¡Hola de nuevo! He vuelto con un nuevo capítulo de esta historia, ha sido difícil escribirlo por la falta de tiempo, estoy hasta arriba de papeleo (y, por qué no decirlo, no ha ayudado el hecho de que se jugara el Mundial), pero de momento eso se ha acabado y ahora tengo tiempo de sobra.

Gracias a Hinata Hyuga -NxH y a Coni hyuuga por los comentarios tan elogiosos. Espero que les guste el nuevo capítulo.


Amanecía en España un nuevo día, y en su capital, la fastuosa Madrid, ciudad siempre bulliciosa, nada relajante y siempre estresante, el constante vaivén de la gente yendo a trabajar era la banda sonora con la que todos los madrileños se levantaban y convivían.

Hinata no terminaba de acostumbrarse aún a ese panorama. Su Konoha natal era una ciudad más pequeña, en la que el ruido no era un problema, porque era el habitual en las ciudades de extrarradio. Bullicio normal, pocas veces sonaba el claxon de los coches y se podía andar con calma. En Madrid eso era algo imposible de conseguir. Aunque la ciudad tenía otros encantos. Museos, parques, sitios de turismo, ser la meca del fútbol europeo… En conjunto, eran más los puntos positivos que negativos. Pero Hinata detestaba las mañanas.

Y las detestaba porque el bullicio general siempre conseguía despertar al pequeño Boruto, de dos años de edad. Un ángel que iluminó su vida cuando más lo necesitaba. Cuando peor lo estaba pasando, descubrió que su última noche de pasión con Naruto le había dejado un regalo inesperado. Decidió que ella sería la madre y el padre del niño, al cual llamó como él quería llamar al hijo que tuviera con ella. También tenía claro que se merecía tener una buena vida.

Así fue como decidió trabajar en el Banco Aso. Comenzó con un modesto puesto de secretaria, pero rápidamente fue ascendiendo y, conforme a la cualificación que ella tenía, le ofrecieron un puesto como Directora Comercial Internacional, puesto que ostenta en la actualidad.

Las seis de la mañana era un horario poco habitual, pero a ella le gustaba hacer unas pequeñas rutinas de ejercicio antes de ir al trabajo. Pero antes de eso, tenía que dejarlo todo bien preparado. Y eso incluía a su hijo.

- Boruto, es hora de despertar. – dijo Hinata con un tono dulce de voz.

Boruto se despertó y al ver a su madre, alargó sus brazos hacia ella, como indicación para que lo tomara en sus brazos.

- Mamá…

Cada vez que Boruto la llamaba, Hinata sentía que cada vez quería más y más a su hijo. Todo lo que había pasado merecía la pena con tal de que su pequeño estuviera bien. Se le escaparon un par de lágrimas del más puro amor: ese que siente una madre por un hijo.

Hinata le preparó un biberón y para ella se preparó unas tostadas con aceite de oliva y tomate natural, y para beber, un zumo de naranja natural. Un desayuno típico del lugar, que aprendió en sus primeros momentos en Madrid, cuando tuvo que subsistir con los ahorros que disponía. Ese desayuno, tan simple, la encandiló, y se convirtió en costumbre el comerlo.

Se puso unas mallas, que se ajustaban a sus torneadas piernas a la perfección, se colocó el sujetador deportivo, que teniendo en cuenta el crecimiento de sus senos desde que alumbró a Boruto, su uso era imprescindible por su comodidad, y también porque no quería que los hombres se quedaran embobados mirando el bamboleo tan hipnótico de sus pechos y fuese el centro de atención; se puso una camiseta de tirantes, una sudadera, preparó una muda de cambio y se fue a la guardería a dejar a Boruto. Era su rutina habitual.

Sentó a su hijo en el asiento trasero de su BMW X3, comprobando antes que la sillita del niño está correctamente anclada a los asientos. Tras comprobarlo, arrancó el coche y se dirigió a la guardería.

- Como siempre, a las cinco de la tarde, ¿no? – dijo Kabuto.

Fue una suerte para Hinata encontrar a Kabuto. Descendiente de japoneses, era el director de una guardería en Madrid. Se manejaba bien tanto en japonés como en castellano, así que no tuvo problema para entenderse con él.

- Sí, Kabuto. – dijo Hinata. Echó un vistazo rápido a su hijo. – Pórtate bien, ¿de acuerdo?

