Papi Edward

Los personajes de esta historia pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

IMPORTANTE: porfa sigan leyendo cuando terminen de leer el capitulo, que hay una pregunta para ustedes.


Chapter 4

-Señor Cullen- Edward levantó la vista de unos documentos que estaba leyendo con aburrimiento para observar a su asistente-su madre esta en el teléfono- en su cara se formó una feliz sonrisa al saber que no tendría que tratar de poner atención a esos interminables informes.

-Gracias… y Ángela, mi nombre es E-d-w-a-r-d- le dijo recalcando la palabra. Desde que aquella agradable joven comenzó a trabajar como su asistente le avisó que no le gustaba que lo trataran como si fuera un viejo, pero ella se empeñaba a llamarlo por su apellido.

Ángela solo le sonrió inocentemente y se encamino hacia la puerta de la oficina como si no hubiera escuchado nada. Edward lo único que hizo fue suspirar cansadamente y levantar la bocina del teléfono.

-Hola ma- le habló con la voz de un niño de cinco años y escuchó como su madre reía.

-Hola cariño, ¿Cómo te encuentras? ¿Mucho trabajo? A propósito, ¿sabes donde esta Bella? porque la estuve llamando y nadie contesta- Edward subió sus pies sobre su escritorio mientras que ponía sus ojos en blanco- Bueno hace unos minutos me encontraba enormemente feliz porque mi hermosa madre me llamó, pero ahora estoy profundamente herido porque me acabo de dar cuenta que ella quiere mas a su nuera que a su propio hijo… y si, tengo demasiado trabajo y nadie te contesto en casa porque la mujer que tanto aprecias esta en el hospital disfrutando de oler alcohol por todos lados- Esme rió fuertemente al escuchar todo aquello.

- Y ahora mi madre se ríe de mi sufrimiento- el dramático humor de su hijo hizo que ella se carcajeara más fuerte y Edward no pudo evitar que una enorme sonrisa se incrustara en su cara al escuchar las risas de su madre.

-Edward, deja el dramatismo un poco…además sabes que siempre vas a ser mi pequeño Eddy- el hermoso hombre se rió y comenzó a jugar con una lapicera mientras escuchaba a su progenitora.

-Bueno madre mía, presiento que hay algo que me tienes que decir porque sino voy a empezar a pensar que mi querida hermana pudo aguantar un día sin gastar la tarjeta de crédito- el se rió de su propio chiste mientras que su madre soltaba una risita.

- Tienes toda la razón lindura- Edward abrió los ojos con horror al escuchar su nuevo apodo; su madre tenia una extraña manía con eso de inventar sobrenombres- estaba pensando en hacer una cena este fin de semana, ya sabes… algo familiar; además quiero estar con Bella, no es justo que ustedes estén tan lejos y que la única forma de comunicación que exista sea por teléfono- Esme sonaba como una niña a la que no la dejaban jugar con su juguete favorito, y Edward se cuestionaba si su madre todavía no se había enterado de la existencia de las computadoras.

-Bueno mama he guardado este secreto por mucho tiempo y creo que ya es hora que salga a la luz…la verdad es que…- su madre guardo silencio como si su hijo le fuera a contar el mas importante de los secretos - Bella no te quiere y me obligo a vivir lejos de ti para que no metas tus filosas garras en nuestra hermosa relación- Edward comenzó a reír convulsivamente mientras que Esme se preguntaba si el estrés del trabajo lograba transformar a las personas en gente con pésimo humor.

-Hijo necesitas ir a ver a un psicólogo…te lo dijo como madre- Edward se tranquilizó y respiró hondo para hablar tranquilamente- Ok, entonces le aviso a Bella y este fin de semana nos vemos- le dijo mientras bajaba sus pies del escritorio y comenzaba a guardar algunos papeles en su maletín, era mediodía pero ya quería irse, pasar por el hospital y secuestrar a su esposa.

- Ay… estoy tan feliz de ver los de nuevo después de tanto tiempo…no puedo esperar mas- el rodó los ojos al recordar que hacia solo tres semanas que los visitaron.

- Bueno hijo, nos vemos y hazme caso… ve con un profesional, no quiero que la salud mental de la pobre Bella se vea en peligro- el soltó una carcajada y sonrió- mama nos vemos, y por favor no me inventes mas ridículos apodos – le dijo al punto de rogar; que tu madre te avergüence frente a tu esposa no es nada lindo y menos si después tu linda pareja no deja de cargarte durante unas cuantas semanas.

- Ay hijo me tengo que ir a comprar, te quiero y mándale saludos a Bella de mi parte, adiós- y cortó la llamada rápidamente amagando la petición de su lindura.

Edward se levantó, agarró su maletín y salió de su despacho. Al salir vio a Ángela sentada en su escritorio mientras ordenaba unos documentos.

-Ángela, me voy cualquier cosa llámame- la chica solo le sonrió.

