¡Blanca nieves demacrada! Jajajaja aun me parto de la risa en serio Karochan, pero bueno quiero agradecerles profundamente por cada uno de sus reviews, en serio que cuando no encuentro la inspiración para seguir, leo sus mensajes y eso me da ánimos. Ahora quiero disculparme por mi demora, la cual se debe a "exámenes", si, los conocen y seguramente los odian igual que yo, bueno pues estuve un poquito floja en los pasados, así que en estos me tuve que poner las pilas y pues era de que todo el día estudiando, por lo cual no tenia ni tiempo ni cabeza para pensar en como seguirle, pero lo prometido es deuda y aquí esta.

Disfruten.

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-¿Lo notaste?-

Sesshomaru alzo la vista y asintió simplemente, no hacia falta decir nada mas. No eran ciegos y la inusual cena de la noche pasada nada tenia que ver con los términos en los que se estaba realizando el compromiso, los cuales no atendían los índices normales.

Para estos momentos, la ligera diversión que había sentido cuando habían recogido a la familia de Rin en el aeropuerto se había evaporado, dejando paso a un sentimiento mucho mas intenso y mucho menos alegre.

-Interesante familia. Esa chica...-musito Inutashio frunciendo el seño.-Kana. No me gusta para nada. A decir verdad es difícil creer que ella y Rin son hermanas, son completamente diferentes y la mirada de esa niña...-el anciano negó con la cabeza.-No es una buena persona, así que no creo que sea necesario decirte que tengas cuidado con ella, es una coqueta. Además...-miro cautelosamente a su hijo, midiendo sus palabras.-Su esposo no dejo de ver a Rin ni un segundo.-

El cuerpo de Sesshomaru se puso rígido al instante ante la mirada de Inutashio.

-Lo se.-contesto simplemente.

Pero detrás de esas dos simples palabras, la cólera rugía en su interior. Por supuesto que había sido consiente de que él no la había dejado de mirar con culpa en sus ojos castaños, pero no solo eso, si no que la joven parecía huir de él. No solo fue una, si no varias veces en que observo como Rin huía cada vez que él se acercaba y trataba de hablarle.

Eso sin contar con el odio que había captado en la mirada del hombre cada vez que lo veía, la relación entre Rin y él no era nada normal, mas bien podía ver la incomodidad de ambos. Su instinto nunca le había fallado y en esos momentos le dictaba que ahí había algo más, algo verdaderamente importante.

Además de los comentarios con doble sentido de parte de Kana:

-Vaya, vaya así que tu eres el prometido de mi hermana...-ronroneó mientras una coqueta sonrisa cubría su rostro.-Su gusto a mejorado notablemente.

-Creí que mi hermana solo tenía tiempo para su trabajo. Aunque por supuesto como saberlo si se marcho hace dos años de casa sin decir adiós.-

Ryoma había muerto y era comprensible que ella se marchara para tomar su lugar en la empresa, pero eso no explicaba lo que la joven había querido decir con su primer cometario, en el informe que recibió jamás mencionaron a ningún hombre.

Sesshomaru apretó los puños con fuerza ¿Acaso lo había? ¿Y que importancia tenia? ¿Porque el solo pensar que su corazón pudiera pertenecer a alguien mas le producía un dolor en el estomago? ¿Que demonios tenia ella?

Porque había algo. No era solo la valentía y orgullo que ella mostraba, valores que él apreciaba realmente y que lo hacían respetarla, si no algo más, algo que lo había mantenido callado cuando su padre había preguntado si tenía alguna objeción al cumplir con el contrato matrimonial, algo que había hecho que la besara escudándose detrás de una tonta excusa, cuando la realidad era que simplemente había querido besarla.

Pero... ¿que era?

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Observo el sol en lo alto, el cantar de los pájaros y el cielo azul y despejado, una broma de día tomando en cuenta que estaba a punto de cometer quizás el peor error de su vida. Cerró los ojos y se repitió por décima vez que era lo mejor, de hecho la única solución.

Sesshomaru era un hombre de palabra y como tal había cumplido lo convenido. Gracias a sus contactos la investigación de parte del Departamento de Estado había desaparecido y no solo eso, hacia dos días había firmado los papeles para el contrato matrimonial, con los cuales también habían comenzado las nuevas inversiones para la empresa. Eso definitivamente era lo mejor para la empresa, pero... ¿para ella?

