—¡Kyoko-chan!... ¡Kyoko-chan! —alzó un poco más la voz para ver si así atraía su atención. No es que no supiera en qué estaba concentrada su compañera de equipo sino que era en quiénes estaba puesta su atención. Apenas había nombrado a las parejas y pareciera que fuera a ella a quien le hubieran dado la noticia más cruel del mundo, aunque viéndolo fríamente a cualquiera se le hubiera ido el santo al cielo si le dijeran que tenía que trabajar con su más acérrimo rival de amores. Porque aunque el cantante no lo admitiera, él también estaba enamorado de la joven actriz.

—¡Kyoko-chan! —esta vez sí tuvo éxito y la chica lo volteó a ver un poco confundida, él iba vestido de un alegre arlequín con todo y su sombrero de cinco puntas y los curiosos zapatos en pico con una mota blanca en la punta.

—Lo siento mucho, Yashiro-san, ¿me llamaste? —el pobre mánager solo movía la cabeza de lado a lado mientras una sonrisa enigmática iba creciendo en sus labios. "Solo unas cuantas veces", pensó.

—Solo quería preguntarte si estás bien conmigo, con ser tu pareja en esto. No sé por qué el presidente puso a Ren con Fuwa-san sabiendo lo mal que se llevan —mentiroso, sabía perfectamente el porqué pero eso no se lo iba a decir—. Bien podría haber cambiado un poco las parejas, pero en fin, estamos juntos en esto, ¿está bien por ti, Kyoko-chan? —Kyoko se había perdido en el momento en el que Yashiro señaló los motivos para poner a Ren y a Sho juntos, y se quedó pensando en el por qué.

—La verdad, Yashiro-san, estoy muy contenta de tenerlo a usted como pareja. Bien saben los cielos que yo lo admiro mucho y, ¿a quién más iba yo a querer de compañía para pasar un reto, en la noche, por un bosque maldito? —"¿Sí, a quién más, Kyoko-chan?, pobre Ren", pensó Yashiro mientras suspiraba cansinamente.

—Bien, pues vamos caminando porque ya casi es nuestro turno, si a ti no te importa llevar la ofrenda yo me haré cargo del mapa —seguía hablándole mientras se acercaban a la orilla del bosque donde se encontraba uno de los guías. Ella se quedó estática viendo fijamente al bosque.

—¿Estás bien, Kyoko-chan? —Yashiro le preguntó porque al parecer ella se había quedado hecha una estatua, varias veces le pasó la mano por enfrente de los ojos para ver si reaccionaba. Estaba a punto de entrar en pánico al ver que no lo hacía cuando ella volteó y le sonrió.

Kyoko pensó que todo eso se sentía extraño, si no fuera porque sabía que había salido con Ren de ese mismo bosque poco tiempo antes, hubiera creído que era uno por completo diferente. No se parecía en nada al sitio luminoso y tranquilo donde había estado con Corn. Este por el contrario era oscuro y lúgubre. Una espesa y fría niebla se alzaba desde el suelo. Casi podía escuchar a los búhos ulular, pero eso era completamente imposible porque sabía que el bosque carecía de fauna alguna. Sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo, desde la punta de los pies hasta el último cabello de su cabeza.

Por otro lado, al mismo tiempo sintió una calma y una paz provenientes de los árboles, como si le susurraran "Ven y conócenos, no somos quienes todos creen". Al voltear a observarlos con más detenimiento le pareció ver que estos dormitaban en un extraño sueño rezumando tranquilidad en su más puro estado natural. Y eso al mismo tiempo la calmó a ella dándole el valor necesario para tomar a Yashiro-san de la mano y adentrarse al bosque bajo la mirada irónica de cierto vampiro y el asombro del mánager que seguía sin creer que ella lo sujetara de la mano y rezando para que Ren no se enterara de eso o el siguiente cuerpo que encontrarían en el bosque sería el suyo.

A pesar de la lámpara de mano y las calabazas que hacían la función de linternas que estaban dispuestas durante todo el trayecto, el camino era muy difícil de seguir debido a que la espesa niebla les impedía ver bien, y aun así Kyoko parecía saber el recorrido a la perfección, como si algo la estuviera guiando paso a paso a través del bosque hacia su destino. Yashiro iba muy callado durante el recorrido y no es que el bosque le diera miedo, no, no era eso en absoluto, bueno, tal vez sí un poquitín pero eso era lo normal ¿no?, pero esta vez sí más debido a las reacciones de la chica al lugar.

