Tenia ganas de escribir.
No tengo auto-control.
Esto fue lo que paso.
Capitulo 3: Charlas a media noche.
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Sissa lo olio antes que verlo.
Un hedor nauseabundo que profanaba la nariz de cualquiera que lo oliera y causaba arcadas que apenas podía contener.
Inmediatamente se detuvo. Con consternación y miedo no pudo evitar que le temblaran las manos al momento de ponerlas sobre la gran puerta de madera porque sabia que no estaba lista para ver lo que la estaba esperando.
A pesar de que le habían advertido rápidamente de lo que encontraría en la improvisada enfermería que se monto en el primer piso, cerca de las mazmorras del castillo, no había avisos o palabras suficientes para advertir lo que el profano olor anunciaba por si mismo. Cuando fue llamada abrubtamente en la noche mientras cenaba con las otras doncellas bromeando y riendo pensó que seria una noche tranquila, pero esa burbuja se rompió rápidamente cando ella y todo el personal que estuviera disponible fue relevado de sus descansos o deberes, y fueron reunidos para atender a los heridos. Les dijeron que trajeran gasas, tela, agua y alcohol.
La única explicación que les dieron era que hubo un fuerte incendio en los jardines, y que no se preocuparan puesto que la reina lo había extinguido, pero por desgracia aun ante la acción de su líder, había sido fatal.
Muchos soldados fueron prácticamente quemados vivos, y otros tantos gravemente heridos.
Moribundos, si tenia que usar palabras menos dulces.
Ella nunca trabajo con heridos de gravedad antes, criada para servir en deberes domésticos solo sabia atender lesiones pequeñas. La herida más grande que alguna vez presencio fue el brazo roto de su hermano mayor, y la sola visión de su brazo en posición antinatural fue suficiente para que tachara de su joven lista la profesión de enfermera.
No sabia como tratar con el pánico que crecía dentro de su pecho a cada momento, mientras veía a las mujeres que trabajaron por años en el castillo y le enseñaron todo lo que sabían, correr alarmadas con provisiones, volviendo pálidas con las manos vacías y temblando.
Unas cuantas lloraban y se negaban a responder que fue lo que vieron.
Sissa era de las más jóvenes, tanto de edad como en experiencia, por lo tanto se sentía fácilmente sobrepasada por todo esto. Era in capas de decir una sola palabra mientras todo a su alrededor se fundía en carreras y ordenes apresuradas que la mareaban sin remedio. Las piernas le temblaban cuando fue llamada por sus compañeras a cumplir con su deber, al que no podía negarse por más miedo que tuviera.
Habia caminado lo mejor que pudo entre los pasillos normalmente poco activos, pero que ahora se encontraban transitados por servidumbre que sobrevivió al paso del tiempo, yendo y viniendo. Unos en mejores estados que otros.
Estaban quienes sudaban y temblaban pero aun corrían diligentemente de regreso para reponer víveres, otros andaban por ahí con sus ropas manchadas de hollín o roídas por el fuego.
Unos pocos, los peores, se hallaban llorando desconsoladamente en el suelo. Hipando y temblando como niños pequeños in capases de encontrar consuelo alguno.
Entre ellos, bajo una pequeña ventana opaca donde apenas podía entrar luz de luna, pudo ver a la señora Portter. Una mujer inglesa estricta pero amable, ella era prácticamente la segunda al mando, después de la ama de llaves Gerda y se tomaba su trabajo tan enserio como esta. Se había casado con un hombre del ejercito y dejo todo para venir a Arendelle a vivir, donde encontró un segundo hogar. Su hijo mayor era un guardia del castillo, y ambos eran un par de cabezas duras de buen corazón.
Estuvo a punto de detenerse por reflejo, para consolarla, cuando pudo ver que sostenía fuertemente algo contra su pecho. Estaba cubierto por completo con sus manos, por lo que no pudo saber que era, pero la cercanía la ayudo a ver las hebras plateadas y rubias normalmente ordenadas en un moño apretado, ahora libres y caóticas, pendiendo de un hilo flojo. Su cara roja y en un rictus de dolor que nunca había visto, mientras toda ella se sacudía a causa del llanto.
Era la imagen de la agonía.
Fue así que se dio cuenta de que nada podía hacer, y con el corazón en un puño, siguió su camino. Aun con el llanto desconsolado a sus espaldas de la mujer más fuerte que había conocido.
Cuando llego a la enfermería, ella aun no entraba en la sala cuando ya oía los gritos, las carreras , los utensilios y baldes de agua cayendo y rodando por el lugar. Era una cacofonía de metal y desesperación que anunciaba una tragedia, igual o peor de la que dejo en su estela.
Se quedo paralizada.
No esta lista para abrir la puerta y enfrentarse con el dolor o la muerte. Simplemente quería darse la vuelta e ir a casa con su madre, donde sabia estaría muy lejos del olor a carne quemada y gritos de dolor. En casa, piensa afligida y con miedo, no esta la muerte esperando tras un apuerta.
Sin embargo, la decision fue tomada por ella cuando un joven llego desde atrás empujándola a ella y a la puerta en un movimiento brusco. Él cargaba dos baldes de agua que se desbordaban y salpicaban todo a su paso, a causa de el nerviosismo que movía todo su cuerpo, pero a nadie le importaba eso. En cuando llego a su destino, al fondo a la izquierda, los baldes de le fueron arrebatados para echar el contenido sobre los cuerpos tendidos en mantas que aun gritaban y se retorican en agonía.
Tuvo que contener la bilis que subió por su garganta y le acuo los ojos.
Esto debe ser el infierno.
