Stranger Things pertenece a The Duffer Brothers y Netflix. No gano dinero con esto.
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Cap. IV
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Mayo 13, 1989.
Mike estaba pegado a la ventana de su habitación mirando el auto de su padre estacionado fuera mientras Holly bailaba al sonido de la nada – como siempre – mientras Ted acomodaba dos maletas más en el baúl.
- Vamos, vamos. – susurro Mike. No le quedaba ya mucho tiempo, en quince minutos debía salir de la casa para ir a lo de Will a recoger a Once y a su amigo, pero primero quería que sus padres se vayan, quería asegurarse que estaban ya en el auto.
A penas unos segundos después la figura de Karen haciéndole señas a Holly para que se suba al auto apareció y miro alrededor hasta dar con el joven, mirándole a los ojos de lleno y haciéndole señas que abra la ventana.
- ¡Cierra antes de irte, Mike y pórtense bien! – dijo su madre, sabiendo que sus amigos irían mas tarde. Mike asintió, saludándola de lejos.
- Adiós, tengan un buen viaje. – dijo el muchacho en voz alta, moviendo su brazo y Karen entro al auto haciendo que el muchacho cerrara la ventana y ahora si, siguiera vistiéndose luego de un suspiro.
¡Gracias a Dios!
Su madre se había ido y por fin podría irse a un baile sin que lo torture con fotografías como si fuese alguna especie de celebridad. A Mike no le gustaban las fotos pero no por la foto en sí, lo que no le gustaba era que su madre le tome fotografías porque siempre venían acompañadas de frases como '¡Ah, te ves tan guapo!' o sino de '¡Estas tan lindo, mira Ted, mira que lindo!', o también '¡No puedo creer lo bello que te hice!' y una de las peores '¡Podría comerte enterito!'.
Si, definitivamente no era la foto lo que a Mike le molestaba, sino toda la seguidilla de frases incoherentes – y caníbales – de su madre que parecía sufrir y a la vez disfrutar de verlo crecer. No se imaginaba como habría reaccionado si se quedaba a verlo irse a su propio baile de graduación si contaba como se había tomando tantos bailes anteriores.
Mike se volvió al espejo y se acomodo la chaqueta de nuevo, dándose un último vistazo. Había pensado si usar su cabello peinado hacia atrás para darle formalidad a su aspecto pero a Once siempre le gustaron sus rulos y él, por supuesto, no haría más que complacerla.
Sonrió a su reflejo, satisfecho mas de lo que habría creído con la imagen que se reflejaba en el. Si bien él nunca se creyó un estereotipo de belleza, si bien no era un atleta o un sujeto con un bronceado estupendo, al menos sabia que para una chica era lo suficientemente apuesto. Una chica, la única chica para él y eso era lo único que importaba, era de lo cual estaba eternamente agradecido porque por mas que sea siempre un nerd, la muchacha que él amaba con toda su alma lo quería exactamente así como era.
- De acuerdo, llaves… esas están abajo, bouquet para Once, billetera. – decía Mike para si mismo mientras tomaba las cosas. El bouquet de flores rojas para su novia en la bolsa y su billetera en donde, luego de pensarlo muchísimo mientras iba a su casa, mientras esperaba que deba prepararse, mientras se duchaba, mientras se lavaba los dientes, mientras se vestía, mientras se ponía perfume; decidió por fin que al menos debía guardar un condón ahí, en caso de necesitarlo. Al final había decidido que si no pasaba nada, no tendría que dar explicaciones y, si sucedía algo, simplemente le diría a su novia la verdad: que quería cuidarla y que la amaba. Simple, real y claro.
- ¡Oh rayos casi lo olvido! – exclamo, tomando la caja del bouquet y sacando el pequeño botonier que él debía usar, luchando por quitar el pin en la parte de atrás hasta clavarlo. La rosa roja brillando en su chaqueta blanca. Volvió a mirarse al espejo.
- De acuerdo Mike, tranquilo, si te pones así ahora entonces, ¿como estarás cuando tengas que pedirle matrimonio? Ahora ve y disfruta de tu baile de graduación con tus amigos y tu novia en el misterioso vestido.
