Capítulo 4: Aprendiendo a ser Odish.
Al llegar a la estación, las brujas habían tomado un autobús a la capital: Oslo. Afortunadamente sus disfraces habían servido perfectamente y ninguna Omar las había reconocido. Aunque claro, eso podría deberse también a que Anna había cortado todo intento de comunicación mental que su clan había tenido con ella. Lo cierto es que se sentía culpable, pues no quería preocupar a su madre ni al resto de sus conocidos, pero ya no había marcha atrás. Aun así, al llegar a la estación les había mandado una carta explicando todo y esperando que la perdonaran.
Oslo era una ciudad muy grande, la más grande que Anna hubiera visto. Y ruidosa, llena de coches, motos, camiones y personas que corrían de un lado a otro. Era una ciudad agitada, y Anna esperaba que ellas dos pudieran confundirse entre tanta gente. El único problema era ¿Dónde iban a vivir?
—Elsa.—Anna la llamó mientras salían de la estación. La Odish se volteó y le dio una cálida sonrisa que hizo que a Anna le temblaran las piernas. Elsa había sido extremadamente amable y paciente con ella desde que habían salido de Arendelle, con una actitud protectora casi como de hermana mayor, y esto no había hecho más que incrementar su atracción hacia la imposiblemente bella joven. Casi todas sus dudas habían desaparecido. Casi.—Oye, me estaba preguntando… ¿Dónde vamos a vivir?
—Si te preocupa que nos encuentren las Omar, no te apures; he puesto un hechizo protector sobre ambas, así que nadie te reconocerá como una bruja… Excepto tal vez otra Odish, pero tienes el collar que te di.—Anna ya no se acordaba de que se había robado el collar antes de ir a buscar a Elsa, para cuestionarla también sobre éste, pero ahora se daba cuenta de que ya no lo necesitaba; tenía el conjuro que le había puesto su tía y, puesto que Elsa también necesitaba protección, decidió devolvérselo, aunque no quisiera desprenderse de éste; era como desprenderse de una parte de Elsa.
—Gracias, de verdad, me conmueve que quisieras mantenerme a salvo, pero… —Anna se mordió el labio y se quitó el collar, dándoselo a Elsa, quién la miró un poco dolida y desconcertada.—No lo necesito; mi tía me puso un conjuro para protegerme, y no quisiera que te pasara nada a ti. Por favor, póntelo.—Elsa pareció entender y, de mala gana, se puso el collar. No es que no quisiera usarlo, lo cierto es que le aterraba la posibilidad de que alguna bruja bebiera su sangre, pero sentía que había perdido una conexión importante con Anna. Aún así, al llevarlo puesto, notó que una sensación de calma y calor invadía su cuerpo y que sus poderes ya no estaban tan inestables. Cuando lo había usado en su forma de gato, esa sensación no había sido tan fuerte.
—Bueno, ya que está todo solucionado, ¿Qué te parece que vayamos a algún lugar en el que podamos conseguir dinero fácil para después rentar un cuarto en un lujoso hotel o, si quieres, comprar una mansión donde podamos vivir?
—Espera… ¿Qué?—Anna la miró como si le hubiera sugerido que tomaran un cohete y se fueran a la luna.
—¡Oh, es verdad!—Elsa exclamó.—Había olvidado que ustedes no usan la magia con fines egoístas… uhm… pero no creo que quieras vivir sin dinero y sin casa… ¿Verdad?—Elsa la miró de una forma que Anna supo que si ella decía que quería ser vagabunda y dormir bajo un puente el resto de su vida, la seguiría, lo cual de verdad la conmovió. Pero claro que Anna no quería eso.
—No, claro que no.—Anna se rio y Elsa sonrió aliviada.—Es solo que no estoy acostumbrada a que la magia pueda hacerte la vida fácil y, sinceramente, no conozco ningún hechizo útil para éstos casos. Pero, si tú me enseñas, creo que sería divertido.
—De acuerdo.—Elsa le dedicó una sonrisa cómplice.—Podemos probar unos cuantos trucos que me enseñó mi madre. No te preocupes; no dañaremos a nadie—Añadió cuando la cara de Anna se tornó preocupada—, sólo tomaremos lo que necesitemos.—Anna asintió y entonces Elsa le hizo la parada a un taxi que pasaba.
