CAPITULO IV

Habían pasado casi dos semanas desde el incidente de Kagome, mismas que habia pasado en casa de Sango, la verdad es que estas eran verdaderas vacaciones para ella, sin ningún tipo de presión y con todo el tiempo disponible para abandonarse a su perpetuo estado de negación, respecto a cualquier problema.

Habia recibido varias visitas de su madre, quien afortunadamente siempre iba sola, en otras ocasiones era ella quien iba a visitarla a su trabajo, pero en ningún momento habia ido a la casa, a pesar de que se suponía que, durante la mañana esta se hallaba totalmente vacía, Kagome prefería no tentar a su suerte, sin embargo sabia que no podría posponerlo para siempre, en especial cuando la carta con el resultado de la universidad llegara, tendría que ir forzosamente, para hacer sus maletas y también para explicarle a su madre con mucha mas calma, sus planes de irse a vivir con su abuela.

-¡Kagome, mira esto! –Sango interrumpió su lectura, entrando como tornado en su habitación, sostenía un sobre membretado entre sus manos- ¡Es de la universidad, son mis resultados!

-¿Y que dice? –Kagome hizo una nota mental, para preguntarle a su madre sobre la carta, después de todo, si los resultados de Sango ya habían llegado, los de ella no debían de tardar mas- ¿Te aceptaron, verdad?

-No lo se, estoy muy nerviosa, me da miedo abrir el sobre –Sango se lo puso en la mano a Kagome – ábrelo tu, por favor, yo no me siento con el valor suficiente, vamos abrelo y luego me dices.

Kagome negó con la cabeza, le parecía muy tonto que actuara asi, pero si era lo que Sango quería, ella lo haría. Abrió el sobre y desdoblo la hoja que contenía con lentitud y gran parsimonia, mientras observaba de reojo la expresión angustiada de su amiga.

-¿Y bien?

-Pues –se tomo su tiempo, mientras Sango se arrepentía internamente por que Kagome le aumentaba los nervios- dice que te esperan la próxima semana para los tramites de inscripción del siguiente curso.

-Entonces, estoy dentro –Sango abrazo con fuerza a Kagome mientras gritaba de alegría- es genial, por un memento dude en lograrlo, pero...

-Oh, vamos, era obvio que lo lograrías eres una muy buena estudiante –Kagome le devolvió el abrazo.

Esa noche cunado los padres de sango regresaron del trabajo y Sango les comunico sus resultados, toda la familia compartió risas, abrazos y hasta un brindis en su honor, Kagome dudaba internamente que en su casa la situación fuese medianamente similar. Su madre habia abandonado la preparatoria en su primer año, para ella el trabajar y casarse eran mucho mas importantes que los estudios, asi que nunca habia visto los logros académicos de su hija como algo que debiera festejarse; quizás la única forma de que su madre la felicitara con los ojos anegados en llanto –como veía hacerlo a la madre de Sango en ese momento- era si le anunciara que estaba por casarse.

No pudo evitarlo, pero aquel pensamiento la deprimió, asi que le aviso a su amiga que no se sentía demasiado bien y se retiro a dormir temprano, no era que no se alegrara por su amiga, claro que lo hacia, simplemente no entendía, como era que, siendo del mismo poblado y con las mismas costumbres, ambas familias fuesen tan distintas.

-¿Ha donde vas? –Kagome se habia levantado temprano para salir ese di, en cuanto terminara el desayuno- Pensé que podrías acompañarme a lo de inscripción.

-¡Oh, Sango lo siento¿Por qué no me dijiste? –la verdad es que ni siquiera se habia planteado la posibilidad de acompañarla- Habia planeado ir al trabajo de mi mama a preguntarle respecto a mis resultados, es que, ya deberían haber llegado ¿no crees?

-Pues supongo que si, aunque como la escuela para la que solicitaste una plaza esta mas lejos, quizás se tarde mas –opino Sango- que te parece si te acompaño y después vamos a la escuela, mi papa me dejo las llaves del auto para que vaya a inscribirme, anda acompáñame.

-De acuerdo.

Para desgracia de Kagome su madre no tenia ni idea respecto a la correspondencia, pues al no estar Kagome en casa y dada la hora en que ella llegaba después del trabajo, quien recogía las cartas del buzón era su esposo. Según le dijo a Kagome, las cartas mas recientes estaban apiladas en la mesita de centro de la sala, pero ella nunca las habia revisado para ver si habia para Kagome.

-Bueno, apenas son las diez, si nos damos prisa podemos ir a la universidad, me inscribo y de regreso pasamos a tu casa, para que revises las cartas y el buzón –Kagome accedió, el plan era bueno, además de que, si Sango iba con ella a su casa, se sentiría mas tranquila- bien entonces vamonos.

La distancia en coche hasta la universidad donde Sango estudiaría era de veinte minutos, además de que, el camino estaba casi siempre despejado, de tal modo que llegaron sin contratiempos y Sango se dedico a cumplir con sus tramites, mientras Kagome se paseaba por el campus, como hacían muchos otros, era una universidad relativamente grande, a ella venían estudiantes de varios poblados aledaños, compuesta por edificios algo viejos aunque bastante bien conservados; a ella le encantaba ese lugar, en especial por sus extensos jardines y patios. De la universidad a donde ella habia hecho solicitud , no conocía nada, mas que las fotos del folleto informativo que le dieron en la preparatoria, pero estaba segura que, al encontrase en el centro de una ciudad, no estaría tan en contacto con la naturaleza.

