sintiendo algo por ella". Se deslizó por la pared luego de darse la vuelta, y volvió a golpear la pared, ahora con la nuca. "Maldita sea". Apretó con fuerza sus puños y ni él comprendía por qué se sentía tan frustrado.
—Ah, claro, Oob —murmuró con pesadez.
Pan se lo había pedido para después ponerlo en práctica con él o con cualquier otro. Su 'reputación' debía mantenerse. Reputación, decía ella; para Trunks, no eran más que delirios adolescentes.
Y estaba celoso porque Pan nunca se quedaría con él.
Doble golpe bajo.
—
Los días, semanas y meses pasaron. Pan había aprendido todo lo relacionado con el arte del buen besar de labios de su paciente -y casi nada dispuesto- profesor.
Adiós pláticas agradables y llenas de brillo. Bienvenidas las clases de erotismo.
Pan aprendía rápido, sorprendiendo a Trunks, quien no dejaba de sentir un profundo cariño por ella, el cual crecía a cada minuto. Con cada beso, él se sentía de maravilla, sólo que al despertar del ensueño, se percataba de la triste realidad: ella recurría a él como un amigo.
Pan, por su parte, no podía negar que Trunks era demasiado paciente con ella. Se sentía tan culpable por hacerle eso, por mentirle, pero esa opción le pareció mucho mejor que la idea de llegar y decirle plenamente 'creo que estoy enamorada de ti'. No quería ser rechazada, no por él, no de esa forma. Inventar esa excusa era lo peor que en toda su vida había hecho. Muchas veces sintió el deseo de sincerarse con él, mas nunca tuvo el valor suficiente; lo quería demasiado.
—Trunks —le llamó despacio —. Él ya esperaba su llegada. Faltaban dos semanas para su dieciseisavo cumpleaños. —¿En verdad lo harás? No quiero que... —calló a propósito.
Era la primera vez que Trunks la veía nerviosa e indecisa acerca de lo que quería.
—Yo estoy seguro, ¿y tú? —preguntó con cuidado.
Pan asintió en respuesta y lo miró. Su cabello, un poco revuelto por la sesión de besos de esa tarde, era iluminado de increíble manera por el sol; sus labios, un poco enrojecidos por lo mismo, mas en sus ojos no encontró la alegría de antes, como si algo hubiera opacado el brillo que en ellos se encontraba.
—Sí, pero tú...
—¿Pero yo...? —trató de sonreírle e incluso, eso había cambiado.
—No te ves feliz —aseguró, seria, firme—. ¿Por qué? ¿Qué te sucedió? Es por Mai, ¿verdad?
Trunks se levantó de su silla y paseó un poco por su amplia oficina con las manos en los bolsillos. Mai, hacia algunas semanas, se había llevado sus pocas pertenencias del apartamento de Trunks. Ninguno de los dos era feliz, lo mejor era no mirarse hasta el día en que firmaran el divorcio.
"Que seas feliz" le deseó antes de desaparecer por la puerta para no volver.
—No, Pan, no es por Mai —rectificó.
—¿Entonces por qué estás tan triste? —insistió Pan y Trunks desistió ante la idea de tomarla por los hombros y sacudirla un poco para que abriera un poco los ojos y viera el daño que le hacía.
¡Maravilloso! Una chica que aún no cumplía los dieciséis estaba hiriendo a un hombre de veintinueve. ¡Qué patético!
—No estoy triste, Pan. Por favor, no insistas más —se giró y la encaró.
Estaba... diferente. Casi igual cuando se conocieron.
—No te creo —frunció el ceño y Trunks no resistió.
Se acercó a paso veloz hacia ella, la tomó de los hombros y la obligó a ponerse de pie.
—¡Escucha bien esto, Son Pan! —dijo firmemente—. No pretendo ser tu pseudo-profesor de seducción o lo que sea de lo que esto trate, ¿entiendes? Yo no quiero esto, nunca lo quise. Pero mi palabra tiene valor y es por eso que lo hago. Yo te quiero, no deseo herirte. ¡Maldita sea, Pan! —la soltó sin delicadeza; ella abrió un poco los ojos—. Yo no quiero seguir con este maldito juego cuando sé que jamás... —frenó su discurso, inhalando y exhalando rápidamente, recargándose al final en su escritorio, dándole la espalda.