-Ok, que tenga un buen día y mándele saludos de mi parte a la señorita Bella- le dijo y siguió ordenando el papeleo. Edward le hizo una señal de saludo y caminó hacia los ascensores.

Bella se llevaba muy bien con Ángela y además eran muy buenas amigas; era raro ya que su esposa no tenía una muy buena relación con la mayoría de las mujeres que trabajaban en la oficina, según ella todas eran unas "zorras quita esposos" y eso causaba la risa de su marido al ver los celos que su mujercita tenía.

Edward la amaba tanto que no tenía ojos para ninguna otra mujer que no sea Bella, pero ver a su esposa celosa le producía un enorme deseo. Todavía se acordaba de aquella vez en donde su princesa había sacado las garras al ver como una ex secretaria se le insinuaba.


- Y también tiene una reunión a las 11:00 hs...- Edward estaba sentado detrás de su escrito mientras que una voluptuosa mujer de unos treinta años, con cabello tenido de rubio platinado y pintada como una puerta, le leía su agenda. La mujer lo miraba con deseo mas Edward no se daba cuenta ya que se encontraba en una erótica fantasía con una hermosa castaña vestida de doctora.

La "rubia" al ver que el dios que tenía como jefe ni siquiera la registraba, pensó rápidamente en alguna maniobra para hacerse notar, y que mejor que agacharse precipitadamente hacia delante del escritorio haciendo que Edward levantara la vista por reflejo y tuviera una asquerosa vista de sus grandes y operados pechos, lo único que el hombre pudo hacer fue levantarse de su asiento asqueado por lo que acaba de ver y mirarla con enfado. No entendía como aquella mujer pensaba que por darle una no muy agradable vista de sus atributos iba a tener sexo con ella.

Mientras tanto la mujer aprovechó el momento y se acercó apresuradamente hacia él sin dejar que nuestro edward pueda moverse.

-¿Qué cree que esta haciendo?- le dijo con una voz que helaría a cualquiera, pero la rubia ignoro el tono y las palabras que salieron de Edward y se pegó a él sin darle la oportunidad de alejarse.

-Señor Cullen, ya deje que hacerse el desentendido que se perfectamente que no aguanta las ganas de hacerme suya-la rubia le habló con una voz que intentó parecer sexy pero era completamente chillona.

Edward la empujó tratando de no tirarla por el gran ventanal que tenia en su despacho porque a pesar de todo sus padres lo criaron con educación, una educación que se iba a ir al demonio si su secretaria seguía cada vez mas apegándose a él.

- Me haría el favor de alejarse de mi porque sino…- y la puerta se abrió haciéndolo callar.

-Mi amor, no sabes las gan- Bella entró por la puerta hablando, pero su boca se cerró rápidamente cuando vio la escena que tenía en frente. Allí estaba su sexy esposo con cara de querer vomitar mientras que la secretaria que tanto odiaba estaba colgada de él sin intención alguna de querer separarse.

La castaña se encontraba completamente congelada, no sabía como reaccionar… quería matar a su adorado esposo pero algo, o más bien su cara de asco le dijo que él no tenía nada que ver y que la única responsable era la estupida platinada que tenía como secretaria. Desde que ella la vio supo que no era de fiar y ahora lo estaba confirmado.

Los celos junto a la ira y furia se hicieron presentes… nadie pero nadie tocaba lo que era de ella, y mucho menos si se trataba de su hombre.

Edward todavía no podía creer lo que estaba pasando… tenía a su secretaria casi encima suyo y con intensiones de violarlo mientras que a unos metros estaba su esposa mirando a su ya ex secretaria con rabia.

El comenzó a empujar con fuerza a la rubia pero esta no se despegaba y encima le sonreía a Bella con arrogancia sin importarle que ella se estuviera convirtiendo en el mismísimo demonio.

-¡¡¡ ¿Qué mierda crees que haces, oxigenada?!!!- Bella caminó rápidamente hacia donde la estupida rubia tenía retenido a su marido, y al llegar a su lado la agarro de la muñeca violentamente y la tiro lejos de su esposo sin importarle si le acababa de romper la mano. Abrazó a su casi traumado marido mientras miraba con odio como la tenida se acariciaba la muñeca y la miraba con furia.

Edward estaba en un estado de piedra, en su mente todavía podía ver como su inocente esposa casi le quebraba alguna parte del brazo a la rubia y lo abrazaba posesivamente mientras la observaba con fiereza.

Nunca pero nunca pensó que su tranquila esposa podía llegar a ser tan violenta, pero internamente le agradecía haberle sacado de encima a esa mujer…todavía sentía como su estomago se apretaba al recordar lo que vio.

-¡¡¡Y tu quien te crees para tocarme un pelo, castaña de cuarta!!!- oh…oh…

Edward rápidamente atrapó en sus brazos a una rabiosa Bella que lo único que quería hacer era ir y arrancarle los pelos tenidos a esa idiota. Edward sabía que si la llegaba a soltar habría un asesinato en ese mismo lugar, aunque ganas no le faltaban ya que nadie tenía el derecho de contestarle a su esposa.