Ella había leído sobre el olor a azufre y la tortura a los condenados, en un poso profundo y oscuro donde sus almas sin salvación eran despedazadas una y otra vez por toda la eternidad.
Pero esto...
Eran buenos hombres vueltos carne quemada, llenos de heridas sangrantes y piel al rojo vivo. Sufriendo hasta morir sin remedio o razón, porque Sissa no podrá ser una enfermera, pero podía ver que no existía una posibilidad de que semejantes heridas sanaran.
No con simples gasas y agua, no con alcohol ni con vendas hechas con manos inexpertas y asustadas.
No...
Con la mitad de tu cuerpo vuelto una masa roja o negra.
-Padre nuestro, ¿Que fue lo que paso? -
Todo su ser estaba de acuerdo con la exclamación asustada de una de sus compañeras, quien esta a un lado suyo viendo lo mismo que ella. Ambas habían llegado a la vez, pero a diferencia de Sissa, la otra joven apenas mayor entro sin miedo a la sala y se planto firmemente en su lugar, sosteniendo retazos de tela cortados irregularmente. Era lo suficientemente fuerte como para hablar y no vomitar después de lo que esa sala de pesadilla tenia para dar.
-Fuego del infierno, eso fue lo que paso - La respuesta agria y tajante proveniente de un hombre mayor ni siquiera pudo llamar su atención. Sus ojos no podían apartarse de la otra esquina de la sala, donde nadie se acercaba y un montón de cuerpos se apilaban uno sobre el otro.
-¿Que pudo causarlo?-
Estaban cubiertos de pies a cabeza por sabanas blancas, y manchas oscuras manchaban la tela.
-Ellos solo llegaron diciendo que hubo un siniestro, que había que ayudar. Pero a mi me toco cargar unos cuantos cuerpos de heridos...eso dijeron que eran, heridos. -
Eran seis en total. Y en solo uno la tela se levanto lo suficiente para ver la carne quemada de bajo.
Era una mano, y había un anillo que en mejores tiempos debió de relucir dignamente, y que ahora se encontraba fundido en su dedo anular.
-Pero si no estaban muertos, se encontraban en camino de estarlo. Uno de ellos murió apenas llegue a su lado. -
-¡Santo cielo!-
-Lo que ahí paso no era natural, no importa que digan. Pueden dar el numero de antorchas que quieran, pero no es fuego suficiente para rostizar a un hombre, o dañar el castillo como si fuera golpeado por bolas de fuego. -
Mientras esas palabras eran dichas, un hombre joven dejaba otro cuerpo en la pila. Tenia el cabello castaño y parecía que embejecio treinta años en una noche, caminaba encorvando su espalda mientras sus manso temblaban.
Cuando el cuerpo cayo e hizo un sonido similar al de aun saco de papas, las arcadas volvieron.
-¿Y nuestra reina?, ¿Que ha dicho al respecto?-
-Nada se sabe de ella realmente. Solo oí a esa muchacha Karin salir corriendo en su búsqueda cargada de vendas y alcohol, como si estuviera lista para sanar heridas tan graves como estas-
-¿Esta gravemente herida?-
-Probablemente, si es verdad que esto les paso a los hombres que simplemente estaban ahí, solo puedo imaginar que paso con ella que fue quien extinguió el incendio -
-¡Dios bendito!, semejante tragedia y nuestra reina herida -
-¿Pero que pasa con la princesa?, ¿Ella esta bien?-
-Tampoco lo se, todos fuimos llamados aquí, y desconozco si alguien fue a buscarle -
Del otro lado de la habitación un par de gritos sobre salieron del resto interrumpiendo al trió que hablaba. Habia sido un hombre postrado en el suelo que era atendido por una mujer mayor, ella usaba agua y vendas para tratar de refrescar las quemaduras que ciertamente eran aberrantes y dolorosas. No cabia duda de que cada movimiento de la tela o la mano eran una agonía, pero la mujer aun con el pulso débil, seguía intentando.
Intentando ayudarlo.
Fue entonces que levanto su brazo izquierdo completamente quemado para vendarlo, que este se desprendió en un chasquido repugnare. El hueso, la carne y los nervios se desprendieron fácilmente desde su hombro, como si fuera una pata de pollo bien cocido.
El sonido de eso fue horroroso, pero el de su brazo cayendo en el espacio entre él y la mujer, justo a los pies de esta, fue tan malo como los gritos que ambos soltaron.
No pudo evitarlo estas vez.
La bilis subió hasta su garganta y vomito.
No podía dejar de ver sus manos.
Sabia que había cientos de cosas más en donde debería estar su atención, pero simplemente era in capas de apartar sus ojos de los guantes de tela quemados por el fuego.
Delineo el contorno de sus manos delicadas y finas, vagamente consciente de la imagen familiar de esas mismas manos de diferente edad, enfundadas permanentemente en telas finas hechas a la medida. Ella siempre creyó que ese signo de supresión la acompañaría toda su vida junto con las palabras de su padre, pero se equivoco.
Un buen día sus manos se encontraron libres, y fue capas de ver el largo de sus uñas, el color de su cutis y apreciar la suavidad de su piel. Quitarse esos guantes fue de muchas maneras liberador, por primera vez en mucho tiempo admiro lo que podía crear y controlar con esas manos a simple vista pequeñas y delicadas.
Podía erigir castillos completos, crear ventiscas y tormentas, con esas manos desnudas era capas de crear vida a su antojo, construir y derribar.
Y sin embargo, esas mismas manos no fueron nada contra el fuego de cuatro dragones que ni siquiera habían intentado matarla realmente.
Fue un simple reflejo al sentirse amenazados.
Eso fue lo que dijo el líder vikingo luego de que todo fue dicho y hecho.
