HOLII!
Bueno, primero que nada, esta vez me daré el lujo de agradecer sus hermosos Reviews.
Tormenta oscura; Serena Princesita Hale; sailor mercuri o neptune; fior aquarium; Aiko Amitie; Honeynesa; floh black; alemalfoy; Sailor Alluminem Siren; anime.
Gracias de todo corazón.
Review que deseaba contestar públicamente:
Fior aquarium: si, Draco conduce su propio deportivo y acude a consultorios muggles. Por más que los deteste lo ha hecho porque sabe que es su responsabilidad. Y lo del deportivo, bueno, ya conocemos a Draco. Es un personaje muy versátil.
Ahora sí, lo que esperaban.
Disculpen mi tardanza :(.
Disclaimer: J.k. Rowling en su totalidad. /Escenarios y Personajes.
Trama: un poquito de la imaginación de ValerieMalfoyCullenHale.
Chapter 4.
Despertó totalmente confundida, además de aturdida. Abrió los ojos con mucha dificultad y éstos le lloraron mientras lo intentaba. Se observó acostada en una habitación de paredes color vino tinto. Incorporándose a la cama, notó que no conocía esa habitación, para nada. También notó que no tenía la ropa del día anterior, o por lo menos no vestía los pantalones de mezclilla, sino, el pantalón de pijama de algodón color amarillo pálido con franjas negras, así como una abeja. Se restregó los ojos con ambas manos y al poner un pié en las frías baldosas sintió las involuntarias nauseas matutinas y no pudo hacer más que entrar al baño que estaba dentro de la habitación y deshacerse de los nuggets de pollo y las papas fritas de la noche anterior. Lavó su rostro, enjuagó sus dientes y salió de la habitación. Con el cabello castaño aun enmarañado y los ojos entrecerrados, se dispuso a deambular por el departamento. Donde se aseguró de que estaba. Crookshanks maullaba desde su jaula con nerviosismo, lo primero que hizo la castaña fue sacarlo de allí y abrirle una ventana, por donde entró una brisa demasiado fría, así que la cerró al instante luego de que el regordete gato saliera.
Siguió paseándose en total silencio por el hermoso departamento, tan bien decorado como la casa de Malfoy. Observó una cabellera blonda que se asomaba desde el sillón del living. Se acercó un poco más y pudo ver con menor dificultad al rubio. Desparramado en el sofá, con un semblante angelical y delicado, varonil. Una mano colgaba y la otra sostenía el control remoto del televisor de pantalla plana que estaba instalado en el living, encendido. Tomó con delicadeza en control remoto de la mano de Malfoy y apagó el aparato.
Siguió con su deambular y se acercó hasta lo que parecía la cocina. Empotrada en caoba y granito oscuro. Revisó, con cuidado de no hacer ruido, todos los gabinetes y gavetas, sacando lo que necesitaba para hacer un delicioso desayuno. Encendió la tetera eléctrica y colocó al mismo tiempo la sartén en la cocina, también eléctrica. Sacó del refrigerador cuatro huevos y un paquete de tocino. En el momento en el que comenzó a escucharse el tocino cociéndose y los huevos, el aroma, el té, todo; Malfoy se apareció por la cocina, como zombi. Definitivamente, la castaña había notado eso, y ahora lo tomaría como arma mortal.
No se dieron ni los buenos días. No se miraron al rostro en ningún momento. Malfoy parecía comenzar a morir de hambre, así que ella decidió darle el primer plato que ya estuviese preparado. Si un Malfoy sin hambre era una bomba de tiempo, no quería saber cómo era uno famélico. Le colocó cerca un vaso con zumo de naranja y se dio media vuelta sin siquiera mirarlo para seguir preparando sus huevos con tocino.
Se sentó frente a él, aun sin dirigirle palabra, y comenzó a comer su platillo. Algo que le había quedado delicioso, o no sabía si sería el hambre que tenía, que cambiaba las cosas.
Gracias- susurró el rubio y ella simplemente se exaltó.
No hay porqué- murmuró la castaña, sonrojándose inconsciente mente.
-¿Por qué haces eso?- preguntó de manera curiosa, intrigado. Llevó el vaso a su boca y bebió otro sorbo, para disimular su interés.
-¿Hacer qué?-preguntó ella, confundida con su pregunta y su desinteresada actitud.
-Eso… Sonrojarte- dijo él, señalando las mejillas encendidas de la castaña.
-…No lo sé…- dijo ella, mirando hacia otro lado, evitando el contacto visual.
-Claro que lo sabes… ¿Acaso te pongo nerviosa?- preguntó el rubio, con una sonrisa de medio lado y una ceja arqueada como solo él sabía.
-No, Malfoy. Fin del tema…- dijo intentando callarlo, pero logró todo lo contrario.
-¿Qué pasa?, Ni que yo fuese un adefesio de esos amigos tuyos...- dijo fingiendo indignación.
-No es eso… Además eso es lo menos relevante para mí. Yo…. tu, simplemente, no eres mi tipo-dijo con un toque de nerviosismo en su voz.
-Si no fuera tu tipo, no te habrías acostado conmigo- aseguró el rubio, con su mirada altiva y orgullosa.
-Y si yo no fuera del tuyo, tampoco- dijo la castaña contraatacando a Malfoy.
-¿Entonces te gusto?- preguntó haciendo a un lado la jarra de zumo de naranja para verle bien el rostro a la aludida.