Eran casi las dos de la tarde, cuando Sango y Kagome abandonaron las instalaciones de la universidad, la verdad era que ninguna esperaba que la inscripción llevara tanto tiempo, pero lo importante era que ya habían salido, ahora solo era cuestión de regresar atravesar el pueblo y de ahí tomar el camino que las llevaría a la casa d Kagome, claro que nunca contaron con que el camino de regreso tuviese inconvenientes.

Para poder llegar de la universidad al pueblo del que venían, debían incorporarse a la autopista, pero debido a lo escaso de los vehículos que circulaban por la zona, aquel nunca habia sido un detalle preocupante, sin importar que Sango fuese un poco nueva en eso de manejar, claro que jamás contó con que, al momento de abandonar el camino ara integrase a la autopista un enorme jeep negro, con toda la apariencia de ser del año, impactara contra la puerta trasera de su coche, ocasionando que este diera un giro que las coloco en sentido contrario, frente a frente con el otro vehiculo.

-¡¿Kagome, estas bien?! –Lo estaba, le dolía un poco el costado porque se habia ido hacia el lado de la puerta, pero afortunadamente ambas traían puesto el cinturón de seguridad- ¡ESE ESTUPIDO, QUIEN DEMONIOS LE DIJO QUE SABIA CONDUCIR!

Kagome vio como su amiga se liberaba del cinturón y abría su puerta, le costo trabajo, porque las manos le temblaban, pero a ella no le quedaba ninguna duda de que estaba furiosa, asi que se apresuro a salir ella también, pues no quería que su amiga se metiera en problemas.

-¿QUÉ ESTAS CIEGO, O QUE? –le grito Sango al chico que se encontraba examinando el daño recibido por su jeep, mismo que era casi imperceptible comparado con la enorme abolladura que ostentaba el coche en el que iban- ¡IMBECIL, DEBERIAS COMPRARTE ANTEOJOS!

-¡MIRA QUIEN HABLA, SALISTE DE QUIEN SABE DONDE SIN HAECR SIQUIERA UNA SEÑAL! –le respondió el otro, encarándola por primera vez y Kagome no pudo evitar notar cierto parecido con alguien, aunque no podía recordar con quien- ¡SEGURO ESTAS APRENDIENDO A MANEJAR Y ME CULPAS A MI!

Sango estuvo a punto de irse sobre el, pues estaba muy molesta, afortunadamente Kagome la detuvo, oportunidad que él aprovecho para apartarse y llamar a sus aseguradoras, despues ya que, según les dijo, él pagaría el golpe, aunque por el tono en que lo dijo fue como si quisiera restregarles su dinero en la cara, asiendo que Sango volviese a enfadarse.

Todo se soluciono, pero para cuando el conductor de la grúa que remolcaba su vehiculo las dejo en el pueblo, ya eran casi las seis.

-Lo siento mucho Kagome, por mi culpa no pudiste ir a tu casa temprano, pero si quieres podemos pagar un taxi –Kagome negó con la cabeza- ¿Estas segura?

-Claro, ya casi es hora de que mi padrastro llegue a casa y mamá seguro querria que nos quedáramos a cenar, mejor voy mañana.

-De acuerdo, pero de verdad lo siento.

-No te preocupes –Kagome le sonrió, la verdad que no estaba enfadada, por el contrario, sabia que lo que les habia pasado habia sido grave y también que no podía culpar a su amiga por ello.

Se dirigieron hacia la casa de sango pensando en lo que dirían sus padres cuando les explicaran por que llegaban sin el auto.

Mientas tanto en la casa de Kagome, su madre estaba preparando los ultimo detalles para la cena, era un poco difícil sin su hija en la casa, pues ella se hacia cargo de eso, pero no podía quejarse, ya que su hija parecía muy cómoda en casa de su amiga. Las luces del auto de su esposo entrando por el camino hacia la casa la hicieron darse mas prisa.

Se bajo del auto, la verdad es que no tenia muchas ganas de entrar a la casa, su "querida esposita" era demasiado cariñosa ahora que estaban solo ellos dos y la verdad le molestaba mucho, procuro caminar despacio y antes de entrar reviso el buzón, habia unas cuantas cartas, le molestaba que ella no se preocupara de esas cosas ¿Para eso era mujer no?, la mayoría eran cuentas por pagar pero una en especial llamo su atención; en un sobre con el nombre y escudo de una prestigiosa universidad del sur y dirigida a la "Señorita Kagome Higurashi", abrió la carta, habia sido aceptada. Una sonrisa apareció en su rostro, volvió a introducir la hoja de resultados dentro del sobre, saco su encendedor y le prendió fuego cuando estaba casi completamente consumido lo dejo caer al suelo donde termino por convertirse en cenizas.

-Amor ¿Por qué no entras? La cena ya esta lista –su esposa estaba parada en el marco de la puerta, para fortuna de él, el fuego ya se habia extinguido- ¿Qué sucede?

-Nada querida, solo admiraba las estrellas – se rió de su comentario y comenzó a subir los pequeños escalones que le llevarían dentro de la casa.