Miro la hora y se aliso unas arrugas imaginarias en su vestido. A pesar de la situación sonrío un poco, su vestido era hermoso si bien no era extremamente elegante, era sencillo y con clase, tal y como a ella le hubiera gustado que fuera. La suave seda blanca se adhería a cada una de sus curvas, realzando su diminuta cintura y sus generosos senos para después caer en cascada desde la curva de sus caderas.

Se mordió el labio, la hora se acercaba y lo sabía. La ceremonia se llevaría acabo esa misma tarde. La salud de Inutashio se había deteriorado notablemente hasta el punto en que el hombre no podía abandonar su cama y los médicos recomendaban reposo total y ninguna clase de alteración, aun así el anciano había insistido en estar presente en la boda, lo había dicho con tal vehemencia que no había dejado ninguna duda al respecto de que así seria.

Sesshomaru no decía absolutamente nada, pero ella leía en sus ojos la preocupación por su padre, ese era el único contacto que le decía lo que realmente pensaba. Su rostro podía ser una perfecta mascara, pero sus ojos lo traicionaban.

Escucho la puerta del corredor abrirse y suspiro, ya era hora.

-Estoy lista ma...-no pudo terminar, ya que ante ella no estaba su madre.

Los ojos castaños la recorrieron de arriba abajo, mirando su vestido blanco y su esbelta silueta. Se sintió nerviosa al notar su mirada ¿Cómo no estarlo cuando antes hubiera hecho lo que fuera porque el la mirara de esa manera? Antes.

-¿Qué haces aquí?-

Kohaku parpadeo y salio de su ensoñación, sus ojos vacíos se clavaron en las esmeraldas y se acerco a ella. Rin no retrocedió, no tenía porque hacerlo, él no era una amenaza para ella, además lo había evitado más que suficiente.

-Se repiten los papeles...-dijo él tristemente.

Rin frunció el seño, confundida.

-¿De que hablas?-

Los ojos castaños brillaron por quizás, primera vez en dos años, la tomo por los brazos y la pego a él.

-Vámonos, huye conmigo ahora. Vámonos.-

La joven abrió la boca sorprendida pero ninguna palabra abandono sus labios, tan solo lo miro pasmada, incapaz de comprender lo que estaba diciendo. El en cambio lo tomo como una invitación y sin dudarlo un segundo unió sus labios a los suyos. Rin sintió la suave presión, se quedo quieta un instante para después reaccionar violentamente empujándolo.

-¿¡Que demonios crees que estas haciendo!?-

El la miro desesperado.

-¿Qué no lo vez Rin? Tenias razón, todo lo que me dijiste era cierto. Kana no me ama, yo...yo estaba ciego, no quise ver la verdad. En vez de eso te culpe a ti...a ti la única que me ha amado. Pero no se, no se como de verdad ella me atrapo, ahora me pregunto si de verdad alguna vez la ame.-dijo ausentemente bajando la cabeza.-Perdóname Rin, por favor tienes que perdonarme...-dijo desesperadamente, casi como un loco mirándola a los ojos. Rin sintió lastima por él al ver que al fin se le había caído la venda de los ojos y le acaricio el brazo, asintiendo. El al instante sonrío y tomo sus manos, besándolas.-Lo sabia, eres tan buena, tan generosa. Pero el pasado ya no tiene importancia, puedo divorciarme de ella ahora que se que no esta embarazada, podemos empezar una nueva vida juntos, tu y yo solamente.-

Rin negó con la cabeza tratando de zafarse de su agarre.

-No lo entiendes Kohaku eso no va a pasar.-

El la miro desubicado, casi no creyendo lo que ella acababa de decir.

-¿Qué... No, pero Rin escúchame, me voy a divorciar de Kana de verdad...-

-Hazlo Kohaku.-lo corto Rin.-Pero hazlo por ti, porque quieres tu libertad y empezar una nueva vida, no lo hagas por mi.-

El joven negó con la cabeza, sonriendo trémulamente.

