He reemplado el capítulo que correspondía Regulus, por éste... y no quiere decir que lo haya sacado del campo, no os enfadeis xD solamente intento ser más ordenada en la historia, aparte que... pues no sé, se me entró algún bicho raro mientras comía chuleta y decidí subir la historia del primer Sirius Black en esta peculiar familia.
¡¡SEGUID ESTE FIC FIC PLEASE Y DISRUTAD DE ESTE CAPITULO!!
... y perdonad el abandono, pero hay cosas mucho mas importantes que andar de weba por el y eso es mi carrera, obviamente espero comprendais. Os ofresco mis mas sinceras disculpas.
EL ÁRBOL FAMILIAR DE LOS BLACK
Sirius I Black
Aquel día él no comprendía nada de lo que sucedía en casa, por qué las personas iban y venían de un lado a otro sin prestarle el mas mínimo de las atenciones cuando les preguntaba o se ponía llorar a proposito para llamar la atención de los presentes. Tampoco comprendía por qué su madre se encontraba encerrada en aquel cuarto donde había pasado horas de horas, gritando.
¿Le estarían haciendo daño?
Eso le hizo fruncir el ceño y tratar de entrar a como sea posible a ese cuarto. Escabulléndose entre mesitas, lámparas y empujando la puerta la encontró ahí, tendida en la cama con miles de paños blancos en su frente, con las piernas abiertas y tres elfos domésticos que al parecer, querían matarla. Y lo que era peor, algo sumamente horrible que le salía de la entrepierna.
¡La Estaban matando!
- ¡Mamá! –chilló con tanta fuerza que una de las elfinas quedo estampada en la pared inconciente y otra fue volando por las puertas, quedando uno último petrificado.
Enseguida un hombre bastante preocupado entró al cuarto y al ver al pequeño Sirius con el ceño fruncido, aligeró sus facciones y sonrió bastante orgulloso por ver que su primogénito había usado magía nada mas ni nada menos que con esos seres insignificantes.
- ¡Así se hace Sirius! –exclamo su padre, tomandolo entre sus grandes y fuertes manos- ¡Ahora ven a conocer a tu hermano!
Y ahora el pequeño, ya no tan pequeño, ahora con 5 años de edad, lo entendía muy bien y cada vez que lo recordaba, se reía por ese echo. De echo, este día tan caluroso le hacía entender al pequeño Phineas de tan solo 3 años lo que estaba sucediendo tras esa puerta en donde se encontraba su mamá… con los mismo elfos.
- ¡¿En serio?! –abrió los ojos como platos- ¿Y puedes hacer lo mismo que hiciste?
- Si, pero necesito de un elfo –miró fijamente la puerta para ver si un elfo se dignaba a salir para cogerlo de sorpresa-. Bueno, a menos que te coja a ti.
Phineas sonrió enormemente.
- ¡Vale!
- ¿Estas seguro que quieres volar por el aire? –le pregunto extrañado. Su hermanito tenía raros sintomas que no comprendía.
- ¡Si!
- ¿Seguro?
- ¡Que si! –chilló enojándose.
Dudo un par de segundos para luego ver el rostro ansioso de su hermanito y hacerle sonreír. Le gusta saber que siendo el hermano mayor lo veía como alguien de quien depender, además de que ahora, como le dijo su papá: serás doblemente hermano mayor. Algo que le hacía sentirse como el mago mas pequeño del mundo mágico pero con el mas grande de todos los poderes.
- ¡Mas, más alto! –gritaba Phineas, entusiasmado.
Pusó mas concentración y su hermano se elevo más.
- ¡Más, Sirius, más!
Mas se concentró y… algo no estaba bien.
- ¡Phineas! –gritó la ronca voz de su padre, atrapando al pequeño en el aire, cuando casi caía al suelo- ¡Sirius! –se detuvo, para regañar a su primogénito- ¿Qué es lo que…?
Si… algo no había funcionada bien desde aquel día.
Porque desde aquél día, en que tendría a una hermanita: Sirius se convirtió un niño débil, un niño enfermo, un niño que tarde o temprano moriría y eso lo sabía él, que sufría de constantes dolares, pero… eso simplemente no le quitaba la sonrisa de los labios. No, aquello simplemente era algo que un niño seguía viendo con un significado que no compredía. Algo que simplemente no quería comprender.
El era mago y un mago hacia magia… no podía morir, sin hacer magia.
- ¿Dónde estuviste? –fue lo primero que le dijo su madre, cuando recien ingresaba por la puerta de la casa, intentando ser sigiloso.
- Solo paseando, mamá –puso su mejor sonrisa, esa que funcionaba con la señora de la tienda muggle que le había dulces muy deliciosos.
Esos dulces… yummi.
- Sirius, soy tu madre, no he nacido ayer…
- ¡Claro que no mamá! –se extrañó sin borrar su sonrisa- ¡Ya llevas muchos añitos de más, pero tranquila! ¡Sigues igual de guapa y joven!
- ¡Sirius! –le regañó su padre- ¡Ve a tu cuarto y no vuelvas a salir que…!
- Si, si ya lo sé –obedeció cambiando su tono de voz-… estoy enfermo y pronto moriré –sus padres se impactaron-. Pero eso no quiere decir que no pueda divertirme –suspiró y volvió a sonreír- ¿Belvina está durmiendo, verdad?