Bajo las escaleras dando trotes, cantando bajito con la tranquilidad y libertad que le daba estar solo en casa, fue hacia la cocina a tomar un poco de jugo y volvió a la sala a buscar las llaves de su auto cuando…
10 minutos después.
- ¡De acuerdo, una mas, una mas! – pidió Karen, esta vez arrodillándose en el suelo y buscando un ángulo nuevo y original para sacarle una foto a su hijo apoyado contra la chimenea.
Mike estaba muriendo de vergüenza, propia y ajena.
- Basta, mamá, ya has tomado… ¿Cuantas? – se quejo el muchacho y con otro disparador del flash, pudo jurar que a esa altura ya le habría causado daño cerebral.
- ¿Mamá, me tomas una foto con Mike? – pidió Holly, abrazándose (colgándose) de su hermano mayor, mientras hacia un globo con su goma de mascar.
El muchacho se quejo ante el peso de su hermanita de nueve años, intentando zafarse de su agarre antes que lo desnuque y mirándose el reloj, mientras ella ahora lo abrazaba de los lados.
- ¡Rayos! – exclamo al ver la hora y otro flash lo distrajo. – ¡Cielos, mamá ya basta, se me hace tarde!
Karen disparo otra de nuevo.
- No debiste intentar escapar de mí, Michael. ¿Realmente creías que me iría sin guardar los recuerdos de tu propio baile de graduación? – pegunto la mujer, dándole una mirada triunfante.
- ¿Quien es inteligente ahora, Mickey? – pregunto Holly levantando su cabeza y mirando a su hermano desde la altura del abdomen. Mike frunció el ceño con profundidad.
- ¡Oye, no soy un ratón!
En eso, debía admitir a regañadientes, su madre y su hermanita tenían razón.
Como hizo para creerse que realmente su madre, la psicópata de los álbum familiares, se iría sin ningún reparo de viaje por el fin de semana sin haber antes torturado a su hijo con una interminable sesión de fotografías que luego llenaría en algún álbum decorado a mano, para luego mirarlo en sus días mas hormonales y lloriquear diciendo 'Oh, mira que pequeño eras y que grande te has puesto'.
Realmente había caído, realmente Karen Wheeler había calculado bien su juego y pretendió subirse al auto junto a su marido – que estaba aun el vehiculo –, para esperar a que Mike apagase luz de su habitación y entrar sigilosamente y esconderse en la sala antes que él bajase para no perderse ni un momento de ver a su único hijo varón, vestido en esmoquin yendo a su propio baile de graduación. Se había comportado como una leona, al acecho y Mike nunca olvidaría la cara de triunfo de su madre cuando él se volteo en un momento y ella le sonrió con altanería, disparando la primera fotografía.
- ¡Abraza a Holly, Mike, vamos! – pidió la mujer y Mike volvió a regañarla.
- ¡Mamá basta!
- ¡Pero te ves tan lindo! – chillo la mujer y él solo quiso ser tragado por la tierra.
- En serio, Mickey, Jane te vera mas lindo que nunca. – dijo su hermanita mirándole expectante con una sonrisa y abrazándole fuerte de los lados.
A eso, el muchacho sonrió de verdad. – Gracias Holly-wood. – susurro, dándole una palmadita en la cabeza.
Maldita niña, a veces realmente lo hacia derretirse aunque sea terrible.
- ¡QUE HERMOSA FOTO! – grito de nuevo Karen Wheeler, en el momento que sus hijos se sonreían. – ¡Una mas, esta vez conmigo! – pidió, acercándose a los dos e intentando sacar otra mas que, al revelar, estaría torcida y desenfocada con la cara de su madre en el centro, una mitad de Holly y sus coletas rubias y otra mitad de la cara de Mike, con la boca abierta.
- ¡Mamá!
- Mike…
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- Ugh, ¿por qué tuvo que estar húmedo hoy, justo hoy? – se quejo Once, sentada en la cama de Joyce.