-Es que no comprendes ¡Quiero rehacer mi vida contigo!-explico desesperado.

-Eso no puede ser Kohaku. El que no entiende eres tú. Me voy a casar.-dijo al fin la joven.

El la tomo por los brazos, abrazándola a su cuerpo.

-¿Lo amas?-pregunto buscando la mirada esmeralda.-Contéstame Rin ¿Lo amas? ¿Lo amas como me amaste a mí? ¿Cómo me amas?-afirmo.

Rin sintió como una rebelde lagrimilla le corría por la mejilla.

-No...-susurro.

Kohaku sonrío triunfador.

-Lo vez, tan solo vámonos Rin. Después explicaremos todo. Tengo un auto afuera, podemos irnos y después...-

-¡No Kohaku! ¡Que tengo que hacer para que entiendas! ¡Me voy a casar con Sesshomaru! ¡Tengo que hacerlo!-grito desesperada tratando de contener las lagrimas, sin ser consiente de que estas rodaban sin control por sus mejillas.

El joven la miro asintiendo, como comprendiendo todo, con los dientes apretados.

-Ahora lo entiendo.-la joven se dejo caer en una silla, cansada y temblando.-Los rumores son ciertos ¿verdad? Así que el maldito ese te obligo a casarte con él, no solo consiguió a la empresa si no que también a ti. ¡Maldición!-musito golpeando un mueble.

-Kohaku por favor...-susurro Rin, mirándolo con sus ojos verdes envueltos en lagrimas.-Vete.-

La puerta se abrió de repente impidiendo que el joven dijera lo que fuera que iba a decir.

-Cariño ya es hora y...-

Kalista se quedo quieta observando a los dos jóvenes, mientras sus ojos se estrechaban. Rin se volvió rápidamente limpiando las lágrimas y después de un momento se levanto, la miro a los ojos y sonrío.

-Si, claro mama ya estoy...-

-Kohaku déjanos solas, por favor.-dijo con una voluntad que lo hizo sonar más una orden que una petición.

El joven asintió apretando los puños, se volvió y miro a Rin a los ojos con una muda suplica que ella rechazo. Cuando la puerta se cerró, Kalista no perdió el tiempo, se acerco rápidamente a la joven y la hizo sentar enfrente del tocador, pues temblaba sin control. La miro a través del gran espejo, mientras acariciaba suavemente su cabello, recogido en un precioso moño.

-Tenemos que hablar mi amor.-

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-Tranquilo señor Inutashio, no es bueno para su salud que se altere. Además no tenemos ninguna prisa.-aseguro el hombre.

En cambio, el seño fruncido de Inutashio se acentúo. ¡Esa situación era inconcebible! ¿Dónde diablos estaba todo el mundo? El juez había llegado hacia 20 minutos, Kana había salido en busca de su esposo desaparecido, Kalista por Rin y de Sesshomaru aun no sabia nada.

¡Dios!

-Tiene razón señor juez, pero aun así...-

-Estamos listas.-

Inutashio se volvió y sonrío a las dos bonitas mujeres que entraban por la puerta.

-Se ven hermosas.-

Rin sonrío prudentemente, saludo al juez y después se volvió al anciano.

-Usted también se ve mucho mejor. Me alegra que pueda acompañarnos.-se acerco y beso la arrugada mejilla del hombre. El verlo de pie, aunque sostenido por un bastón, era una imagen mucho mas alentadora que el verlo postrado en una cama. De hecho esa mañana se veía en perfecto estado, aunque claro, no podían confiarse.

-No me lo perdería por nada querida.-tomo las manos de la joven y las apretó cariñosamente.-Todo saldrá bien.-aseguro plenamente, convencido que así seria. Bastaba solamente recordar lo que él había visto la noche del compromiso en los ojos de esos dos como para saberlo.

Rin sonrío enormemente.

-Lo se.-dijo con seguridad.

El anciano miro sus ojos verdes observando el fuego que había en ellos y le devolvió la sonrisa.

-¿Dónde están los demás?-pregunto Kalista de pronto.

Inutashio bufo impaciente, recordando la causa de su molestia anterior.

-Esa es una excelente pregunta Kalista. Kana ha ido a buscar a su marido, pero Sesshomaru no se donde...-

-El vendrá dentro de unos momentos.-aviso una voz proveniente de la puerta.

