Saludos!!
Dragon Ball H.S
Unos van, otros llegan
(Capítulo 004)
Todos se encontraban a bordo y listos para marcharse del planeta, Nappa se encontraba en uno de los cuartos pequeños de la nave acompañando al príncipe, mientras Freezer y sus hombres, se encontraban en su cámara especial, donde se encontraba el domo que le permitía ver el espacio. Por ésta mismo domo, logró ver como 5 naves de forma redonda aterrizaban en la torre de control aéreo que se encontraba a 2 kilómetros del palacio real.
Todos los saiyans que llegaban de algún planeta recientemente conquistado, iban al palacio para dar un informe de sus acciones al rey Vegeta, él escuchaba a todos y uno de los sirvientes, anotaba el nombre del planeta y buscaba comprador. Todo en el planeta Vejita funcionaba de igual forma que el agua fluye por un rió para llegar al mar. En este caso, el mar era Freezer.
Después de recibir el informe de los Saiyans conquistadores, el rey Vegeta se comunicaba con el gran Freezer y hacía de su conocimiento, la nueva adquisición. Por el contrario, si los Saiyans que llegaban, traían consigo malas noticias, el informe no pasaban del rey Vegeta, quien tenía que encargarse personalmente o mandar a Saiyans de mayor rango, lo cual sucedía muy pocas veces. En ocasiones aun más especiales, cuando los habitantes de un planeta, superaban por mucho el poder del rey Vegeta, quienes se encargaban de ellos eran las Fuerzas Especiales Ginyu, y el asunto quedaba resuelto.
En esta ocasión, los Saiyans que llegaban eran Bardock y sus hombres. Su equipo, estaba integrado por cuatro individuos, aparte de él, que eran soldados de clase baja, con niveles de poder arriba de los dos mil.
Para aterrizar, los Saiyans utilizaban una especie de globo muy resistente que se encontraba sepultado en la tierra, mostrando únicamente una parte de este para que la nave cayera ahí. Como estas naves carecían de sistema de frenos, se impactaban contra estos "globos" a velocidades sorprendentes, los puntos de aterrizaje, eran cambiados constantemente, debido a que estos se desgastaban rápidamente por los fuertes impactos. Las naves aterrizaron y de ellas descendieron los 5 Saiyans, para dirigirse ante la presencia del rey Vegeta.
- Bienvenidos a casa – se acercó hasta ellos uno de los técnicos que controlaban el arribo al planeta de naves pequeñas, como las suyas.
- ¿Y el rey Vegeta? – Preguntó Bardock, sin mirar siquiera al que los recibía.
- En el palacio, señor.
- Muy bien, vayamos de una vez para decirle lo de nuestra misión.
- No, vamos, Bardock – opinó Tooma – Primero vayamos a ver a tu hijo, se supone que nació hoy¿no es verdad?
- Pero ya conoces a Bardock – tercio la única Saiyan hembra que estaba con ellos: Seripa, una mujer de expresión fría y cuerpo con músculos no muy marcados, pero fuertes a fin de cuentas, su cabello era corto y las ropas debajo de su armadura eran de un peculiar color violeta. – Prefiere el trabajo antes que la diversión.
- Si claro, pero nuestro trabajo también es muy divertido. – Opino Toteppo con una gran carcajada.
- Cállense ya, primero iremos con el rey Vegeta y después le pediremos una nueva misión, para largarnos de una buena vez. – Las palabras de Bardock salieron de su garganta con un tono firme y frío, no estaba bromeando, al parecer no le importaba en lo más mínimo el niño que ese mismo día había nacido.
- Al parecer está empeñado en seguir celebrando el nacimiento de su hijo¿no te bastó con un sólo planeta? – preguntó en tono burlón Pumbukin.
- No digas estupideces, ese niño no me interesa…
- Lo que tú digas amigo – Mencionó Tooma con tono sarcástico en la voz, siguiéndolo, por el largo corredor que los llevaría hasta el palacio del rey.
Todos ellos caminaban en grupo por el largo corredor, que estaba alumbrado por focos enterrados en la base de las paredes, alumbrando sus pasos. Mientras sus compañeros bromeaban, Bardock pensaba detenidamente en el hijo que había engendrado con aquella bella hembra Saiyan, aquella noche, en la que él y sus amigos, habían decidido pasar al bar del palacio después de ir con el rey Vegeta, la música estridente del lugar lo envolvió en oleadas de irrealidad que se colaron por todos sus poros, elevándolo extrañamente a un mar de emociones que nunca antes había sentido, la música sumada a todo el licor que había bebido, hicieron que perdiera la razón fácilmente.
