Los primeros cinco días tras la fiesta en casa de Alice sólo mostraron que las cosas podrían, aunque en un principio no lo creyera, ser peores para él.

El acoso de parte de ciertas mujeres de la escuela resultaba asfixiante. Estaba seguro que él no tenía tantos encantos como para tener un club de admiradoras, por lo que podía apostar que todo se basaba en la recompensa.

Alice y Rosalie parecían felices de la larga lista de posibles novias. Todos los días preguntaban por la chica del vestido azul y él comenzaba a pensar que realmente todo había sido parte de su imaginación.

Ella no aparecía por ningún lado. Talvez se había cambiado de escuela tras el comunicado en los boletines del periódico escolar. Talvez lo consideraba un acosador. Talvez la había asustado y ella simplemente había huido de la ciudad. O talvez no estaba interesada.

Rosalie lo había entrevistado el martes, parecía de lo más interesada por saberlo todo de la chica del vestido azul. Ya se había cansado de repetir lo mismo:

Sus ojos podían haber sido marrones, oscuros o verdes. Su cabello era castaño o negro aunque talvez incluso pudo ser un poco rojizo. Su piel era blanca pero no sabía si la clase de blanco aceptable, el color que se obtiene tras años de encierro o si simplemente tenía piel albina. Su nariz era pequeña pero no como duendecillo. No recordaba sus orejas, ni su calzado, ni si tenía alguna cicatriz extraña y notable. Ella llevaba un vestido azul. ¿Eso era tan difícil de entender?

Alice, el miércoles, dio a conocer que realizaría una nueva fiesta el siguiente sábado si sus padres volvían a irse. Ellas esperaban que la chica del vestido azul asistiera, sin embargo, sus planes fueron cancelados cuando sus padres no dieron muestras de querer viajar.

El jueves Rosalie le había llevado bocetos de diferentes tipos de caras, estaba casi seguro de que el siguiente paso era llevar a un pintor para que la pintara según fuese describiéndola. No recordaba su tipo de cara, pudo ser cuadrada, rectangular e incluso triangular. ¿Acaso uno debe recordar todos los aspectos de una chica a la que se conoce en una fiesta de disfraces en medio de la oscuridad y el ruido de la música? No lo creía, aunque ellas parecían pensar lo contrario.

Isabella era la única que parecía abstenerse de preguntar sobre la chica del vestido azul. Aunque todo era por la falta de confianza y algo empezaba a hacer sentir a Edward que él no era del agrado de ella. Aunque aún no estaba seguro si creía que ella lo odiaba por las miradas que le lanzaba, porque lo ignoraba o porque se limitaba a marcharse en cuanto él comenzaba a hablar.

El viernes decidió que ella tampoco era de su total agrado. No entendía porque ella era una de las cinco chicas que usaban camisas polos con el escudo de la escuela y unos sencillos pantalones de mezclilla, no le gustaba que no usara maquillaje en absoluto o que siempre trajera todo su cabello agarrado en un diminuto molote detrás de su cabeza. Odiaba ese peinado, parecía un nido de pájaros y estaba decidido a comentárselo la próxima vez que saliera el tema del clima.

Lo único bueno de aquella semana eran las visitas que recibía tanto de Rosalie como de Alice todos los días, ellas parecían de lo más interesadas en platicar y él de alguna manera siempre agradecía su compañía a pesar de la situación.

Cierto día él pregunto a Rosalie por El hombre araña.

—Aún no ha llamado pero debe ser porque sin mascara es un hombre horrible o algo así. Y es una lástima porque yo no saldría con alguien con tan poco confianza.

—¿Saldrías con él aunque fuera horrible? — ella meneo su cabeza como si no importara en absoluto el aspecto de su pareja.

—Una amiga sale con un chico muy poco atractivo y sólo consiguió que la gente se fijara más en la belleza de ella. Ahora ella resulta ser una joya poco materialista y mejor persona.