Rin se volvió rápidamente y clavo su mirada esmeralda en los ojos oscuros de su hermana. Kana le sonrío dulcemente enarcando una burlona ceja. Rin se dijo que no le molestaría para nada abofetearla de nuevo, pero gracias a Dios no se dejo llevar, en cambio contó hasta diez y se contuvo de preguntarle como lo sabia, aun así no era estupida, tenía perfectamente grabada en la memoria las palabras de su hermana.

-Te vas a arrepentir de esto.-juro llena de odio.

Sabia que Kana era capaz de muchas cosas, aun podía recordar muy bien la trampa que le había puesto hacia dos años, cuando había manipulado de tal manera a Kohaku haciéndole creer lo que ella deseaba. Pero no, Sesshomaru no era tan manejable como Kohaku ¿cierto?

La puerta se abrió por segunda ocasión, dejando paso a los hombres que en ese momento ocupaban sus pensamientos. La joven esquivo la mirada castaña rápidamente y se concentro en Sesshomaru.

Le dedico una hermosa sonrisa, pero de repente se quedo quieta mirándolo a los ojos, la mirada dorada la traspaso como una espada, tembló involuntariamente y se estremeció al ver la salvaje expresión de sus ojos. El la miraba sin inmutarse, pero a pesar de eso ella podía sentir perfectamente su ardiente furia.

-Comencemos.-

Escuchó su voz, fría, oscura y controlada, pero aun a pesar de eso sintió la salvaje violencia detrás de ellas. Negó con la cabeza, tenia que tranquilizarse, esa era la única manera, vio a su madre y sonrío, recordando sus palabras.

-Mama yo...-

-No intentes negarlo Rin. Quizás yo trate de hacerlo, pero tus ojos no mienten querida, nunca lo han hecho. Eres demasiado expresiva incluso desde que eras una niña. ¿Estas enamorada de Kohaku cierto?-pregunto suavemente, mirándola con sus ojos negros, haciéndole saber que no se lo reprochaba o la culpaba por ello.

Rin se quedo en silencio unos eternos minutos pero después negó suavemente con la cabeza.

-Lo estuve pero...pero ya no.-aseguro.

No sabía desde cuando había dejado de estarlo, pero lo había sabido al sentir sus labios sobre los suyos, al escucharlo decir que ahora podían estar juntos de una manera tan egoísta, como si todo lo que paso no hubiera sucedido nunca, había visto una faceta suya que jamás había conocido.

Seguramente él tampoco estaba enamorado de ella, era tan solo una ilusión, un espejismo, su frustración. Cuando una persona amaba a otra, confiaban el uno en el otro, enfrentaban los problemas juntos, compartiendo sus penas y alegrías. Ahora comprendía que quizás nunca había estado realmente enamorada de él, había sido quizás tan solo un tonto enamoramiento, pero fuera lo que fuera que había sentido por él se había muerto, había tratado de explicárselo, de decirle que ya no lo amaba, pero él había malinterpretado sus palabras. Sabia que quizás eso que había sentido al verlo de nuevo no era el dolor del desamor, si no tan solo lastima por él.

Aun así, extrañamente no se arrepentía de nada, las cosas habían pasado por una razón y ahora ella era más fuerte, una mujer que decía lo que pensaba y tomaba lo que quería. Ese episodio de su vida le había servido para saber que tenía que luchar por lo que quería y había formado su carácter.

Kalista sonrío un poco, entendiendo.

-Me alegra escuchar eso cariño. Me alegra mucho ¿Qué no lo ves?-tomo su rostro en sus manos y la hizo verla a la cara.-Esta es tu oportunidad de ser feliz mi amor. Puedes comenzar de nuevo, eres dueña de tu destino y eres libre de decidir que hacer con él. Sesshomaru es un buen hombre, un hombre del cual te puedes enamorar.-

Rin cerró los ojos, pensando en un interesante hecho que había tenido lugar en su oficina hacia dos días, cuando Sesshomaru se había presentado en las empresas Matsumoto para comunicarle la "libre" decisión de parte del Departamento de Estado por terminar la investigación que tenia en su contra-de lo cual no se había enterado hasta la noche cuando había regresado a la mansión-. Un hecho que había tenido un segundo lugar cuando había entrado a su oficina y visto a Kenji.