Si bien había estado bastante tranquila luego de la charla con Will sobre sus planes íntimos con su novio, luego del almuerzo todo giro en torno al baile, a su apariencia, a verse perfecta, a que presentía que le iba a salir un granito y a su cabello. Desde que salio de la ducha, tanto Joyce como ella se volcaron del todo en que luzca esplendida y la mujer descargo en la muchacha todo su complejo de solo-madre-de-varones, jugando y divirtiéndose con el cabello de Once como una niña con una nueva muñeca. Aun así por alguna razón el cabello de Ce no había quedado como ella había previsto, se le había inflado demasiado con la estática del secador y si bien no sabían si sus nervios (y sus poderes) podrían sumar algún factor, lo único que a Joyce se le ocurrió fue convencer a la adolescente que siguieran un estilo que vieron en una de sus múltiples revistas porque, ¡Oye! Casi toda su vida no tuvo cabello, mejor lucirlo, ¿cierto?
La mujer le sonrió, agitando el fijador en spray. – Cariño, no esta húmedo, deja que te ponga un poco mas de esto y todo saldrá bien.
- Pero, mamá, ¿no me luce muy rígido? A Mike le gusta acariciarlo y no me gustaría que este áspero y duro que no pueda deslizar los dedos en el.
La muchacha que estaba preocupada de más por como luciría su cabello, no se había dado cuenta de cómo había llamado a Joyce, causando que ella pare un momento para mirar el reflejo de ambas en el espejo frente a la cama.
Era obvio que le había salido en el calor del momento y ni siquiera la miro, permaneciendo muy ocupada en seguir aplicándose maquillaje en la marca del cuello con un espejito de mano, pero Joyce observo la imagen de ambas en ese momento con una sonrisa, porque si bien Once quizás no se haya dado cuenta del peso que llevaba que le haya dicho 'mamá', para ella hizo de todo ese momento algo en verdad único. Especialmente luego de ese día, luego de que la muchacha le haya confiado sus planes para esa noche que a Joyce Byers la hicieron regresar en el tiempo a cuando la conoció aquel día de 1983, lista para luchar por salvarle la vida a su hijo y ahora, años después, aquella niña a quien le habían negado la vida misma, estaba sentada en su cama y ella la estaba peinando para asistir a una noche mágica junto a sus amigos, a su novio y todo lo que debió tener y se le había sido negado los primeros años de su vida.
- Recordaras esta noche por siempre, cielo. – susurro la mujer, haciendo que Once la mirara a los ojos en el espejo y le sonriera, pasando sus dedos por el cabello que Joyce había estado arreglando, dándole volumen y echado a un lado hasta el hombro derecho, cayendo en una cascada de rulos amplios junto a su rostro.
- Quedo muy bien. Gracias. – sonrió la joven al espejo y por un momento se quedaron mirándose la una la otra, sonrientes, hasta que el sonido del timbre la hizo saltar de su posición.
- ¡Oh rayos, oh cielos, ese es Mike! – grito Ce, poniéndose nuevamente en marcha.
Joyce estaba buscando entre el montón de cosas que habían dejado esparcidas por toda la habitación, los zapatos de la chica mientras ella terminaba con su cabello, aplicando un pin en uno de los lados y luego pintándose los labios mientras su futura madre se arrodillaba en el suelo a calzarla al momento que Will pretendió entrar a la habitación.
- Oye Ce, ya llego Mik…
- ¡LARGO! – dijeron ambas al unísono y la puerta se azoto, dejando al muchacho confundido en el pasillo.
Hopper, quien se había levantado a abrir la puerta y estaba recibiendo al otro chico, se volteo a ver a Will volviendo hacia ellos. Todos escucharon el grito.
- Nunca me he sentido tan agradecido de no ser una niña. – dijo el joven, ganando una risa de Hopper y de su amigo.
- ¡Te ves genial, Will! – saludo Mike, pasando cuando Hopper volvió al sillón.
Will sonrió, vestía un esmoquin púrpura con una corbata del mismo color y camisa blanca. – Gracias, tu también Mike, me encanta este estilo. Ce se desmayara en cuanto te vea.
Ambos amigos rieron haciendo un poco de tiempo y aunque había sido una broma completamente inocente, se ganaron una protesta de parte del Jefe. Solo se aclaro la garganta, pero no eran tontos como para no saber que eso había estado mas relacionado a su hija que a cualquier obstrucción gutural.
- Mejor siéntense, muchachos, no se cuanto ha de faltarle a las chicas ahí dentro pero no creo que sea poco. – dijo Hopper desde su lado del sillón, haciendo espacio para ambos.