—¿Estamos hablando de Clara de tu clase de biología? —ella asintió— Su novio parece una mutación de humano y orangután —la chica de los ojos verdes comenzó a reírse sin parar— Es la verdad.

—Creí que era la única que lo comparaba con un orangután —fue la hora de reír de Edward— y ella es más parecida a un pequeño ratón.

—Totalmente de acuerdo, ¿No te importa el físico?

—No, aunque no digo que no me atraen más los hombres con un buen trasero, de esos que se te antojan dar una mordida —Edward arrugó la nariz y sonrió.

—Eso ha sido demasiado gráfico.

—¿Y a ti?

—No me atraen los hombres o sus grandes traseros comestibles.

—No, eres un tonto. Me refiero al físico, ¿Te importa?

—No lo creo.

—¿No lo crees?

—Siempre y cuando ella no tenga alguna mutación extraña, creo que está bien, lo importante es como besen. Por ejemplo, la chica del vestido azul besaba… - Rosalie a su lado saltó y le dio un golpe en su pecho, impidiéndole continuar.

—¿Se besaron?, ¿Por qué jamás dijiste nada de besar? Eso sirve de mucho.

—¿Qué?

Edward se tomó la cabeza con las manos. Estaban teniendo una buena conversación hasta ese momento. ¿Por qué la chica del vestido azul siempre estaba presente? Se arrepentía de haber hablado de ella con otra mujer. La próxima vez se guardaría todos sus romances de una noche para sí mismo.

—¿Podrías reconocerla si la besaras? —preguntó Rosalie ansiosa por una respuesta afirmativa, Edward se encogió de hombros.

—No tengo idea.

—La semana que viene habrá una recaudación de fondos, podríamos ponerte a vender besos y talvez con suerte ella…

—No.

—Pero no me has dejado que termine de contarte

—Sé lo que vas a decir y mi respuesta es no. No voy a besar a chicas para recaudar fondos y no voy a besar chicas para encontrar a la chica del vestido azul. No y esa es mi última palabra – ambos se miraron a los ojos, los verdes de ella golpeaban con puños y patadas, pero por primera vez los ojos oscuros de él se mantuvieron firmes.

—Bien.

—Bien.

Alice era tan solo un poco menos obstinada que Rosalie. Al menos a ella también le había parecido una locura lo del puesto de besos el día de recaudación de fondos.

Las chicas seguían apareciendo y él seguía evitando hablar con alguna de ellas. Alice seguía preguntando a quienes habían ido a la fiesta, para encontrar información sobre la chica del vestido azul, pero hasta el momento no había nada nuevo.

¿Y él? Él solo quería que aquella locura del día de la fiesta quedara en el pasado.

Isabella era la única que parecía mantenerse alejada de toda aquella tontería de búsqueda de chica perfecta. Aunque se alejaba tanto que ni siquiera le dirigía la palabra. Simplemente parecía que él había dejado de ser de su agrado y ahora no permanecía en el mismo lugar que Edward si podía evitarlo.

—Está loca —dijo cierto día Edward cuando se sentó con sus dos amigas, viendo como Bella se alejaba de ellos para "Ir a comprar algo a la tienda fuera de la escuela"

—Creo que no le agradas. Seguramente es porque le pareces ridículo por eso de rechazar a tantas chicas buenas y guapas.

—No son guapas y no tienen nada parecido a ella.

—No sabes cómo es ella – le recordó Alice.

—Recuerdo ciertas cosas.

—Eres demasiado exigente —lo reprendió Rosalie con un ligero golpe en su hombro.

—Por eso no le agradas – volvió a decir Alice segura de sus palabras.

—Ella tampoco me agrada —aseguró Edward.

—Ni siquiera la conoces.

—La conozco lo suficiente para saber que no me agrada. La respeto solo porque ella ha respetado mi espacio a diferencia de ustedes.

—Volvemos al tema del espacio y el respeto. Tienes que superarlo.

Así que la primer semana paso sin ningún nuevo inconveniente, tendría que llegar la siguiente semana, el martes para poder obtener su segunda pista.