Disclaimer: Todo es de CBS, WarnerBros, Bill Prady y Chuck Lorre. Lo mío es la historia. Y Leonor Scott.
El Paradigma de la vecina de arriba
(By Cristtine.-)
Capítulo IV
—P-pero —balbuceé patéticamente. No podía quedarme. Y menos con el chico que había estado protagonizando mis últimos sueños. Y los que ocupaban parte de mis pensamientos.
—Créeme, para mí tampoco es una idea agradable.
—No es eso, Sheldon. Es algo mucho más complejo que no podrías entender —dije, mientras trataba de ordenar mis pensamientos.
—¿Acaso cuestionas mi inteligencia? —dijo a la defensiva—. Para tu información soy físico teórico, con dos doctorados y un magíster…
—No, Sheldon, no cuestiono tu inteligencia. Son solo… problemas míos —dije, para tratar de salvarme.
Cooper me miró por unos segundos y pareció entender que eran problemas femeninos y sin sentido como él los llamaba. Suspiré fuertemente al saber que hoy pasaría la noche con él. Y me preocupé de sobremanera, ya que mañana tenía examen y aún no comenzaba a estudiar.
Estuve casi una hora estudiando tranquilamente cuando Cooper comenzó a ver sus series de televisión. Si había algo que yo necesitaba era silencio. Y con Sheldon viendo la TV, no me concentraba mucho. Además de que temblaba de pies a cabeza con el simple pensamiento de que estaba sentada al lado del y que estábamos solos en el apartamento.
Vi la hora, eran pasadas las nueve de la noche y mi barriga ya rugía.
—¿Tienes hambre? —me preguntó, mientras ponía la televisión en mute y me miraba fijamente con aquellos ojos azules que tanto me gustaban.
Lo miré con cara de no entender. —¿Por qué preguntas eso?
—Tu barriga emite ruidos, que claramente es reflejo de que te faltan nutrientes. Además, el hecho que estés estudiando, quita energía y tu cerebro necesita azúcar para que las neuronas trabajen bien.
¿Acaso Sheldon estaba preocupado por mi?
—Sí, tengo algo de hambre…
—Okay, cenaremos algo. Podríamos ir a buscar comida china. Hoy es noche de cenar en el Cheese Cake Factory, pero como Penny no está, puedo hacer una excepción… ¿No te importa que haga este cambio sin haberte avisado previamente? —dijo, mirando las imágenes en la televisión.
—Tengo una idea mejor —dije, guardando las guías en el bolso—, podría hacer la cena aquí —sentí como las mejillas me ardían cuando dije todo eso. Cooper me miró sin comprender—, si no te molesta —añadí.
Sheldon lo meditó unos segundos. —No es mala idea, pensando el hecho que gastamos a la semana más de cincuenta dólares en comida; el refrigerador y las alacenas están llenas de abarrotes que no consumimos y además…
—Okay, Sheldon, ya entendí —dije con una media sonrisa—. No necesito explicaciones. En mi casa era yo la que cocinaba los fines de semana —reí suavemente.
Me levanté del sillón y fui hacia la cocina. Me fijé que no había muchas cosas, pero con lo que había podía hacer una cena decente. Y lucirme un poco con Sheldon.
Estaba preparando los macarrones con queso, cuando sentí unos leves pasos acercándose. Miré de reojo y vi la figura de Sheldon acercarse hacia donde yo estaba cocinando. Comencé a tararear una canción para no desconcentrarme en lo que estaba haciendo y fijarme en la proximidad en la que estábamos.
Esperen… ¿proximidad entre ambos?
Miré de reojo por mi hombro izquierdo y vi lo cerca que estábamos. Mi corazón comenzó a palpitar fuertemente, tanto, que remecía mi cuerpo con cada sacudida de éste.