Boruto asintió, entendiendo lo que le decía su madre. Antes de despedirse, Hinata le dio un beso en la frente. La frente de Boruto estaba templada, en contraste a la frialdad que azotaba los labios de Hinata. Al contacto, Hinata sintió cómo, desde su corazón, un cálido sentimiento llenaba cada poro de su cuerpo.

Hinata salió de la guardería. Eran las siete y cuarto, tenía tiempo de sobra, así que decidió ir al gimnasio, como tenía previsto y como ella solía hacer habitualmente. Se subió a su coche y condujo hasta allí.

¿Que por qué iba Hinata al gimnasio? De alguna forma tenía que sacar todo lo que se acumulaba dentro. Cuando descubrió que el ejercicio físico era un buen sustituto del sexo que le daba Naruto, no tardó en apuntarse al gimnasio.

Naruto…

En su interior, no dejaba de preguntarse si de verdad había hecho bien yéndose y no luchando por él. Ella sabía del sentimiento que él tenía por ella, pero también es cierto que él, por mucho que dijera que no lo deseaba, siempre quiso una oportunidad con Sakura. Al menos eso le habían dicho tras su incorporación al Instituto Senju de estudios superiores. Ella sufrió un flechazo instantáneo, y conforme fue pasando más tiempo con él, ese flechazo se convirtió en el más puro de los sentimientos.

Pero ya era tarde para pensar en eso. Ahora tenía una vida nueva en Madrid, donde, si bien no tenía la compañía de un hombre, tampoco le hacía falta. Tenía a un hombrecito a su cargo, y ese era un motivo más que suficiente para seguir allí y no volver a Japón.

Hinata conectó a su móvil sus auriculares y comenzó a escuchar música. La cinta eléctrica se movía al ritmo que ella había marcado, y ella corría al ritmo que marcaba Lose Yourself. Esa canción tenía un significado importante para ella: las oportunidades llegan una vez en la vida. Si no las aprovechas en ese momento, se van. O eso creía ella…

Tras hacer una carrera de alrededor de media hora, Hinata se fue a las pesas. No es que fuese especialmente fuerte, pero sí que se mantenía en una forma aceptable. Al ritmo que marcaba, en esta ocasión, Nightmare de Avenged Sevenfold.

Para concluir, tenía una sesión de yoga, que le servía para relajarse de todo el estrés que acumulaba su cuerpo. Ser una alta ejecutiva de una gran empresa, además de ser madre soltera era algo que muchos en el seno de la empresa admiraban, porque muchas decían que se morirían estresadas. Ella aguantaba gracias a esa paliza física que se daba a diario.

Ya eran las ocho y cuarto, y tras esa pequeña sesión, se fue a las duchas. Antes de desnudarse, se miró en el espejo. Estaba absolutamente empapada en sudor, pero ese esfuerzo merecía la pena, viendo la excelente forma física que tenía, y el privilegiado físico que tenía. Se sentía bien con ella misma.

Se duchó y se vistió con una blusa de color lavanda, una falda blanca, unas sandalias con tacón y su collar favorito, aquel que le regaló Naruto tras su primer mes juntos. Un precioso collar de perlas. Aún recordaba la frase que le dijo cuando se lo regaló.

"Hinata, este regalo brilla tanto como tu mirada cuando estás feliz. Brilla tanto como tu belleza al despertarte de la cama. Brilla como tú, que eres preciosa como un diamante. Este collar es como tus ojos, blanco y puro. Te complementa a la perfección, hace que te veas más hermosa aún. Soy tan afortunado de poder estar contigo… Quiero seguir así mucho tiempo, mi lavanda. No olvides que todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo para siempre. No olvides que te amo y que siempre te amaré…"

Hinata apretó el collar contra su pecho al recordar esas palabras, dichas desde el fondo de su corazón. Lo supo cuando se marchó, y lo seguía sabiendo tres años después de su partida: a pesar de la distancia y del tiempo, ella seguía perdidamente enamorada de Naruto.

Pero no podía seguir anclada en el pasado. Por Boruto, tenía que ser fuerte y ser capaz de seguir adelante.

