Trucos de Salón

Cap. 4

-¿Qué diablos está pasando aquí?- rugió Hakoda mientras llegaba a la casa, cargando una gran y feroz arma en sus manos. Katara y Sokka lo pasaron de largo, pues habían salido corriendo de la casa, Katara llevaba su bolsa de piel y Sokka había metido su boomerang en la funda.

-No hay tiempo para hablar- respondió Sokka apresurado. El hombre les dio alcance y los tomó a ambos por los codos, arrastrándolos de vuelta.

-¿Por qué te has puesto el sombrero de Aang?- preguntó Hakoda duramente después de unos momentos. En ese momento, Appa llegó corriendo tras ellos, ladrando, gruñendo y dando vueltas en círculos.

-Algunos dragones lograron entrar, papá- dijo Sokka oscuro -No sé cómo, pero lo hicieron. Saben que Aang es el Avatar y se lo llevaron.

-¿Dragones?- repitió Hakoda iracundo -¿En mi destilería?- Se dio la vuelta dirigiéndose al grupo de Riversiders que lo habían seguido hasta la fuente de la calamidad -¡Inaceptable!- rugió, liberando a sus hijos -Vengan conmigo, ¡todos ustedes!, Averiguaremos cómo llegaron y evitaremos que vuelvan a sorprendernos.

-No- dijo Katara con fiereza. Hakoda la miró sorprendido. Claro, su hija era de sangre caliente al igual que su madre, pero rara vez desobedecía una orden directa -Iremos por Aang- dijo ella con firmeza. Miró a Sokka para asegurarse, pero este no dijo nada así que ella le frunció el ceño -O por lo menos... iré yo.

-No, yo también iré- exclamó Sokka ofendido -Te dije que iríamos tras él, juntos- Katara le sonrió y no miserablemente. Hakoda los miró durante mucho tiempo y finalmente se agachó para poder verlos a los ojos.

-Si su madre estuviera viva- comenzó, mirando a Katara -ella les diría que su destino está con el Avatar - Y por alguna razón, la joven maestra tuvo la sensación de que había estado hablando solo a ella -Vayan pues, y si vuelven sin ese chico… estarán en serios problemas, ¿entendido?- Katara sonrió y salió corriendo sin decir una palabra más. Sokka hizo una rabieta y se apresuró a alcanzarla.

-¡Hey, espera!- En cuestión de minutos, Susan estaba rugiendo hacia la puerta de la destilería.

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-Saben, este camión no es tan bonito como el de Sokka- señaló Aang desde la parte trasera de la camioneta de los Copers.

Eso no era cierto, pero Aang sintió la necesidad de decirlo de todos modos. Tenía las manos atadas en la espalda, los tobillos atados, los brazos atados a los costados, y no estaba de humor para ser amable con la gente que había amenazado a Sokka y a Katara. Nadie respondió. Pero el hombre mayor, conocido como Tío Iroh, sonrió levemente en dirección a su sobrino. Zuko estaba sentado en la cabina, Jee conducía, y el resto de los sujetos se encontraban en la parte posterior.

-Así que tú eres el tío Iroh- dijo Aang después de un largo silencio.

-El mismo- respondió Iroh.

-He oído hablar de ti- continuó Aang ligeramente interesado -Eres el hermano mayor de Ozai.

-Culpable- admitió con expresión apenada. Aang asintió, cayendo en silencio durante un rato.

-Mi nombre es Aang- ofreció al fin. Iroh sonrió.

-Encantado de conocerte Aang- dijo, inclinando la cabeza respetuosamente -fue muy noble eso que hiciste por tus amigos- Aang se encogió de hombros.

-Han sido buenos conmigo- dijo simplemente.

-La chica te llamó Sparky.

-Lo hizo- confirmó con un atisbo de sonrisa.

-¿Significa algo?

-En realidad no, ella sólo dijo que me quedaba.

-Es bonita.

-Mucho.