Ambos asintieron y Will tomo la bolsa con el bouquet por simple curiosidad, mientras Mike le hablaba a Hopper.
- Lo siento por llegar tarde, mi madre me torturo durante quince minutos con un sin fin de fotografías... – contó el muchacho y Hopper le hizo una seña con la mano, quitándole importancia.
- No te preocupes, niño, solo escúchalas como están. Creo que de hecho aun y así has llegado temprano. – dijo el hombre en un bufido y Mike miro a Will quien asentía repetidas veces, haciendo una cara que gritaba que Hopper no estaba exagerando y luego el Jefe volvió a hablar, apuntándole con su lata de cerveza y una sonrisa malévola y divertida en los labios. – Mira Mike, si yo tuve que escuchar y aguantar a mi hija yendo y viniendo hablando sobre el baile, sobre qué va a ponerse, sobre maquillaje y volverse irritable como nunca con lucir 'perfecta'; entonces, mi muchacho, brindo por tu salud porque cuando ustedes se casen y tengan una hija, ese será tu trabajo.
Si bien era un chiste y los tres rieron, hubo algo debajo de lo que Hopper dijo que a Mike le resulto bastante agradable. No era solamente la idea de que algún día se casaría y tendría una familia con Ce – aunque le gustaba pensar en que era posible –, no era simplemente el momento de camaradería que compartían los tres o el chiste en si mismo, levantando la tensión que aun al pasar los años por mas leve que fuese, parecía seguir levitando entre el Jefe y él; sino el hecho de que, de alguna forma y quizás en su imaginación, Hopper parecía tan tranquilo y tan acomodo con la idea de que él y su hija se casen algún día.
Lo hizo sentir en familia.
Unos minutos después en los que Will hablaba con Hopper y Mike intentaba relajarse, preguntándose a sí mismo por qué estaba tan nervioso por ver a su novia e ignorando esa vocecilla que le decía que quizás esa noche harían el amor, ya que no quería adherir mas nervios a su estado actual ni comenzar a sudar; Joyce se apareció viniendo rápidamente a la sala sosteniendo una cámara y chillando cuando los vio a ambos en sus trajes de gala, tomándoles una foto de sorpresa en la que seguramente ambos salieron con los ojos cerrados o la boca abierta.
Qué tienen las madres con las fotografías, es algo que él nunca entenderá.
- ¡Ahí viene, ahí viene! – dijo Joyce, lista para tomar una foto de ambos momentos, de la reacción de los muchachos al verla y de inmortalizar ese día tan especial.
Hopper y los muchachos se giraron para ver por el pasillo pero solo Mike se puso de pie, tomando la cajita con el bouquet listo para esperarla con el en la mano, como un novio espera a su novia en el altar. Mientras esperaba por Once, se pregunto qué era lo que usaría, siendo que el vestido había sido uno de sus mayores secretos sin dejarle saber absolutamente nada de él, por mas que se lo preguntase y, además, a Mike le entraba la duda teniendo en cuenta que dos semanas atrás ella se quejo de cómo Hopper le advirtió que su vestido no debía tener escotes – de hecho, si era alto hasta el cuello mucho mejor – y tampoco debía ser corto. Esas habían sido sus reglas pero, aun así, cuando le contó que había conseguido un vestido que le había gustado, había un brillo de picardía en los ojos de su novia que le decían que, de una forma u otra, había conseguido lo que quería.
Pero cuando la puerta de la habitación de Joyce se abrió y Once camino hacia él, Mike vio que, de hecho, el vestido era alto hasta el cuello y largo hasta los pies, cumpliendo con todas las reglas que su padre le había dicho, la falta de escote en el vestido que llegaba hasta su cuello y la cubría entera en todo el pecho uniéndose en dos hilillos en su nuca, no dejaba en lo absoluto de ser sexy, porque sus brazos y sus hombros estaban al aire listos para que Mike la llenara de besos. Se veía tan hermosa, tan increíble, indescriptiblemente hermosa con ese vestido negro entallado que la hacia ver como una estrella de cine, su cabello batido y hacia un lado, dibujando su rostro con algunos rizos y esos labios rojos que despertaban sus instintos mas bajos. Mike Wheeler se encontró de pie en la sala de la casa de su amigo intentando por todos los medios no comenzar a babear allí mismo. Se detuvo un metro antes de llegar a él, sin despegar los ojos de los de su novio en todo momento y ninguno de los dos conciente de las personas a su alrededor, Once le regalo una pequeña sonrisa y justo cuando Mike creyó que nunca antes se había visto mas sexy y hermosa que en ese momento, Ce le obsequio una mirada cómplice que él ya conocía y se volteo lentamente para revelar cual había sido el gran secreto.
