CAPÍTULO 4:

(Narrado por Sirius Black)

No puedo más.

No puedo.

Creía que mi vida era mala, pero ahora se ha convertido en un infierno constante. Mi padre se ha propuesto moldearme (como dijo Voldemort) a su manera, y su manera consiste en golpear y golpear, con lo que encuentra, hasta que caigo inconsciente. Hay veces que deseo morir, no volver a despertarme en este mundo tan injusto, tan cruel, tan doloroso... Y... ¿cuánto hace que no me dan alimento? No sé cuánto tiempo llevo así... y tampoco sé dónde estoy, mis recuerdos están borrosos. Debo de estar en el sótano, por eso estoy tumbado en este suelo tan frío, por eso está todo tan oscuro... ¡Ah! Sí… lo último que recuerdo es que caía por las escaleras...

Si pudiera levantarme, o arrastrarme, me tumbaría en uno de esos colchones viejos que sé que hay en el fondo, pero no puedo. Ya no me quedan fuerzas.

Río amargamente, pero tengo que parar enseguida por el dolor que me causa. Debo de tener varias costillas rotas...

Ay, Sirius, Sirius... ¿Qué pensarían tus admiradoras si te vieran en estos momentos? Probablemente no te reconocerían... ¿Y tus amigos¿Qué pensaría James¿Y Remus? Pensar en mis amigos me produce sentimientos encontrados... a la vez calidez y mucho frío... a la vez alegría y dolor...

Oigo pasos... alguien baja. Mejor me hago el inconsciente, no quiero que mi padre empiece otra vez. Los pasos llegan hasta mí, y el dueño de las pisadas se agacha, puedo sentir su mirada. Por su manera de andar y respirar creo que es Regulus. Me quita el pelo de los ojos y noto como me coge por las axilas comenzando a arrastrarme. Naturalmente, un dolor abrasador recorre todo mi cuerpo, y no puedo evitar que un quejido salga de mis labios. Noto como Regulus (si es que es él) me sube a uno de los colchones y me tapa con una vieja manta. Oigo el sonido del agua y un paño empapado se posa en mis labios. Chupo con avidez, tengo mucha sed. No lo entiendo... si de verdad es Regulus¿por qué me ayuda?

Decido arriesgarme a abrir los ojos. Al fin y al cabo¿qué puedo perder ya¿La vida? No me importaría, con tal de que esto cesara. Abro los ojos lentamente y me encuentro con la fría mirada de mi hermano.

-¿Reg? –susurro con voz ronca.

No contesta, y empieza a limpiarme la sangre reseca que tengo por todo el rostro. Hago un gesto de dolor. No entiendo qué hace mi hermano aquí, se está arriesgando a que padre le castigue a él también. Aunque, quizás, es él el que manda a Reg, al fin y al cabo no quiere que muera, ya que Voldemort tiene interés en mí. De todas maneras, y sin que lo pueda evitar, un sentimiento de gratitud invade mi cuerpo.

No puedo evitar advertirle… al fin y al cabo, es mi hermano, y lo quiero.

-Reg... -vuelvo a susurrar. -¡Vete! Si padre te encuentra aquí...

-¡Cállate! –murmura. Sigue con su trabajo.

Saca de su túnica una especie de ungüento y una poción.

-Reg¿qué...¿Por qué...? –necesito saber por qué me ayuda, necesito saber si lo hace porque quiere o porque se lo han mandado.

-¡He dicho que te calles! –repite.

Comienza a echarme algo de ungüento por el cuerpo, y parte del dolor se marcha, aunque aún queda mucho. Dos solitarias lágrimas se escapan por mis mejillas. Puede que haya sido mi imaginación, pero el gesto de mi hermano al mirarlas me ha parecido menos frío. Abre el frasco de la poción.

-Bebe. –ordena. Al ver que dudo, vuelve a decir -¡Bebe! Es una poción revitalizante.

Le hago caso, y poco a poco consigo beber la poción. Un súbito calorcillo recorre mi cuerpo, y me devuelve las fuerzas.

-¿Puedes levantarte? –pregunta Regulus.

-N-no lo se... -y es verdad, no estoy seguro de que pueda levantarme, aunque estoy bastante mejor que antes.

-Pues tienes que hacerlo –dice.

Me coge de las axilas y me ayuda a levantarme. Pruebo mis piernas, y, tras decidir que funcionan, doy unos cuantos pasos vacilantes.

-Bien. –dice Regulus. –Ahora escúchame con mucha atención. El efecto de la poción dura unos 10 minutos. Ordené a Kreacher que encantara tu equipaje para que no pese, y luego lo mandé a su cuarto amenazándolo con darle la prenda si contaba algo de esto.

Me sorprende que le haya hecho eso al elfo… se lleva realmente bien con él. Me llevo las manos a la cabeza. Estoy tan confundido… no entiendo nada.

Regulus continúa hablando.

-Padre y madre no están, pero volverán en cualquier momento.

Hace una pequeña pausa.