Bella seguía moviéndose en sus brazos mientras que la rubia continuaba maldiciéndola.

- ¡¡¡Para tu información yo soy su esposa, rubia tarada!!!- Edward ya no sabía que hacer.

Cuando alguien se atrevía a contestarle a su esposa tenía que tener cuidado ya ella podría matarte, pero ahora tenía a dos mujeres que estaban a punto de asesinarse en su oficina y él no iba a dejar que la rubia le ponga un solo dedo en encima a su mujer, así que agarro fuertemente a su castaña y alcanzó el teléfono para llamar a seguridad al comprender las intensiones que tenía la platinada cuando su esposa le dijo rubia tarada.

-Ángela, avisa a seguridad que suban ¡¡¡ya!!!- le gritó en el teléfono a su asistente al momento que ponía a Bella detrás suyo al ver como su ex secretaria venía hacia ella con intenciones de pegarle.

-¡¡¡A mi nadie me llama rubia tarada, idiota!!!- justo en el momento en que Edward la agarró para que no toque a su esposa las puertas de su despacho se abrieron y dejaron entrar a Ángela junto con cuatro hombres con el uniforme de policías que rápidamente al ver lo que estaba sucediendo tomaron a la rubia para sacarla del cuarto, pero ésta se movía y gritaba tanto que todos los policías tuvieron que retenerla para que no valla hacia la esposa de su jefe.

-Sáquenla de mi vista ahora mismo, y Ángela cancela su cuenta- Edward seguía teniendo entre sus brazos a su mujer que ya estaba mas tranquila y se abrazaba fuertemente a su marido.

Los policías con fuerza sacaron a la mujer, y Ángela los siguió aun con cara de desconcierto por lo que acababa de pasar. Su asistente cerró las puertas de su oficina, aunque se podían escuchar perfectamente los gritos de la rubia por los pacillos.

Edward respiró hondo y bajo la cabeza para ver a su esposa abrazándose fuertemente a él como si fuera a desaparecer y mantenía los ojos cerrados. Esa acción lo hizo sonreír cariñosamente.

- Ya esta mi amor… si abres los ojos no te va a pasar nada- le dijo con ternura. Bella los abrió y lo miró como esperando una buena regañada de su parte.

-¿No estas enojado conmigo por mi comportamiento?- le habló como si fuera una pequeña, y él solo la beso con pasión. Ver como tu mujer se pelea por ti es lo más sexy que puede existir.

- Claro que no hermosa, viniste en el momento adecuando… no se que me hubiera hecho si llagabas mas tarde- Edward sintió como un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar eso.

-No sabes la rabia que me dio ver a esa rubia oxigenada sobre ti- ella hizo un hermoso puchero y lo besó con posesión, eso hizo que Edward perdiera los estribos y la apoyara en su escritorio. Sus manos rápidamente comenzaron a tocarle sus firmes muslos mientras que la fierecita que tenía como esposa se divertía acariciándole el pecho sobre su blanca camisa.

-A propósito… ¿qué era lo que venias a decirme?- le preguntó entrecortadamente por la falta de aire mientras le comenzaba a besar el cuello desesperadamente. Bela solo se separó un poco y le sonrió seductoramente.

-Que no sabías las ganas que tenía de jugar a la secretaria mala… aquí- Edward no esperó mas y tiró todos los papeles que estaban en su escrito al suelo y la miro con sus ojos oscurecidos por el placer- Dios… mi vida, algún día vas a matarme- y la beso apasionadamente.


Cada vez que recordaba ese día no podía evitar volver a sentir la lujuria y la pasión correr por sus venas, pero lamentablemente eso era lo único que podía hacer… recordar, ya que todavía su comprensiva esposa lo tenía castigado.

No entendía como las mujeres (o mejor dicho Bella) podían aguantar tanto tiempo sin hacer el amor. Para él eso era imposible, pero por suerte ya faltaba poco…solo un día, y la penitencia se terminaría.

Mientras manejaba hacia el hospital en donde Bella trabajaba, recordaba la invitación de Esme. Faltaban dos días para ir hacia Forks, en donde vivía su familia, y no sabía que iban a hacer respecto a la noticia de su bebe, no había hablado con su mujer sobre eso. Lo más sensato era aprovechar la cena para darles la sorpresa.

Seguramente sus padres estarían más que felices, ya que desde que conocieron a Bella no aguantaron las ganas de preguntarle para cuando le darían su primer nieto, y su hermana estaba igual o peor ya que no podía esperar a ser tía para malcriar a su sobrino, solo esperaba que no convirtiera a su bebé en un adicto a la moda…eso si que no pondría soportarlo... pero después pensaría en eso, ya que al recordar que su hermosa mujer tenia en su vientre a su hijo lo hacia sentir mas eufórico de lo que ya estaba.