—¿A dónde las llevo, señoritas?—Preguntó el taxista.
—Al mejor casino que haya por aquí.—Elsa contestó sonriéndole a Anna con un aire travieso.
Antes de entrar al casino, Elsa la había llevado a una calle desierta cerca de ahí donde había conjurado otra ilusión de vestuario; esta vez parecían mujeres ricas y exitosas. Ambas tenían vestidos que se ceñían muy bien a sus cuerpos sin dejar de parecer refinados, joyas adornando sus cuerpos, bolsas elegantes y de marca, e incluso lentes de sol, aunque fuera invierno. Anna pensó que era una ilusión bastante convincente, y no pudo evitar que sus ojos inmediatamente empezaran a recorrer el cuerpo de su nueva amiga, y no precisamente de manera inocente. Aunque, claro está, Elsa hizo lo mismo con la pelirroja.
Hecho esto, ambas brujas entraron al casino donde fueron bien recibidas al enseñar sus identificaciones falsas. Después cambiaron todo el dinero ilusorio que había en sus bolsas por fichas para apostar. Anna nunca había estado en un casino, después de todo tenía tan solo 15 años, pero le fascinó y no podía esperar para probar todos los distintos juegos de apuestas que había en el lugar. Elsa, por otro lado, sí había ido a un casino hacía un tiempo con su madre (Para la Dama de hielo, pasar un tiempo de calidad con su hija era enseñarle magia para estafar a los jugadores) pero ésta vez se sentía con más confianza. Tal vez tuviera algo que ver con la joven Omar que la acompañaba en ésta ocasión y a quien desesperadamente deseaba impresionar.
—¿Qué quieres probar primero?—preguntó Elsa.
—No lo sé.—La sonrisa de Anna era tan grande que ocupaba casi todo su rostro y su excitación era bastante notoria, lo que hizo que la confianza de Elsa creciera todavía más.—¿Qué es lo que más te gusta a ti?
—Póker.—Elsa contestó encogiéndose de hombros.—Pero requiere demasiada concentración.
—¿Crees que no puedo concentrarme?—Preguntó Anna fingiendo estar ofendida.
—No en éste momento.—Contestó Elsa, riéndose al ver cómo la pelirroja hacía un puchero.—Tal vez más al rato. Primero te enseñaré algo más fácil ¿Qué tal…La ruleta?—Elsa señaló dicho juego.—Es bastante sencillo, incluso para alguien que jamás ha practicado magia Odish.
—Suena bien.—Anna asintió sonriendo y ambas se dirigieron hacia allá para hacer su primera apuesta.
La ruleta fue bastante divertida aunque (Anna pensó) la magia le restaba un poco la emoción, pero claro (se recordó), no estaban ahí por diversión, sino para ganar suficiente dinero como para vivir sin preocupaciones durante un buen tiempo.
Para su sorpresa, la magia Odish no era tan diferente de la Omar; en su cuerpo se sentía exactamente igual, e incluso su varita le servía con éstos fines. La única diferencia realmente era el propósito, la intención. Aún así, las primeras veces que intentó hacerlo tal como Elsa le había explicado, fueron un completo desastre y perdió casi todo su dinero. Sin embargo, la Odish fue paciente y ni una vez la regañó por no hacerlo como debía, a diferencia de su madre cuando le enseñaba magia… claro que su madre jamás le hubiera enseñado algo tan divertido como esto.
Después de ganar tres veces seguidas en la ruleta y compensar lo que había perdido con sus primeros cinco intentos, Anna siguió a Elsa entre diversos juegos con cada uno de los cuales la Odish le enseñaba un truco para ganar y ambas conseguían más dinero. La Omar no podía negar que esto de la magia Odish cada vez le parecía más y más atractivo… hasta que llegaron al Póker. Elsa había insistido en que ella jugara primero, diciendo que ella estaría a su lado ayudándola, pero aun así, una sensación de vacío se instaló en el estómago de Anna al sentarse en la mesa rodeada de varios hombres y mujeres, todos mayores que ella y ciertamente con mucha más experiencia que la miraban con sonrisas burlonas como si fuera una presa fácil.