Si bien había cumplido con las reglas de Hopper, hubo un punto ciego en esa regla que ella uso a su favor y es que, cuando ella dio un giro lentamente para dejarles admirar el completo de su apariencia y de una tarde de asegurarse que se vería perfecta, el cerebro de Mike entro en cortocircuito cuando vio que el vestido de su novia que llegaba a la altura de su cuello en el frente, carecía de cualquier clase de tela en la parte posterior. Los lados y su espalda entera justo antes de su trasero estaban total y completamente expuestos, regalados para él para que la bese, la muerda y la acaricie y, cuando ella le guiño un ojo mirándolo sobre su hombro, Mike no pudo soportarlo mas y se llevo una mano a la boca para tapar su expresión y ahogar un jadeo al ver tanta sensualidad junta.
Su vestido era del negro mas profundo y a la vez brillante, quizás con mil piedras adheridas que resplandecían ante cada mínimo movimiento que Once hacia, incluso con solo respirar.
Por su lado, Once estaba respirando con fuerza, esperando que el vestido que oculto tan celosamente haya llenado las expectativas de su novio quien, irónicamente, apenas si estaba respirando. Se veía tan hermosa, tan enigmática vistiendo el negro de la noche en un vestido entallado acompañado de todas las estrellas conocidas por el hombre, todo en una sola prenda de ropa.
- ¿Me veo linda? – pregunto Once, nerviosa.
Ninguno de los dos parecía notar la presencia de las personas restantes en esa casa. Joyce, encantada tomando fotos como una dulce desquiciada, Hopper con la boca abierta hasta el suelo viendo como no podía decir nada en contra de ese vestido porque, en realidad, cumplía con las reglas que él había puesto pero a la vez queriéndola cubrir con la funda del sillón si era necesario y Will, mirando a Hopper y tapándose la boca con ambas manos, completamente rojo, intentando no reír.
Mike siguió mirando a Once ahora de frente mientras seguía recorriendo su mirada por todo su cuerpo y ese vestido que le hacia justicia a cada curva que él tanto ama en su cuerpo, que brillaba ante el menor movimiento y se ceñía exactamente donde debía ceñirse, con la imagen de esa espalda descubierta, de su cintura desnuda, de la curva antes de llegar al trasero, grabados en su memoria como una marca de fuego.
Asintió frenéticamente y recordó que debía respirar de nuevo si quería seguir viviendo y se obligo a bajar la mano que cubría su boca así podía responderle, volviendo a mirarla a los ojos. Su voz salio rasposa y tuvo que aclararla.
El deseo lo estaba consumiendo.
- Linda no es suficiente, Ce. – susurro, dando un paso hacia ella y extendiendo su mano a su mejilla, acariciándola con el pulgar donde se le formaba ese hoyuelo que lo invitaba a besarla ahí y ahora. Le sonrió, bajando la voz. – Te ves absolutamente despampanante, mi amor. Tan hermosa que duele.
Once le sonrió abiertamente y dio un suspiro de alivio. Si bien era bastante segura de si misma al menos con su apariencia porque Mike había pasado años haciéndole entender que para él no había muchacha más bella; si había sentido algo de nervios esta vez. Quizás el encanto del baile, los nervios de sus planes para más tarde, o que quizás su vestido sea un poco demasiado. Al final, por la mirada de Mike que ella conocía bien que solía tener cuando se ponían cariñosos en el sofá o en su auto, sabiendo que estaba reteniendo un deseo animal de estamparla contra la pared y besarla y tocarla como a ella tanto le gustaba, Ce supo que con su vestido había dado justo en el clavo.
Mike levanto la cajita con el bouquet y Once lo miro, ambos intentando avanzar con las formalidades y porque no ayudaba en nada que tiren leña al fuego creciente en sus entrañas, con gente a su alrededor.