Al principio sentía un "poco" de miedo, pero ahora no podía evitar ilusionarse; imaginarse a Bella con una pequeña pansita recostada en la cama mientras que él la acariciaba y sentía como su bebe se movía dentro de su esposa era algo que no podía describir.

Mañana irían a un medico que le recomendaron a Bella para revisarse y ver si todo esta en orden, igual Edward ya pensaba en obligar a su terca esposa a dejar de trabajar y quedarse en casa, y como buen esposo que era no le importaría quedarse con ella, ya que al ser el jefe de su propia empresa podía pedirle a Ángela que le mande todos los informes a su casa para seguir trabajando allí mientras cuidaba de su esposa y su bebé.

No le importaba lo que fuera, solo pedía que su bebé nazca sano… aunque no le caería mal tener a una pequeña princesita, una Bella en miniatura corriendo por toda la casa, pidiéndole por las noches que le lea algún cuento, y que por el día la lleve a jugar al parque, pero después su imaginación le jugaba una mala pasada asiéndole ver a su princesita, unos cuantos años mas grande y completamente hecha una mujercita, pero que en vez de pedirle que le lea algún cuento o que la lleve a jugar al parque, le pedía que le de dinero y que la lleve a alguna fiesta o baile.

Podía ver como le presentaba a su primer novio, un niñato inmaduro que solo se quería propasar con su princesita. Podía verse a él mismo unos cuantos años mayor escuchando como su pequeña le decía que llegaría mas tarde a casa y que no la esperara.

No podía ni iba a permitir que nadie, ni siquiera un estupido chico le quitara a su nena…primero tendrían que pasar sobre él antes que los deje salir con su angelito.

Movió la cabeza nerviosamente tratando que esas terroríficas imágenes desaparecieran de su mente, cuando a su cabeza llego otra imagen de él sosteniendo a una pequeña mantita color azul.

Ahora la historia cambiaba completamente…él se encontraba jugando felizmente a la pelota con un pequeño niño de unos cinco años, el pequeño, al contrario de su ficticia hija, era un calco suyo. Luego llegó otra imagen de él en un estadio de baseball, mirando el partido con su hijo sobre sus hombros que parecía realmente emocionado de estar allí con su padre.

Y así siguió su imaginación, mostrándole los pros y los contra de tener un niño o niña…estaba quedando un poco traumatizado con todo lo que veía, jamás creyó que su imaginación fuera tan…imaginativa por decirlo de alguna manera y eso le causaba bastante miedo.

Cuando se dio cuenta ya estaba en el estacionamiento del gran hospital. Apagó el motor y salió del costoso auto que tenia, cerró la puerta y caminó tranquilamente hacia los ascensores del hospital tratando de olvidar las tenebrosas imágenes que aun estaban en su cabeza.

Mientras caminaba vio que no había muchos autos estacionados y supuso que al ser la hora de almorzar todos se encontrarían comiendo.

Entro al ascensor y apretó el numero ocho, ya que ese era el numero de planta donde estaba su esposa. Su plan para ese día era sacar a su esposa de ese horrible lugar, llevarla a comer, y después disfrutar de su largo día con ella y su bebito.

Las puertas se abrieron en la planta de pediatría en donde Bella trabajaba. Era extraño, pero sabia que de todas las carreras habidas y por haber jamás elegiría esa… ver a un niño sufrir para él eso era demasiado.

Bella amaba a los niños y esa era la razón del porque su profesión, pero amar a los niños es una cosa y otra completamente diferente es verlos sufrir sin poder hacer nada.

Hubo una vez que siempre quedara grabada en su memoria, fue hace aproximadamente cinco meses. Él había llegado tres horas mas tarde de lo acostumbrado al apartamento porque se habían perdido unos documentos, pero el punto es que al entrar a su casa no encontró a su esposa por ningún lado, por lo que se dirigió hacia su habitación y lo que vio lo dejo helado, Bella estaba hecha un ovillo en una esquina de la habitación, tenia la vestimenta que usualmente usaban los doctores cuando tenían que operar, pero ésta se encontraba completamente ensangrentada.

Edward no esperó ni un segundo para correr a su lado desesperado y llamarla con nerviosismo, era como si Bella se encontrara en un estado de trance ya que no se movía, sus ojos estaban cerrados y parecía muerta en vida.

Cuando Edward estaba a punto de llevarla a un hospital Bella abrió los ojos aturdida, no sabia exactamente cuanto tiempo pasó mirando aquellos chocolates ojos que tanto amaba, pero el dolor que reinaba en ellos siempre quedaría en cabeza, su mirada estaba llena de sufrimiento y culpa.

Edward se sentía desesperado por no saber la causa de todo aquello, pero todo paro cuando la castaña lo abrazó fuertemente y lloró como una niña, lo único que se le ocurrió hacer fue estrujarla contra su pecho y dejar que se desahogara libremente… luego abría tiempo para respuestas.

