Por alguna extraña razón, caminar junto al rubio no se sentía tan desagradable como otras veces. Si cualquier persona los viera, y no supiera de su situación, hasta parecerían una adorable pareja caminando tomados de la mano.

— ¿A dónde me llevas?

— Paciencia Tachikawa — sonrió — tu solo sígueme

Rodó los ojos — no tengo otra opción...

Avanzaron un par de calles hasta llegar a una feria del condado. La cara de sorpresa de Mimí era indescriptible.

— Taichi me mencionó una vez que te gustaban estas cosas — dijo esquivando su mirada con sus mejillas teñidas de rosa

— ¡Me encantan! Me recuerdan a mi infancia— sonrió

Parecía una niña despertando una mañana de navidad ansiosa de saber que se escondía bajo su árbol. Mimí estaba llena de sorpresas, cada vez se daba cuenta que no la conocía tanto como él pensaba. Tenía una actitud infantil de sorprenderse hasta con detalles insignificantes, era tan femenina y delicada que daban ganas de protegerla, sus ojos siempre tenían un brillo especial, que le costaba descifrar aún qué lo provocaba... Ella era tan... diferente a como acostumbraba a verla. Era fácil de predecir pero a la vez tan complicada, podía cambiar sus sentimientos de un segundo a otro, que ya ni siquiera sabía cómo darse cuenta de aquello.
Sonrió para sus adentros al darse cuenta de lo que estaba pensando respecto a ella, quizás, siempre se equivocó al juzgarla mal.

Que piensas Yamato... — movió suavemente su cabeza — No me digas que después de tantos años te estás fijando en ella...

— ¿Yama? — interrumpió sus pensamientos

La miró confundido

— ¿Nos quedaremos aquí parados todo el tiempo o vamos a entrar?

— Lo siento — se sonrojó — ¿A dónde quieres ir primero?

— ¡Vamos por el tiro al blanco!

Con emoción se adentró en la feria, jalando a Yamato tras ella.

— Tachikawa — se detuvo

Se volteó a verlo extrañada — ¿Pasa algo?

Miró sus manos esposadas ¿Qué pasaba por su cabeza? Ya había perdido la cordura al estar tanto tiempo pegado a ella, no tenía idea si lo que estaba a punto de hacer era por delirio o porque realmente así lo quería... Entrelazó sus dedos con los de la castaña, para disimular las esposas.

Mimí lo miró con los labios entre abiertos, como si quisiera decir algo, quizás quejarse... Un leve color rosa se posó en sus mejillas, pero sonrió, nada más que eso. Apretó con suavidad su mano y se volteó para seguir su camino hacia el tiro al blanco.

Su mente estuvo distraída durante la siguiente hora, solo veía a Mimí sonreír y divertirse, estaba comenzando a adorar esa mirada tan dulce, podría acostumbrarse a ella.

Ya estás delirando, Ishida... Mucho tiempo con esta castaña y se te está pegando lo sentimental...

Hace mucho tiempo que ella no se divertía como ahora. Cuando era pequeña, sus padres siempre la llevaban a la feria del condado. Ahora que ya estaba más grande, habían perdido esa tradición, su excusa siempre era "Ya estás grande... supongo que no te gustan esas cosas de niños". Que Ishida Yamato recordara lo mucho que ella amaba ese lugar, era un gran detalle. Sintió un nudo en su estómago al recordar eso, comenzó a ponerse nerviosa, pero sabía simular bien. Lo miró por el rabillo de su ojo, él se mostraba distraído, como si estuviera haciendo el mayor esfuerzo del mundo por llevarla allí.

— ¿Yamato? — lo interrumpió

— ¿Qué quieres?

— ¿Quieres comer algo?

Se encogió de hombros y se dirigieron a los puestos de comida. Ordenaron y luego se sentaron en una banca bajo un gran árbol.

— ¿Estás aburrido?

— No puedo decirte que es el mejor día de mi vida, pero... no es del todo malo estar aquí

Sonrió, la falsa indiferencia de Yamato ya le resultaba casi irónica. Él nunca sabía mentir, y eso ella lo conocía bien.
Las horas que habían pasado juntos ese día, le había mostrado una versión del rubio que creía desconocer. Bromista, alegre, atento, detallista... Cualidades que pensó que estaban extintas en Ishida, pero que no, solamente le costaba demostrarlas. Ella quería que a su lado no las ocultara más.