Anna tragó saliva y levantó sus cartas: un 2 de corazones y un 5 de tréboles. Los demás empezaron a apostar, uno de ellos atreviéndose con 5 fichas rojas, lo que obligó a uno de ellos a desertar mientras los demás igualaron la apuesta. Anna hizo lo mismo; no se daría tan fácil por vencida. No quería que Elsa pensara que era una cobarde.
'Hey.'
Al escuchar la voz de Elsa dentro de su cabeza, Anna casi salta del susto, pero se contuvo. Ya le había pasado cuando otras brujas intentaban comunicarse con ella telepáticamente.
'No muestres tus emociones, de otro modo, los otros jugadores sabrán qué tipo de juego tienes.'
Anna asintió discretamente e hizo lo posible por mostrarse confiada, aunque realmente sus piernas temblaban por debajo de la mesa cuando el empleado del casino destapó la primera de 5 cartas: un 2 de picas.
'Bien, tienes un par. No es tan malo, pero aún podrías perder. No apuestes más de lo necesario.'
Las apuestas siguieron y otra vez Anna igualó la suya, procurando mantenerse calmada. Al menos ahora tenía un juego, y aún podía usar magia en caso necesario. Éste último pensamiento la tranquilizó un poco, pero no demasiado, pues más de un conjuro ilusorio (que era el único que podría usar) en menos de 24 horas era demasiado para una Omar.
El juego siguió. La siguiente carta resultó ser un as de corazones la cual, según Elsa, podría servir para hacer una escalera, que era mejor que un par, pero tendrían que esperar a ver cuáles eran las siguientes cartas. La siguiente fue otro 2, esta vez de diamantes, lo que hacía que Anna tuviera un trio, que era mejor a un par, así que Elsa la instó a apostar un poco más de lo debidamente necesario. Anna lo hizo con una sonrisa de triunfo, pero se desilusionó cuando ninguno de los tres jugadores que quedaban se fue y todos igualaron su apuesta como si no fuera la gran cosa.
La carta que fue destapada después resultó un Rey de tréboles, que realmente no afectaba a Anna, pero al parecer a uno de los otros jugadores sí porque apostó mucho más que los demás, obligando a uno de ellos a retirarse. Ahora sólo quedaban Anna, una señora con demasiadas joyas encima y un hombre robusto con traje. La Omar se sentía pequeña e insignificante, de hecho, de no ser por la voz de Elsa dándole ánimos, probablemente se habría retirado hace mucho.
Para gran expectación de todos (La suma apostada era extremadamente alta), la última carta fue destapada revelando una Reina de corazones, para gran desilusión de Anna; esperaba que fuera un 2 de tréboles.
'Está bien, tranquila.' Le habló Elsa. 'Aún puedes hacer un conjuro ilusorio. Transforma ese 5 en un 2, de ese modo tendrás un póker.'
Anna respiró hondo y con su varita (Que estaba dentro de la manga del lujoso abrigo que Elsa le había aparecido) tocó discretamente la carta, transformándola en un 2 de tréboles y rezando porque ésa carta no la tuviera otro jugador. Instantáneamente, toda su energía mágica la abandonó y se sintió agotada, pero afortunadamente el hechizo había funcionado, y justo a tiempo; era hora de que los jugadores mostraran sus cartas y dijeran su juego.
La mujer tenía un trio de Reinas, lo cual era bastante impresionante, pero no lo suficiente para ganarle al Póker que Anna anunció con gran orgullo… para después ser sobrepasado aplastantemente por la escalera real de corazones que tenía el sujeto de traje.
Anna quería morir. Ni siquiera sus más grandes esfuerzos le habían bastado para ganar, era un fracaso, quería ponerse a llorar, pero sabía que eso sólo la haría ver más patética ante el hombre de traje que se estaba riendo estruendosamente mientras tomaba el extravagante premio, ante la señora llena de joyas que miraba todo con expresión aburrida, ante los curiosos espectadores, pero sobre todo ante Elsa. La Omar no quería ver a la Odish a la cara y presenciar la desilusión que debía haber en sus ojos. No se creía capaz de enfrentarse a eso.