Hinata salió del gimnasio en su coche y se dirigió, pensativa, a su trabajo. En el trayecto, el cuerpo le pedía escuchar baladas. Así que usó la más amplia selección de música triste. Miles de recuerdos de Konoha invadían su mente. Aquellas tardes con Hanabi, jugando cuando eran pequeñas; Neji animándola en sus estudios cuando ya habían retomado la relación; tantas y tantas quedadas con sus amigos, con los que no tenía contacto alguno; y los más oscuros y hermosos recuerdos que tenía con Naruto.

¿Qué le unía a Madrid? Más allá de la residencia, su puesto de trabajo y su hijo, nada.

Llegó a la sede del banco, donde fue recibida con respeto por las recepcionistas. A ella no le gustaba la excesiva formalidad con la que la trataban, y más de una vez les había dicho que la llamaran Hinata, y no Señorita Hyuga como allí acostumbraban.

Entró a su despacho y encendió su ordenador, entrando a su correo electrónico. Un mensaje nuevo apareció en pantalla, era de su jefa.

"Buenos días, Señorita Hyuga.

Mañana a las 09:00 tenemos una reunión importante para tratar un asunto de vital importancia para la empresa.

Ruego su presencia en la misma, pues el asunto atañe a todas las jefaturas de la empresa.

Gracias de antemano.

Kaguya Otsutsuki.

C.E.O. de Banco Aso S.A."

El correo había sido mandado a las dos de la mañana. ¿Acaso creía que ella iba a mirar el correo a esa hora? Lo peor de todo es que ella no tenía nada preparado para la reunión, y con lo meticulosa que solía ser Kaguya, algo tremendamente importante tenía que ser para convocar una reunión tan de improviso. Y como no conocía el asunto de la reunión, no podía preparar nada. Sólo quedaba esperar.

La hora de la reunión llegó e hicieron acto de presencia los directivos de la empresa, y todos estaban expectantes ante lo que tuviera que decir Kaguya, ya que nadie sabía lo que tenía que decir.

- ¿Vosotros sabéis por qué se ha convocado esta reunión? – preguntó Orochimaru, que era el Jefe de Recursos Humanos. Un tipo oscuro y siniestro, si Hinata tuviera que definirlo con pocas palabras.

- Ni idea, me llegó anoche un correo y esta mañana lo vi. – dijo Hinata.

- Extraño, ¿no? – apareció de repente Shino Aburame, el jefe del departamento de Calidad de la empresa. Tenía buena relación con Hinata.

Hinata se asustó ante la repentina aparición de Shino. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su agitada respiración, fruto del susto.

- ¡Dios, Shino! Casi me matas de un infarto. No te esperaba. – dijo Hinata, aún sobrecogida.

Cuando Shino iba a responder, hizo acto de presencia la presidenta. Kaguya Otsutsuki era una mujer de apariencia bastante joven, aunque llevara más de 15 años dirigiendo el banco. Una mujer de poder, raza y fuerza.

- Buenos días. – comenzó Kaguya. Las personas que ocupaban la sala de juntas se encontraban expectantes. – He convocado esta reunión para exponer el plan de expansión para el siguiente año.

Todos los presentes estaban muy atentos a lo que tuviera que decir. Sabían que ella era una excelente gestora, y que sus planes iban a ser ambiciosos.

- En nuestros planes, se ha definido una inversión alta. Nuestro banco está presente en todos los grandes mercados del mundo, salvo en el este de Asia. Por ello, se ha decidido dar el salto al siguiente nivel, que es la colaboración con el mercado asiático.

Hubo consenso general en que esa era una magnífica idea. Entrar en Asia podría ser el espaldarazo definitivo a las pretensiones que tenía Kaguya de ser el banco número uno del mundo. La duda era cómo acometerían esa llegada.

- Señora Otsutsuki, vaya por delante mi total apoyo a la iniciativa, creo que es el salto definitivo para que estemos donde nos merecemos. – preguntó Shino. – Pero entienda que los estrictos parámetros de calidad conseguidos en tantos años y con tanto esfuerzo no se pueden perder. Entonces, ¿cómo será el desembarco en Asia? ¿Por la puerta grande o se irá poco a poco?