Que tonta eres Mimí, después de que te quiten estas esposas, Yamato volverá a ser el mismo idiota de siempre...

— Tachikawa...

— ¿mmm? — lo miró y él sonrió

— Tienes helado en el rostro

Sintió como el calor subía por sus mejillas, y fue peor aun cuando él acercó su mano a su mejilla para acariciarla suavemente y quitar el resto de helado que la había ensuciado.

— Gra-gracias — esquivó su mirada

Yamato sacó su móvil de su bolsillo para mirar la hora.

— Ya es tarde... mi ensayo comenzará dentro de poco

— ¿Ya nos tenemos que ir? — lo miró haciendo un mohín

Sonrió — ¿Quieres subir a una atracción más?

Se levantó emocionada arrastrando al rubio por todo el parque hasta llegar a la rueda de la fortuna.
Esperaron su turno para subir.
Una vez que el juego partió, Mimí se acercó a la orilla para mirar mejor el paisaje, mientras Yamato estaba sentado tras ella.

— ¿Te gusta?

— ¿Qué cosa? — lo miró extrañada

— Como se ve la ciudad desde aquí

— Si — sonrió — se ve todo tan tranquilo y majestuoso, siempre he querido venir por la noche ¡Debe ser tan romántico!

— ¿Cómo en una cita? — dijo indiferente

— ¡N-no! — dijo nerviosa — Más bien como...

— ¿Te parece el martes? — su voz sonaba indiferente, pero sus mejillas y la expresión de su rostro decían lo contrario — digo si no tienes nada más importante que hacer, yo lo...

— El martes está bien — dijo apartando su rostro y sentándose a su lado

El resto del paseo fue en completo silencio, pero no era incómodo. Sus manos se rozaban delicadamente, lanzando miles de sensaciones por todo su cuerpo. ¿Desde cuándo estar con Yamato le había parecido tan placentero?

No, Mimí... tú no puedes fijarte en él... No después de cómo se han tratado toda la vida... aunque... nunca es tarde para hacer las cosas bien...

A penas terminó el paseo en la rueda de la fortuna, Yamato volvió a sostener la mano de la castaña, y caminaron hasta su coche. Ninguna palabra en los siguientes veinte minutos que les tomó llegar hasta el salón donde ensayaba la banda, pero sonrisas cómplices se daban cada vez que sus ojos se encontraban.

— ¡Yamato! — gritaron al unísono los miembros al verlo llegar

— Mimí — sonrió el compañero de banda que anteriormente había estado con ellos — ¿Dónde se metieron?

— Oh, Michael, lamento haber desaparecido así yo...

— Tuvo una urgencia por ir al baño, ya sabes, algo le cayó mal al estómago y...

— ¡Ishida! — lo regañó avergonzada

— Son bromas — comenzó a reír — luego te explicamos, ahora no perdamos tiempo

Uno de los miembros, Henry, el baterista, notó como la mano de Ishida estaba encadenada a la de la castaña, lo miró extrañado.

— ¿Y cómo piensas tocar tu guitarra — apuntó a su mano — así?

Se encogió de hombros — Tachikawa me ayudará

Mimí lo miró extrañado, ella amaba la música, sabía tocar muy bien la guitarra, pero nunca de esa manera. Solo debía relajar su brazo para dejarse llevar por él y así no interrumpirlo.

El ensayo había comenzado, al principio fue una tortura, no se coordinaban, peleaban la mayor parte del tiempo, logrando así que sus compañeros perdieran la paciencia.

— ¡Cómo quieres que coopere si eres un bruto para tocar!

— ¡Oh si princesita me imagino que tu harías un mejor trabajo que yo! ¿no?

— ¡Hasta un simio podría hacer un mejor trabajo que tú!

— ¡Basta! — Gritó Michael — Por qué no mejor suspendemos el ensayo hasta que ustedes estén separados ¿sí?

— ¡Claro que no! — respondieron los dos

— Si crees que hasta un simio haría un mejor trabajo que yo, te desafío, Tachikawa

— ¿Qué quieres decir?