Entonces, una suave mano se recargó en su hombro y Anna volteó para encontrarse con los amables ojos de Elsa mirándola, no con desilusión, sino con orgullo.
—Lo hiciste bien.—Dijo Elsa.—No siempre se gana en el Póker, ni siquiera con magia, pero fuiste muy valiente al permanecer hasta el final y arriesgarte a hacer un conjuro de ilusión; sé que no es fácil para las Omar.
Anna asintió mientras lágrimas salían de sus ojos, pero no lágrimas de tristeza o de desesperación, sino lágrimas de gratitud hacia Elsa, pues ella la había hecho sentir mejor consigo misma, aún después de cometer un error y perder la mitad del dinero que se habían ganado con gran esfuerzo las últimas horas. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre ella y la abrazó, murmurando palabras de agradecimiento. Elsa la abrazó con entusiasmo pero sólo brevemente, antes de dar un paso atrás y sostenerla de los hombros.
—Por mucho que me gustaría abrazarte durante el resto del día—Dijo—, un juego de Póker me está esperando… a menos que no te sientas bien…—Un matiz de duda se apoderó de sus facciones.—¿Estás bien?
—Si.—Contestó Anna limpiándose las lágrimas.—Estoy bien, ve a jugar.—Le sonrió y Elsa respondió al gesto antes de sentarse con una pose rígida y una expresión seria. Ni siquiera parecía la misma Elsa de hace dos segundos; incluso sus ojos se habían vuelto fríos, dignos de una bruja Odish. A Anna le dio un escalofrío, pero no estaba segura de si era por miedo o por… algo más.
Cuando el juego empezó, Anna notó que a Elsa no le estaba yendo muy bien; las cartas que tenía no hacían para nada una buena combinación con aquellas que destapaban en la mesa, pero aun así la rubia seguía apostando como si tuviera el triunfo asegurado, mirando a los otros jugadores de una manera intimidante con una actitud tan segura de sí misma que, si Anna no tuviera una vista perfecta de las cartas de Elsa, creería que tenía un juego perfecto. Esto al parecer funcionó con los otros jugadores quienes, poco a poco, se fueron retirando hasta que sólo quedaban en la mesa Elsa, un joven bastante fanfarrón y un hombre maduro que, por que Anna podía ver, tenía mucha experiencia… y probablemente cartas extremadamente buenas.
Era tiempo de apostar antes de que se revelara la última carta. El hombre apostó una cantidad enorme que Elsa no dudó en igualar, pero cuando el joven iba a hacer lo mismo, Elsa carraspeó para llamar su atención, logrando que sus ojos se encontraran. Fatal error. La hipnosis óptica era un arte que todas las Odish poseían de nacimiento, así que a Elsa no le costó ningún trabajo hacer que el muchacho se acobardara y decidiera retirarse en el último momento, dejando sólo a Elsa con el otro hombre.
Fue entonces cuando Anna se dio cuenta de que el Póker no era sólo cuestión de azar y de apuestas, ni siquiera de dominar la magia a la perfección. Elsa había usado otro tipo de ilusión, una que cualquiera experto en el arte de engañar era capaz de hacer; se había presentado a sí misma como una ganadora, una mujer que nunca perdía, acostumbrada a que los otros se arrodillaran ante ella. Había creado una ilusión con sus acciones y sus palabras, y todos le habían creído. De hecho, si Anna no la conociera probablemente lo habría creído también pero, aunque sabía que era sólo una treta, la pelirroja no pudo evitar sentirse extremadamente atraída hacia esa actitud segura y confiada que hacía ver a Elsa aún más sexy de lo normal, si es que eso era posible. Claro que le gustaba más la Elsa real, la tierna y amable, la que había arriesgado todo para protegerla, pero no pudo evitar pensar que una Elsa como esa que se encontraba jugando póker sería mucho más excitante en la cama…
¿De dónde demonios salió eso?
