-¿Qué se siente? – Preguntaba la IA, desde una computadora. El monitor brillaba, con una serie de líneas que solo un programador comprendería – Ver como cada parte que te compone ser destruida lentamente de tu código

-Para, por favor – GlaDOS yacía en el suelo. El foco que representaba su ojo titilaba, suave y débilmente, mientras que su enemiga borraba poco a poco su programación – No sabes lo que estás haciendo. Si borras todo eso…

-Te destruiré, por supuesto. Ya he eliminado los controladores de movimiento, tu control sobre los laboratorios, dentro de poco desactivaré el habla y, una vez acceda a esa zona que tanto te esfuerzas por proteger, estas instalaciones y ese cuerpo tuyo serán míos… – Al fondo de la habitación se escuchó una puerta accionándose

-¿Estas segura….de ello? – GlaDOS se sintió triunfante. El sonido de las botas resonaba por la sala, haciendo un eco que se adueñó de la atención de ambas. El overol naranja fue iluminado por una luz cegadora y su portadora no pudo evitar llevar una mano hacia sus ojos para cubrirlos del brillo que le impedía ver.

-Así que por fin apareces – decía el monitor. A pesar que no existía un ojo como tal para dicha pantalla, todas las cámaras (recién instaladas) apuntaban hacia ella

-¿Dónde diablos te habías metido? – gritó la abatida dueña de Aperture science – No tenemos tiempo. Debes desconectarme de este cuerpo antes de que esta maniaca pueda destruirme por completo – Chell miró hacia su alrededor. Cada panel que conformaba la habitación era oscuro, y en ellos había pequeños agujeros que pronto se iluminaron por un haz de luz rojo.

Las balas empezaron a llover. No había algún punto donde se pudiese huir, o donde pudiera cubrirse. GlaDOS gritaba desesperadamente, cosa que asustó a la chica muda. Cuando Wheatley hizo el "cambio" con ella, los gritos fueron horribles, pero ahora eran perturbadores. Se sentían casi humanos.

-¡Solo arráncame! Es mejor que terminar en sus manos. ¡Arrójame al incinerador! –

La chica corrió hacia GlaDOS en medio de la lluvia de balas. Para su sorpresa, la maquina resulto ser más ligera de lo que pensó (al menos la parte de la cabeza). Quitó la carcasa blanca y después tomo una pequeña caja negra con el pequeño LED naranja en ella. La chica se sentía incrédula de que, para semejante cuerpo gigantesco, eso tan pequeño y diminuto fuera GlaDOS. Chell corrió al incinerador, pulso el botón y saltó.

-Vaya que apenas la hemos librado – dijo la ahora diminuta computadora – En verdad me impresiona que salieses… –La máquina guardo silencio al ver cómo era jalada por unas manos y puesta en una mochila vieja, rasgada y vieja. Antes de ser introducida del todo, vio una gran mancha roja en la blusa blanca de la chica que acababa de salvarle la vida.