-Tío, dejar de hablar con el cautivo- le espetó Zuko. Iroh rodó los ojos, sonriendo.

-Es muy fácil hablar con usted, Tío Iroh- dijo Aang cortésmente. Iroh asintió con la cabeza agradecido.

-¿Oyes algo?- preguntó Jee de pronto. Y fue todo lo que se escuchó antes de que un camión ardiendo rodara cuesta abajo, a su derecha, irrumpiendo limpiamente en la carretera.

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-Lo siento Susan- suspiró Sokka, atorando el pedal hasta el límite y alcanzando a ver el resultado de una colisión de camiones. El bosque quedó en silencio.

Ambos hermanos saltaron de una segunda camioneta, Katara de manera estrepitosa, enderezándose el sombrero de Gyatso. Sokka batiendo su gabardina, desenfundando su pistola con mucha calma. Ella se adelantó, sin esperar a que el polvo se disipara. Sokka dio una palmada a la parte trasera del camión parcialmente triturada. Había siete personas en la parte posterior, dos de los cuales estaban conscientes. Aang tosió y parpadeó, tratando de ver a través del polvo. Cuando se aclaró, sin embargo, observó sorprendido una cara conocida delante suyo.

-Hey, Sparky- dijo petulante y con cierto júbilo. Esa voz era como agua fresca para su cabeza, ahora palpitante. Katara sonrió genuinamente, tirando de un cuchillo en su bota y trabajando con las cuerdas -¿Me extrañaste?

-Cara de muñeca... con cada suspiro- se rió débilmente. Cuando al fin consiguió liberarlo levantó el sombrero de su cabeza y se lo regresó con delicadeza.

-Debes aferrarte a eso- susurró ella, sonriéndole mientras se disponía a levantarlo. Él sonrió y le tomó por las muñecas, dejándola ponerlo de pie. Se tambaleó un poco hacia adelante, pero ella lo sostuvo y tiró de su brazo hasta sus hombros. Salieron de la camioneta juntos -Vamos, te llevaremos a casa.

-Espera- dijo Aang de pronto, mirando hacia atrás -Algo está mal...

Él forzó la vista mirando a través del polvo sin mucho éxito, pero al final encontró el problema. La cabina del camión estaba vacía.

-Ouch- Aang se encontró siendo arrancado lejos de Katara y arrojado al suelo momentos después. Se volvió y se sentó lo más rápido que pudo, todavía aturdido por el choque. Jee le había hecho una llave a Sokka y su arma apuntaba directo a su templo. Zuko había puesto un brazo alrededor del cuello de Katara y el otro alrededor de su caja torácica, frente a lo cual Sokka había decidido tomar el camino correcto y no se movía. Katara, por otro lado seguía forcejeando y Zuko, evidentemente, estaba teniendo problemas para mantenerla bajo control mientras la joven le lanzaba patadas y todo lo que fuera capaz de imaginar. Hacía bastante ruido, gruñendo, forcejeando y lanzando una serie de maldiciones… y de una talla de la que Aang nunca había oído hablar.

-Buen intento- gritó Zuko sobre el alboroto que Katara armaba como una niña -las pequeñas basuras de río acaban de cometer un gran error Avatar.

-Sólo déjala ir, Zuko- dijo Aang cansado -A ambos.

-Aang- gritó Katara, con voz tensa por la falta de aire -Sólo vete ¿si?... podemos con este tipo- Zuko apretó con más fuerza y ella dejó de hablar, pero volvió a gruñir.

-¿Quieres que la lastime, Avatar?- gritó Zuko -¿Lo quieres?, Porque me estás obligando...

Katara se quedó sin aliento cuando las manos de Zuko comenzaron a despedir un débil humo.

-Aang- gritó Sokka -¡Vete, vamos a estar bien!- Aang vaciló sobre el terreno, con los puños apretados y los ojos fijos en Katara. Ella apretó los dientes, tratando de llegar al pie de Zuko, pero más humo comenzó a nacer en sus manos y de pronto le parecieron dolorosamente calientes.