De la nada, dos brazos rodearon mis caderas, presionando mi espalda con el torso de Cooper. Su mentón se apoyó en mi hombro izquierdo, mientras que millones de mariposas revolotearon en mi barriga, mandando millones de descargas eléctricas a todo mi cuerpo. Su rostro se movió un poco, lo suficiente para que su boca quedara a la altura de mi oído.
—¿Sabías que puedo escuchar perfectamente los latidos de tu corazón? —dijo con una voz profunda que hizo que mi cuerpo se derritiera como la mantequilla ante el sonido de su voz. Su aliento hizo cosquillas por todo mi cuello, haciendo que murmurara de goce.
—No —dije con voz suave.
—¿Decías algo, Leonor? —dijo Sheldon.
Oh, cruel imaginación. Todo había sido una jugarreta de mi inquieta mente.
Sheldon estaba sentado al frente de su laptop. Se había movido, sí, pero del sillón a la silla al frente de su computadora. No había pasado nada de lo que había vivido.
—No, sólo reflexionaba —dije, mientras el carmín subía a mis mejillas—. La cena estará lista en unos minutos —añadí.
Suspiré fuertemente. Tenía que calmarme y no imaginar tantas cosas. Era prácticamente imposible que algo sucediera entre los dos.
—La cena está lista —dije después de unos minutos, mientras ponía la ensalada en la mesita que había en la cocina. Sheldon se acercó y tomó uno de los platos con macarrones y fue a sentarse al sillón. Yo me quedé de pie, con mi plato servido y con el ceño fruncido.
—Sheldon.
—¿Qué ocurre? —dijo apunto de servirse un bocado.
—¿Te enseñaron buenas costumbres en tu casa? —dije, me sentaba en una de las sillas que había en la cocina.
—Sí… supongo. El hecho de crecer en una familia con valores cristianos y de obediencia a un ser superior llamado Dios, hace que uno tenga buenas costumbres como le dices tú.
—Sí, Sheldon, eso lo sé. Pero ¿acaso no te enseñaron que uno tenía que comer en la mesa? —apunté.
—Claro, pero es mi apartamento y puedo comer donde quiera. Y, además, diariamente como aquí —dijo señalando su lugar en el sillón—, no allá.
—Mira, te estoy pidiendo que actúes como una persona normal y que me acompañes a comer en la mesa, tal como tu mamá te enseñó —le pedí con una media sonrisa—, hace mucho que no comparto una cena con alguien.
Scott se veía algo afligida, así que a regañadientes tomé mi plato y fui a sentarme con ella en la mesa de la cocina.
—Gracias —dijo y sonaba sincera. Sonrió de medio lado y se sentó a un costado mío.
Miré mi plato de macarrones. No estaba muy seguro de cómo sabría eso. Pero mis prejuicios cambiaron cuando vi lo sabroso que estaba. No podía negarlo, Leonor tenía el dote culinario para que los macarrones quedaran como los que hacía Meemwa.
—Nunca había tenido la oportunidad de estar contigo, a solas —dijo, mientras comíamos. La miré de reojo y aquel rubor nuevamente subió a sus mejillas. Era extraño, ya se había ruborizado muchas veces en el tiempo que llevaba en el departamento. A lo mejor tenía fiebre—. Pensaba que jamás ibas a romper esa especie de ley de no hablarme —añadió.
—Ya te dije que es por el tiempo en que te quedes en el departamento.
—Pero… ¿por qué te enojaste tanto conmigo? —dijo, mirándome fijamente.
Solté el cubierto y la miré con obviedad. —¿Acaso necesitas un diagrama para que te explique las razones de mi malestar?
—¿Q-qué?
—Leonor, para serte sincero, me molestó mucho el hecho que, sin conocerme, me hayas tratado así el día en que llegaste al edificio.
—Lo siento —murmuró tenuemente, mientras miraba fijamente su plato con macarrones.
—Disculpa aceptada —dije y seguí comiendo.
