Hiiiii!!!!!
Bueno aquí me inspiré y escribí el capitulo siguiente jeje…
Muchas gracias a todos por sus Rewiews.
Realmente me alegra mucho saber que les gusta mi fic …
Aquí les dejo el capitulo…
Capitulo IV
Seguían besándose, cada segundo con mayor intensidad, con más ganas en cada roce de sus labios. Carlos deslizó sus manos que se encontraban en el rostro de la chica, hasta sus hombros y luego a sus brazos suavemente, ella ante el contacto se estremeció levemente, y su respiración comenzaba a agitarse de manera imperceptible. Él por su parte sentía como la sangre que fluía por todo su cuerpo comenzaba a acelerar su ritmo de recorrido, llegando de manera apresurada y violenta a su cabeza y a partes mas bajas.
- Espera… Jill… - Dijo entrecortadamente, mientras luchaba con su yo interno. – Esto, no esta bien. – Prosiguió con una voz extraña y dudosa, alejándose unos centímetros de la mujer frente a él.
La chica de intensos ojos azules, lo miraba extrañada, esperando que dijera algo mas, pero al ver que de sus bien formados labios no escapaba el mas mínimo vocablo, decidió romper el silencio incomodo, que se le hacia eterno y desagradable.
- Lo siento. – Expresó con un extraño pesar en su suave voz. – Yo, nunca quise incomodarte. – No tenia claro que era lo que debía decirle en un momento así, era cierto que nada de esto había sido planeado, más que nada había sido un impulso, pero como decirle lo que estaba sintiendo, si no podía recordar nada.
Carlos seguía sin decir nada, pero¿Qué iba a decir? Que en un ataque de conciencia, había decidido alejarse bruscamente de ella.
No, claro que no le puedo decir eso.
- No, discúlpame tú a mí, yo no he debido corresponder. - ¿Qué era lo que acababa de decir?... ¿Es que acaso estaba loco? – Quiero decir…
- No te preocupes, entiendo… Es mejor que lo olvidemos, esto nunca debió pasar. – Lo interrumpió Jill, con un tono algo fastidiado pero muy bien disimulado, tras una leve sonrisa forzada.
Su corazón dio un salto de angustia, al oír las filosas palabras de la chica¿seria cierto lo que acababa de decir? Al fin y al cabo, él no quería que las cosas sucedieran así, no de esa manera tan apresurada, y no le quedo mas remedió que ignorar ese dolor que sentía en el pecho.
Se volteó en dirección a la puerta de la habitación, con la clara intención de marcharse y olvidar aquel incidente, Jill no estaba bien, y no quería forzarla a nada, no deseaba que pasara nada entre ellos, al menos hasta que recuperara sus recuerdos, y volviera a ser la misma de siempre.
- Le diré a Rebecca, que te pase algo para que puedas vestirte. – Dijo con un tono muy bajo, mientras posaba su mano sobre el pomo de la puerta.
Jill solo asintió levemente moviendo la cabeza, mientras su fuero interno le gritaba desesperadamente que lo detuviera, pero no podía hacerlo, no después de lo que ambos acababan de decir. Por lo tanto solo observó como se cerraba la puerta cuando él desapareció tras la sombra que se proyectaba desde el exterior.
……
Llevaba un buen rato sentada sobre las heladas y ásperas rocas, sus piernas comenzaban a entumecerse, y la espalda empezaba a dolerle, sin duda este no era el mejor asiento de la zona, pero por alguna extraña razón aquel sitio le agradaba de sobre manera, cada vez que quería estar sola recurría a este y hoy no era la excepción.
Una fría brisa, que floreció de la nada, hizo que su cabello se meciera y el aire refrescado azotara sus descubiertos brazos.
No podía dejar de pensar en su hermano, hace unos meses había decidido que superaría todo esto, que trataría de olvidar, y seguir adelante con el cometido que Chris se había propuesto, destruir a Umbrella.
¿Pero como puedo hacerlo ahora?... Desearía que estuvieras a mi lado Chris.