- No sabia cual elegir. – dijo tomando el bouquet de flores rojas y ella extendió su mano, dejando que Mike lo deslice hasta su muñeca.
Ella le sonrió y toco la comisura de sus labios pintados de rojo, mirándole con tanta adoración que Mike sintió temblarle las piernas. – Hace juego con mis labios.
Fue un simple comentario pero Ce noto que la mirada de Mike se volvía oscura, profunda y que hizo un enorme esfuerzo para no devorarla allí mismo. Todo estaba saliendo como ella lo había planeado.
- Si, me encanta. Te me encantas, Ce. – susurro el muchacho y puso una mano en su cintura, casi temblando de sentirla tan ligera de tela y con la otra acaricio el cuello de su novia, dejando escapar una risita. – Bueno, supongo que has cumplido con las reglas de… – susurro muy bajito y haciendo un gesto refiriéndose al Jefe.
Once rió también, ambas manos viajando a su pecho y acariciando su chaqueta blanca y su camisa, subiendo por los pliegues en la tela hasta su corbata de moño negra. Él también se veía increíble, un estilo tan sensual y tan fresco pero también formal. Pantalón negro, chaqueta y camisa blanca, como una estrella de alguna película de los años '60.
- Bueno, papá me dijo que no tenía permitido vestidos cortos ni escotes que muestren el pecho. No menciono nada sobre el resto. – susurro Once, culpable de haber torcido todas las reglas de Hopper a su beneficio, de nuevo.
Mike rió y se inclino, a penas milímetros antes de llegar sus labios, su calido aliento a menta le llego atravesando su cuerpo.
- Te ves preciosa, Ce. – susurro Mike sobre sus labios.
- Tu también, Mike. – susurro ella también, sus manos viajaron a los hombros de su novio, un poco mas fácil llegar a él por sus zapatos de tacón. – El esmoquin definitivamente esta de acuerdo contigo, hasta te pareces a James Bond.
Él no pudo evitar soltar una risita, su mirada divertida ante las ocurrencias de su novia. – ¿En serio?
- Si, pero mas lindo y mío. – respondió la muchacha con toda seguridad y cerro los pocos milímetros que los separaban y por fin lo beso.
Ninguno de los dos siquiera tomo conciencia que Hopper, Will y Joyce seguían allí, viendo ese juego de romance, seducción y arrumacos entre los dos. Will ya acostumbrado, simplemente espero que tuvieran su momento, Hopper mil veces mas incomodo quiso poner un poco de espacio entre ellos pero Joyce inmediatamente lo dio un golpe en un brazo y una mirada de reproche, ordenándole que los deje ser.
Besarla así, sus labios rojos mientras la abrazaba luciendo pecaminosamente sexy y ambos concientes que todo era otro de sus juegos de seducción, Mike se sintió dándole otro primer beso. No quería levantar sus esperanzas ni cantar victoria, no quería apresurarla, no quería dejarse engañar por sus propias hormonas, pero Ce también parecía estar besándolo de una forma distinta. Si bien sus labios se movían de forma bastante inocente a como solían besarse – porque al fin de cuentas había un poco de conciencia de en donde estaban –, sí sabia que había algo mas. La conocía tan bien, la leía mejor que a nadie. No era solo el vestido sino ese brillo en sus ojos cuando se había volteado enseñándole la curva desnuda hasta antes de llegar a su trasero, que Mike supo que ella también quería comenzar a jugar con ese fuego. Lo estaba provocando y él estaba por demás encantado.
Sus labios suaves como terciopelo, el perfume dulce que se había puesto, la piel cremosa que Mike sentía en la punta de sus dedos y el sonido que hicieron al cortar el beso eran solo una pequeña parte de su relación, del amor que se tenían. Mike la miro a los ojos y le sonrió y Once quedo perdida bajo esa misma mirada profunda y dulce, su sonrisa sincera y tan leal, su rostro perfecto que brillaba para ella y por ella haciéndola sentir mil veces mas enamorada.
- Si, querida. – susurro Mike con un fingido acento británico y ella rió.
Si, un poco de humor para apaciguar la pasión y dejarla para después. Tenían toda la noche para volver a ella.