Después de que un alubion de fuego saliera de las entrañas de la oscuridad directo a cualquiera que portara un arma, en todo el perímetro del jardín.
Elsa había sido sorprendida por eso, y en un acto reflejo levanto una pared de hielo para protegerla a ella y a todos los que estuvieran a su alrededor. Pero era una protección muy pequeña, y en tan corto tiempo no fue capas de reaccionar adecuadamente.
Cuando menos lo espero, una masa sin forma ni control lo consumía todo, proveniente de las bocas de bestias enojadas que se cernían sobre sus hombres. Quienes nada podían hacer ante animales de semejante poder y tamaño, ellos solo estaban armados con espadas, lanzas y ballestas, vistiendo una armadura que solo se calentaba a cada momento que pasada.
Podía ver sus caras de miedo y dolor por igual, mientras ese mismo fuego paresia no tocar a ninguno de los vikingos. Fue una imagen de miedo.
Pero no fue lo único.
No, ella pudo ver como todo a su alrededor se quemaba sin remedio mientras trataba de mantener su única protección. Una pared mediana de hielo que se derretía a cada segundo como si fuera mantequilla. Toda su atención estaba en eso, en sus manos enguantadas que temblaban.
No podía flaquear ante los gritos de dolor o miedo, ni por su conciencia que pedía ayudar a los hombres que luchaban en una batalla perdida.
Porque estuvieron condenados desde el instante en que sus soldados desenfundaron sus espadas ante las palabras del rey dragón. Todo lo que siguió después era una horrible tragedia que de alguna forma sabia, no pudo haber evitado.
-La gente tiene miedo y hace cosas tontas, entiendo eso, sin embargo no esperen que nos disculpemos por ello -
Las palabras duras que rompieron el ambiente frió y de miedo llamaron su atención, dejando de ver por fin, luego de horrorosos minutos, los guantes y las manos que simplemente apagaron un fuego voraz. Ahora, sus ojos se enfocaron en el hombre sentado al otro extremo de la mesa, en la sala de juntas del comité donde solo ellos, sus hombres y el general se encontraban.
Él estaba completamente derecho, con su casco descansando en su rodilla mientras lo sostenía con una mano en un agarre casual. Su otra mano descansaba en el mango de la silla, y ningún musculo de su cuerpo parecía denotar tensión o relajación absoluta. Sentado ahí vistiendo pieles y cuero, con el pequeño dragón sentado en su hombro y los otros tres vikingos rodeándolo a sus espaldas, dando una mirada plana, helada , se veía sin dudas como un rey.
Su figura era sin duda más delgada en comparación a los otros hombres que venían con él, o a como los vikingos eran descritos en cartas o historias.
Gigantes robustos, de cabello salvaje por el viento y el mar. Tan anchos como un tronco y toscos como un animal salvaje.
Sin embargo, el hombre frente a ella rompía ese molde por completo.
Empezando por sus palabras frías y clínicas.
Cada vez que hablaba, el desapego a las consecuencias de los actos era inquietante. Una parte de ella entendía eso, puesto que no eran sus hombres los que murieron o estaban agonizando. Desde su punto de vista, uno que era desagradable interpretar, ellos fueron atacados y puestos en una situación de defensa, una donde sus dragones, acostumbrados al campo de batalla actuaron como siempre lo hacen. Cada vez que hombres desconocidos y armados, se comportaban hostilmente.
Podía comprenderlo. Lo que seguía siendo inquietante, era esa falta de sentido de la responsabilidad ante lo que acababa de pasar.
Ella misma no podía hablar ante la culpa y dolor. Sintiéndose responsable por el actuar de sus soldados, frustrada por su inutilidad durante el problema, y sobre todo, triste y afligida por tantas muertes.
Pero él...
Lucia como si la tragedia no fuera más que un día medio nublado en su semana.
-No esperamos disculpas, pero tampoco que esto se olvide -Sus palabras salieron sorprendentemente firmes. Ella misma se encontraría sorprendida si no estuviera completamente concentrada en un solo foco de su atención, tratando de que la tristeza y el miedo no tomen lo mejor de ella.
Era una reina, y ahora, más que nunca debía de mantener la mirada firme, la frente en alto y su conciencia entera en el bien de su gente.
Al menos debe aparentar lo que él lucia mientras se encontraba ahí, en una silla de madera que ante sus ojos se volvió un trono con solo haberse sentado en ese lugar. -Es justo -De acuerdo con ella, pero sin siquiera asentir, continuo. -Y dado que ninguno se disculpara, puesto que solo fue un accidente, propongo una reposición -
-¿A que se refiere?-
-Estoy proponiendo una forma de que ambas partes estén satisfechas. - Viendo que ella lo instaba a seguir su explicación con la mirada, procedió. -Comprendo que nada de esto tenia que pasar, pero sin embargo lo hizo. -A su izquierda, Elsa podía sentir el cuerpo del general tensarse ante sus palabras. El metal en su cuerpo cubierto de hollín tintineaba ligeramente ante eso, y ella solo podía imaginar como sonaba en sus oídos palabras que menospreciaban las vidas de hombres a su mando.
Si el rey dragón noto eso no le importo, su postura seguía siendo regia mientras hablaba. De alguna forma se sentía fuera de lugar sentada frente a él. -Sus hombres atacaron precipitadamente, y los dragones en respuesta. Ahora, no me gustaría iniciar esta alianza con el pie izquierdo, y viendo que las bajas son desfavorables para Arendelle, ofrezco reponer a cada uno de los soldados. -
Sus palabras eran sueltas y tranquilas, por ello, reponerse de su declaración fue particularmente difícil.