Su madre fue la que respondió, entrecortada.
- Si –y con algo mas de valor, preguntó:- ¿Por qué lo preguntas?
- Ah, que pena –respondió torciendo la mueca-, es que quería despedirme de ella… ya saben… uno nunca puede saber cuando muere. La vida no está comprada, aunque seamos magos o… muggles.
Dejó a sus padres en el hall principal con algo mas que asombro y subió hacia el cuarto de sus hermanos, sientiendo que alguien le seguía los pasos con casi nada de disimulo lo que le hizo sonreír y tratar de hacerse el que no se daba cuenta , pero avanzando mas rápido.
- ¡Para Sirius! –le chilló la voz conocida de Phineas- ¡Para de caminar tan rápido!
- Ah –se volteó, fingiendo sorprenderse- ¿Me has estado siguiendo?
- Si –le contestó con el ceño fruncido-, y no finjas que sé que tú sabías que te estaba siguiendo… espera, eso es confuso –Sirius rió y eso molestó más al menor- ¡Se a dónde vas todas las tardes! ¡Se lo diré a mamá y papá!
- Mmm… -sonrió tranquilamente- ¿Te puedo sobornar con unos dulces? ¡La amable señora que me los regala, los prepara deliciosos!
- ¡Son muggles! ¡No los quiero!
- Bueno –sonrió más divertidamente-, tu te los pierdes –y tomando uno, se lo metió a la boca y lo devoró inmediatamente-. En verdad son deliciosos.
- ¡Pero son de muggles! –se molestó el pequeño- ¡Escúpelos, eso te hará mal!
- Nah, no lo creo –se sobó la barbilla-, es más… si pudiera vivir más, me casaría con una muggle que preparáse este tipo de cosas.
- ¡Sirius!
Su hermano lo miro y lo despeino con ternura.
- Tan solo tienes 6 años, no lo comprenderías Phineas –le guiñó un ojo-, además algo que me haga mal, sería bueno para mi… porque ahorraría la agonía que tengo que vivir día a día –su hermano lo miro mas confundido que nunca en su corta vida-. Pero son cosas que no comprenderías… y yo tampoco quiero comprender. Ahora, vamos al cuarto de Belvina, que quiero despedirme.
- ¿Te vas? –le pregunto Phineas, cuando se dirigían al cuarto de la menor.
- Si.
- ¿A dónde?
- Muy lejos.
- ¿Dónde es muy lejos?
Al girar la perilla de la puerta, entraron al cuarto de la pequeña Belvina de solo 3 años. Sirius sin embargo no sabía si romper en carcajadas o mandarle a callar a su hermano, por las preguntas tan molestosas que le hacía… optó por cortarle con brevedad.
- Muy lejos es a donde no puedes ir.
Phineas abrio la boca y la volvió a cerar, buscando algo más que preguntar.
- ¿Se lo has dicho a papá y mamá?
- Estaba esperando que se den cuenta a la mañana siguiente –y cerrando rápidamente la puerta para evadir otra pregunta; se dirigió a la calma de Belvina depositando un beso en sus mejillas-. Despierta pequeña.
- ¿Sirius? –contestó la pequeña parpadenado y haciendo un lindo puchero.
- Hola –le sonrió- ¿Quieres jugar a volar?
- ¡Si!
- ¡NO! –gritó Phineas alarmando a Belvina- ¡No puedes hacer eso, Sirius!
- Ya, ya, calma –sonrió-, es mi último regalo para mis consentidos.
- Pero…
- No pasará nada, Phineas –le intentó calmar-. Además es mi regalo de despedida, ¿vale? –les guiño a ambos- ¿Quién quiere volar mas alto?
- ¡YO! –gritaron sus hermanos.
Y entre risas y mas risas, los mas pequeños volaban en aquel cuarto, sintiéndo felices, sintiéndose tan libres como un hipogrifo, sintiéndose solamente protegidos con su hermano mayor, aquel chico que se encontraba sonriendo esforzadamente con un color pálido que rayaba lo amarillo, un semblante casi moribundo, pero que por ver a sus hermanos de ese modo, podía consumir su energía mágica… y eso iba a hacer.
Su mano tembló otra ves y esta vez Phineas casi cae.
Anticipando que no quería otro accidente, bajó a ambos hacia la cama fingiendo haber hecho un aterrizaje digno de un cometa como el que había volado muchas veces, cuando unos chicos muggles, que se había convertido en sus amigos, le enseñaron.
Trato de ocultar un enorme dolor punzante con una sonrisa.
- ¿Por qué no dormimos?
- ¿Todos juntos?
- Todos juntos, Phineas –le contesto- ¿Lo harías por tu hermano?
Belvina fue la primera en echarse en la cama y caer dormida.
- Esta bien –fue todo lo que dijo el pequeño, para acurrucarse.
Sirius cogió las finas sábanas y los cubrió cuidadosamente, les beso en la cabeza a cada uno y los observó hasta lo que pudo, antes que sus ojos enseguecieran y el también cayera en la cama rendido, cansado, abatido, exhausto, acabado, sin poder…
- Hasta… adiós.
Sin vida.
Con un cuerpo joven, de solo 8 años… ese frió día del 9 de noviembre de 1853 Sirius durmió eternamente, protegiendo como un guardián a su hermanos menores.