-Despídelo.-había dicho simplemente una vez que Kenji había salido.

Ella por supuesto, había explotado. No solo por el hecho de que era un arrogante empedernido que creía que podía hacer y deshacer lo que quisiera en su todavía empresa, si no porque además COMO DIABLOS SE LE OCURRIA DECIRLE A ELLA QUE TENIA QUE HACER.

-¡No!-grito poniéndose de pie y haciéndole frente, con el rostro rojo de furia.-No pienso despedirlo me escuchas, desde que llegue aquí él ha sido mi asistente y seguirá siéndolo.-

Sesshomaru la había visto a los ojos con la mirada dorada clavada en la suya.

-Entonces es tiempo de que consigas otro.-alego alzando la voz también.

Los dos estaban tan concentrados echándose miradas furiosas que ni siquiera se podían imaginar que no solo ellos disfrutaban de la amena conversación, de la cual el personal que se encontraba afuera estaba mas que pendiente, en especial Kenji que permanecía pegado a la puerta. Rin respiro hondo acercándose un poco más a él.

-Dije que no. Y para que lo sepas ¡No me importa lo que tu pienses!-dijo clavando su dedo índice en el fuerte pecho masculino.

Por toda respuesta él había sonreído. Rin se había quedado con la boca abierta, desde que lo había conocido no había visto ni siquiera algo en su rostro que se asemejara a una pequeña sonrisita, en cambio ahora sus labios estaban curveados en una sexy sonrisa divertida, que Dios, lo hacia lucir condenadamente guapo. Estaba tan absorta mirándolo que ni siquiera se dio cuenta parecía una completa imbecil.

-Yo...-dijo intentando decir algo que pareciera remotamente inteligente, a decirle "deberías sonreír más a menudo"-No pienso despedir a Kenji.-balbuceó como ultimo recurso.

-De acuerdo.-había contestado él.

Después se había dado la vuelta elegantemente, saliendo de la oficina, dejándola mas confundida de lo que había estado en toda su vida.

-No creo que eso pase nunca mama.-aseguro pesadamente.

Kalista sonrío misteriosamente.

-Nunca digas nunca.-

Su madre tenía razón, tenían que intentarlo, por su parte al menos la furia ciega que había sentido al saber la noticia de que seria su esposa ya se había desvanecido, se había sentido algo insegura, en especial en la loca semana que habían estado viviendo, en la cual apenas y lo había visto, pero tan solo le bastaba el recordar el beso que habían compartido para creer que podían intentarlo y lograrlo.

Lo miro resuelta, con la cabeza en alto y sus ojos fijos en los suyos. Jade contra dorado. Eso apenas estaba comenzando y solo había dos opciones, podían llevarse bien o hacerse la vida imposible y él parecía inclinarse por la segunda posición.

Bien, iba a ver un ganador y un perdedor y ella...no se iba a dar por vencida.

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Se miro en el espejo y paso una vez más el cepillo por su largo cabello ébano aun húmedo por el baño, haciendo que la hermosa joya que adornaba su dedo anular brillara. Ahora era oficial.

Era la señora Tashio.

Se levanto lentamente del pequeño banco y se deshizo de la fina bata de seda que llevaba puesta, quedando tan solo con un delicado camisón para dormir. Se acomodo en la enorme cama debajo de las colchas, sin ser consiente de lo hermoso y sobrio de la habitación, o de las suaves sabanas nuevas y lo amplio del lecho matrimonial.

Cosas mucho mas importantes ocupaban su mente.

-Acepto.-

Rin escucho su propia voz como algo lejano y hueco, había sido un sonido ahogado y tembloroso e incluso dudaba que fuera su voz, aun sabiendo que nadie mas pudo haber contestado, pues todos se encontraban en silencio, escuchando atentamente sus palabras después de que Sesshomaru terminara de hablar. Una cosa era estar preparada para ir a la guerra, pero otra mucho muy diferente estar en ella.

Se negó a ver a Sesshomaru a los ojos consiente de que él notaria su nerviosismo, eso era un lujo que no se iba a permitir mostrarle.