Las lágrimas brotaron sin demora de sus expresivos ojos celestes, y ese nudo característico se instaló en su garganta, amenazando con hacerla sollozar. Se mordió el labio inferior tratando de acallar los lamentos que deseaba lanzar, y abrazó sus piernas, para posar su cabeza sobre sus rodillas, y así poder esconder su rostro, el cual expresaba el dolor que sentía su alma, por la incertidumbre de saber que había pasado con su hermano.
- Sabía que estarías aquí. – La voz masculina sonó con cierta comprensión y alegría. Haciendo que Claire levantara la cabeza, y dirigiera una mirada a quien acababa de llegar.
Ella lo observó detenidamente durante unos segundos, no sabía por que él le provocaba esa tranquilidad a su espíritu, cada vez que le tenía cerca, se sentía mejor, de alguna manera apreciaba un sentimiento de protección de su parte.
- Leon… - Dijo con una sonrisa tenue y cansada dibujada en su cara.
- ¿Esperabas a alguien mas? – Preguntó en sentido de broma, y luego agregó - ¿Estas bien? – Esta vez cambiando completamente el tono de su voz, por uno de preocupación.
- Abrázame… Por favor. – Le pidió la chica con tono suplicante.
El chico de melena rubia, la envolvió fuertemente con sus fornidos brazos, cubiertos por una chaqueta de color marrón. Claire al sentir el calor del cuerpo de Leon, se sintió privilegiada y segura, por lo que pudo llorar con confianza, mientras el acariciaba tiernamente su cabello.
Ignoraba completamente el modo de ayudarla, no le gustaba verla sufrir de esa manera, se sentía triste al verla llorar, aunque sabia que eso le ayudaría a desahogarse.
……
Aquella chica pequeña, de cabello corto, color castaño, ojos esmeralda, y vestida con unos jeans de color negro y una camiseta de mangas cortas de color verde oscuro, estaba hace unos minutos en el cuarto buscando algo.
Jill solo la observaba con cuidado, tratando con un gran esfuerzo, recordar algo referente a ella.
- Aquí esta. – Exclamó la chica con tono victorioso, atrayendo la atención de Jill por completo. – Todavía guardamos algo de tu ropa. – La chica de ojos azules la miraba con curiosidad. – Sabes, si no mal recuerdo, siempre era Carlos quien cargaba con este bolsito tuyo.
Rebecca puso la pequeña maleta sobre la cama, y la abrió con delicadeza. Dentro de esta había una pequeña cantidad de ropa, una bolsa para cosméticos y una beretta.
- Jill… ¿Es cierto que no puedes recordar nada? – Preguntó con preocupación la chica de cabello corto.
La aludida bajo la mirada, ocultando su expresión y respondió
- No… Pero… Aunque te parezca raro, es solo un lapso de tiempo. – Se detuvo para dar un suspiro y luego prosiguió. – Sabes, siento como si me hubieran borrado parte de mis recuerdos… Pero, sueño cosas muy reales, muy detalladas. – Cerró los ojos con fuerza. – Monstruos… Comiendo gente… Y una bestia enorme que quiere liquidarme… - levanto la vista y sonrió. – Seguramente, creerás que estoy altamente perturbada.
La muchacha junto a ella, abrió los ojos en señal de pasmo, no se le ocurría que decir, todo lo que Jill estaba mencionando era muy extraño. ¿Qué era lo que le habían hecho en ese laboratorio?
- ¿Recuerdas Raccoon City? – La pregunta no se hizo esperar. – Jill, todo lo que dices… Todo eso, ocurrió hace unos años. – Los ojos azules de la mujer se abrieron de par en par, al oír esas palabras. – Sé que suena descabellado, y quizás es mucho peor que te lo haya dicho así, sin mas. – Se detuvo para sentarse sobre la litera junto a Jill. – Escucha… Todo ese desastre… - Rebecca apretó el puño con fuerza mientras miraba a los ojos de la chica, que la miraban con una concentración inherente. – Fue provocado…
¡TOC¡TOC!
El golpeteo contra la puerta interrumpió la conversación.
- Rebecca¿puedes salir un momento? – Era la voz de Carlos al otro lado.
- ¡En seguida voy! – Exclamó Rebecca antes de ponerse de pie. – En otra ocasión seguiremos nuestra charla. – sonrió ligeramente, y luego agregó. – Decide que ponerte, ahí esta tu ropa.