Y después de tres horas consolando a su esposa, supo la razón de su estado. Edward se había imaginado cualquier cosa menos lo que le dijo.

Ella desde hace unos meses se encargaba de un niño de cinco años llamado Andy que tenia leucemia, y justo ese día tenían que efectuarle una operación que podría darle unos cuantos años mas de vida… pero lamentablemente eso fue demasiado para el pequeño, ya que no la soportó.

Edward ese día vio, sin poder hacer nada, como su esposa se rompía en sus brazos. También, Bella le contó entre sollozos que ella fue la que tuvo que darles la noticia a sus padres, y ahí vio otro de los motivos de su estado. Todavía recordaba las palabras de su esposa mientras le contaba entre lágrimas lo sucedido.

Dime Edward… ¿Cómo harías para decirles a dos personas que su hijo murió en mis manos, que fui yo la única que escucho el último latido de su corazón?… No sabes lo que fue consolar a aquellas personas, ver a una familia rota…no era justo y yo no puede soportar mas tiempo escuchando los grito de una madre al enterarse que jamás volvería a ver a su hijo, los sollozos de un padre al saber que su pequeño se fue..No fui fuerte…no quería estar mas ahí…

Eso fue lo más impactante que escuchó en su vida. Bella de apoco comenzó a mejorar, y con el tiempo superó aquello gracias a la ayuda de Edward que siempre se encontraba allí diciéndole que ella no tenia la culpa de nada, que se sabia que existía una gran posibilidad de que el niño no aguantara la operación…pero él sabia que habrían mas momentos como aquellos aunque rezaba porque no los hubieran, ya que no quería volver a ver a su esposa destrozada como cuando sucedió aquello.

Dejó de pensar en eso cuando llegó a la gran recepción de la sala de pediatría, no había muchas personas, solo dos doctoras hablando con una mujer y nadie más, pero el olor a hospital (alcohol y desinfectante) estaba impregnado por todos lados

Fue hacia donde había una extravagante mujer de mediana edad que estaba frente a una computadora escribiendo rápidamente.

No pasaría los sesenta años, tenía unos graciosos anteojos con los bordes amarillo patito que combinaban con su ropa del mismo color, y a pesar de estar sentada detrás de un escritorio parecía gordita y petisa.

- Disculpe…la doctora Cullen ¿está ocupada?- le preguntó con encanto y con una hermosa sonrisa para que lo deje pasar a ver a su castaña sin ponerle trabas. La rellenita mujer lo miró sobre sus anteojos con desconfianza, pero rápidamente cambió su expresión a una soñadora.

- Usted debe ser el señor Cullen, Bellita me ha contado tanto de usted- la señora hablaba con estrellitas en los ojos mientras Edward se preguntaba si la mujer estaba drogada o algo por el estilo.

-Bellita estará tan contenta de verlo… ojala yo me hubiese conseguido un esposo como usted y no a ese gordo vago que tengo en casa- El rostro de la mujer cambió de felicidad con estrellitas en los ojos a furia con llamas en la mirada.

A Edward ya le estaba dando miedo estar ahí con esa mujer bipolar que parecía odiar a su esposo, por lo que le preguntó rápidamente.

-¿Puedo pasar al consultorio de mi esposa?- la señora dejó de hablar y lo miró con la felicidad nuevamente en su gordita cara.

-Claro… claro pequeño que puedes ir, consultorio tres- Edward le dijo las gracias rápidamente para desaparecer de ese lugar, pero pudo escuchar como la mujer hablaba sola…

-dios, porque eres tan cruel…Bellita tiene a ese pedazo de hombre mientras que yo me tengo que conformar con ese neandertal…- Edward quiso reírse pero cuando se dio cuenta ya se encontraba en la puerta del despacho de la castaña. No se preocupó por tocar la puerta y entro apresuradamente sin poder soportar las ganas de ver a su princesa.

Apenas puso un pie dentro del consultorio, su corazón comenzó a latir precipitadamente al ver a su atractiva mujer sentada en su escritorio escribiendo sobre unos papeles. Bella estaba tan concentrada que ni siquiera notó la presencia de su esposo parado en la puerta observándola fijamente con desbordante amor.

Edward al ver que su castaña lo ignoraba, cerró la puerta haciendo un poco de ruido y logrando que Bella levantara la mirada sorprendida de verlo alli. En su rostro se formó una hermosa sonrisa al notar que ya tenía la atención de su esposa, y sin esperar más en unos segundos ya se encontraba un poco inclinado al lado de su mujer besando aquellos labios que lo hacían delirar.

- No tienes una idea de cuanto los extrañe- le dijo sobre los hinchados labios de Bella y acariciando con ternura su vientre.

-Nosotros también te extrañamos, mi amor- Bella rodeo su cuello con sus finos brazos y volvió a posar su boca sobre la de su esposo, le encantaba cuando él la sorprendía en su lugar de trabajo.