— Toca tú mi guitarra

— ¡Pero yo no sé las canciones!

Se encogió de hombros — ¿Entonces eres más boba que un simio?

— ¡Eres un idiota, trae acá!

Se acomodó la guitarra de Yamato, le saldría mucho más fácil hacer el rasgueo que estar en la posición anterior que la tenía el rubio. Era algo más sencillo y que él podría seguir su ritmo.
Con su mano disponible acomodó unas partituras frente a ella, mientras el baterista daba el inicio a la canción.
Yamato comenzó a cantar y ella a tocar.
El rubio se dejó llevar por el delicado tacto de la castaña, pero que estaba lleno de fuerza y seguridad. Nunca antes había tenido tan sensación excitante con la música.

— Demonios — dijo Hirokazu, el bajista — Ustedes sí que se complementan

— ¡NO! — gritaron ambos con las mejillas encendidas

— ¡Claro que sí! — Sonrió Michael — la forma en que Mimí lleva el compás y Yama intenta adecuarse a ti, es casi como si estuvieran destinados a estar juntos

Yamato miró a la castaña de reojo, y cómo esta se ponía nerviosa.

— Lástima que será solo por hoy, ya mañana volverá todo a la normalidad y haremos como si nada de lo que ocurrió este día sucedió

Mimí lo miró confundida, su voz sonaba segura y con fuerza... ¿Él realmente quería olvidar todo lo que pasó hoy?

El ensayo volvió a retomarse, Mimí se acostumbró rápido a las melodías, lo que dio un gran resultado. Sin embargo la fuerza con la que comenzó al principio ahora sonaba más débil, como si su ánimo y motivación hubiesen desaparecido.

El reloj marcaba las 11 pm. Ya era tarde y debía volver a su casa, se despidieron de los miembros de la banda y salieron del salón.

— ¿A dónde iremos hoy? — preguntó Yamato

— Me da lo mismo — dijo con indiferencia, logrando que él se extrañara

— ¿Pasó algo?

Lo miró con desaire y comenzó a caminar

— Vamos a mi casa... — dijo sin voltearse

Confundido, siguió los pasos de la castaña. El silencio que en algún momento se sintió tan cómodo entre ellos, volvía a transformase en un ambiente hostil.

Una vez que llegaron a la casa de los Tachikawa, entraron con cuidado, sus padres debían estar durmiendo y no quería que los vieran llegar juntos.
Caminaron hasta su habitación y le puso el seguro a la puerta. Sabía que la mañana siguiente su madre debía ir de compras con su padre, por lo que no estarían cuando despertara.

Agradeció que la cama de Mimí fuera grande, esta vez no dormiría en el suelo.

— Puedes dormir en el piso — dijo ella con molestia

— ¡Pero tu cama es enorme!

Se encogió de hombros — ¿Y?

— ¡No seas egoísta, Tachikawa!

— Es mi cama y yo decido que hacer con ella

— Eres tan infantil...

— Es problema mío, no tuyo — sonrió con sarcasmo

— ¡Ya me hartaste!

Se abalanzó sobre ella provocando que ambos cayeran sobre la suave cama color rosa. Mimí quedó aprisionada entre la colcha y el cuerpo del rubio.

— ¡Qué te pasa! — dijo con ira

— ¿Me vas a decir que te pasó?

— ¡No me pasa nada!

— Claro que sí, princesita

— Yamato ¡Sal ahora de arriba mío!

— ¡No hasta que me digas que tienes! Te estas comportando como una nena caprichosa nuevamente ¡Por la tarde te veías diferente!

— ¡Tú eres el que quiere que volvamos a estar como antes de este incidente!

Gritó en su rostro mientras sus ojos comenzaban a inundarse. Yamato la miró sorprendido y aflojó el peso que estaba manteniendo sobre ella, sentándose a su lado.

— Mimí yo...

— No Ishida, tienes razón, esto... lo de hoy ha sido un error solo... solo nos confundimos

— Pero... el martes...

— Olvídalo — volteó su rostro — no tiene sentido salir si ni siquiera nos llevamos bien...

Mimí se levantó y se metió a su cama mientras el rubio la observaba a su lado.

— Puedes dormir en el suelo...

— Como sea...

Tomó algunas almohadas y se recostó en el piso... una vez más.