Los personajes no me pertenecen, exclusivamente a sus creadores, Nagita e Igarashi. Mundo alterno, época actual. Contenido Adulto y sexo explícito. Queda advertido.
La ilusión de Querer y Amar
Lamiendo las heridas...
Mis días después de la ruptura, fueron terribles, renuncie a mi empleo, no salía de casa, enfermé de depresión, comía demasiado, no dormía bien, subí de peso, estaba hecha una piltrafa, no me bañaba, andaba como muerta en vida, mi madre por primera vez intervino; entró a mi habitación.
- Candy, no puedes seguir así, cualquier cosa que te haya sucedido no es para tanto, la vida sigue, tienes por tanto vivir, no sano estar así. Me dijo directa.
- ¿Tú me dices esto?, ¿tú, qué tu vida está del carajo?, fingiendo una sonrisa cuando tú hombre se revuelca con cualquier fulana, por favor, ¿cómo puedes ser feliz así? eres patética, eres la burla de todos. Entonces: ¡PLAF! Me había dado una bofetada y me habló cómo nunca lo había hecho.
- Para empezar soy tú madre y no me debés juzgar, los problemas que tengo con tu padre no son de tú incumbencia, así como yo no juzgo tus decisiones, no permito que tú lo hagas, he respetado tu espacio, para no agobiarte con preguntas que no vas a querer contestar, esperando que te acerques a platicarlo, por eso no te he presionado y no pienso hacerlo, no porque no me importe, si no porque no quiero agobiarte, solo quiero que salgas y superes lo que sea que te tenga así.
Salió de mi habitación, dejándome unos folletos en mi cama; los tomé revise, eran de un programa de talleres que el gobierno patrocinada, entre ellos estaban; Estilista de Belleza, diseñó de moda, gastronomía, como obtener la certificación para instructor en formación y activación física, llamó mi atención lo de instructor en formación y activación física.
Recordé que no logré entrar a ninguna universidad como mis amigos, Anthony y Paty ellos si lograron matricularse. Dado a mi depresión, me aleje de todo y todos, me encerré en un círculo vicioso, lamiendo mis heridas.
Entonces decidí pedir información acerca de los talleres, me levanté, me bañe y baje, mi madre en la cocina preparando el desayuno, me vio de reojo, y dije:
- Lo siento. Ella sonrió
- No hay problema. Me dijo y agradecí que no se tocara mas el tema.
- Voy a salir... pediré información de los talleres. Dije al salir, sentí una ligera sensación de esperanza.
Llegué al lugar, era una escuela a toda regla, con salones equipados, llegué a la oficina, inmediatamente me inscribieron en una lista era totalmente gratis, las clases que yo elegí, empezarían en una semana me dieron lista de lo que necesitaba, ya estaba hecho solamente tendría que pagar mi certificación al finalizar el curso, duraría un año.
Entonces me di cuenta que tendría que buscar empleo, me arrepentí de haber renunciado a la pastelería. Caminé hacia mi antiguo empleo. Con la esperanza de recobrarlo.
Pero, sorpresa ya habían cerrado el lugar, pregunté y me dijeron que habían quebrado.
Ya no existía, sentí horrible, me fuí resignada, llegué a casa.
Mi madre pregunto que paso, le platique todo, lo de la pastelería, le dije que tengo que encontrar trabajo. Me dijo, que una amiga suya tiene un minisuper, y estaban solicitando personal que fuera, que ella hablaría con su amiga. Fui a una entrevista, fue rápido todo el proceso y en esta semana ya tenía empleo de medio tiempo, estaba por entrar a mis clases, mi vida tenía sentido otra vez.
Llegó primer día de clases entré al aula donde impartirán el taller. Estaban los que serían mis compañeros, los observé eran altos, delgados, entré en pánico, aflorando mis inseguridades, puesto que engorde como vil cerdo. Me di cuenta que fue mala idea la elección de mi ropa, portaba leggins, leotardo y tenis. Me sentía fea. Respiré y saludé, voltearon a verme, pero todos me saludaron amablemente, regresando a mi la seguridad, ya no me sentí mal, nadie me veía mal, al contrario todos eran simpáticos; se presentaron, conocí a Flammy Hilton, Jimmy Carter, nos hicimos amigos inmediatamente, en eso llegó el instructor era demasiado guapo, cuerpazo y gay... a partir de ese día empezo mi rutina, trabajar en el minisuper y mis clases.