-¿Reponerlos?- Cuestiono incrédula- No son arboles o un bien desechable. -Repentinamente golpeada por una ola de indignación, hablo en un tono notoriamente elevado al final. Él no podía estar hablando en serio.
Si bien, ninguno de esos hombres significaban algo para él, debía de existir una linea de respeto ante los muertos. No podía creer que creyera que podía reponer personas así de sencillo.
-No, pero son soldados y guardias, sus sustituciones son constantes. ¿O me quiere decir que su castillo siempre es protegido por los mismos hombres hasta que mueren de viejos? -Quiso responderle, pero la punzada en su pecho ante sus palabras no la dejo. Entonces él continuo. -Puedo ver que les tiene aprecio, y respeto eso, pero desde un punto de vista estratégico y objetivo se a quedado sin guardias o seguridad para usted y su gente. Lo que yo ofrezco no es un insulto, es una ayuda, ¿O cuanto tiempo tardara su reino en reclutar, entrenar y certificar la cantidad de hombres que se perdieron?. - Los temblores en el general eran más claros ahora, y el choque de metales era como el de una caldera en ebullición. -Si le preocupa la seguridad de su gente, comprenderá que quedar vulnerables no es algo que valga la pena.-
Con eso, sus palabras cesaron y todo el peso de la conversación quedo en ella.
Prácticamente podía sentir la ira contenida del general, la conciencia de ser observada y analizada por tres pares de ojos silenciosos que en un principio fueron amigables y que ahora se tornaron apáticos, dejando muy en claro de que lado estaban, y ese claramente no era el suyo. Sin mencionar el caos que sabia estaba en la planta baja, o el salón adornado con personas en espera y muy confundidas, que eran manejadas por el capitán y Gerda para tratar de suavizar lo mejor que podían todo este desastre de noche.
Solo podía estar feliz de que Anna no apareciera aun.
Era mejor así, piensa, enfrentar esto por su cuenta.
Tenia que pensar con el corazón y la cabeza fría, enfocarse en lo que era mejor para su gente debilitada y con miedo. Y si apartaba su conciencia lo suficiente, podía verlo.
Que lo que él decía era cierto.
-De acuerdo -De golpe, el cuerpo del general giro a su dirección de tal forma que no se sorprendería de que su vieja cadera lo resintiera después. - Acepto la reposición de soldados y guardias calificados, sin embargo, me tiene que asegurar que su lealtad estará en Arendelle y su jurisdicción también -Lo ultimo que quería eran espías o soldados de juguete que sirvieran a los intereses de alguien más. Sus hombres no murieron para que unos farsantes pudrieran su amada tierra desde adentro. Si estos hombres venían, tenia que estar segura de que al menos lucharían por Arendelle.
-La lealtad no se puede asegurar -
-Pero tampoco comprar -
Su declaración mordaz probablemente estaba fuera de lugar para cualquier oído inexperto, pero ser consciente del sub texto de sus palabras le pusieron los pelos de punta y no pudo contenerse, saliendose un poco del frió personaje que tan duramente trataba de mantener. Y es que, él básicamente le dijo que sus hombres ya le eran leales, y que por consiguiente, no podía esperar que le sirvieran a ella o a su pueblo. Y en contraste, ella sabia que su ofrecimiento aparentemente bien intencionado, no era más que una forma de comprar su lealtad.
Esperaba que si les daba seguridad de buena disposición, ellos se sintieran agradecidos y en deuda.
Una táctica sutil y ciertamente benigna, pero no menos sucia. Se estaba aprovechando de una tragedia para ganar un favor fácil, diciendo palabras huecas y frívolas, mientras se sienta ahí como el dueño del lugar.
Eso hizo que una chispa apagada hace mucho tiempo volviera a la vida.
Ciertamente cualquier otra alma pudo haber caído en su red de telaraña, pero ella fue criada para prestar especial atención a cada palabra y como fue dicha. Admitia que su control podía ser perfecto y algo inquietante, pero cometió un pequeño error al inicio de su conversación que siguió para desenredar el tejido.
Él dejo en claro que tomaba esto como un "ganar" para ambas partes.
Pero ciertamente no se lo dejaría tan fácil.
-Son mis hombres, no puede esperar que simplemente cambien su lealtad -
-Serán mis hombres, Arendelle su nuevo hogar, no veo porque su lealtad no pueda cambiar-
Un poco más segura en si misma, y dejándose guiar por ese inusual fuego interior, se acomodo mejor en su silla mientras se quitaba los guantes rotos e inservibles. Sin quererlo, gano la completa atención de los vikingos erguidos tras su rey, quienes intercambiaron miradas fugaces entre ellos para volver a su dirección. Incluso el pequeño reptil parpadeo primero con un ojo, y luego con el otro en una mala sincronía mientras inclinaba la cabeza.
-Quizás, pero pedir completa jurisdicción sobre soldados de mi reino es cuando menos poco ortodoxo - Fue un segundo, efímero y extraño en le que pareció ver como la punta de los labio del rey bajaba con disgusto. Seguramente no estaba acostumbrado a que le llevaran la contraria Oh bueno, su pena.
-Pero entenderá que dejar a hombres que siguen otras ordenes e intereses por las calles es, por mucho, una mala idea. -
-Su presencia no seria permanente, solo hasta que pueda reponer su linea de defensa, por lo tanto no puedo permitir tales libertades-
-¿Ahora son un préstamo?, creí que era una reposición -Muy listo, retraer el listón al ver que ella realmente se atrevió a tirar de su extremo. Podía ver claramente que su pequeña resistencia estaba causando que danzaran por hielo delgado, y si esto no se manejaba bien, todo empeoraría.