Gracias a quien se le hubiera ocurrido la idea, habían colgado en las ramas bajas de los árboles murciélagos, calabazas, cazos y cualquier adorno atribuido al Halloween en colores fluorescentes de esos muy chillones y que cinco segundos después de mirarlas uno estaba llorando por la pérdida de la retina, pero que, en ese momento Yashiro agradecía y bastante, el tenerlos como guías. Porque eso los ayudaba o por lo menos a él, a saber que no se habían salido del camino.

—Kyoko-chan, ¿alguna vez has estado aquí antes? —preguntó curioso Yashiro.

—¿Antes de hoy o antes de ahorita? —respondió la chica sin soltar su mano. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se puso colorada y agradeció a la bruja Ten por haberla maquillado a la perfección y porque fuera de noche, no sabía qué en calidad de todos los dioses la había hecho tomarlo de la mano, pero algo muy adentro de ella le decía que no debían separarse, ya cuando acabara el reto podría ir a hacerse el harakiri y ella misma incrementar las cifras del bosque.

—Quiero decir, ¿has estado en este bosque antes de esta vez conmigo? —la chica solo bajó la cabeza ¿cómo podría explicarle que sí había estado ahí pero que al mismo tiempo no era el mismo lugar, o el mismo bosque, tal vez ni el mismo país?

—Nunca en esta parte, Yashiro-san —sí, esa respuesta debía bastar.

—¿Qué quieres decir que en esta parte?

Pero no lo hizo...

—Yashiro-san, parece que ya hemos llegado a nuestro destino —gracias a los dioses por el moidon, porque le sirvió de distracción, ¿quién sabe lo que le iría a preguntar después? Ella estuvo a punto de cometer el grandísimo error de decirle con quiénes estuvo ahí. Porque pareciera que a Yashiro le hubiera dado por empezar la conversación justo después de encontrarse al guía y cuando ella había pensado que se iba a librar del interrogatorio—. Será mejor que le dejemos la ofrenda para poder regresar a la mansión.

Estaban dejando la ofrenda y rezándole al moidon, disculpándose por la intromisión y agradeciéndole las bendiciones que les pudiera otorgar (porque siempre hay que hacerlo para evitar las maldiciones), cuando escucharon fuertes y horripilantes ruidos a sus espaldas...

—¿Qué fue eso? —preguntó con un hilo de voz Yashiro, no fuera a ser que el moidon los hubiera maldecido por atreverse a profanar su santo descanso y eso que le habían ofrecido disculpas y una ofrenda pero los moidon se caracterizaban por ser quisquillosos e irritables.

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—Fuwa, te he dicho que ya hemos pasado por aquí cuatro veces —dijo ya enojado, levantando sus manos al cielo.

—Pues si no hubieras estado corriendo como alma que lleva el diablo no nos habríamos perdido.

—¿Yo?, si yo iba bien. Fuiste tú quien se asustó y me tiró el mapa. Mapa que, por cierto, pisaste y rompiste en tu carrerita, dejándolo inservible.

—No me asusté, Tsuruga, yo no soy ningún cobarde —Ren puso los ojos en blanco y trató de seguir con su cuenta mental que, para ese momento, estaba llegando allá por el millón—. Te digo que escuché un ruido espantoso detrás de mí y solo me alejé lo suficiente.

—Sí, ajá. Eso solo tú lo escuchaste porque yo no oí nada. Tratemos de regresar al camino, que te digo es por este lado. A menos que quieras quedarte aquí solo en la oscuridad y yo regrese a buscarte con alguien más. Claro que como no sé bien dónde estamos puede que nos tardemos bastante en encontrarte.

—Cabrón bastardo... —susurró muy quedamente Sho, aunque Ren sí alcanzó a escucharlo y esbozó una sonrisa cínica. Él también había oído el ruido pero si podía molestarlo un poco más de lo que Fuwa había logrado fastidiarlo a él, era un plus en ese castigo del infierno impuesto por el presidente. Aunque no se había asustado si quedó intrigado. ¿Qué era lo que había provocado eso? Si no fuera porque sabía que esto era una treta del presidente casi había sentido que estaba grabando un capítulo del dorama de cazadores de fantasmas, en el que ya había salido una vez como actor invitado. Solo rogaba a todos los dioses que Kyoko estuviera bien y a salvo. Por lo menos a ella le acompañaba Yashiro y sabía que él cuidaría bien de ella, mientras que él...

—Andando —dijo sin voltear a ver si el cantante lo seguía— antes de que yo cometa aquí el primer homicidio en la historia de Aokigahara —dijo casi para sí mismo.

Empezó a hacer más frío del que esperaba, la niebla estaba espesando más y a pesar de que su traje era abrigador el frío calaba en los huesos. De pronto escuchó un castañear de dientes, se paró de improviso para voltear a ver a su compañero que estaba adquiriendo un raro color azul de labios y tiritando de frío.