Siguieron intercambiando saliva por unos cuantos minutos, hasta que Edward se separo unos centímetros para mirar a aquellos ojos chocolates que tanto amaba y perderse en ellos.

-Sabes…en la recepción me encontré con una rara mujer que al parecer le encanta criticar a su esposo- le dijo con burla mientras Bella largaba unas cortas risitas

-Por lo que veo ya tuviste el honor de conocer a la señora Thomas- la castaña no dijo mas nada pero se levanto de su asiento y fugazmente tomo a su marido de la corbata y lo sentó donde anteriormente ella se encontraba. Edward encantado de la actitud de su esposa, la atrajo hacia el sentándola sobre sus piernas.

-¿Qué te parece… –beso- …si salimos a comer a algún lado…-beso-… y después nos encerramos en casa…-beso- y me mimas lo que resta del día…?- le pregunto Edward entre acalorados besos.

Bella se sentía en el cielo y quería seguir recibiendo besos, pero debían parar en ese mismo instante antes de terminar bautizando su consultorio.

-Me agrada la parte de salir a comer, pero eso de mimarte me parece que debemos cambiarlo- Edward suspiro teatralmente y la abrazo con fuerza mientras escondía su rostro en el cuello de su mujer y le repartía cortos besos en aquella zona, Bella solo se dejo consentir por su tierna pareja.

- Sabes, Esme te estaba rastreando pero como no pudo encontrarte me llamo a la oficina- le hablo mientras seguía en su posición y comenzaba a acariciar lentamente el vientre de Bella.

- ¿Sucedió algo?- le pregunto ella mientras se divertía jugando con los cobrizos cabellos de Edward.

-No…solo que nos invitaron este fin de semana para una cena familiar- Bella sonrió y siguió enredando el pelo de su Eddy.

-y tu lo que quieres saber es si le daremos la noticia de nuestro bebe… ¿no es así?- Edward levanto la cabeza y la miro con una perfecta sonrisa.

-Bueno…me parece una buena idea aprovechar el viaje- al escuchar esa respuesta, él la abrazó mas fuerte y la beso lentamente, disfrutando del sabor de sus labios.

-Mi amor, tenemos hambre- le dijo Bella después de una larga sesión de besos mientras posaba sus finas manos sobre su pansita y lo volvía a besar apasionadamente.

Cualquiera que entrara al cuarto pegaría un grito en el cielo, ya que si bien no estaban haciendo nada del otro mundo se encontraban en una posición bastante comprometedora. Edward estaba sentado detrás del escritorio de su esposa y con ella a horcadas sobre él, mientras que sus lenguas peleaban por ver cual se adentraba más en la boca del otro.

Edward dejo de comerse, con gran esfuerzo, la boca de su ángel para levantarse del asiento así podrían ir a comer. Bella se levantó de sus piernas y juntó unos papeles y los guardó en su bolso para luego caminar hacia su esposo que la esperaba en la puerta.

- Me encanta verte con esa bata…tendríamos que jugar de nuevo a la doctora y el paciente… ¿no crees hermosa?- Bella solo lo golpeó suavemente pero con una sonrisa en los labios al recordar aquella vez, su Eddy siempre que la veía con su uniforme de doctora se encargaba de recordárselo. Edward se río y la abrazo tiernamente por la cintura.

Salieron del despacho de Bella y caminaron tranquilamente por lo pasillos hasta llegar a la recepción donde vieron a la señora Thomas, al verla Edward pensó en correr con su princesa lejos de esa extraña mujer, pero Bella tenia otros planes para su maridito.

-Hola señora Thomas- Edward no podía creer que su ángel lo llevara hacia esa mujer cuando lo único que deseaba era desaparecer de ese lugar.

-Hola Bellita, que linda sorpresa ¿no?..Que tu esposo te venga a visitar cuando estas trabajando es tan tierno...a mi la única visita que me hace el mió es en la cocina cuando tiene hambre…- la redondeta mujer comenzó a maldecir a su esposo mientras que Edward no veía la hora de irse y Bella solo la miraba con una calida sonrisa en su rostro.

-Quien sabe…quizás algún día su esposo venga y le de una sorpresa- le dijo la castaña suavemente y Edward se preguntó si su esposa estaba bien de la cabeza como para seguir charlando con esa extraña mujer.

-La única sorpresa que puedo esperar de ese animal, es que muera atorado con un pedazo de pollo en la garganta- le dijo la gordita con sarcasmo dejando con los ojos abiertos a Edward y a Bella tratando que contener la risa.

- Espero que tu tengas mas suerte que yo en el amor Bellita…no creo que éste Ken sea tan idiota como lo es el mió… aunque pensándolo bien Charles al principio era todo un amor y mira en lo que se convirtió…un mantenido de mierda- susurró lo bastante fuerte como para que Edward lo escuchara mientras que lo mataba con su tierna mirada.