Y la chica de ojos esmeralda, salió de la habitación cerrando la puerta tras ella.
¿Qué era lo que ella acababa de decirle? Todo eso era real… O por lo menos así lo había asegurado aquella muchacha.
Jill llevó su mano hasta su pecho, cuando se dio cuenta que el miedo a que eso pudiese ser verdad, la intentaba vencer.
Es imposible… ¿Quién podría?... No, no puede ser… Pero… ¿Y si pasara otra vez?... Y, si aquella criatura que cargaba el lanzamisiles…
- No… - Murmuró mientras sacudía tenuemente su cabeza, con el afán de quitarse esos horrendos pensamientos.
Se levantó de la cama, y comenzó a curiosear en el bolso que le había dejado Rebecca. Pero al tomar el arma que allí se encontraba, muchas imágenes comenzaron a pasar por su mente… Una mansión en medio del bosque, extraños perros zombies, monstruos, criaturas extrañas, la sensación de miedo desgarrador, Chris…
- Chris… - Susurró dejando caer el arma al suelo, mientras su mirada quedaba perdida en el tiempo.
……
El calido aire tropical veraniego que mecía las copas de los árboles, les rozaba sutilmente el rostro, mientras el aroma metálico e insípido del lugar entraba por sus fosas nasales, haciendo que sintieran que les estallaría la cabeza en cualquier momento, a lo lejos se escuchaba el sonido de las olas chocando contra el rompeolas de la isla T-1. Llevaban muchísimo rato caminando, cargando todo el armamento, cansados y adoloridos, tenían muy clara la misión y el objetivo principal de esta.
Entrar a las instalaciones del laboratorio de la isla, tomar una de las muestras del virus, colocar los explosivos, y huir sin contratiempos. Nada muy difícil, ni que no hubiesen realizado antes, pero que sin duda les tomaría mas tiempo del esperado, ya que todas las posibles entradas al complejo, estaban custodiadas por guardias exageradamente fornidos.
- Creo que esos tipos, son… - Chris no alcanzó a terminar la oración, cuando uno de esos guardias lo apuntaba en la cabeza con un rifle M4A1.
Estaba detrás de ellos, y apuntando a Chris, Jill se quedó pasmada¿Cómo era posible? No había tenido el tiempo suficiente para llegar hasta ahí. Además estaban ocultos y mimetizados tras aquellos húmedos arbustos.
Imposible…
La mirada privada de sentimiento alguno, de aquel hombre que apuntaba a su compañero, se posó sobre ella, parecía estar analizándola, la chica sintió como un escalofrío frenético, recorría a lo largo, toda su espina dorsal, estaban inevitablemente perdidos. Pero lo peor estaba por venir, de eso pudieron darse cuenta, cuando más de aquellos escoltas gigantescos comenzaron a rodearlos.
Uno de ellos agarró a la chica de ojos azules, violentamente por el brazo derecho, y la arrojó contra Chris, quedando ambos sentados sobre el barro mojado, que cubría el suelo de la isla, mientras el resto de ellos, los apuntaba con distintos tipos de poderosas armas.
- Así que… Tenemos turistas. – La voz seca y masculina, resonó en el eco infinito que se producía en ese lugar. – Chris Redfield… Jill Valentine… - Prosiguió, mientras llegaba y se posicionaba en frente de los aludidos. - ¿Qué era lo que pensaban hacer?
El hombre de contextura gruesa, ojos esmeraldas y cabello negro, que acababa de formular una pregunta, tomó rudamente a Jill del mentón, y acercándose peligrosamente a ella, le dijo
- Les he preguntado algo… - Le apretó el rostro a la chica, con potencia y luego sin dejar de presionarla, prosiguió. – Y cuando yo pregunto, me gusta que me respondan…
- ¡Suéltala, maldito bastardo! – la voz de Chris se escuchó fuerte e imponente, mientras se ponía de pie para golpear a aquel tipo.
Un solo golpe con la culata del rifle, propinado por uno de los guardias de Andrews, fue más que suficiente, para dejar al joven S.T.A.R.S tendido en el suelo.
El dolor que sentía en la sien derecha era realmente intenso, aquel tipo que lo había herido, tenia una fuerza sorprendente.