—¿Amigos? —dijo, mientras extendía su mano. Una sonrisa de medio lado surcaba su rostro, como invitándome a ser parte de su círculo social.
Lo medité unos segundos. Conocer a gente nueva sería algo bueno. Y, bueno, Leonor es parte del círculo de amigos que tengo, así que tengo que aceptarla si o si.
—Amigos —dije, estrechando su mano por un instante.
—Okay —dijo, sonriendo.
Apenas estreché la mano de Sheldon, una extraña electricidad me recorrió mi brazo. Eso era algo nuevo, ya que solo había leído esas cosas en las novelas o en las series románticas. Era aterrador.
Quite la mano rápidamente, por miedo a que Cooper haya sentido aquella corriente. Lo miré, al parecer, no había sentido nada.
Seguimos comiendo en silencio, durante unos segundos. El silencio siempre era bueno, pero había una necesidad idiota en mí que quería hablarle a Cooper.
—Di algo —susurré patéticamente, mientras movía las hojas de lechuga con el tenedor.
—¿Porqué tendría que entablar conversación alguna contigo? —dijo y sentí como un suave crack sonaba en mi pecho.
—No sé… no me gustan los silencios —me excusé pobremente.
—Bueno ¿Cómo estuvo tu día? —dijo y obviamente no sonó sincero. Sabía que lo estaba haciendo solo para complacerme.
—Bastante bien. La universidad es bastante difícil y extraño a mi familia y amigos de Forks ¿Tú no extrañas a tu familia?
—¿Extrañarla? —dijo confuso—. No lo sé, Leonor —y su nombre salido de sus labios se me antojó a chocolate—. Puede que a veces sienta nostalgia de ver a mi madre o a Meemwa, pero no sé si a eso se le llama 'extrañar' —dijo haciendo comillas con sus dedos.
—Ah —dije, sin saber muy bien que responder. El hecho de estar con Sheldon a pocos centímetros de distancia no era muy bueno para mi corazón, ya que latía rápidamente.
—Bueno, es hora de dormir —tomó los cubiertos y los tiró al fregadero—. Buenas noches, Leonor —dijo y dio media vuelta.
—¡Sheldon, espera! —le espeté. El aludido se volteó—, ¿dónde dormiré yo?
—Bueno, en el sillón —dijo, como si fuera la cosa más obvia—. Te traeré una almohada y una frazada para que estés más cómoda.
—Eso es grosero —dije, mientras el amor que sentía por Cooper se transformaba en un sentimiento no muy lindo—. De verdad que en tu hogar no te enseñaron a tratar a las mujeres.
—¿Qué me quieres decir…?
—Cooper, no pienso dormir en el sillón.
—Bueno, en mi habitación no vas dormir, ten eso por seguro
—Ya lo sabía, como eres un egoísta…
—¿¡Egoista yo! —Sheldon me miró con furia, nunca lo había visto así. Se acercó unos pasos, acortando la distancia que teníamos—. Te dejé entrar a mi departamento, Scott…
—Espera. Este departamento es tan tuyo como de Leonard. Así que no me vengas con cosas, Sheldon —sentía las orejas rojas. Y no era precisamente porque estaba sonrojada.
—Suenas como mi madre cuando ella se enoja.
—Mira, Sheldon, ese no es el punto —dije completamente hastiada—. Vamos a hacer una cosa. Voy a llamar a Leonard para ver si me presta su habitación por la noche. Hoy no llegará a dormir.
—Bueno, ya que tu vas a hacer eso… Buenas noches y hasta mañana —dijo con desdén y se fue hacia su habitación.
Tomé mi móvil y marqué el número de Leonard.
Por favor, espero que no esté en eso con Penny, moriría de vergüenza el resto de mi vida, rogué.
Tenía abrazada a Penny. Ambos estábamos exhaustos después de tanto… ejercicio.
—Gracias —dije, mientras su cabello me hacía cosquillas.
—¿Porqué? —su sonrisa se atenuó más si aquello era posible.
