Disclaimer: Nada de esto es mío salvo la trama, no diré que espero que os guste, aunque de ser así me gustaría enterarme, ya sabeis, por el simple hecho de que han sido mis manitas las he han toqueteado las teclas hasta conseguir algo decente...
Dolor
Dolor. Un dolor atroz y punzante que empieza en las puntas de los dedos como poco más que un leve cosquilleo y rápidamente se va extendiendo por toda la extensión de tu cuerpo mientras aumenta de intensidad, hueso a hueso, tendón a tendón, músculo a músculo.
Y sientes como si los huesos se te rompieran en mil pedazos perforando la carne en el proceso y haciendo saltar la sangre de golpe, los músculos se desgarraran con esa dolorosa rapidez que tu sientes como si estuvieras viviendo a cámara lenta, segundo a segundo, minuto a minuto, en el limbo que produce el dolor mientras eres perfectamente consciente entre la maraña de pequeñas y dolorosas punzadas que te produce la transformación, de cómo te crecen los colmillos desgarrando ligeramente el labio inferior, de cómo tus manos se transforman en unas enormes zarpas peludas con uñas largas y mugrientas, te sale un pelo duro, rasposo y de color castaño claro con franjas doradas por todas partes, la columna vertebral se te alarga dolorosamente y notas como te sale una cola larga y peluda que hace que aumente tu equilibrio, los sentidos se te agudizan hasta llegar a oír a los insectos que huyen precipitadamente de la casa al notar la presencia de un depredador, la nariz se convierte en un hocico largo, suave y mojado, las pupilas se te estrechan, notas ese temporal deterioro de la vista tan dolorosamente conocido y vas perdiendo lentamente la conciencia.
Primero luchas como siempre recuerdas haberlo hecho, aunque pude que con no tanto ahinco como lo hacías las primeras veces, un chiquillo de no más de ocho años, débil, delgado y enfermizo que intenta pelear con el lobo temiblemente furioso, sabedor de su derrota de antemano pero aún así sigue haciéndolo hasta que cae en esa temporal inconsciencia para despertar después, encerrado en un lugar pequeño, minúsculo y oscuro, prisionero en algún rincón de su propia mente y con una vista privilegiada de las atrocidades que comete en ese período de descontrol. Siempre culpable y nunca reconoce la batalla por imposible ya que siempre, siempre, habría podido luchar un poco más.
oOo
Un rasguño en la frente, uno en la pierna, una larga y gran herida ahora llena de un pastiche verde con olor a hierbas en el brazo derecho, sangre reseca por todas partes y ojeras tan marcadas que parece que sea un muerto y no un niño lo que está tumbado en la cama.
Y es que no le falta demasiado para serlo. Ni pociones ni bálsamos milagrosamente mágicos y tampoco hechizos susurrados a media voz podrían revivirlo de ese estado de sopor en el que se encuentra ahora.
Después de ser dominado por el lobo te sientes como un extraño en tu propio cuerpo, parece que esos propios brazos no te pertenezcan, que tu tamaño no es el apropiado y como si la libertad que te da el lobo te hubiera sido arrebatada y hubieses conseguido un cuerpo minúsculo y estrecho a cambio.
Y tu mente racional y obstinada lucha contra el lado animal y primitivo que te pide que liberes al lobo, que le gruñas furiosamente al aire, desgarres algo en mil pedazos o que simplemente corras, que corras hasta no poder más, que corras hasta perder el aliento y sentir que todo lo que hay en ti, sea bueno a malo se ha perdido el aire que te ha acompañado en tu loca y apasionada carrera.
Pero tu no lo haces. Ni siquiera mueves un músculo. Simplemente sigues mirando a un punto lejano atravesando la pared blanca del hospital, el cuerpo laxo y tranquilo sobre la cama mullida de la habitación 385 en la planta cuatro, "Enfermedades mágicas", aspiras lenta y profundamente notando el olor a hierbas medicinales y hierbabuena que proviene de tus propias heridas, sientes la sangre bombear rítmicamente; uno, dos, uno, dos, uno, dos...
Y vences la batalla.
Un niño de no más de ocho años aunque aparenta aún menos, pálido, con muchas ojeras, heridas por todas partes y mirada cansada y distante ha vencido al lobo temible y furioso.
Deberías sentir euforia o al menos hacer como mínimo un leve signo de satisfacción, pero no lo haces.
No lo haces porque sabes, y lo sabes con ese sexto sentido que te aparece a veces indicándote algo tan profundo que es imposible de describir, que más que un instinto es una certeza indiscutible, "cosas de la magia heredadas de tu madre, Remus" que diría su padre, aunque los dos saben que esta vez no tiene razón, que esto es algo mucho más profundo que un movimiento de varita y recitar algunas palabras en latín, que esto es algo inexplicable, como una tristeza que se va apoderando de tu corazón oprimiéndolo fuertemente.
Y es que tienes la certeza indiscutible de que con el lobo acabas de perder aquello que siempre habías buscado, que has dejao escapar de tus manos aquello que siempre habías soñado.
Sabes que con el lobo has perdido la libertad, esa libertad que te impulsaría a todas partes como si de una energía imparable se tratara aunque no lo fuera, esa libertad que te da el lobo, esa libertad que siempre habías deseado y de la que acabas de renegar. Esa libertad que no volverás a sentir nunca aparte de con Sirius, aunque eso tu aún no lo sabes.
Solo sabes que has perdido un tesoro y has ganado una maldición. Por ser normal, por seguir esforzándote en algo que sabes que nunca conseguirás, por ser tú, y no querer dejar de serlo pese a todo lo que puedas llegar a perder en el camino.
Para Mery, por ser tan genial, para Marina, que me aguanta vía msn y para esa otra que hoy me ha querido ocultar el llanto y no ha aguantado ni cinco segundos, pobreciiilla...