-¡Aang!- gritó por fin, incapaz de sostener la mentira más tiempo. Había sido un grito de ayuda, aunque nunca lo admitiría. Aang cerró los ojos con fuerza y Katara rogó que él hubiera interpretado su gritó como un "corre". Unos instantes después los hermanos se quedaron sin aliento, pues cuando el chico volvió a abrir los ojos…

Zuko parpadeó sorprendido y Jee soltó a Sokka completamente impresionado. Los ojos de Aang ya no eran grises, ahora brillaban con un color azul eléctrico.

-¡Suéltala!- le ordenó con una voz distorsionada en capas. Una voz que sonaba como un millar de otras voces juntas y que evidentemente no le pertenecían. Zuko liberó a Katara inmediatamente, pero ya era demasiado tarde. Aang… o lo que solía ser Aang, se lanzó hacia adelante en una explosión de gran alcance usando el viento como onda expansiva y cuya fuerza arrojó a Zuko directamente contra el tronco de un árbol.

-¿Qué pasó con él?- le gritó Sokka a su hermana por encima del rugido del viento, ella estaba frotándose el cuello. Había caído de rodillas cuando Zuko la había soltado y Sokka se agachó junto a ella, protegiéndose los ojos con el brazo.

-No sé- gritó ella en respuesta.

-Tal vez sea una cosa de Avatar.

-Por supuesto, ¡el Estado Avatar!- murmuró Katara, había sido siempre una parte de las historias que su madre le contaba -es el poder de sus vidas anteriores... toman el control cuando el avatar está en tensión extrema o peligro. Están defendiendo...me.

Katara se puso de pie tambaleante, el poderoso viento la empujaba desde varias direcciones a la vez, hizo una pausa con los ojos fijos en Aang mientras él se levantaba en el aire.

-¡Aang!- le gritó al viento -Aang, ¿me oyes?-

Zuko se desplomó contra el tronco del árbol después de un nuevo ataque y Aang se elevó sobre él y el camión, suspendido dentro de una esfera de aire. Ella no sabía lo que iba a hacer, pero probablemente no sería bueno para los dragones y tal vez tampoco para los alrededores. Entonces se lanzó hacia adelante, asegurando una mano alrededor de su tobillo.

-Aang, detente- le dijo, ahora en el centro de la tormenta. Él volvió la feroz y brillante mirada hacia ella, pero Katara no vaciló, y casi de inmediato la mirada en los ojos del chico se suavizó. Ella sólo le frunció el ceño -Ya basta, Sparky… vas a arruinar tu sombrero.

El viento se detuvo tan abruptamente como vino y él se desplomó en sus pies tropezando con ella, pero la chica no se apartó y logró tomarlo por los hombros. Aang parpadeó rápidamente, tratando de enfocar su rostro con cierta dificultad. Sus ojos estaban abiertos de miedo y se veía anormalmente pálido.

-¿Te lastimé?- preguntó alarmado.

-No- susurró ella -¿Estás bien?

-¿Bromeas?- él parecía haberse relajado por completo e incluso rió débilmente -Nunca he estado mejor…- Y con eso, se dejó caer inconsciente. Ella por algún milagro se las había arreglado para permanecer de pie, sujetando su peso muerto.

-Uh... ¿Sokka?- llamó -¿Un poco de ayuda?

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Tarareando. Alguien estaba tarareando muy cerca. Una chica, que había venido al As de Espadas cuando él era joven. Ella tarareaba la misma canción. Katara. El joven entreabrió los ojos y miró a la maestra agua, ella estaba sentada en el marco de la ventana del dormitorio de Aang. La luz de las estrellas caía sobre ella como polvo de plata. De pronto la chica se detuvo y volvió su mirada hasta la cama en la que él yacía inmóvil.

Tenía los ojos aún cerrados, pero ella sabía que estaba despierto.