Anna cerró los ojos mientras sentía la sangre fluir a sus mejillas. No debería estar pensando en eso, pero no podía evitarlo. Elsa era endemoniadamente atractiva. Trató de calmarse tomando grandes bocanadas de aire para poder abrir los ojos y ver el resultado del juego. La última carta había sido revelada y era una Reina de picas. El hombre entonces mostró su jugada y era un full, con dos reinas y tres sietes, bastante buena de hecho, pero Elsa cambió sus cartas por 2 reinas, una de corazones y otra de tréboles, justo antes de enseñarlas. El resultado fue que Elsa tenía un póker de reinas y ganaba el juego. Y la gran suma de dinero que eso implicaba.
En cuanto Elsa se levantó, Anna inmediatamente se abalanzó sobre ella y la abrazó dando saltitos de alegría. Elsa sólo la observó por un segundo antes de echarse a reír y abrazarla también, volviendo a ser la misma chica dulce de siempre.
Anna nunca se sintió tan feliz de estar con alguien y, considerando que había dejado a su clan y a su familia el día anterior, era bastante extraño, pero para Anna, esto solo significaba que había elegido bien; Elsa valía ese sacrificio y más. Ese día la había hecho sentir libre y le había enseñado lo que es la diversión, cosa que la Omar jamás hubiera experimentado de haber permanecido en su casa.
Su sonrisa no desapareció en todo el día.
Después de salir del casino, ambas brujas habían ido a buscar un lindo hotel donde pasar la noche para después ir a comprar ropa pues ninguna de ellas llevaba más de lo que tenía puesto que, quitando la ilusión, no era mucho. Después se habían retirado a su hotel a asearse y descansar.
Al día siguiente Anna se levantó tarde, por ahí de las diez, sólo para darse cuenta de que Elsa ya no se encontraba en la habitación. Por un momento la invadió el pánico, pero luego escuchó que alguien abría la puerta y, cuando se fue a asomar, vio que era Elsa.
—Hola.—La saludó con una sonrisa.—¿Dónde estabas?
—Hola, sólo fui a pedir algo de desayunar.—Contestó.—Espero que te guste el chocolate caliente y krumkake.
—¡Me encanta!—Anna exclamó.—Me leíste la mente, pero ¿Sabes que puedes simplemente llamar para que te lo traigan?
—Lo sé.—Elsa se encogió de hombros.—Pero quería estirar las piernas.
En ese momento tocaron a la puerta y Elsa le abrió al empleado del hotel que llevaba un carrito con sus respectivos desayunos. Una vez que éstos estuvieron en la mesa, Elsa pagó y ambas jóvenes se sentaron a comer, Anna con exagerado entusiasmo.
—¿Sabes? Dudo que esto sea saludable.—Comentó mientras le daba una gran mordida a su krumkake.
—No lo es.—Elsa admitió.—Sólo pensé que sería bueno celebrar de alguna forma el que no nos hayan capturado.
—Y que hayas ganado ayer en el póker.—Anna habló con la boca llena, lo que hizo que la rubia se riera suavemente cubriéndose con su mano, algo que realmente la hacía ver adorable.
—No fue mucho, en serio. Sólo práctica. Las Odish somos expertas cuando se trata de fingir ser algo que no somos. Es una habilidad indispensable cuando asechas a tu presa.
—¿Las Omar?—De pronto a Anna se le fue el apetito.
—Si.—Elsa suspiró.—Lo siento, es lo que mi madre siempre me decía. Pero sabes que yo jamás dañaría a nadie.—La cara de Elsa reflejaba tal preocupación y miedo de ser rechazada que Anna no pudo seguir molesta.
—Lo sé, no te preocupes.—Anna le dio un sorbo a su chocolate.—Lo cierto es que tu actuación fue bastante impresionante. Me gustaría aprender.
—¿A jugar póker?—Elsa preguntó y Anna puso los ojos en blanco.
—A ser como tú. A ser una Odish.—Cuando Anna hubo acabado de decir esto, casi se sintió como una traidora, pero la experiencia del día anterior le había encantado, y estaba segura de que era algo que las Omar jamás le permitirían hacer.
—No lo dirás en serio.—Elsa la miró como si acabara de decirle que quería ser un hipopótamo.
—Créeme, a mí también me sorprende ésta petición, pero sé que hay magia que sólo tú me puedes enseñar. Y sé que podría serme útil.—Pausó.—No te pido que me enseñes todo, sólo lo que no daña a nadie.