-Si nadie tiene nada que decir que impida la unión de estos dos jóvenes...-Rin se tenso un angustioso segundo en el que miro de soslayo a Kohaku, pero su respiración se tranquilizo al verlo a los ojos y saber que no seria capaz de detener la boda.- Los declaro marido y mujer. Señor Tashio puede besar a la novia.-anuncio feliz el juez.

Y Sesshomaru lo hizo. Vaya que si lo hizo.

Había tomado entre sus fuertes brazos su delicada cintura, alzándola hasta que ella había quedado a su altura, obligándola a verlo a los ojos y después había acercado lentamente su rostro al suyo, fundiendo sus labios.

Su beso había sido completamente diferente, prácticamente brutal. El casi había arañado sus labios tomándolos con los suyos dejando la suavidad de lado y eso, extrañamente no le había disgustado. Al contrario, ella le había respondido con la misma ansia, su lengua había salido en busca de los deliciosos labios masculinos que atacaban sin ninguna tregua sus dulces labios, mordiéndolos suavemente.

Para cuando el beso termino, la cabeza le daba vueltas y respiraba agitadamente, tenia sus uñas clavadas en los fuertes brazos masculinos sin ser apenas consiente de nada, excepto de su sabor y aroma.

Alzo el rostro y lo miro.

Los esmeralda se abrieron de par en par al ver como los ojos dorados la quemaban dejándola sin respiración al verlos como carbones ardiendo y Rin supo en esos instantes que su beso no había sido otra cosa que una advertencia.

Una manera de castigo.

Se alejo de él soltándose de su abrazo, asqueada con ella misma por haberle correspondido tan ávidamente, sin ser consiente que eran los fuertes brazos masculinos los que la mantenían en pie. Trastabillo, pero él la cargo rápidamente.

-Tranquila.-susurro Sesshomaru cuando intento bajarse mientras la llevaba hasta un sillón, donde se sentó y la acomodo en sus piernas, reteniéndola por la cintura.

Kalista e Inutashio se acercaron rápidamente.

-¿Estas bien Rin?-pregunto Inutashio preocupado.

La joven asintió, en esos instantes aunque hubiera querido, ninguna palabra hubiera abandonado sus labios y de ser así seguramente a Sesshomaru no le gustaría mucho lo que tenía que decirle. Kalista sonrío pícaramente.

-Seguramente es la emoción ¿no es así cariño?-

Rin miro a Sesshomaru a los ojos, observando el frío dorado de su mirada, estaba furioso, lo sabía y lo sentía, aunque aun no podía alcanzar a comprender el motivo de su descontrolada ira.

Bien, eso no importaba realmente, lo que si importaba –y mucho- era que su genio también estaba comenzado a despertar y vaya de que manera.

-Si mama es...la alegría.-dijo tragando en seco.

-Bueno, pues ya que esto paso me parece que hay una deliciosa comida que nos esta esperando ¿no es así?-pregunto Kana entusiasmada, mientras aun tomaba firmemente a Kohaku del brazo, impidiéndole acercarse a Rin, como había intentado hacerlo cuando cayo.

-Oh tienes razón hija. Pasemos al comedor.-

Inutashio tomo galantemente a Kalista del brazo y se volvió al juez y a la joven pareja.

-Me parece prudente adelantarnos, dentro de un segundo Rin y Sesshomaru nos acompañaran ¿verdad hijo?-pregunto al tiempo que buscaba la mirada dorada.

Sesshomaru asintió sin alejar un solo segundo su mirada de la de Rin. Cuando todos salieron y la puerta se cerró, el hielo glaciar de sus ojos era aun mas profundo. Dios, como era capaz de mostrar tantas emociones diferentes, pensó la esmeralda huyendo de esa desesperada furia, mientras intentaba bajarse de su regazo.

-Suéltame.-siseo entre dientes cuando no pudo hacerlo. Pero él no obedeció, contrario a eso su abrazo se hizo más fuerte. Rin lo miro por fin a los ojos.-¿Qué es lo que quieres?-pregunto lentamente.

Los ojos dorados brillaron.

-De ti...absolutamente nada.-dijo con desprecio.

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