- ¡¡¡Chris!!! – Gritó Jill zafándose de las manos del hombre.
- Ya basta de juegos, esta vez, no escaparan. – Dijo Andrews esbozando una malévola sonrisa. – Si no quieren confesar, en donde se encuentra el resto de ustedes, yo mismo los mataré.
Sin más preámbulos, el hombre corpulento despojo a uno de sus guardias de su arma, una escopeta Remington M1100 de calibre 12, y ordenó que los prisioneros fueran arrodillados y amarrados con las manos detrás.
- ¡Al dar el primer tiro, quiero que todos empiecen a disparar contra ellos! – Paso su lengua contra su labio superior, en señal del placer que le provocaba matar.
Chris se maldecía a si mismo, por haber expuesto a Jill a semejante peligro, la culpa lo invadía en sus últimos minutos, o mejor dicho segundos de vida, y rezaba en su fuero interno, para que a su hermana pequeña no le pasara nada malo.
Claire…
Jill cerró los ojos fuertemente, con una intensa paz interior, no tenia miedo de morir, pero que pasaría con los demás, este sin duda seria su fin, y Umbrella inevitablemente se salía con la suya, una vez mas.
Carlos… Ya no podré decírselo…
Dedico una última sonrisa a Chris, y él a ella, y ambos volvieron a cerrar sus ojos, aunque no por mucho tiempo, los ojos azules de Jill volvieron a abrirse tras escuchar el primer disparo. Y vio como el agonizante cuerpo de su compañero abatía casi inerte al lodoso suelo.
- ¡¡¡¡¡¡Noooooooooooooo!!!!!! – El gritó desgarrador de la muchacha, fue lo único que se logró escuchar antes de que los disparos furiosos en conjunto, acribillaran cruelmente el cuerpo de su joven compañero.
Sus ojos abiertos de par en par, no hacían mas que mirar con una enorme irá e impotencia, el cadáver destajado de su camarada que yacía sin vida sobre la mojada superficie fangosa. Quería llorar, gritar con toda su furia, pero no les daría el gusto a esos mal nacidos, de que la vieran destrozada y rendida.
Un terrible y último ruido ensordecedor, el tiro que le consumía la vida, directo en el pecho, el cual se observó completamente expuesto, una sensación de frío invadió toda la zona herida, no sentía dolor, ya que sus neurotransmisores parecían haberse bloqueado, por el impacto recibido en su cuerpo, miró a los ojos del hombre que le había disparado sin culpa alguna, antes de que su cuerpo desprovisto de alma arremetiera contra el piso.
……
Cuando se percató de que aun se encontraba viva, se halló sentada en el piso de madera de aquella habitación, con el rostro empapado por las lágrimas. ¿Qué había sido todo eso?... Nuevamente parecía tan real, no cabía duda, eran recuerdos¿pero como? Si ella había muerto…
¿Que significa todo esto…?
Se quedó un par de segundos mas sentada, pero decidió que seria mejor ponerse de pie, y vestirse de una vez, no era bueno que anduviera desnuda tanto tiempo.
Se acerco nuevamente al bolso, y empezó a sacar la ropa que estaba en el interior, una por una, hasta que, hay estaba esa tenida, aquella con la que aprecia en su ultimo sueño, esa falda de color negro con un delgado borde de color blanco, y el top de color celeste. Mas abajo, después de sacar dos prendas mas, estaba la blusa de color blanco, con la que terminaba de completar el conjunto que llevaba en esa ocasión.
Nuevamente el ataque inminente de los recuerdos, bombardeo su mente sin compasión alguna…
A las chicas les gusta mi acento, las vuelve locas… ¡S.T.A.R.S!... Vamos a morir, los dos… Carlos Oliveira. Encantado señorita… ¡Jill, no te mueras!... Acabo de perder a mi hija allá afuera… No podemos confiar en ella… Pero Sargento necesitamos su ayuda… Los malos no descansan… ¡Otro mutante!... ¡Jill! Por aquí… No te acerques más… Toma, un regalo…
La chica de cabello rojizo, afirmaba su cabeza con ambas manos, mientras esperaba que las visiones y palabras que oía dentro de su cabeza cesaran de una vez. Soltó la blusa blanca, y en el instante en que se sintió mejor, seleccionó la ropa que iba a vestir. Un pantalón ajustado de color negro, el top celeste que había vestido en Raccoon City, y una chaqueta ligera de color negro. Los zapatos que escogió tenían un tacón bajo, y en la parte delantera terminaban de forma puntiaguda.