La rubia se le quedó mirando unos instantes tratando de ver si era en serio o no. Al final suspiró al ver la resolución en sus ojos.
—No es tan sencillo.—Hizo una pausa para tomar chocolate mientras acomodaba sus ideas.—Odish y Omar somos muy diferentes. Hay cosas que puedo hacer de nacimiento y que una Omar jamás podría aprender.
—No creo que seamos tan diferentes, ¿Ya olvidaste la historia? Odi y Oma eran hermanas ¿No? Pero a Odi la secuestró Od y le enseñó la magia que a ella le pareció importante, mientras que Om hizo lo mismo con Oma. Ambas tenían el mismo potencial; fue una decisión lo que las separó.
—Si, pero tú y yo no somos Odi y Oma; somos sus descendientes. Han pasado miles de años desde entonces, no sabemos qué tanto han cambiado las capacidades de cada linaje.
—Pues vamos a averiguarlo entonces.—Anna le lanzó una mirada decidida.—Yo te enseñaré magia Omar y tú me enseñarás magia Odish, a ver hasta donde llegamos, ¿Estás de acuerdo?
Elsa miró la mano extendida de Anna y después sus ojos turquesa que la miraban de una forma que, ella sabía, no admitirían un no.
—De acuerdo.—Le estrechó la mano, lo que hizo que la bruja más joven sonriera. Y Elsa pensó que tal vez no sería tan malo, después de todo, ella no sabía mucho de la magia Omar y estaba ansiosa por aprender.
—¿Qué hacemos primero entonces, maestra?—Elsa se rio al oír como la había llamado Anna.
—Eso depende ¿Qué te gustaría aprender? ¿Engaños, joyas, adivinación o espíritus?—Anna lo pensó por un minuto antes de responder.
—Soy muy mala engañando, y adivinación y espíritus es algo que ya conocemos las Omar. Creo que prefiero joyas.
Elsa la llevó a una joyería cercana y le explicó las propiedades algunas piedras y metales preciosos. Fue un poco aburrido, pero sólo porque eran joyas hechas por mortales, sin ninguna propiedad mágica excepto las que tenían de manera natural. Aun así, cuando Elsa se dio cuenta de lo mucho que le atraían a la pelirroja las turquesas, decidió comprarle una hermosa pulsera hecha con esta piedra mientras ella no se daba cuenta; lo dejaría para otro momento, uno que fuera especial.
Después, Elsa estuvo intentando enseñarle el arte de los engaños, pero la joven Omar era un libro abierto, todos sus pensamientos se reflejaban a través de sus ojos y, aunque Elsa sabía que en caso de enfrentarse con una Odish esto era una gran desventaja, le parecía bien que Anna pudiera ser tan sincera consigo misma.
Aparte de eso, todo iba bien, hasta Anna le pidió que la enseñara a hipnotizar con la mirada y ella se negó. No es que creyera que Anna no podía, sino que temía estar corrompiendo su inocente corazón, después de todo, la hipnosis se podía usar para hacer un gran daño. De todas formas, y a pesar de sus mejores intentos para disuadir a la Omar, Anna logró convencerla y entonces ambas brujas fueron a la terraza del hotel a practicar.
—Bueno—Dijo Elsa—, el truco para hipnotizar a alguien es primero mirar a esa persona fijamente a los ojos.
—Mirar a los ojos.—Anna repitió mientras dirigía su vista hacía los hermosos ojos azules de Elsa y le sostenía la mirada. De todas formas, era imposible apartar la vista de algo tan bello como la Odish.—Listo ¿Qué sigue?
—Ahora debes decir algo de lo que quieras convencer a la otra persona, pero no debes dudar.
—Pero tú nunca hablaste durante el póker.—Anna protestó.
—No, pero me comuniqué sin palabras. Ahora, convénceme de algo.