Aunque claramente la situación era particularmente cómica para el vikingo de cabello negro que sonreía abiertamente.
No comprendo que es tan divertido.
-Una reposición temporal -
Sin poder evitarlo alzo una ceja con incredulidad. A su lado, el general cubrió una carcajada con una fuerte tos falsa, mientras el divertido vikingo murmuro algo a la mujer rubia que estallo en una risa sonora y nada disimulada. Ante eso, el hasta entonces impasible hombre levanto su mano en un puño y aclaro su garganta, mientras el pequeño dragón se removía sobre su hombro como si también estuviera riendo.
Al parecer, la declaración un tanto infantil aligero el ambiente lo suficiente como para que los vikingos comenzaran a murmurar divertidos tras la silla, o que su general dejara de temblar por la ira.
Esto causo que de pronto, el hombre intimidante frente a ella ya no lo fuera tanto, y el nudo de su estomago se aflojo un poco. Una nueva chispa, esta vez desde sus pulmones, le hizo creer que quizás está reunión no terminaría tan mal como creyó en un principio.
-¿Que tal esto? -Comenzó tranquilamente, alzando su mano por primera en su dirección - Mientras los hombres estén aquí serán responsabilidad de Arendelle, y por lo tanto servirán a él. Cuando el plazo se cumpla, lo cual espero sea lo más pronto posible, volverán con nuestra gratitud. -
Y con eso, ahora el peso de una respuesta estaba en él.
Dejo que el momentáneo silencio le diera un sentimiento de tranquilidad, dejándose arrastrar por viejos hábitos.
Hay más problemas pasando y esperando afuera de esa puerta. Su conciencia errante ataco de nuevo. Abra cartas de condolencia que escribir y entregar, muchos funerales que organizar y cuestionamientos que enfrentar. Que ganes una discusión banal no debería ser tu prioridad.
Pero, otra parte de ella tenia algo que decir al respecto.
Una pequeña lucha de poder puede dejarle en claro que no se saldrá con la suya siempre, no mientras ella tenga algo que decir.
De pronto, un pensamiento la golpeo sacudiéndola por dentro.
Si ella lo repele, ¿Que pasara con la alianza de matrimonio?. Si, de pronto, su altanería e ir en su contra solo ocasionan que el rey dragón se levante de esa silla, de la vuelta, monte su bestia y los condene a su muerte. Nada de lo que paso hasta ese instante habría valido la pena, su peor pesadilla, se aria realidad y esta vez, seria completamente su culpa.
En respuesta, pudo sentir como sus palmas hormigueaban, y extraño los guantes desechados. Al menos con ellos puestos, se sentía en control de no congelar todo lo que tocaba si estaba lo suficientemente nerviosa.
-Es buena en esto - Sorprendida por el contraste de sus pensamientos con la realidad, por segunda vez en la noche, aparto su mirada de sus manos y se centro en el hombre castaño. Él no parecía molesto, incluso se atrevería a decir que de hecho, aparentaba estar entretenido. -De acuerdo, usted gana, pero solo se lo advierto. -Y por primera vez desde que se sentó, se inclino un poco al frente, bajando solo otro tanto su tono de voz. No pudo evitar fijar todos sus sentidos a lo que estaba a punto de decir. -Las lealtades nunca están aseguradas, si estos hombres de pronto deciden que no quieren seguir sus ordenes o mis ordenes, nada se puede hacer. Y usted sera la única responsable de ello, ¿Aun así esta de acuerdo?-
-¿Me dará solo aquellos en los que confía?-
-Ciertamente -
-Entonces si, no seria la primera vez que lidio con hombres que intentan matarme o derrocar a Arendelle. Confié en mi, se como tratar con ellos. -
Esta vez, ante sus palabras, todos los vikingos rieron fuertemente. Snotlout incluso se agarro el estomago mientras Ruffnut se sostenía inclinada, y solo por ello, porque sonaban genuinamente divertidos y contentos que no tomo como una ofensa su burla. Después de todo, era refrescante una actitud relajada, para variar.
Y si ella no hablara tan en serio, se atrevería a sonreír junto con ellos.
-Es una pequeña cosita dura, me agrada. -Una vez se detuvieron las risas, la única mujer del grupo vikingo hablo. Los otros dos, soltaron exclamaciones aparentando estar de acuerdo.
Pronto, el aclarado de garganta sonoro del general estabilizo los ánimos lo suficiente como para que estos pararan y le prestaran atención. -Confió en que ese y otros detalles puedan aclararse mañana, después de que todos descansemos y podamos hablar de lo que los trago aquí. -Intentando ser diplomático, y sanjar el tema de una vez, el hombre mayor se paro derecho y se aseguro de que su contacto visual fuera firme pero no hostil u ofensivo.
Al ver esto, Elsa sabia que no se equivoco al pedirle que se quedara, puesto que era cociente del descontento del capitán y el miedo apenas contenido de Gerda. Si alguno de ellos se hubiera quedado en su lugar, se habría quedado sin una roca firme y confiable para sobrevivir a las aguas que se desbordan.
Respetaba al capitán, pero era muy joven. Amaba a Gerda, pero su corazón no soportaría tanto.
Pero podía estar segura de que el general vería por su bien y el de Arendelle, incluso por sobre el suyo propio.
Justo como ahora, abogando por un poco de descanso y dándole algo de tiempo para organizar las cosas, a él, por que seguramente la encerraria en su habitación para evitar que pasara la noche en vela lidiando con semejante pena.
-Sobre eso, me temo que la platica que esperaba tener es urgente.- Oh al menos esa fue su buena intención. Pero por lo que veía el rey dragón no estaba de acuerdo con eso.