-No te detengas- dijo él, sonriendo.

-¿Qué?

-La canción- respondió con un suspiro que le dolió un poco -Conozco la canción.

-Mi madre solía cantarla para mí- respondió ella -me ayudaba a dormir… ¿Cómo es que la conoces?

-Te conocí... Te conozco- Katara frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir?

-Tu padre te trajo al As de Espadas hace siete años- continuó cómodamente -Él se reunió con Gyatso y yo me encontré contigo…

Katara lo miraba fijamente y él abrió los ojos. Sin embargo su mirada se clavó de inmediato en el techo de la habitación. Parecía estar viendo directamente hacia el pasado.

-Eras... tú -murmuró -estabas tarareando esa canción- Aang cerró los ojos de nuevo, algo mareado pero aun sonriendo -Y cuando yo te pregunté al respecto dijiste...

-Es una canción de amor- se rió ella -Y me pediste que la cantara para ti- se echó a reír otra vez -Oh no, Sparky… ya eras un rompecorazones desde entonces.

-Nunca la cantaste para mí- suspiró el chico con nostalgia.

-No, pero cuando te rechacé tu comenzaste a hacer pucheros... si no recuerdo mal- respondió Katara enarcando una ceja pero sin dejar de sonreír. Él se encogió de hombros con descaro -Así que yo te dije que te cumpliría un deseo si dejabas de lloriquear…- él sonrió de nuevo -Me robaste mi primer beso, Sparky.

-Yo no lo robé- protestó Aang -tú me ofreciste un deseo y yo quise darte un beso. Fue completamente auto-infligido.

-¿Así que ahora que está llamando tus labios una provocación?… ¿o tortura?- lo engatusó. Aang se sonrojó -Vaya Sparky. Eso no te va a llevar muy lejos.

Katara se puso de pie y pasó los dedos por su cabello, siendo muy consciente de un par de ojos grises pegados a ella, luego miró al chico por encima del hombro.

-Me alegro de que te sientas mejor- Y con eso, ella salió por la puerta cerrándola tras de sí.

Aang deslizó el sombrero de su cabeza y se cubrió la cara con él, gruñendo una serie de maldiciones a la pared. Katara se detuvo frente a su puerta, tomando una respiración profunda. No eran nada. Esos latidos rápidos de su corazón. Ella sólo estaba entusiasmada por encontrar al pequeño niño que había sido amigo suyo un día, mismo que nunca había olvidado. Sólo estaba contenta de que al fin Aang hubiera despertado después de casi dos horas de inconsciencia. Era sólo eso... ella frunció el ceño y caminó por el pasillo. Ella no estaba atraída por él. No por él. De ninguna manera. Ni en un millón de años. Sin embargo a mitad de camino por el pasillo, empezó a tararear su canción de amor.

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Iroh se incorporó reclinándose en el colchón aplastado del camión, pensando que realmente podría ir por una taza de té en este momento. Por suerte era una noche más bien templada, sin nubes, sólo había grillos y la luz de la luna. Zuko trastabilló delante de él unos minutos más tarde.

-¿Cómo te sientes, sobrino?- le preguntó cuidadoso.

-Apaleado- escupió Zuko -Ese niño estúpido...

-No creo que él sea un niño- suspiró Iroh, estirando los brazos y cruzando las manos detrás de la cabeza -Ya debe tener... ¿que?... ¿quince años? ¿Dieciséis?

-¡No me importa!- rugió el maestro fuego, pateando uno de los neumáticos del camión.

-¿Qué hizo?

-Entró en el Estado Avatar- respondió Iroh pensativo -Por lo que he oído, sólo sucede en situaciones intensas- Iroh le dio a su sobrino una mirada reprobatoria -Yo no me metería con su novia de nuevo, si fuera tú- Zuko asintió a regañadientes.