—OK.—Anna pensó un momento ¿De qué podía convencer a Elsa? ¿Tal vez de que ella era muy buena engañando? No, ni ella misma se creería eso, ¿Entonces qué? ¿Qué realmente no estaban en un hotel, sino en un frondoso bosque? Podría funcionar, y no era tan difícil.—Oye, Elsa, es un bonito bosque ¿Verdad? Muchos pinos y animales. Lo malo es que estamos perdidas.—Anna lo dijo con confianza pero también preocupación, lo que afortunadamente quedaba bien en este caso. Elsa parpadeó un poco antes de hablar.
—Buen intento, pero olvidé decirte otra cosa. Debes decir algo que la otra persona quiera o espere. No puedes forzar a alguien a creer algo imposible; debe ser creíble.
—Oh, OK.
—Por ejemplo.—Elsa la miró fijamente a los ojos, usando todo el poder del que fue capaz.—Anna, tengo que pedirte algo, hay una Omar detrás de ti, así que debes hacer exactamente lo que yo te diga.—Anna asintió y Elsa supo que estaba bajo su control. Por un momento pensó en aprovecharse y hacerla hacer algo embarazoso, pero se contuvo.—Acércate.—Anna lo hizo con una mirada asustada, claramente convencida de que había alguien a sus espaldas.—Debo decirte algo al oído, acércate más.—Anna lo hizo y entonces Elsa esbozó una sonrisa.—Solo era una prueba. No hay nadie.—La Odish liberó a Anna de la hipnosis con estas palabras, pero entonces recibió un golpe ligero en el hombro.
—¡Elsa! No es gracioso, casi muero de un infarto.—Exclamó Anna. Aun así Elsa se rio mientras se sobaba el hombro.
—Solo era para mostrarte; aún tienes miedo de que nos encuentren las Omar, así que no fue difícil convencerte de que había una detrás de ti.
—Uhm.—Anna hizo un puchero y le lanzó una mirada furibunda.—Bueno, espero que hayas disfrutado el haberme engañado, porque ahora me voy a regresar con mi familia y con mi clan. No quiero seguir contigo un minuto más.
Instantáneamente los ojos de Elsa se llenaron de lágrimas y la Odish abrazó fuertemente a Anna temblando. No quería estar sola, no quería alejarse de Anna, tenía miedo de no volverla a ver, y todo por culpa de su estúpida magia Odish. Anna no le había pedido una demostración, pero aun así ella se la había dado y ahora había alejado a la única persona importante que quedaba en su vida.
—N-no te vayas, lo siento. Yo no quería… p-perdóname.—Elsa imploró.
Anna se quedó desconcertada por dos, tres segundos, antes de comprender que su intento por hipnotizar a Elsa y hacerle creer que la dejaría había funcionado. De inmediato se sintió culpable al sentir a la chica temblando en sus brazos, obviamente aterrada por la posibilidad de perderla. Jamás habría sospechado que realmente significara tanto para la Odish, pero la prueba estaba frente a sus ojos.
—Elsa, shhh, tranquila, no me voy a ir.—Le aseguró acariciando su espalda suavemente.—Lo siento, sólo intentaba hipnotizarte. No creí que funcionara, perdóname. Jamás te lastimaría así.—Una vez que la hipnosis se hubo roto y Elsa comprendió la situación, logró separarse de Anna, aunque el dolor en su corazón todavía no se desvanecía del todo.
—Eso fue impresionante.—Admitió limpiándose las lágrimas.—Sobre todo porque se supone que las Omar no tienen este poder… Pero, no lo vuelvas a hacer ¿OK? A menos que estés en peligro no lo uses.
—Estoy de acuerdo.—Anna asintió fervientemente, atemorizada de sus propios poderes.
—Bien, ¿Qué te parece si mejor tú me enseñas magia Omar? Al fin y al cabo no está diseñada para herir ¿Verdad?
—Si, me parece bien.—Anna asintió para después abalanzarse sobre Elsa y abrazarla, ahora consciente de lo mucho que le importaba a la rubia, sintiendo que tenía una gran responsabilidad pues ahora solo se tenían la una a la otra.
N/A: Espero que les haya gustado, al fin y al cabo este ha sido mi capítulo favorito… después del siguiente, claro jeje
En fin, por favor dejen un review, fav, o follow, en verdad que adoro recibirlos, sobre todo las reviews XD
Nos vemos pronto :)