Cuando termino de ponerse la ropa, se sentó en el borde de la cama, a pensar sobre aquella ultima visión, todo eso la consternaba por el hecho que no le encontraba sentido alguno, si todo eso era cierto¿Cómo era posible que ella estuviera aquí?
No puedo entenderlo… Si tan solo pudiera, aclarar todos estos retazos…
¡TOC¡TOC!
El ruido hueco que se oía cuando alguien llamaba a la puerta, la sacó de sus pensamientos irritantes, y en su interior daba gracias de que alguien le impidiera seguir pensando en todo eso.
- ¿Jill estas lista? – Era la voz de Carlos.
- Si, pasa. – Respondió Jill, y se quedó mirándolo cuando el entró en el cuarto. - ¿Qué ocurre? – Le preguntó intrigada, al ver la expresión con la que la observaba.
- Yo… Rebecca, fue a buscar a Leon y Claire… - El chico dijo lo primero que se le ocurrió. – ¿Quieres salir a tomar un poco de aire? – Preguntó finalmente.
La chica de ojos azules, sonrió abiertamente ante la pregunta, la verdad es que no recordaba con certeza cuando había sido la ultima vez que había sentido aire fresco a su alrededor. Así que, sin pensárselo demasiado asintió con un gesto y se puso de pie. Carlos le tomó la mano y la dirigió a través de la casa, pasando primeramente por el pasillo, el cual Jill observó, rápidamente mientras lo recorrían, el cuarto donde ella se encontraba era el del fondo, y a lo largo del corredor habían dos puertas mas que permanecían cerradas, las paredes de la casa eran simplemente de madera, al igual que el piso. Luego llegaron a la sala, en la que había muy pocos muebles, una alfombra bien esponjosa frente a la chimenea que estaba al lado derecho de la puerta de entrada, y en el lado contrario, una pequeña mesa con 6 sillas de madera, la cocina americana al lado de lo que era el comedor, se veía muy pobre, con un refrigerador y una escuálida cocinilla.
Pasaron apresuradamente por toda la casa, tanto que Jill no tuvo tiempo de observar mas a fondo todo lo que había en el lugar.
Una vez afuera, Carlos cerró la puerta. Y observó a la chica con calma, ella cerró los ojos dejando que la brisa helada, chocara contra su rostro, respirando profundamente el aire puro, escuchando como el viento hacia sonar las hojas de los árboles, como cantaban las aves a lo lejos, y como fluía el cause del río.
- Siento como si nunca hubiera respirado. – Dijo la muchacha de cabello rojizo, mientras volvía a abrir sus ojos. – Gracias…
Carlos se ruborizo progresivamente, hasta que le fue imposible ocultarlo, aunque trataba de disimularlo escondiendo sus ojos tras su cabello, mientras agachaba la cabeza.
- Jill… Lamento lo que paso antes, no quise decir todo eso. – La voz le salió a duras penas, y las manos le temblaban, eso era en verdad extraño nunca le había pasado antes algo así con una chica, si, se podía decir que era todo un conquistador.
- No importa… - Ella delineó en sus labios una sonrisa sincera, la verdad es que aquel beso le había gustado demasiado, él le provocaba cosas inexplicables, sentimientos que prefería guardárselos para si misma. - ¿Te puedo preguntar algo? – Dijo cambiando drásticamente el tema, el chico asintió y ella continúo. - ¿Qué fue lo que paso en Raccoon City?
Carlos abrió los ojos de par en par, estaba asombrado por la pregunta de Jill¿Cómo era posible que…?
- Raccoon City… - Murmuró levemente, mientras meneaba la cabeza. – Es una historia muy larga, pero te puedo decir que es algo que todos los del grupo tratamos de olvidar.
- ¡Pero es algo que yo trato de recordar! – La chica lo interrumpió bruscamente. – Carlos no sabes como se siente esto, es horrible, lo único que quiero es poder ordenar lo poco que ha pasado por mi mente, y saber si todo eso en realidad ocurrió.