Mi trabajo era estupendo me mantenía ocupada, hacia de todo, cobraba los clientes, acomodaba mercancía, conocí a Luisa encargada de despachar las carnes frías, simpática nos entendimos bien, congeniamos perfecto, así era mi rutina. En un abrir y cerrar de ojos habían pasado seis meses, me sentía nuevamente feliz en paz, pensaba que nada ni nadie podría alterar mi dinámica diaria, pero que equivocada estaba.
En el minisuper entraban y salían infinidad de proveedores, pero el que surtía el agua embotellada, era un señor no más de cincuenta años muy simpático y alegre, me caía muy bien bromeabamos yo le pagaba las facturas.
Ese día tocaba que nos surtieran el agua estaba ocupada acomodando notas y facturas no había demasiada gente, estaba tranquilo. Concentrada me encontraba, cuando alguien me saludo y preguntó:
- Buenos días señorita, ¿me podría indicar dónde puedo dejar las cajas del agua?. Me quede muy sorprendida porque no reconocí la voz, esa voz que me causo unos escalofríos, desde la cabeza hasta los pies. Levanté la vista lentamente, recorrí poco a poco esa atractiva figura, percatandome de un cuerpo delgado y musculoso, fije mi mirada a su cara, encontrándome con una hermosa sonrisa y con unos hermosos ojos azules como el cielo en primavera.
Ante mi estaba, un joven no mayor a los 25, con un rostro de ángel caído, guapísimo, tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no parecer una idiota, lo único que pude contestar: fue con otra pregunta.
- ¿ Y el señor Tomás? ¿qué paso con él? ¿porqué no vino? ¿todo bien, espero no esté enfermo?. *Ay Dios yo y mi bocota, saturandole de preguntas*. Él me contestó:
- No te preocupes, gracias por preguntar, el señor Tomás está muy bien, tan bien que anda de vacaciones, me toca cubrir su ruta. Así que estaré por tres semanas haciendo las entregas.
Mi mente estaba pensando ya en los días que estaría viéndo a este bello ejemplar, agradecía a mi instructor las friegas de ejercicios intensos a los que me tenía sometida, había bajado mucho de peso, mi cuerpo había sufrido un cambio muy favorable, el ejercicio era milagroso, mágico diría yo, ese día llevaba unos shorts cortos, con playera tipo polo, así era mi uniforme, no necesitabamos andar elegantes, puesto que nuestra labor de todos era acomodar la mercancía, pero me veía divina, estaba tan metida en mis pensamientos que no escuché nuevamente que me preguntaba:
- Disculpa, ¿dónde descargo las cajas?
- ¡Ah! Cierto, sígueme. Caminé adelante de él, para indicarle dónde estaba la bodega, sentía su mirada en mi espalda, en mis glúteos y piernas sentía que todo mi cuerpo se estremecía.
- ¿Qué me pasa?, ¿Porqué reaccionó así?. Sí, está lindo, ¿Lindo?, lo que le sigue, todo un galán. Llegamos a la bodega, le indique dónde dejar las cajas, descargó todo rápido y regresamos a la entrada, no me quitaba la mirada de encima, sentía que esos lindos ojos recorrían todo mi cuerpo, ahora de frente, no solo mi cuerpo, si no todo mi ser. Estaba nerviosa, me equivoqué al redactar la factura, la hice nuevamente, saqué dinero de la caja para pagarle, a la hora de indicarle dónde debía firmar la entrega, me salió una voz jadeante
- ¡Por Dios! ¿qué me pasa? ¿porqué estoy tan excitada?. Todavía me lo pregunto, ¡Candy concéntrate!. Tomó la pluma, rozó mis dedos. ahí venía nuevamente ese pinchazo, no solo lo sentí en el corazón, si no que también fue en la boca de estómago y lo mas vergonzoso que lo sentí en mi entre pierna, en mi sexo, sentí que me exitaba, me puse roja como la grana.
Regresé de mi éxtasis, él con una gran sonrisa me dijo:
- Un gusto servirte. observó mi gafete.
- ¿Candice?, me presento soy Albert Andley, un placer conocerte. Nos estrechamos las manos, pero lo que hizo fue besar mis nudillos, dió media vuelta y se fue. Me quedé petrificada con mil emociones solo me quedé pensando, ¡oh! ¡oh! ¡oh! Ahí voy de nuevo.
Continuará...
¿Qué pasará?, Candy vencerá sus miedos abrirá su corazón nuevamente a ¿Albert?.
Les dejo actualización, espero que estén pasando un lindo domingo familiar. Besos a todas.