La música del planeta Vejita, tenía un extraño efecto en todo aquel que la escuchara con un volumen muy elevado, era por eso que la ponían fuertemente en ese pequeño recinto. El rey Vegeta había dado ordenes específicas, de que cualquier Saiyan que se encontrara en el planeta y más exactamente en ese bar, disfrutara su estancia al máximo, el rey Vegeta era muy generoso con sus súbditos, le gustaba pensar, que los Saiyans disfrutaban el trabajar para él y deseaba ante todo que así fuera, no pretendía retener a nadie a la fuerza, quien quisiera podía irse cuando mejor le pareciera… claro que si lo hacía, no sería considerado nunca más como un Saiyan, y cuando fuera visto por otros Saiyans, sería eliminado inmediatamente. Esas eran las reglas, y nadie se oponía a ellas. Siempre y cuando, hubiera suficiente licor en el bar.
El planeta que habían conquistado esa vez, había sido el planeta Beta. Sus habitantes, fueron exterminados sin el mayor problema por Bardock y su equipo, juntos eran invencibles, había llegado a pensar en una ocasión Tooma, el mejor amigo de Bardock.
El pequeño planeta Beta, había sido una molestia para el rey Vegeta, quien estaba pensando en ir personalmente a encargarse de exterminar a sus habitantes, Seripa se enteró de esto por rumores en los pasillos, y de inmediato lo platicó con Bardock y los demás, todos estuvieron de acuerdo en que debían de pedirle al rey Vegeta que les dejara encargarse de la misión.
Fueron ante él todos juntos, eran inseparables, la determinación que el rey vio en sus rostros, lo hizo decidirse y darles una oportunidad, ese grupo de Saiyans tenía algo que los demás no poseían, los cinco juntos proyectaban una presencia que incluso, le pareció amenazante al rey Vegeta, cuando los vio entrando en la sala real, por un segundo pensó que se trataba de una rebelión.
- Rey vegeta – comenzó a decir Bardock, inclinándose frente al rey, seguido de sus compañeros. - He sabido que planea ir a encargarse personalmente de los habitantes del planeta Beta.
- ¿Cómo te has enterado de eso? – preguntó el rey aliviado, porque después de todo no era una rebelión e intrigado al mismo tiempo por el conocimiento de eso por parte de un guerrero de clase baja.
- Yo escuché el rumor por los pasillos, señor – contestó Seripa antes de que Bardock pudiera pensar en su respuesta.
- Está bien, y si así fuera… ¿cuál es su interés, acaso quieren acompañarme? – preguntó el rey, intentando permanecer serio, ahogando una carcajada en su interior.
- No alteza. – Contestó Tooma – Queremos que nos deje encargarnos de los habitantes.
La carcajada del rey salió de su garganta estridentemente, perforando los oídos de los cinco Saiyans frente a él y rebotando por las paredes del lugar.
- No digan tonterías – logró controlarse lo suficiente para decir esto. – Al planeta mande primero soldados de clase baja y no regresaron. Me vi forzado a mandar soldados de clase media y sólo tres de los seis que fueron regresaron y dos murieron aquí. ¿Qué creen que pueden hacer ustedes en un planeta como ese?
- Nosotros nos encargaremos de eliminar a los habitantes de ese planeta, señor. – Respondió Bardock al instante y sin titubear, su voz era firme y cargada de una enorme seguridad. El rey los miró atentamente, los cinco eran soldados de clase baja sin ningún renombre, no le afectaría en nada dejar que los cinco murieran, así aprenderían a no morder más de lo que pueden masticar… aunque después de todo, no lograrán utilizar lo aprendido en esa lección.
- Muy bien, si eso es lo que quieren… ¿Con cuánto tiempo será suficiente para que eliminen a todos los habitantes de ese planeta?
- Con un mes será suficiente. – Expresó Pumbukin
- Eso es muy poco tiempo – opinó el rey – les daré dos meses, si lo hacen antes, podrán tomarse los días restantes de descanso, haciendo lo que a ustedes les plazca…
- No se preocupe…
- No lo estoy.
- …le aseguro que exterminaremos a todos los habitantes del planeta Beta en menos de dos meses. – Prometió Bardock, haciendo una nueva reverencia, para después salir de la sala real.
- Ja, ja¿vieron la cara del último tipo que matamos en el planeta Kanassan? – Tooma y los demás iban bromeando mientras caminaban por el pasillo, Bardock no prestaba atención a lo que ellos decían, sus pensamientos ocupaban toda su concentración. Recordaba y le dolía un poco.
Habían exterminado a todos los habitantes del planeta Beta en menos de los dos meses que el rey Vegeta les había otorgado, no había sido muy difícil. Era cierto que los habitantes de ese planeta eran muy poderosos, no había duda del por qué las dos brigadas de Saiyans que habían sido enviadas antes habían fracasado. Pero Bardock y sus hombres, estaban mejor preparados que los anteriores.