—¿Jamás, qué? —inquirió ella; él la miró por encima del hombro y después volvió a su posición inicial, negando con la cabeza.
—Jamás volveremos a vernos como buenos amigos —aseguró con tristeza.
—No es verdad —Pan se alarmó un poco —. Nunca dejaremos de serlo, yo... lamento esto, Trunks, de verdad, pero no digas eso —imploró—, no vuelvas a decirlo.
—Cumpliré, y ya. No hay más que puedas aprender. Por favor, retírate —señaló la puerta.
—Trunks... —sintió un nudo en la garganta, los ojos borrosos.
—Retírate, por favor —su voz fue una súplica.
—No puedo dejarte aquí, solo, como estás —intentó acercarse; él la frenó al levantar una mano.
—No soy inútil, puedo cuidarme sin tu ayuda.
—Trunks... —sintió el nudo en la garganta aún más fuerte.
—Retírate, por favor —le suplicó, en voz baja sin abandonar su posición.
—Tú no confías en mí, y yo no he sido sincera contigo —sollozó—. ¡Mírame! No me ignores —las lágrimas mojaron sus mejillas enrojecidas y cubrió sus ojos con sus manos.
Trunks, preocupado, se acercó a ella y la abrazó.
—Tranquila, Pan, deja de llorar, por favor —le pidió, recargando su barbilla en su cabeza.
—Soy una terrible persona por obligarte a hacer esto; comprendo que ahora me odies y no seas feliz —ocultó su rostro en su pecho y lloró, como no lo había hecho en mucho tiempo.
—No te odio —le susurró—. No llores, te lo suplico —la separó un poco de sí y alzó el rostro de Pan para que lo viera; secó sus lágrimas y le sonrió, ampliamente, lo que ella 'odiaba'—. Eres especial para mí. Me sacaste de la rutina y te lo agradezco, mucho. Cuando me pediste que te enseñara a besar, yo no sabía cómo actuar, y tenía miedo.
—¿Miedo? - cuestionó, Pan.
—Así es, de que nada fuera lo mismo y... —acarició la negra cabellera de la chica —de que nunca pudiera dejar de besarte —ella abrió un poco la boca, mas no pudo articular palabra; él, para sorpresa de ambos, se sonrojó de manera casi imperceptible—. No sabes cuánto envidio a Oob.
—¿Por qué? —indagó, aún aturdida.
—Estoy celoso que él podrá besarte de ahora en adelante con maestría y yo deberé conformarme con los besos de práctica —bromeó.
—Yo... —Pan se interrumpió; su mente estaba en blanco.
—No sabrás nunca cuánto te quiero, cuánto te... —apoyó su frente con la de ella.
—¿Cuánto me...? —inconscientemente, comenzó a acercar sus labios a los ajenos, sintiendo el cálido y cada vez más acelerado aliento de Trunks en su rostro.
—Amo… —tomó con ambas manos el rostro de Pan y la besó con desespero, con ansias, con hambre, con deseo, con ternura, con amor... De tantas maneras que sus corazones latían acelerados y sus respiraciones eran irregulares; sus pieles enrojecidas por las ardientes caricias, preludio de la ansiada ocasión, la primera vez en que sus cuerpos se unirían, sin importar nada, pues sólo sus corazones sabían cuánto habían esperado por ello, y prometía ser una ocasión memorable.
Hola. Primero que todo, muchas gracias por sus comentarios porque me animan muchísimo. De hecho, sino había podido actualizar antes era por diversos problemas, además de que me puse a ver distintos animes que me encantaron y también a leer mangas que me dejan en suspenso y me hacen llorar… Bueno, no es para tanto ni me parece una excusa lo suficientemente buena para justificar mi ausencia de tanto tiempo. Sin embargo, espero con toda el alma que les hayan gustado los capítulos y nos estaremos viendo pronto para —spoiler— actualizar lo últimos tres capítulos del mini-fic. ¡Así es, sé que me odian! Pero no puedo hacer esto más largo, pues se volvería muy tedioso.
Montserrat835
Serenity usagi
Pauly
Carmen
Rouce
Dayana
Muchísimas gracias por sus comentarios. Sí, si Pan fuera mayor de edad nadie se opondría a su relación, pero las cosas suceden de un modo que no podemos explicar, jajaja.
¡Hasta la próxima!