-No quiero ser irrespetuoso pero, ¿Es tan urgente?-
-Lo suficiente como para haber venido tan imprevista mente -
Esas palabras captaron su atención, de tal forma que todo cansancio y deseo de diferir se esfumo de su cuerpo.
¿Era ese el imprevisto que mencionaban en su carta?.
-¿Y que es eso? -
Ahora la atención de todos los presentes estaban en ella, y el animo juguetón se fue por completo, dejando un hueco agriamente familiar.
Igual a preferir callar que enfrentarse con la verdad.
Que el hombre frente a ella fuera sometido por el mismo tipo de silencio, solo la hacían saber que lo que fuera a decir, no le gustaría.
-¿Y bien?- Estaba tentada a callar ella también, pero prometió que ya no lo haría.
No más silencio agonizante.
-Es sobre la alianza. - Comenzó completamente cerio, y su mirada firme obligaba a sentir cada palabra como una estocada. Oh dios, ¿Entonces era verdad, cancelaría la alianza?, ¿Por ello el ofrecimiento de ayuda?, ¿Era en realidad una especie de compensación?. Si era así, ¿Que aria ahora?. -Admito que no soy muy conocedor de los tiempos para llevara acabo una boda en estas tierras, pero si soy consciente de que se necesita una cantidad de tiempo razonable. Tiempo que no hay. - Esperen...
-¿Que?-
-Mi concejo dio un ultimátum, y aunque sea el rey eso no me exonera de ciertas responsabilidades. -Mientras decía eso, el pequeño dragón bajo de su hombro y se poso en sus piernas, donde comenzó a restregarse, casi como si estuviera triste. -Me dieron un plazo de tiempo para cumplir con la que consideran la más apremiante de ellas. -Si era su intención o no decirlo con ese tono de fastidio a nadie le importo. Ella incluida. -Y ese plazo se vence esta semana. -
Con la boca seca y su mente trabajando el doble de su capacidad, lo insto a continuar. -¿Eso quiere decir que...?-
Sorprendente mente, él aparto la mirada. Y si pudiera señalarlo, parecía hasta incomodo. -Admito que fui in consciente, perdí mucho tiempo. Pero su carta llego en el momento adecuado, supongo. -Con un encogimiento de hombros que aparentaba ser casual, movió su vista de nueva cuenta a otro lado de la habitación. Un punto ni remotamente cerca de ella.- Y de pronto me encotre consumido organizando las redadas, o participando en ellas, y cuando menos lo note, el tiempo se había acabado. -
Sabia que esa nueva información era preciada, que tenia la obligación de desmenuzar sus palabras para encontrar un punto a su favor, pero una parte de ella no podía soltar el obtuso pensamiento de que su nerviosismo y divagación eran lindos.
No sabia que era posible tener esa presencia al mismo tiempo que una parte menos amenazante salia a la luz.
-Ahora los tengo como sabuesos sobre mi, y si no vuelvo pronto casado se encargaran de hacer mi vida aun más imposible, más aun de lo que aparentemente hacen por sádica diversión. -
Sus palabras causaron que el pelinegro riera, pero fue rápidamente acallado por un golpe en su costado proveniente de la rubia. Ella le dio una mirada que fundiriá el acero a él y al otro hombre, en una silenciosa advertencia para que ni siquiera pensara en sonreír.
-Entonces, ¿Lo que quiere decir es que ha venido para casase de una vez? -La voz con un tinte de pánico del general fue suficiente para levantarla de su letargo, y dejarse inundar por su propio pánico.
Por ello no pensó cuando interrumpió con nerviosismo. -Es muy pronto. -
-Lo se. -
-No estoy lista. -
-Lo entiendo. -
-¿No puede aplazar el tiempo?, si ya estamos comprometidos puede tomarse como una garantía. -Nerviosa ante la situación y su actitud tan calmada, junto con la mirada particularmente suave que él le estaba dando, se obligo a dominarse.
-Ellos ya me dieron el tiempo para eso, un año atrás, para ser exactos. -Sintiendo el latido de su corazón en sus oídos, no podía hacer otra cosa que escuchar al hombre resignado frente a ella. -Sin embargo, fue mi propia negligencia la que desestimo el plazo. Incluso después de su confirmación habían muchas cosas que necesitaban mi atención urgente, fue por ello que el plan original era que Petapez viniera primero para advertir el tema, pero fue requerido a ultimo minuto y ninguno pudo venir. Pense en mandar una nota, pero no considere apropiado abordar el tema en un carta. Al final, el problema fue resuelto antes de tiempo y se decidió hablarlo de una vez. -
Esta vez, el silencio fue muy diferente.
Tenia razón, lo que dijo no me iba a gustar.
-¿Y cuando se termina ese plazo exactamente? -Usando todo lo que tenia de si, comprimió todo el pánico y miedo. No hay guantes, piensa, pero es momento de que escondas y no sientas.
Piensa en lo que es mejor para todos.
-En cuatro días -
-Es prácticamente imposible organizar una boda real en tan poco tiempo, para que todo este listo se necesita un mínimo de seis meses, ¿Realmente no hay nada que se pueda hacer? -La impulsiva intromisión del general fue un lindo gesto. Aunque por la forma en que se movía, no estaba muy segura si abogaba por ella, o si realmente le escandalizaba tal falta al protocolo.
Claro que esto no pareció ser un problema tan grande para los recién llegados, quienes solo veían al hombre mayor balbucear rápidamente sobre los estándares que se debían cumplir, o lo poco ortodoxo de semejante situación.
Elsa solo podía sentir como su corazón se apretaba ante sus palabras. Hablando sobre un viejo protocolo, uno que claramente no podían seguir aunque quisieran.