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'Una Noche Para Recordar' era el tema de su baile de graduación y definitivamente encajaba con todo lo que paso.
En un principio, Mike nunca olvidaría el rostro de Hopper luego de que él y Once dejaron sus arrumacos de lado y se dejaron tomar fotografías por Joyce. Once con Hopper, quien aun no podía hablar, tan solo pensar en que su hija esta (desnudadesnudadesnuda) ligera de ropa y luciendo demasiado 'mujer' para una niña pequeña, porque así él aun podía verla. Luego toda una seguidilla de clásicas fotografías, Will con Mike, Will con Once, Mike con Once, Joyce con los muchachos, Joyce con Once y así sucesivamente.
Luego, mientras caminaban los tres adolescentes al auto del muchacho, el Jefe encontró su voz de nuevo para hablar y detuvo a Mike tomándolo del hombro haciendo que ambos él y Ce se volteen a verlo. Hopper los miro un momento, tan enamorados, tan bien vestidos, tan crecidos que simplemente dejo morir lo que sea que había estado listo para decir y dio un golpecito en el hombro del muchacho, dejándoles ir tranquilos sin una palabra mas.
Mike no supo como, pero creyó que Hopper lo miro de una forma distinta, como si quisiera decirles algo, como si quisiera a él pedirle algo. Como si supiera algo.
Una parte de Mike creyó cuando le detuvo, que había notado la marca en el cuello de Once y por eso iba a partirle el trasero, pero no fue así, gracias a Dios. De hecho mientras Hopper arreglaba la cámara para una foto grupal, Mike recordó la marca que él había dejado en el cuello de su novia la noche anterior cuando se pusieron cariñosos en su auto, en la parte de atrás del cine. Había sido imposible evitarlo, Once se había movido encima suyo con una pasión descontrolada y él tuvo que morderla de esa forma porque no ayudaría en nada si ambos comenzaban a gemir, aun si no había nadie cerca. Ponerse apasionado con su cuello, con su hombro, con su piel cuando hacían cosas como esas, era la forma que él tenia de controlar sus hormonas pero realmente le estaba costando y la noche anterior estaba seguro que también había usado los dientes. Sin embargo, aprovechando que el Jefe estaba ocupando buscando como activar el disparador automático, Mike se inclino buscando el hematoma que su amor había causado y no encontró nada. Once supo obviamente que era lo que Mike buscaba y solo dijo 'maquillaje', para que él entendiera que la marca estaba, solo que cubierta.
Respiro tranquilo.
Cuando llegaron al baile, la decoración los hechizo como el cliché lo hace con una película de John Hughes, aun sabiendo como se vería, aun sabiendo como lo habían decorado, la belleza de los brillos alrededor, de la combinación de blancos púrpuras y plateados, de las estrellas colgando del techo y decorando las paredes con las cintas púrpuras y blancas perladas, con las telas colgantes y las luces iluminando el gimnasio entero y jugando con la bola de espejos en el medio, Will, Mike y Once supieron que el tema del baile dio en el clavo.
Una noche perfecta desde el comienzo, de elegancia, de belleza, de noche en si misma y magia alrededor compartiendo juntos el último baile de su escuela.
Se cruzaron con el profesor Clark quien dedico a sus alumnos al menos diez minutos de halagos por como lucían, de bromas compartidas y algunos recuerdos cuando viajo por un momento a algunos años atrás y vio en especial en Mike y en Will a esos niños pequeños que ganaban todas sus ferias de ciencia junto a Lucas y Dustin que aun faltaban por llegar. No lo hizo ese día, pero se dio el lujo de llorar y de expresar su orgullo hacia sus alumnos favoritos en la graduación, que tendría lugar en un par de días mas. Por el momento, era mejor dejar a los chicos que disfruten esa noche porque se la habían ganado.
A penas unos minutos luego de llegar, dos de sus amigos llegaron también y se robaron las miradas de algunos de sus compañeros, así como muchos se quedaron boquiabiertos cuando vieron a Once llegar luciendo imposiblemente candente, esta vez Mike, Ce y Will vieron llegar a Lucas con su esmoquin negro, clásico y elegante luciendo un botonier amarillo en la solapa de su chaqueta y una enorme sonrisa, causada sin ninguna duda por la muchacha que apenas estaba reconocible caminado del brazo con él.