—No lo sé… por todo, supongo —besé su frente suavemente.
La melodía de mi móvil comenzó a sonar por toda la habitación. No me imaginaba quien podría llamarme a estas horas. Estiré el brazo y tomé el teléfono de la mesita de noche.
—¿Diga?
—Leonard, soy yo, Leo —dijo una voz femenina al otro lado.
—Sí… ¿Ocurre algo? —pregunté, mientras me sentaba en la cama. Penny me miró sin entender. Separé un poco el móvil y le dije a mi novia que era Leonor.
—Bueno, las llaves de mi departamento se me quedaron en tu auto esta mañana…
—¡Oh, lo había olvidado! —dije, acordándome de la extraña mirada que me había dado Penny cuando la pasé a buscar al trabajo, había visto el llavero y erróneamente había pensado otra cosa—. Si quieres te las paso a dejar…
—Leonard, no es necesario. Estoy en tu departamento. Sheldon se ofreció a darme alojamiento esta noche. Y aparte que no quiero molestarte con Penny.
—Oh bueno —dije sin saber muy bien a qué punto quería llegar Leo.
—Te llamaba porque, tu amigo es un desconsiderado y quiere que duerma en el sillón —dijo con desdén. Pero tenía razón— Lo que yo me preguntaba, y si no te molesta, si me podrías prestar tu habitación esta noche.
—Claro, no hay problema.
—¡Gracias, Leonard! —dijo—. Que la pasen bien con Penny —añadió y cortó.
Dejé el móvil en la mesa. —Era Leonor. Se le quedaron las llaves en mi auto y ahora está en el departamento con Sheldon.
—Oh —murmuró—, espero que no enloquezca estando con él —añadió con una risita.
—No sé por qué… pero siento que algo va a pasar entre esos dos.
—¿Leo y Sheldon? No sueñes, Leonard. Es imposible que un robot tenga sentimientos hacia otra persona —dijo y ambos reímos.
A la mañana siguiente me levanté con mejor humor. Necesitaba el ánimo positivo, tenía que enfrentar un examen gigantesco.
Me levanté y fui a preparar el desayuno para mí y Sheldon. Pensar en ambos —de ese modo— hacía que mi barriga estallara en maripositas.
Estaba saliendo de la habitación cuando vi a Leonard entrar al departamento.
—¡Leonard! Nunca me había alegrado tanto por el solo hecho de verte —sonreí, mientras él reía suavemente.
—Leo, tus llaves —dijo, mientras me las tendía—, espero que tu estancia no haya sido tan mala —sonrió de medio lado.
—Ahora sé todo lo que tienes que lidiar con Sheldon… ¡y lo peor es que es todos los días! —y ambos reímos—. Bueno, creo que me iré, tengo cosas por hacer.
—Bueno, adiós, nos vemos hoy en la tarde —dijo, mientras tomaba mi bolso y le besaba la mejilla.
Salí del departamento y me desplomé en la escalera. Había sido una noche agotadora. Ahora tenía que reunir fuerzas para lo que me quedaba de día.
Y reunir fuerzas para que Sheldon saliera de mis pensamientos… y corazón.
Bueno… aquí está (: De hecho el capítulo lo tenía desde hace unas semanas atrás, pero no quise colgarlo tan encima, espero que les haya gustado, el capítulo fue hecho con amor & dedicación :3
El capítulo que viene es importantísimo y ya tengo la mitad escrita y puede que lo cuelgue a fines de mes (ya que se viene el estreno de Harry Potter 7 *O*, exámenes y más exámenes en la Universidad) por que estaré DEMASIADO ocupada estudiando :/ (espero que me entiendan (: ) Hay muchas ideas que están rondando por ahí… así que veremos que sucede en los capítulos que vienen :D
Ustedes saben que los reviews son el sueldo de un escritor ¿Llegamos a los 15?
Besos Sheldonianos ~
Cris.