-Lo que vas a hacer va a ser irte ahora mismo con polvos flu a casa de alguno de esos repelentes amigos tuyos. Quédate con ellos y NO VUELVAS.

Lo miro con la boca abierta.

-¡Vamos! –me insta a subir hacia la planta baja.

Intento replicar, quiero saber...

-Pero Reg... ¿por qué haces esto? Sabrán que me ayudaste...

Mi hermano sonríe orgullosamente.

-No. Tú te llevarás esto.

Me mete en la túnica el frasco vacío de poción y el frasco de ungüento. Continúa hablando.

-Compré en Zonko una gominola de broma que imita a la perfección los efectos del Desmaius. La versión oficial va a ser que alguien se apareció y te llevó con él, aturdiéndome a mí.

Es un buen plan, grandioso si se tiene en cuenta que sale de la cabecita de mi hermano pequeño. Sin embargo, sigo sin saber por qué me ayuda. Hasta me obligo a creer que hay gato encerrado, que es una trampa. Pero cuando llegamos a la planta baja, descubro que no hay nadie. Regulus me da mi equipaje hechizado, y me da el bote de polvos flu. Los echo a la chimenea rápidamente, no sea que mi hermano se arrepienta o lleguen mis padres.

-¡Valle de Godric¡Casa de los Potter! –exclamo.

Las llamas se ponen verdes, y avanzo para entrar. En el último momento me vuelvo hacia mi hermano.

-¡Vete! –me dice. –Vete ya, antes de que alguien vuelva. La poción desaparecerá en unos minutos...

Pero no puedo irme sin agradecérselo. Sin él... no sé que me hubiera pasado.

-Reg... gracias. –digo, y por primera vez en mucho tiempo, agradezco algo a mi hermano de corazón.

Él resopla, aunque esboza una pequeña sonrisa, y me empuja sin miramientos hacia las llamas. Lo último que veo de mi casa es a mi hermano masticando una gominola, y mi corazón se hincha de cariño y orgullo hacia él.


Aparezco en la sala de estar de los Potter, y noto como la poción desaparece. Caigo de rodillas mareado. Éste viajecito ha sido demasiado para mí...

-¡Sirius! –oigo la voz de James, y sus zancadas hacia mí.

Me pone boca arriba y suelta una exclamación.

-¿Qué...¿Quién...¿QUIÉN TE HA HECHO ESTO? –grita.

-James, amigo... -susurro. –Me preguntaba si podría quedarme en tu casa el resto del verano...

Dicho esto, noto cómo pierdo el conocimiento alejándome de los gritos de mi mejor amigo pidiéndo ayuda.


Unos brazos fuertes lo rodearon y lo levantaron.

Notó, aunque medio inconsciente, que subían unas escaleras. Emitió un suave quejido. Sentía frío, mucho frío. Oyó una voz que decía algo en tono asustado.

"¿James?" pensó el muchacho.

Lo tumbaron sobre una mullida cama, y de pronto, sin previo aviso, Sirius se sumergió en un mundo de horribles pesadillas.


Se encontraba en medio de una oscura habitación.

Él lo perseguía, pero... ¡No lo volvería a coger! ... ¡No volvería a dejar que su padre...!

Salió corriendo, pero pronto se dio cuenta de que una fuerza sobrehumana no le dejaba avanzar. Miró por encima de su hombro... su padre se acercaba...

Se agitó, luchó con todas sus fuerzas contra lo que fuera que no lo dejaba escapar. Un fuerte dolor sacudió su cuerpo, pero no cesó en su intento de quebrantar la fuerza invisible.

Su padre le agarró por el hombro.

-¡¡¡¡NO!!!! –gritó. -¡¡¡¡NO DEJARÉ QUE ME TOQUES!!!!

Su padre levantó el puño con cara de absoluto deleite. Sirius sintió miedo.

"Otra vez no..." pensó.

-No... -musitó. –Padre, por favor, no... no lo hagas… por favor…

De pronto, alguien invisible lo cogió de la mano y una voz lejana resonó en la habitación.

-¡Sirius! –gritaba. –Sirius, tranquilo, estás aquí... estás a salvo, no te van a hacer nada... Vuelve... ¡¡Despierta!!

Notó como se alejaba. No lo podía creer... se había librado, escapaba...

Entreabrió los ojos. Había mucha luz.

-¿James? –susurró.

-Estoy aquí, Sirius. –oyó la voz de su amigo, que le llegaba algo distorsionada. –Estás a salvo...

Sirius volvió a perder el conocimiento.


De nuevo entre la consciencia y la inconsciencia, Sirius notó como una dulce voz de mujer lo llamaba. Sintió una suave mano en su frente, y esa mujer (cuya voz creía reconocer) lo incorporó y le dio a beber algo. Sintió como un líquido cálido le pasaba por la garganta...

Y Sirius volvió a sumergirse en el mundo de los sueños.

Eso sí, ésta vez, sin pesadillas.


El próximo capítulo será el último del prefic. No olvidéis la secuela¿eh? Que más que secuela, es el verdadero fic.

Se llama "Hacia Nuestro Destino".

¡Un beso!