En el pequeño planeta, se libró una batalla de gran escala, las explosiones bailaban por doquier, los cuerpos calcinados de todos los habitantes volaban por todos lados, brazos, piernas y cabezas rodaban por las colinas del lugar, ciudades enteras fueron destruidas, la mitad de la población fue exterminada por los cinco Saiyans en tan sólo tres semanas. El resto, seguía oponiendo resistencia.
El baño de sangre siguió de noche y de día, hasta que los habitantes del planeta Beta, lograron acorralar a los Saiyans invasores, cuando ellos creyeron que sus posibilidades, de poder eliminar a los habitantes restaban, se habían esfumado por fin, en el cielo nocturno brilló una esfera cargada de esperanza y de rayos blutz.
El verdadero poder de los cinco Saiyans se liberó inmediatamente después de que la miraron directamente, haciendo la masacre rápida, violenta y sangrienta. El resto de los habitantes del planeta Beta fueron exterminados una semana después. Bardock y sus hombres se alimentaron de sus cuerpos al día siguiente, descansaron una noche completa, y después emprendieron el camino de vuelta a casa. Satisfechos consigo mismos, se dirigieron inmediatamente al palacio del rey, donde él los esperaba con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja en los labios, jamás volvería a dudar de la capacidad de ningún Saiyan en el planeta Vejita. Jamás.
- Han hecho ustedes un excelente trabajo. – Dijo cálidamente el rey Vegeta, cuando los cinco Saiyans entraban en la sala real.
- Tan sólo hemos hecho lo que nos encomendó, rey Vegeta. – Bardock hizo una reverencia seguido de sus compañeros.
- Lo sé, pero lo han logrado en tan sólo cinco semanas, a decir verdad, dudaba mucho que regresaran con vida.
Los cinco Saiyans se miraron confundidos.
- Si era eso lo que pensaba¿por qué nos permitió partir? – preguntó Tooma
- Eso no importa ahora¿cuáles son sus nombres? – preguntó, más para zafarse de la difícil situación que por que en verdad le importara.
- Somos: Bardock, Seripa, Tooma, Pumbukin y Toteppo – señaló Bardock a cada uno de ellos al decir sus nombres.
- Muy bien, desde este momento, serán considerados los guerreros de clase baja más fuertes del universo – concedió el rey – ahora lárguense, tengo mucho que hacer.
Los cinco Saiyans salieron del lugar, después de haber recibido cada uno una pequeña medalla que tenía una insignia que ninguno de ellos había visto jamás.
Comentando acerca de sus reciente logro y de lo horrible que se veían las insignias sobre sus armaduras, Bardock y sus compañeros bajaron hasta el bar del palacio, para estarce allí el resto del día y quizá el resto de la semana también, después de todo, el rey les había permitido hacer lo que quisieran.
Entraron al lugar, que estaba abarrotado por Saiyans de distintas clases, los había desde lo más débiles, hasta los de elite. Las batallas entre ellos ya eran muy raras, sus energías las guardaban para conquistar otros planetas, por lo que ya no se mataban como solía ser antes.
Bardock y los demás escogieron una de las mesas del rincón y pidieron una ronda de licor del planeta Freezer 86; de toda la galaxia, ese era el que sabía mejor de todos, y era además, el que le iba mejor a la ocasión.
Brindaron y rieron, contagiando su alegría a las mesas vecinas, pronto varios de sus camaradas Saiyans se les acercaron para compartir con ellos un rato agradable. Pumbukin y Toteppo presumían constantemente sus nuevas insignias, los demás las miraban admirados por lo horribles que se veían sobre las armaduras.
"¿Cómo es que no te da vergüenza llevarla puesta?" les habían preguntado ya, más de diez veces, ellos no los tomaban en cuenta, alegando que lo que sentían era envidia de que ellos fueran reconocidos por un mínimo esfuerzo.
La noche siguió avanzando, todos muy contentos y entonces… ella apareció.
Descendiendo por las escaleras de una forma tan sutil y calmada que casi parecía que flotaba. Sus cabellos negros, caían sobre sus hombros delgados, semejando una cascada de agua negra. Sus ojos del mismo color escudriñaron el lugar, en busca de Saiyans conocidos, el brillo de las luces se reflejaba en ellos, haciéndolos destellar en medio de todas esas luces que danzaban por el lugar. Su piel era de un tono pálido y se notaba tersa y suave, su armadura estaba adornada con hombreras de color rojo, que resaltaban el rubor en sus mejillas, ella era… era…
- Perfecta – Susurró Bardock sin darse cuenta y una nueva aventura comenzaría para él desde ese momento, una aventura, que no resultaría del todo agradable.