El chico de cabello castaño, la miraba con atención y asombro, en el fondo seguía siendo la misma persona que él había conocido, decidida y valiente, Jill Valentine era realmente especial, y sabia que no se daría por vencida hasta recuperar lo que le pertenecía y le había sido arrebatado… Sus propios recuerdos.
- Nosotros… - Suspiro para continuar. – Nos conocimos en Raccoon City, en medio del brote de un extraño virus, que claramente estaba creado con fines bélicos. – La irá normal de todos esos sucesos, parecía manifestarse nuevamente.. – Yo trabajaba para Umbrella como mercenario de su ejército. Y te conocí, mientras buscaba sobrevivientes en aquella ciudad… Tú pertenecías a las fuerzas especiales del RPD… El equipo S.T.A.R.S, junto a Rebecca y Chris. - Sus ojos se encontraron con los de la chica que lo miraba asombrada. – Escapamos juntos de aquella pesadilla, y juramos junto a los demás sobrevivientes que derrocaríamos a la compañía, que provoco todo ese desastre.
- Entonces todo eso… Si ocurrió… - Dijo Jill casi en un susurro casi inaudible. – Tu salvaste mi vida… ¿Verdad?
- En un descuido… Uno de esos monstruos te contagió el virus. – Dijo Carlos mientras se acordaba de aquel momento. – Yo fui al hospital por el antivirus.
La chica de ojos azules, comprendió por que tenía todos esos sentimientos hacia él. Le había salvado la vida, y habían escapado juntos de aquella ciudad, a pesar de que muchas de las cosas que él le había dicho, no lograba recordarlas con claridad, sabia que eran verídicas, confiaba en Carlos, y le agradaba sentir que era así.
Jill fue sacada violentamente de sus pensamientos, cuando vio que Carlos se arrojaba sobre ella, mientras le gritaba que se lanzara al suelo. Seguido de esto sintió como un ruido de explosión se hacia notar con un gran estruendo tras ellos, y los escombros de lo que antes era la cabaña del equipo, se les venia encima sepultándolos bajo los restos de madera inservible.
……
Claire se puso bruscamente de pie apartándose de los brazos Leon, al escuchar el sonido de un helicóptero que sobrevolaba la zona, y después los gritos que provenían del pueblo que estaba río abajo, contiguo al lago.
- ¿Qué es todo esto? – Preguntó Exaltada la chica mientras se daba la vuelta para mirar hacia el pueblo.
- Me parece muy raro que un helicóptero este volando en este lugar. – Dijo Leon con un sentimiento de duda en su voz. – Oh no… No puede ser… - Se quedo pasmado al ver que aquella aeronave pasaba sobre ellos, y mas aun al ver que tenia el logo de Umbrella en la parte inferior.
- Algo muy extraño esta sucediendo, Leon esto no puede ser bueno, puede que nos hayan localizado… – Claire fue interrumpida por los fuertes y desgarradores gritos que se originaban en el pueblo.
- ¡Vamos! Debemos regresar a la cabaña. – El chico de melena rubia, hablo con seguridad mientras se disponía a descender por las rocas. – Ven Claire.
Rápidamente comenzaron a bajar, y cuando estuvieron por fin en el suelo, una voz familiar los sorprendió. Era Rebecca, quien se acercaba corriendo y les gritaba algo a unos metros delante de ellos, traía prisa y se notaba que venia a buscarlos.
- Chicos… Al fin los encuentro. – Decía entrecortadamente la recién llegada, mientras tomaba aire. – Es mejor que volvamos a la cabaña…
Rebecca fue groseramente interrumpida por un fuerte escándalo que venia en dirección a la cabaña, no cabía duda que era el ruido feroz de una explosión, ninguno de ellos podría olvidar jamás aquel sonido ensordecedor.
Los tres se miraron coordinadamente, para luego ver en el cielo como se elevaban los pedazos y escombros encendidos, de lo que antes había sido su casa.
Espero que haya sido de su agrado…
Prometo actualizar una vez que termine con mis exámenes finales
En la universidad.
Besitos y Saludos!!!
Atte. JillFilth.