Él hablaba sobre cenas, y dignatarios extranjeros, ¿Cuales exactamente?. Todos los reinos y naciones que conocieron fueron derrumbados y construidos desde cero, nuevas personas estaban en el poder, mientras viejos conocidos bien podrían estar muertos. Su reino era pequeño, nada de lo que alguna vez fue, y sin duda, pobre en todas las riquezas que el general tanto defendía.
Así que una boda en cuatro días o seis meses, no importaba, se da cuenta. Estaba soltando su lado del listón a causa de demasiados sentimientos, y si ella caía, toda esta gente caería con ella.
No.
-No tendría que ser una gran ceremonia -Interrumpiendo al hombre mayor, y ganando toda la atención se sentó derecha y tan regia como podía. Poso sus manos juntas sobre sus piernas y no espero alguna reacción. -Algo sencillo es una opción incluso más favorable, dado los bienes que escasean. -
-¿Pero que hay del protocolo su majestad?- Impasible, permaneció firme sin apartar su mirada al frente de ella, sin verlo e inquietando al hombre a su lado.
-No veo por que no puede seguirse lo mejor que se pueda, leí en los archivos familiares las excepciones a lo largo de los años, y en una ocasión se hablo sobre una boda concertada en medio mes. -Aunque en aquella vez, el apremio se debía a que la novia estaba siendo presionada a casarse con otro pretendiente. Se decidió entonces, que se casaran primero y lo antes posible.
Solo...variaba un poco con la situación actual.
-Pero...-
-Si no hay problema, entonces podemos proceder con los acuerdos que vendrán con esta alianza - Garfht pareció particularmente ofendido por haber sido interrumpido, pero siguiendo su entrenamiento no dijo nada ante el desplante de su reina. Cerro su boca y volvió a una postura militar como si nada hubiera pasado.
-De acuerdo -Fue una respuesta sencilla, pero ella sabia que cada palabra que dijo fue leída también, lo supo al ver que esa mirada de comprensión no abandono su rostro, tranquilizandola al ver algo más humano sentado frente a ella.
Y ante la aprobación del hombre que rascaba su barbilla, el pequeño dragón salto en su lugar repentinamente animado. Elsa noto, movía su cola de un lado a otro como si fuera un perro. Uno muy emocionado sobre el regazo de un rey bárbaro que había conquistado el mundo... Era una imagen cuando menos curiosa.
Pronto, la voz nada disimulada de Snotlout se oyó sacándola de su pequeño momento.
-Ahora, esto sera interesante. -
Los otros vikingos asintieron de acuerdo.
Pero, fue la pequeña sonrisa del castaño frente a ella, lo que causo un escalofrió que le recorrió la espalda como un látigo. Fue un levantamiento minúsculo de sus labios y no duro mucho, pero reflejaba que él también estaba de acuerdo con lo que dijo.
De alguna forma, eso se sintió particularmente amenazante.
-¿Que paso aquí?- Asustada por la vista que representaba ver uno de los jardines del castillo completamente calcinado, se apresuro a correr directamente a la primera persona que vio.
Quien, curiosamente, era el capitán Evan.
Él caminaba con rapidez por un pasillo aledaño, gritando ordenes a barios hombres de distintas edades que cargaban grandes bultos. Ella ignoro que eran esas cosas calcinadas y lo sostuvo fuertemente del brazo, ganando una mirada sorprendida el hombre de su edad.
-¿Princesa, que hace usted aquí?, no debería...-
-¿Que paso? -Alterada como estaba no se fijo en sus modales ni le importaba. ¡Un jardín entero se volvió cenizas por amor de dios!, ella era capas de ver las marcas de quemaduras en las paredes y el suelo, aun en la oscuridad de la noche.
¿Como era posible que no hubiera visto semejante cantidad de fuego?.
-¿Donde esta mi hermana?, ¿Ella esta bien?, ¿No ha resultado herida? -Con cada pregunta a la que no daba posibilidad de responder, podía sentir como el aire no llegaba a sus pulmones.
Era como estar en aquella pesadilla.
-Tranquilícese -Pacientemente, el joven la tomo por el brazo y comenzó a caminar con ella, llevándola a otro lugar lejos de todo eso. -La reina esta bien - le aseguro. -Ella apago el fuego y ahora esta con el general Garfht atendiendo ciertos asuntos. -Se aseguro de que su voz no delatara sus mentiras, aunque fuera algo particularmente difícil para él. Lo habían criado toda su vida para servir a la corona, y nunca mentir a sus superiores ni a sus gobernantes.
Sin embargo, sobre cualquier otra lealtad, estaba la que tenia a su reina. Y ella les ordeno mantener a la princesa lo más lejos posible de la verdad, al menos, hasta que ella pudiera hablar personalmente con su hermana.
Entonces eso aria.
-Gracias a dios - Ella pudo sentir como el aire volvía a sus pulmones en una oleada fresca, sabiendo ahora que Elsa estaba bien y haciéndose cargo de este desastre. Uno particularmente extraño, si era sincera. -Pero capitán, ¿Que fue lo que paso aquí?-
-Un incendio accidental su alteza, unas antorchas cayeron y comenzaron a consumir todo a su alrededor. Barios hombres llegaron primero para tratar de apagar el siniestro, pero lamentablemente nada pudieron hacer. -Ante la mirada de sorpresa y alarma, se dio cuenta de que la versión oficial de los hechos que todos acordaron dar, no ayudarían a su causa de alejarla del problema. Por lo cual rápidamente agrego. -Hubo heridos, pero ellos están siendo tratados en una enfermería improvisada, no se preocupe. -
-Bueno, si es así. -Tal vez el incendio no fue tan malo como parecía a simple vista, solo vegetación perdida y unos cuantos heridos, ¿Verdad?. Probablemente Elsa solo este ocupada organizando como reparar y limpiar todo esto. Quizás solo había sobre actuado.