- Magnífica pregunta, señor Aburame. – dijo Kaguya. Se notaba que se había preparado la junta y todas las posibles cuestiones. – Verá, el desembarco se realizará en un tiempo prudencial, en primer lugar, tomando contacto con empresas de referencia en los distintos sectores, ofreciendo condiciones de financiación muy ventajosas. Así nos abriremos un hueco. Luego, el cliente de a pie conocerá al banco por las referencias que obtenga en las empresas. Y a partir de ahí, comenzará la expansión. Y con respecto a la calidad de los servicios, procuraremos que sea la misma que ofrecemos en todos los lugares.

- ¿Y cuánto personal sería necesario contratar? – preguntó Orochimaru. – No en vano, una apuesta tan clara y decidida requiere de un amplio número de trabajadores.

- Las previsiones nos dicen que, en cinco años, alrededor de 8000 personas en 3000 sedes, con un margen de beneficios de en torno a un 250% de la inversión realizada inicialmente. – dijo Kaguya, justificando las cifras y el balance económico. – Como pueden ver, sería una necedad el no entrar en este mercado.

Todos estuvieron de acuerdo en invertir en Asia y en explotar ese nuevo mercado.

- Bueno, pues la reunión termina aquí. Espero que todo haya quedado claro.

Todos se levantaron de la mesa, y mientras Hinata estaba recogiendo su libreta con los hechos más importantes comentados en la reunión, Kaguya se acercó por la espalda a Hinata, que sorprendida, dio un pequeño saltito.

- Por cierto, Hyuga, tengo que hablar en privado con usted. – dijo Kaguya, a lo que Hinata asintió.

Hinata estaba temerosa, sabía que cuando Kaguya quería hablar con alguien en privado, no solía traer buenas noticias.

Hinata no podía dejar de preguntarse en qué había fallado para que Kaguya la reclamara. No podía quedarse sin trabajo, tenía un hijo a su cargo, ella era quien mantenía el hogar.

Llamó a la puerta del despacho de Kaguya, que estaba sentada en su escritorio mirando la pantalla del ordenador, seguramente analizando las previsiones de beneficios del trimestre.

- Tome asiento, Hyuga. – dijo Kaguya, mientras giraba su silla ligeramente para poder ver mejor a Hinata. - Supongo que se preguntará por qué la he llamado a mi despacho…

- Antes de nada, déjeme decirle que es un honor trabajar en este banco, y que es usted la mejor jefa que he tenido nunca. – dijo Hinata, que estaba extremadamente nerviosa y asustada

- Tranquilícese, no me haga la pelota. – dijo Kaguya, riendo ligeramente. – Estamos muy satisfechos con su trabajo, y es por ello que he tomado una decisión a título personal que le afecta a usted directamente.

Hinata suspiró relajada. Su puesto de trabajo no corría peligro. Pero entonces… ¿Por qué la requería a ella y solamente a ella?

- Como ya he dicho en la reunión, nuestro banco tiene presencia en todos los grandes mercados del mundo: Norteamérica, Sudamérica, Europa Central y del Sur, Rusia, el norte de África, Oceanía… Todos menos Asia. – comenzó narrando Kaguya, a lo que Hinata escuchaba atentamente. - Principalmente, nos interesa entrar en el mercado de Oriente Asiático: China, Japón y Corea del Sur. Es un mercado muy amplio, de alrededor de mil seiscientos millones de personas, y entenderá que, siendo casi el veinticinco por ciento de la población mundial, es un mercado importantísimo. – Hinata asintió temerosa. Estaba empezando a entender hacia dónde iba la conversación. - Nuestro primer paso es un acuerdo de financiación con una importante empresa japonesa. Por nuestros orígenes comunes, entenderá que es sumamente importante que esta colaboración sea fructífera.

- Lo entiendo, es un mercado amplio y debemos estar ahí. Y con las condiciones que ofrecemos, no tardaremos en captar clientes. – dijo Hinata, entendiendo lo que quería decir su jefa. – Pero… ¿qué tengo que ver yo con eso?

Kaguya le sonrió a Hinata. La extrema profesionalidad y diligencia había hecho que se ganara su confianza y llegara a la decisión que había tomado. No en vano, se había ganado todos y cada uno de los ascensos que había conseguido.

- Visto tu excelente historial de trabajos, creo que el puesto de Directora de Relaciones internacionales es adecuado para ti. Pero necesitamos a alguien que interactúe directamente con esta empresa. – dijo Kaguya, dando a entender a Hinata cuál era la resolución que había tomado. - Hinata Hyuga, te vas a Japón a cerrar el contrato. Si lo consigues, te nombraré Directora General en Asia Oriental del Banco Aso.