-Anotado- gruñó mirando a su alrededor. Los muchachos de Coper estaban todos en la parte trasera del camión, algunos de ellos empezando a despertar, otros aún fuera de combate. Jee se había escapado a raíz de la furia del Avatar así que Zuko saltó en el asiento del conductor.

-¿Viste por dónde se fue Jee?- se quejó.

-No- respondió Iroh, echándose hacia atrás otra vez.

-Nos vamos- dijo Zuko decididamente. Le dio a llave una vuelta, pero el motor sólo tosió y se negó a iniciar.

-Tendremos que ir caminando- suspiró Iroh y saltó fuera, Zuko se unió a él momentos después y ambos hicieron su camino de regreso hasta la carretera.

-Residuos pobres de un vehículo- suspiró Iroh. Zuko se encogió de hombros.

-No es mi camión.

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-¿Sokka?- el aludido saltó sorprendido y dio media vuelta, agarrando ciega e instintivamente su arma de fuego antes de darse cuenta que estaba en pijama. La luz hizo clic en la cocina, revelando a Hakoda que estaba sentado en la mesa bebiendo un vaso de leche.

-Caray, qué siempre sólo... ¿te sientas aquí en la oscuridad?- se quejó Sokka, vertiendo un vaso para él y tomó asiento frente a su padre.

-A veces- respondió él, encogiéndose de hombros -¿Por qué estás despierto? Por lo general, duermes como un cadáver- Sokka le lanzó una mirada.

-Estoy preocupado- admitió Sokka.

-¿Sobre qué?

-Katara- Hakoda suspiró.

-Ella tiene diecisiete hijo- señaló -la edad suficiente para tomar sus propias decisiones.

-Pensabas lo mismo cuando ella tenía catorce- respondió Sokka con acritud -¿Tengo que recordarte a Jet?

-Jet se dedicaba a engañar a la gente- dijo Hakoda oscuro -era su negocio... y voy a ser feliz hasta el día que me muera porque has visto sus intenciones antes. Pero eso no significa que mucha gente también lo habría logrado. Katara no tiene mal juicio.

-Lo sé- suspiró Sokka

-¿Crees que Aang es como él?- Sokka torció un poco la boca, casi sonrió.

-No- admitió -trata de fingir que lo es, pero sólo fanfarronea, es un buen chico, que puedo decir.

-Así que entonces, ¿no confías en Katara?

-Por supuesto que sí, es sólo que ella tiende a confiar en la gente... demasiado rápido. Hemos conocido a Aang apenas hace un día, pero ella ya actúa como si fueran los mejores amigos.

-Ellos se conocen desde hace más que un día- dijo Hakoda en voz baja. Frente a eso, Sokka enarcó una ceja -Aang mencionó que se reunió conmigo antes, una vez. Bueno, ese día también conoció a Katara.

-¿En serio?

-Sí- Hakoda se inclinó atrás en su silla y descansando los pies sobre la mesa -Eran muy jóvenes. Creo que Katara tenía nueve años, no sé si ya se hayan dado cuenta o no, pero voy a dejar que lo descubran solos.

-¿Por qué?- Su padre sonrió.

-Es una gran sensación, el darse cuenta cuando alguien cercano había sido ya un conocido desde hace mucho más tiempo- suspiró -Tu madre y yo nos reunimos una vez cuando éramos niños… y no nos reunimos de nuevo hasta que llegamos a los veinte y no éramos capaces de reconocernos entre sí. Nos llevó un par de años averiguarlo- Sokka miró por la ventana durante un rato, pensando.

-Se lo imaginan- dijo al fin.

-¿Por qué crees eso?- Sokka se puso de pie, colocando el vaso vacío en el fregadero -Katara estuvo tarareando antes de irse a la cama... era la vieja canción que mama solía cantarle. Ella sólo la tararea cuando se siente... como se sentiría si lo hubiera descubierto- Se acercó a la puerta y se detuvo -Buenas noches papá- Hakoda sonrió.

-Descansa hijo.

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