Disclaimer. No sory propietaria de Harry Potter ni de El Collar de Esmeraldas (el libro que inspiró este fic); yo sólo juego con mi imaginación.

Me he dado cuenta de que los capítulos están escritos un poco raros; pero era mi manera de escribir de hace unos años y me parece válida. Aclaro además que no es una transcripción del libro antes mencionado; conforme se avanza en la historia las cosas toman rumbos diferentes; aunque sí tengo que decir que los dos primeros capítulos son muy parecidos.


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CAPÍTULO 4. Mi nuevo comienzo.

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A las pocas semanas del compromiso nos casamos, la ironía fue que nos casamos en un día nada apropiado dada la manera en la que había sido acordada esta boda: un 14 de febrero, si… el Día de San Valentín o de los Enamorados, fue una fiesta soberbia, llena de opulencia y esplendor, toda Londres estuvo en la fiesta…bueno a excepción de Alice y su hermano Edward ya que ambos se había negado a participar en una ceremonia totalmente asqueante, en sus propias palabras (y a decir verdad también en las mías), además de que Edward me había dicho que no soportaría ver cómo otro me llevaba al altar y no sabía si se contendría a retarlo frente a todos en duelo, pero en mi opinión no estaba muy segura de que Edward saldría bien parado de un duelo con Potter, o James como ahora debía llamarlo, dado que nada indicaba que le faltara fuerza y sagacidad.

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En la fiesta no pude probar ni un bocado, James lo notó e insistió en que nos fuéramos para llegar antes del anochecer al puerto de Dover, en donde tomaríamos una embarcación para cruzar el Paso de Calais, para iniciar un viaje por Francia y después pasar a Italia, no me iba a ir mal, pensé con ironía; aunque la verdad me aterraba pasar semanas lejos de mi familia y amigos con la única compañía de alguien que era un perfecto desconocido para mí y sobre todo compartiendo la intimidad, hasta ahora había podido fingir, pero ya sola con él y sabiendo lo que tendría que pasar…

- Por fin pudimos salir de esto, no sabes cuanto me abatía.

Le di la razón aunque su pesar no era el mismo que el mío, me di cuenta de que aunque se casaba por los beneficios que le traería nuestro enlace, tales como socializar con gente de abolengo, no parecía sacar provecho de todo eso; supuse que se sentiría intimidado e inferior entre la gente de mi clase, aunque no por eso me despertaba compasión. Cuando llegamos a Dover, mis temores de compartir la intimidad con ese hombre reaparecieron, en la posada en la que nos detuvimos nos llevaron al cuarto reservado para nosotros, James salió a pedir algo al camarero y cuando volvió también trajeron la cena.

-Este mes siempre es muy frió, acércate al fuego y bebe un poco de brandy, no quiero que te resfríes…

Temblé ligeramente al tomar la copa, así que él la volvió a tomar; después me tomó de la mano y dijo tiernamente:

- Lily- comenzó diciéndome de ese modo que él había decidido decirme, el cual pocas personas usaban para referirse a mí y siempre en privado- siempre has estado rodeada de tus amigos, siempre con desenvoltura y naturalidad, pero este día en que te veo tal y como eres: joven y vulnerable, se que tal vez debí haberme esperado un poco más antes de casarme contigo, pero ahora ya somos marido y mujer. Se que te sorprenderás con lo que te diré, pero quiero que nos conozcamos ya que no hemos tenido la oportunidad de hacerlo, será extraño, pero empezaré nuestra vida de casados cortejándote así que he pedido otra habitación y así será hasta que tu lo decidas, ya que quiero que lo hagas cuando tu lo quieras y cuando me ames- al decir esto se ruborizó- bueno…tal vez eso sea demasiado, así que digamos que será cuando tú te sientas preparada, yo…se que ahora no sientes nada por mí, pero espero que eso cambie y he de decirte que haré todo lo posible por que así sea.

Sonreí aliviada, James también sonrió y se quedó a cenar conmigo, dijo que sólo comiera algo ligero, pues la travesía del día siguiente sería ardua. Y en efecto sus palabras fueron ciertas, ya que apenas el grandioso yate, propiedad de James (que había sido rebautizado como Lilian) salió del puerto sentí el vacío en mi estómago, pedí que me llevaran a mi cabina y decidí no salir de ahí hasta llegar a tierra, pero James bajó a buscarme e insistió en que saliera.

- Ven a ver el verdadero poder al contemplar las olas, ¿no te jactabas el día en que te conocí de dominar a los caballos? Esto igualmente es una muestra de poder.

Me llevó a cubierta y aunque las olas en verdad me intimidaban con su ferocidad, verlas me ayudó, y comencé a disfrutar junto con James de la elegancia del espectáculo; cuando ya estábamos cerca de Francia ya estaba segura, descansamos en Calais antes de seguir hacia París, me sorprendió que James hablaba un francés excepcional, yo sabía muy poco de ese idioma y me apenaba tener que usarlo a él como intérprete.