Hinata se quedó estupefacta. Era una oportunidad única de obtener un gran puesto y darle una vida mejor a Boruto. Pero en Japón existía la posibilidad de tener que enfrentarse a su pasado, y eso era algo que a Hinata le causaba pavor.

- Con todos los respetos, creo que hay personas mejor cualificadas y dispuestas que yo. – intentó excusarse Hinata. – Creo que sería mejor enviar un comisionado con…

- Hyuga, usted es uno de los mejores trabajadores de esta empresa. – interrumpió Kaguya, con algo de indignación. – Esta es una decisión tomada en exclusiva por mí, y entenderá que no la retire. Confío plenamente en ti para realizar esta labor.

Hinata asintió resignada, no iba a poder huir de su vuelta a Japón. Kaguya sacó una carpeta y un USB del cajón.

- Aquí está toda la información con respecto a la operación: empresa, contactos y preámbulo del contrato. Espero tener buenas noticias pronto.

Hinata salió del despacho de Kaguya y miró el reloj. Marcaban las cuatro de la tarde. La reunión se había alargado más de lo esperado. Se fue a buscar a Boruto.

- Oye, Kabuto… Creo que durante un tiempo no voy a necesitar venir… - dijo Hinata, apenada. Había entablado cierta camaradería con el chico, que había heredado la vocación de cuidar niños de su madre.

- ¿Sí? ¿Es que no está contenta con los cuidados? – dijo Kabuto, preocupado por no haber ofrecido un buen servicio.

- ¡Oh, no, nada de eso! – negó rápidamente Hinata. – De hecho, te he recomendado en el seno de la empresa, por si alguien lo necesita. Es que tengo que irme un tiempo, no sé cuánto, y… bueno, me llevo a Boruto. Pero seguimos en contacto, ¿vale?

Kabuto asintió y se despidió de Boruto.

Hinata llevó a Boruto a su casa y preparó una maleta tanto para ella como para el pequeño Boruto, con toda la ropa de ambos. Al ver su teléfono, decidió llamar a su casa, concretamente a Neji, que tanto había insistido en que volviera a Japón. Supuso que esa noticia le agradaría, así que decidió marcar su número y llamar.

- ¿Sí? – contestó Neji, con voz somnolienta.

- ¿Hermano?

- ¡Por dios, señorita Hinata! ¿Sabe qué hora es en Japón? – dijo Neji, abroncando a Hinata.

- Lo siento, pero esto es importante. – dijo Hinata, desesperada.

- ¿Y qué es lo que le pasa? – dijo Neji, preocupándose por Hinata.

- En el trabajo me han recomendado para dirigir las negociaciones con una empresa japonesa que ha pedido financiación para un proyecto, pero no conozco los detalles.

Neji sonrió socarronamente. Si Hinata supiera que fue su petición expresa el que el crédito fuese pedido al Banco Aso, probablemente le retiraría la palabra.

- Eso es fantástico. Su trabajo tiene recompensa. – dijo Neji, orgulloso de su prima.

- Hay un problema… O al menos lo es para mí. Tengo que ir a Japón.

Neji celebró internamente el retorno de la primogénita. Tras tanto tiempo, al fin volvería a ver a su querida prima. Aunque su relación no siempre fuese la mejor, en ese momento, su relación era muy estrecha. Y esperaba poder ayudarla a enmendar sus errores.

- ¿Pasará las noches en la residencia familiar? – preguntó Neji. No quería oírle decir que se iba a quedar en un hotel.

- Qué remedio… Me sale más barato que irme a un hotel. Además, a cierto primo mío no le gustaría oír que me voy a quedar en un hotel. – bromeó Hinata. - Cuando llegue, te cuento los detalles, hermano.

Hinata colgó el teléfono y suspiró. Tendría que comenzar una nueva vida… Evitando su pasado.


Ay, Hinata, si supieras que el pasado siempre vuelve...

Otro capítulo más de este fic, de momento, poco NaruHina, pero era necesario elaborar el contexto de la vuelta de Hinata. Y creo que ha quedado claro que Hinata vuelve, simplemente, por asuntos profesionales.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos...

¡Nos vemos!