Que vergüenza, corriendo e hiper ventilandome como una histérica.
Ante sus pensamientos un pálido color rosa cubrió sus mejillas, uno que él noto.
-No hay de que preocuparse - Le aseguro mientras tranquilamente, la condujo hasta los pasillos rumbo a su habitación en tiempo récord. Cuando de pronto, él se detuvo y ella en consecuencia. -Puede dormir con tranquilidad, yo aun tengo que coordinar la limpieza y otras cosas más, mañana sin duda creo que la reina vendrá a responder todas sus dudas. -
Anna solo pudo asentir ante sus palabras y la sonrisa tranquilizadora que le dio, no teniendo ninguna razón para cuestionar sus razones o indicaciones. Nunca podía encontrar nada para ir en su contra de todos modos.
Él siempre era demasiado amable como para enfrentar.
También demasiado joven para ser capitán.
No, vasta, ella no debería de pensar amargamente sobre el hombre que se despedía con una onda de mano para volver a su deber tan diligentemente.
Aun así, al verlo partir, no pudo evitar sentir una punzada de repudio al ver su cabello rubio cambiar de tonalidades más claras cuando los rayos de luz de luna, le daban en cierto angulo. Era como si hebras o mechones, se formaran canas instantáneas. Solo para desaparecer como por arte de magia.
La hacían ser consciente de nunca tendría la oportunidad de ver cierto cabello rubio, cubierto por canas también.
Solo se quedaría con la sucia imagen de ese dorado, manchado en sangre seca.
-Aun duele -Admitió para si misma una vez viéndose completamente sin compañía en ese pasillo. Como cada vez que estaba sola y podía expresar en voz alta como se sentía realmente por todo, segura de que no lastimaría a nadie, los hiciera sentir incómodos o los deprimiera con su tristeza.
-Aun duele - Repite, esta vez un poco menos firme y más lloroso.
-Duele mucho - Y probablemente lo haga siempre.
Sin poder evitarlo, las lagrimas fueron incontenibles, los sollozos constantes y de pronto, estaba llamando a su hermana.
-Es muy frió -
Por favor, ven por mi...
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¡Viva México cabrones!
...uf, siempre quise gritar eso, pero nunca me dejaron porque "las mujeres no dicen groserías". En fin, felices fiestas patrias a todos los mexicanos y los que no lo son, que esto es para festejar quien lo quiera.
Y bueno, esta vez no fue un mes de espera puesto que mis exámenes me dieron un respiro, al menos hasta el siguiente parcial.
Aun con eso, esto sigue creciendo paso a paso y se los agradezco mucho. Esta humilde historia la hago con todo el corazón y me alegra que les guste...por ello pido disculpas por los errores del capitulo pasado, los note demasiado tarde, que vergüenza, enserio perdón. Esas letras errantes pueden llegar a distraer mucho :(
Esta vez preste atención, pero sigo siendo humana y una estudiante que hace esto en su tiempo libre, así que si vuelve a pasar no fue mi intención.
En otras noticias, ¿creen que deba cambiar la categoría a M?, lo digo por que me di cuenta de que estoy muy creativa con las tripas y la sangre. Me di cuenta al momento de narrar todo el inicio, que en realidad no quería restringirme con todo lo que voy a mostrar (Flashaback y todo), pero no estoy muy segura de seguir en T o cambiarlo.
¿Que dicen?, háganlo saber junto con sus teorías locas sobre todo lo que esta pasando. Tienen que prestar atención a los detalles, al menos, si quieren llevarse unos cuantos sustos o sorpresas. (?)
Muse Bellamy: Hola! realmente me alegra verte por aquí, y wow, tu review me impresiono. Es decir, realmente estas prestando atención a todo, viendo más aya de la tristeza de Anna (Probablemente, eres más consciente tu que ella) y aprecio eso. Personalmente, concuerdo contigo, Anna como personaje se sintió como un estorbo infantil toda la película, pero llegue a comprenderlo por que simplemente estaba necesitada de amor y paso su vida encerrada en un castillo sin una aparente razón. Sin embargo, es muy común verla en los fics como la misma bola de energía in madura. Me decidí entonces que esta Anna no seria así, ni tampoco Elsa seria un manojo de miedo o depresión. Ambas se necesitan, pero como pasa muchas veces en la vida real, tendrán que enfrentar sus problemas solas y descubrir que tan fuertes son en realidad.
...wow, que explicación jajaja. En fin, si quieres compartir tus teorías me encantaría oírlas, siempre es divertido ver otros puntos de vista. Espero que este capitulo te haya gustado! :)
Annie Shell: Hola! encantada de tenerte abordo!, me alegra que te guste el fic, y espero que este capitulo también te haya gustado. Espero seguir viéndote por aquí :)
Guest: Hola!, que bueno que te gustara la gran llegada, temía que fuera demasiado pronto para ellos y le quitara misterio. Aun así es pero que te haya gustado este capitulo.
Selkova: ¡Hola! vaya, gracias, es bueno que te guste mi escritura :) han llegado a decirme que es algo densa, y por ello me controlo mucho con la narrativa de este fic, es como la inovasion con este trabajo. Por cierto, es bueno que formes tus propias teorías, ya estas llegando peligrosamente a una así que shhhh, es un secreto entre tu y yo. ¿Algo nuevo que este capitulo te aclaro...o hizo dudad? ;) Los reviews como los tuyos siempre son geniales.
Espero que te haya gustado, y verte por aquí de nuevo!