El sentía que detrás de aquel soñador rostro se encontraba una lunática mujer que quería matarlo por ser hombre. ¡¡¡ ¿Qué culpa tenia él por ser lo que era?!!!, deseaba gritarle en la cara.

-Un gusto en conocerla señora, pero mi esposa y yo tenemos que irnos- la castaña la saludó con la mano mientras era conducida velozmente hacia lo ascensores por un nervioso Edward. Al entrar en el elevador Bella empezó a carcajearse fuertemente.

-Eddy, no puedo creer que esa mujer te ponga tan nervioso- le dijo mientras lo abrazaba.

- Es que tu no entiendes…esa mujer es bipolar, tienes que tener cuidado con esas personas…primero son todo amor y paz y luego estas cuatro metros bajo tierra…además, no has visto como me miraba y estoy seguro que las ultimas palabras fueron para mi- Bella al escuchar todo eso rió mas fuerte y se puso de puntitas para darle un piquito a su esposo que se encontraba ofendido al ver que su mujer se reía de él en su cara.

-Vamos mi amor, al principio también me pareció rara- el sexy hombre rodó los ojos- pero con el pasar del tiempo la termine por conocer y es una mujer bastante agradable- Edward no podía seguir escuchando a su mujer defendiendo a esa "psicópata", por lo que la tomó por la cintura y la pegó contra la pared del ascensor.

Necesitaba por lo menos sentir su cuerpo adherido al suyo, sus grandes manos comenzaron a tocarla por todo el cuerpo y Bella se sentía fallecer, tres semanas sin hacer el amor también le afectaba, aunque su esposo pensara lo contrario.

Si Edward seguía así, estaba segura que no le importaría estar en un ascensor, ni mandar a la mierda su castigo para complacer sus deseos.

Bella gemía al sentir como su marido se refregaba en ella, mostrándole el deseo que habitaba en el y sin poder aguantar mas, de un salto enredó sus piernas alrededor de su cadera.

Edward tenía sus manos debajo de la camisa de su mujer y le tocaba sus espectaculares pechos, pero cuando aquella molesta prenda ya estaba casi completamente abierta y estaba a punto de enterrar su rostro en sus pechos, las puertas del elevador se abrieron mientras ellos continuaban acariciándose. Tan entretenidos estaban que no notaron a una figura mirando estupefacto la escena que tenía enfrente.

-Bella…- gimió Edward al sentir las manos de su ángel debajo de su camisa.

-B-be-lla- escucharon a una entrecortada voz detrás suyo, sin perder tiempo la castaña empujó a su esposo de encima suyo y se arregló como pudo la ropa. Edward estaba tratando de entender que sucedía, cuando vio a un hombre rubio de no más de treinta años, vestido de traje y helado en las puertas del levador.

Edward contempló como su esposa levantaba la mirada y se quedaba paralizada mirando con vergüenza a ese tipo que lo observaba fijamente con odio pero miraba de reojo y con lujuria a su mujer, o mejor dicho al comienzo de sus pechos.

Edward sentía los celos crecer, quien se creía ese idiota para mirar de esa manera a su ángel, así que para ocultar la hermosa vista que tenia de su reina la atrajo a su lado y la colocó lo bastante detrás suyo como para que aquel estupido no la pudiera mirar mas.

Bella sentía como su sangre lentamente subía a sus mejillas al verse atrapada en esa situación por su nuevo compañero de trabajo, cuando iba a abrir la boca para disculparse, Edward se le adelanto.

-Este elevador esta ocupado, tomate otro- y apretó nuevamente el botón que los llevaba al estacionamiento con brusquedad. Las puertas se cerraron dejando al rubio con la boca abierta y a su esposa atónita.

Bella lo seguía observando boquiabierta, esperando a que por lo menos su bruto esposo le dijera algo, pero el solo le devolvió la mirada con una inocente sonrisa en el rostro.

-¿Qué… pensabas que lo iba a dejar entrar cuando te miraba con esa cara de idiota todo el cuerpo?- le dijo con pertenencia, mientras comenzaba nuevamente a retomar sus caricias.

-Eddy, estas loco si piensas que voy a tener sexo contigo después de la vergüenza que me hiciste pasar- le discutió en el momento que la sangre volvía a bajar de su cara. No sabía como iba a hacer para volver a mirar a su compañero sin sentir vergüenza.

Edward en ese momento sintió mas ganas de hacer desaparecer a ese rubio; por su culpa se perdió el mejor sexo del mundo con su castaña y ahora ella menos lo iba a dejar tocarla.

-Vamos amor… además ese tarado te estaba comiendo con la mirada y aun así piensas que lo debía dejar subir - Edward le dijo mientras la abrazaba cariñosamente para bajar el enojo de su ángel y la observo tratando de ocultar inútilmente sus celos tras una cortina de inocencia.