- ¿¡Max!? ¿Eres tú? – pregunto Will a una muchacha pelirroja que no podía ser la chica que ellos conocían que jamás había vestido una pollera.
Pero lo era, su cara de pocos amigos y la forma en que rodó los ojos, la delataban.
- Si, soy yo vestida como si fuese Olivia Newton-John. – dijo soltándose del brazo de Lucas mientras Will la tomaba de la mano y le daba una vuelta. Todos ellos estaban boquiabiertos.
- ¡Luces increíble! – dijo Once de corazón. Mike asintió, también dando su aprobación y Max se fijo en su amiga luciendo ese vestido negro increíble.
- ¡Oye no es justo! Tu que eres mas buena que el pan blanco vienes aquí luciendo candente cual hierro al rojo vivo y mi madre me obliga a lucir como una maldita muñeca.– dijo la muchacha, escandalizada por el contraste entre ambas.
A ella no le gustaba ir de compras y mucho menos por lo que consideraba, básicamente idiotez de chicas, pero su madre le había advertido que no la dejaría ir a otro baile vistiendo jeans y ya que ella no quería ir de compras, le había dejado a su madre elegir. ¿Que le había comprado? Un vestido amarillo pálido de hombros caídos de raso y acampanado hasta el suelo, con tul brillante en la falda y un escote de corazón trenzado. Y para coronar su atuendo exageradamente femenino, su madre le había hecho un gran peinado con trenzas y rizos y la había maquillado.
Lucas casi murió cuando la recogió en su casa.
- Estas hermosa. – dijo el muchacho con la misma inmensa sonrisa que vestía desde que la vio salir de su casa. Es que si, realmente estaba hermosa, aunque muy muy incomoda.
- Acosador, te lo advertí. Esto… – dijo apuntándose a si misma entera. – Esta mierda no soy yo, así que por favor deja de hacérmelo difícil, ¿de acuerdo?
Los muchachos pusieron los ojos en blanco pero rieron al tiempo que Dustin se unía al grupo al grito de emoción por el atuendo de la muchacha que alguna vez a él también le gusto.
- Carajo Max, ¿¡esa eres tu!? – dijo apareciéndose. Su esmoquin era llamativo, pantalón negro pero camisa con volantes en el pecho color celeste pálido y chaqueta celeste mas oscuro con una corbata de moño color rosado. Se veía bastante fuera de lo común, pero de alguna forma iba muy bien con su personalidad, único y divertido. – ¡Te ves increíble!
Once saludo a Dustin, abrazándole. – ¿Lo ves, Max? Todos coincidimos.
- Oye Ce, ¿donde esta…? – dijo el muchacho, volteando a su amiga sonriente cuando sintió que al abrazarla toco piel y no tela. Se quedo boquiabierto. – Oye, ¿y la otra parte de tu vestido?
- Yo diría que en las peores pesadillas de mi padre. – contesto Ce y miro a su novio sobre su hombro. – Y en los sueños de Mike.
Todos rieron ante eso.
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¡Hola a todos!… los que queden luego de tal tardanza.
Realmente no saben cuanto lo siento por haber tardado tanto. No es por poner una excusa pero dos días después de subir el capitulo anterior me caí y me lastime un brazo y es realmente difícil escribir con una sola mano (y traducir, porque también subo mis historias en ingles). Además este capitulo lo partí en dos porque es larguísimo. La segunda parte que sera el capitulo cinco la subiré mañana o el domingo, ya casi lo termino pero quería entregarles una parte al menos. Es igual o más largo que este, así que se imaginaran que hacer capítulos tan largos no es muy fácil cuando solo puedes usar una sola mano.
Lo siento por haber tardado tanto, espero que sigan aquí, que siga leyendo y por favor dejen comentarios. Aun con una sola mano yo seguí escribiendo asi que, por favor, déjenme un review que toma solo un minuto.
Además me entusiasma mucho saber que opinaron del vestido misterioso y del capitulo en si, por supuesto.
Gracias a quienes siguen leyendo, todos ustedes no saben lo importante y lo feliz que me hacen sus reviews.
¡Los quiero!