—Es mejor que nos apuremos si no quieres morir aquí de frío y porque ni creas ni si quiera por un instante que voy a abrazarte para darte calor. Primero nos morimos los dos aquí congelados.

—¿Abrazarme? ¿Tú a mí? ¿Es que acaso te has vuelto loco, Tsuruga? ¿Quién te ha dicho nada de que yo quiera algo de ti? —la diatriba y el enojo hicieron que por lo menos sus labios dejaran ese tono azulado y que los dientes no le castañearan más. Había logrado su objetivo haciéndolo enojar, pensó Ren, ahora tenían que apurarse o de verdad iba a tener que abrazarlo para hacerlo entrar en calor y eso era algo que en su escala del uno al millón de las cosas que no haría jamás esa estaba por ahí del millón y medio. Solo de pensarlo se estremeció.

—Por lo visto tú también tienes frío, Tsuruga.

—Ni que lo digas, anda, caminando que se me hace tarde —adelantándose a él siguió caminando por donde estaba seguro que debían regresar.

—¿Tarde?, ¿tarde para qué, si se puede saber? —dijo irritado mientras se abrazaba a sí mismo para entrar en calor. De haber sabido que iba a pasar parte de la noche en un tétrico bosque helándose hasta los huesos se habría disfrazado de oso polar.

—Tarde para terminar con este maldito reto y alejarme de ti lo más posible, Fuwa —lo miró por encima del hombro y después volvió su vista hacia delante, tenían que apurarse si no querían morir los dos de hipotermia.

Poco tiempo después lograron regresar al camino señalado, gracias a la gran memoria de Ren que, a pesar de la oscuridad y la niebla, lograba recordar detalles del bosque y que además logró percibir los destellos de los adornos fluorescentes que colgaban por encima de sus cabezas.

—Vamos que ya casi llegamos a donde debemos dejar nuestra ofrenda, Fuwa.

—No sé por qué no me pusieron mejor con Kyoko, por qué tenían que ponerme contigo, como si yo me pudiera rebajar a seguirte como cachorrito por todo el camino —al escuchar el nombre de Kyoko Ren sí perdió la paciencia.

—Dale las gracias a los dioses, Fuwa, que estoy de buenas porque jamás hubiera permitido que hubieras hecho pareja con Kyoko. ¿Para que la pusieras en peligro como lo hiciste con nosotros al salir corriendo, casi perdiéndonos en el camino? Jamás, ¿me escuchaste? Jamás permitiré que la vuelvas a lastimar como una vez lo hiciste.

—Ya sé que me equivoqué con Kyoko. De eso estoy muy consciente. Pero eso no indica que yo no la ame —ante la afirmación de Sho, Ren se encolerizó.

—¿Amarla?, ¿cómo puedes decir eso después de cómo la trataste? Ella solo era para ti una sirvienta, ni siquiera la trataste como una amiga, solo la usaste y la lastimaste, ¿y dices amarla?

—Por lo menos yo soy sincero con mis sentimientos, Tsuruga. En cuanto pueda yo me confesaré a Kyoko y aunque sé que me rechazará, por lo menos ella sabrá que la amo y ¿tú?, ¿acaso has dejado de ser su senpai para volverte su novio? ¿El hecho de que hayan llegado de la mano a la fiesta te da el derecho a algo con ella? Porque yo los vi cuando llegaron pero tu cara no era precisamente de un hombre que se acabara de confesar y lo hubieran aceptado. Estabas enojado con ella por algo —estaba muy enojado, él sabía que Tsuruga amaba a Kyoko desde lo de Karuizawa, solo esa podía ser la explicación para su forma de actuar, ¿pero por qué no se lo había dicho a ella?

—¡Cállate, Fuwa! —dijo levantando una mano y volteando el rostro hacia un lado, entrecerrando los ojos como tratando de escuchar algo.

—No me callaré por el simple hecho de que no te guste lo que te estoy diciendo —dijo alzando nuevamente la voz.

—He dicho que te calles, escuché algo —el cantante hizo le que se le pidió más por saber si era cierto debido a la cara del actor, que por obedecer a algo que le hubiera dicho Tsuruga.

En ese momento ven una linterna cerca de ellos, cuando vuelven a escuchar el horripilante ruido y después a Kyoko gritar histérica. La luz que habían visto se apagó de improvisto dejándolos solo con su linterna.

—¡Kyoko! —gritaron ambos hombres a la vez mientras corrían hacia donde creían que provenía la voz de la chica.