- Claro cariño, porque no es a ti a quien tu compañero de trabajo vio a punto de tener sexo en un ascensor- le señalo sarcástica…rezaba por que el rubio no fuera a abrir la boca.

- Princesa, si abre la boca me avisas y yo le hago olvidar todo- Bella rodó los ojos, pero sabía que Edward hablaba enserio. Igualmente, lo menos que quería hacer después de lo sucedido, era pasar más vergüenza.

-Eddy… cállate sino quieres que tu castigo se alargue- Edward trago con fuerza al momento en que las puertas se abrían y seguía a su amistosa esposa.

Lo mejor era cerrar su perfecta boquita para no mandar todo al carajo; sabia que Bella era capaz de hacer lo que le dijo, y no sabia si lo podría soportar.

Caminaron hasta el auto de Edward (ya que desde que él se entero que iba a ser papá no dejaba a Bella manejar) y entraron en el.

Cuando la castaña se sentó Edward no pudo frenar el deseo de tocar las largas piernas de su esposa. Estaba concentrado en acariciar el espectacular cuerpo de la castaña hasta que sintió un sonoro ¡¡¡plaf!!! , en su mejilla derecha.

-¿Qué te sucede?- le preguntó mientras se sobaba su mejilla, después de caer en la cuenta de que su esposa le había pegado una sonora cachetada.

-¿Qué que me pasa? Y encima preguntas- le dijo con extraña tranquilidad.

-Bueno te diré lo que me sucede- Edward sintió miedo en ese momento por la serenidad de su inocente ángel.

-Pasa, que todavía estoy muerta de la vergüenza después de que nos agarraran teniendo sexo con ropa…pasa, que mi frustrado esposo no puede aguantar tres semanas sin sexo…pasa, que estoy muerta, …perdón me corrijo, muertos de hambre y "tengo-ganas-de-tener-sexo-Edward" prefiere tocarme antes de alimentarnos… pasa, y no se si te habrás dado cuenta que estoy embarazada y mis hormonas me tienen loca…ahora por favor cariño, serias tan amable de encender el maldito auto y llevarme a almorzar…- Bella respiró de nuevo al terminar de decir todo esto, mientras Edward encendía rápidamente el coche y salía a toda velocidad del hospital buscando algún restaurante.

Mientras manejaba se prometió… no, se juro que jamás volvería a hacer esperar a su hormonal esposa cuando ésta le pidiera comer. Ninguna mujer, ni siquiera la que tenía el cartel en la frente de "odio a mi marido, pero más a los hombres" le dio tanto miedo.

Pero estaba feliz, ya que el día de hoy había aprendido otra lección: Si tienes una mujer embaraza, con miles de hormonas recorriendo todo su cuerpo…NUNCA pero NUNCA la dejes sin alimentar, porque eso podría ser lo último que hagas en tu vida.


Ken: para los que no tienen idea, es el novio de Barbie

Holaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!

Si soy yo!!!..no se sorprendan tanto jjajaja. ¿Cómo están? ¿Que cuentan tanto tiempo??

Ahhh…..¡¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!! (un poco atrasada), ¿Cómo la pasaron?...espero que bien y con muchos regalos…

Este es mi obsequio de navidad, (ya se que navidad fue como hace una semana pero antes no lo pude subir) y porque no de año nuevo, ya que este va a ser el ultimo capi de este año snif…snif.

Espero que este capitulo haya recompensado los meses sin actualización, además nunca escribí uno tan largo así que espero y deseo que les haya gustado y disfrutado.

Mil GRACIAS por sus reviews, favoritos, alertas, etc.… gracias, gracias, gracias a todos los que siguen esta historia, no tienen una idea de cómo me pongo al leer sus reviews y ver que les gusta lo que escribo, otra vez GRACIAS!!!!!!!!

Ahora shiii, se preguntaran porque puse esa nota al principio la de "porfis lean y bla, bla, bla…" si esa…bueno, quería preguntarles si para el próximo capitulo quieren lemon?? A pesar de no haber escrito ninguno en mi vida, les prometo que me esforzare y tratare de hacerlo lo mas real posible, o bueno…no tan real…

Igual, los lemons iban a aparecer mas o menos desde el capi 7 o 8 pero me encantaría que me dijeran si quieren que los adelante. Así que queda a su elección si quieren traumarme o no (igual no se preocupen que ya estoy media loca jaja)

Y para aquellos que están disfrutando de las vacaciones (como yo) y que las aprovechan para leerse todo fanficition los invito a pasarse por mis otras historias. Si quieren pueden darse una vuelta por mi perfil que mas tarde pongo mi mail, así los que están aburridos y muertos de calor pero que no pueden despejarse de la compu pueden juntarse conmigo y hablar de fics o lo que quieran.

Nos vemos y FELIZ AÑO NUEVO!!!! Que se viene con todo y actualizaciones mas rápidas, shiiiiiiiii!!!!!!

AYE