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Paris era todo esplendor aunque hacía apenas unos cuantos años atrás, Napoleón había sido derrotado por las fuerzas de Inglaterra, pensé que todo estaría mal, pero al parecer el pueblo francés no se abrumaba por todas las penas que habían pasado y todo era asombroso a mí alrededor y pronto descubrí que aunque yo no había escogido a James para pasar con él el resto de mis días, era un esposo considerado y generoso, pues me daba todo lo que le pedía y como no había intimidad entre nosotros todo era más llevadero, aún así yo no lo quería y no por que me complaciera en todo me sentía obligada a quererlo, para descargar todas mis frustraciones lo que hice fue comprarme de todo en las grandes tiendas en todo París, James me acompañaba siempre y hasta parecía que le entretenía y le hacía feliz satisfacer cada uno de mis placeres, así que cuando le dije que quería un vestido azul con flores tejidas me molestó que me dijera que eso era demasiado extravagante; estaba molesta pero al día siguiente él trajo a un modisto, le pidió que me hiciera un vestido con el corte más sencillo, con una tela de seda finísima de un delicado color rojo (no uno escarlata como lo usaban las actrices y las cortesanas); cuando el vestido estuvo listo y me lo puse pensé que jamás me había visto tan hermosa, yo sabía que era atractiva pero hoy me veía como nunca, el vestido era hermoso y sólo tenía pequeños detalles en hilos de plata en la parte baja, así como en la parte de la espalda; no puede dejar de apreciar que con el color de mi cabello mis ojos resaltaban aún más, he de admitir que mis ojos era lo que más me gustaban de mi apariencia. A pesar de que me opuse James me pidió que no utilizara ninguna joya.

-Eres tan bella que no necesitas ningún adorno- había dicho él; en momentos como este me sentía cohibida por su despliegue de afecto.

Cuando bajé James me estaba esperando en las escaleras, sentí como su mirada se posaba en mí y me inspeccionaba, pero extrañamente me sentí un tanto intimidada y superior al saber que no tenía ojos para nadie más que para mí, tuvimos una cena en un exclusivo restaurante parisino, en un momento de la velada James me tomó la mano y esto me tomó por sorpresa.

- Lily, he de decirte que esta noche te ves absolutamente hermosa, y creo que eso merece una celebración- dicho esto tomó una pequeña caja de madera tallada, la abrió y sacó de ella un hermoso collar de esmeraldas- quería hacerte un regalo especial, y cuando vi este collar no pude dejar de pensar en ti y en tus ojos- su mirada se posó por entero en mí y no puede evitar sonrojarme.

- Gra…gracias James, es tan bello…

James se levantó de la silla, tomó el collar, se acercó a mí y pasó para quedar a mis espaldas y me puso el collar, regresó sin más a su lugar y dijo:

-También era por esto que te pedí que no trajeras ninguna joya…

Cuando se había acercado a ponerme el collar no puede evitar sentí su aroma, era tan decididamente masculino y fuerte, tal y como era él. En el restaurante en el que estábamos, como era de la más exclusivos de París, siempre había gente de la más alta clase y, como había sido durante todo el viaje, las mujeres lanzaban miradas provocativas a James, quien parecía (o se hacía) como que no notaba nada, yo ya me había percatado de que las personas eran más abiertas a expresar sus emociones en Francia; si una mujer se acercaba a hablarle a James, lo que hacía era saludarla cordialmente y presentarme, cuando estábamos terminando la cena, una mujer que ya habíamos visto en otras ocasiones, pues se hospedaba en el mismo hotel, y que no paraba de insinuársele con la mirada a James aún a sabiendas de que iba conmigo, se acercó y dijo:

- Monsieur Potter, que alegría verlo…y lo mismo digo para usted Madame Potter.

Sin saber por qué me sentí molesta por la intrusión de aquella señora, y de un modo en que no supe mi humor cambió repentinamente.

- Agradecería que recordara que aún cuando me haya casado con un plebeyo he nacido en una noble cuna y…

- Madame Saint-Leon, un gusto en verla; pero creo que no debería de olvidar lo que mi esposa dice, así que por favor-dijo con un tono de ironía que nada me gustó-ella es Lady Lilian Evans de Potter, hija del conde de Surrey, haría bien en recordarlo- y le sonrió.

En ese momento me sentí ridiculizada. De regreso al hotel cada quien subió a su habitación y cuando me estaba preparando para dormir miré nuevamente el collar de esmeraldas y de pronto sentí una punzada de odio hacia quien me las había dado, ya que pensé que como tantos mercaderes, lo que James quería, al haberme comprado como a las esmeraldas era exhibirme, mostrar que él tenía todo el dinero que se necesitaba.

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Al día siguiente en el que visitamos Versalles, yo había estado de un humor gélido pese a las buenas explicaciones que James daba; parecía que él hubiera estado varias veces por acá. A la hora de la cena, un recado urgente lo distrajo, luego de terminar los alimentos con voz ausente me dijo:

-¿Te opondríamos a que regresáramos a Londres? Necesito atender un negocio urgente.

- Creí que iríamos a Italia, pero creo que si tus asuntos financieros no pueden esperar es mejor que regresemos cuanto antes.

-Gracias…aunque no creo que tenga la menor importancia no ir a Italia ahora…ya que Italia, según dicen, es un país para enamorados-y no se preocupó por bajar el tono de tristeza en su voz.


Jeje,esto se ve cada vez más interesante, y no porque lo escribo yo, eh? Espero que dejen reviews, por favor, ya sea para lanzar tomatazos o para decir lo que sea, gracias!

Por cierto y aclarando, los nombres de Edward y Alice se me ocurrieron a mí, al igual que sus características pues al momento en que comencé a escribir esta historia los libros de Crepúsculo ni siquiera eran conocidos (lo se, años...). Y no, no se parecen en nada a los personajes de la señora Meyer; es sólo una concidencia pues en ese siglo, estos nombres era más bien comunes.