-¿Yo a ti?- dijo ella, suspicaz. Se sonrojaron en el mismo momento. No había manera de que se gustaran, y no lo admitirían jamás, no es que fuese cierto o falso, había un ligero crush entre ellos que ni siquiera entendían, algo que los unía además del bebé.
-¿Qué le pedirás a Santa Claus esta navidad?- preguntó Hermione, levantándose para llevar las cosas al lavaplatos automático.
-No lo sé, algo interesante y divertido. Que no se compre- dijo él, con una mirada orgullosa.- ¿y tú?-
-No lo sé… Me gusta tu idea, en realidad- dijo Hermione, llevándose una galletita que había sacado de un frasco con forma cuadrada y de color negro, en uno de los gabinetes de la cocina, a la boca.
-Mis ideas siempre, siempre, son buenas- dijo el rubio, con un ego que salía de sus poros como el mismísimo sudor.
-Eres demasiado egocéntrico- murmuró la castaña pero a su mala suerte, el rubio la escuchó.
-Tendrás que aceptarme como soy… Por lo menos por un tiempo- atisbó Malfoy, aún sentado en la mesa y proyectando su voz por todo el departamento.
-¿Por más difícil que sea?- preguntó la castaña, burlándose del rubio. Él asintió, y sin más, la castaña desapareció por el pasillo. No quiso preocuparse por la manera en que el rubio tal vez haya subido el equipaje hasta el departamento, ni el porqué del refrigerador lleno de comida, ni de cómo se atrevía a cambiarle la ropa mientras dormía.
Simplemente decidió obviarlo, acababa de tener por primera vez una charla civilizada con el blondo muchacho y prefería no arruinarlo. Entró al baño, se dio una larga ducha y lavó bien todo su cuerpo. Salió renovada del baño y se colocó un vestido azul pálido muy casual, dejó su cabello húmedo caer sobre sus hombros descubiertos y se colocó brillo labial, además de su hermoso par de tacos negros. Salió de su habitación, y cubrió sus hombros con un suéter tejido de color beige. Tomó su bolso de cuero marrón y tomó lo que creía eran las llaves del departamento, o al menos, la copia que creía sería para ella. Se dispuso a abrir la puerta de entrada cuando una mano tomó la suya, de nuevo, como siempre lo hacía, ejerciendo una ligera presión.
-¿A dónde crees que vas?- preguntó su voz, esta vez, como siempre lo hacía en Hogwarts; arrastrando las palabras.
-¿Quién te crees para preguntarme a dónde voy?- preguntó ella, irritada.
-El padre de tu hijo, eso soy- dijo con sorna.
-Ohh, si… Bueno, ¿vienes?- le preguntó ella, cambiando totalmente las intenciones del muchacho de hacerla quedarse sola en el departamento.
-Está bien…- dijo él.- Igualmente, no te puedes cuidar tu sola- dijo y soltó una sonora carcajada que la hizo reírse. Reírse de la estupidez que acababa de decir. –Dame un momento-
Ella asintió y corrió a la mesita donde estaba el teléfono, por supuesto, inalámbrico. Como odiaba y amaba al mismo tiempo los lujos del departamento. Marcó como pudo el número del departamento de su amiga Annie, la mejor de las mejores amigas.
¿Bueno?- dijo la voz al teléfono.
¿Annie O'Connor?- preguntó la castaña.
¿Hermione Granger?- preguntó ella exaltada.
¡Annie!, ¿Cómo estás?-
¡No puedo creerlo, Hermione!, Bueno, se puede decir que bien; en el departamento de St. Lois- explicó.
Yo, saldré en un rato a conocer el campus de… St. Lois.- dijo Hermione, y su amiga profirió un grito que hizo que Hermione separa un poco el teléfono de su oreja.
¿Qué?; ¿Te has inscrito?- preguntó emocionada.
¡Sí!- exclamó Hermione.
Malfoy observaba exasperado a la castaña que gritaba al teléfono.
¿En qué torre?- preguntaba su amiga al teléfono.
Cuatro, departamento once-A- dijo Hermione.
¿Creerías si te digo que estoy en el once-D?- preguntó la voz al teléfono.
¿De verdad?- preguntó asombrada la castaña.
¡Sí!, Nos vemos en el pasillo en dos minutos- exclamo la voz al teléfono.
Muy bien, nos vemos- pronunció la castaña antes de colgar el teléfono y darse cuenta de que Malfoy había escuchado toda la conversación.
-¿Terminaste de gritar al por el teléfono?- preguntó el rubio en son de burla. Ella lo fulminó con la mirada, pero lo pasó por alto para no generar problemas. Caminó hacia la puerta y salió al pasillo. Su amiga ya estaba allí, casi en su puerta, se miraban con los ojos humedecidos, hacía mucho que no se veían. La muchacha era alta, morena de cabellos lisos largos, ojos verde agua y usaba un flequillo que le quedaba fenomenal. Un alto muchacho la acompañaba, moreno y de mejillas sonrosadas, con espalda ancha. Hermione lo saludó con un apretón de manos y luego decidió presentar a Malfoy que ahora parecía estar pegado a la pared.
-Ohh, Annie. Él es Malfoy- dijo Hermione señalándolo, la morena se dirijo a estrechar la mano del rubio y éste la estrechó.
-Hola- dijo su suave voz, luego tragó espeso- ¿Malfoy, Malfoy?- murmuró a Hermione pero el rubio también la escucho.
-¿Así que también le has hablado de mi?- preguntó con una sonrisita hipócrita. Arqueó una ceja.
Ella se sonrojó de pies a cabeza y luego miró enojada a Annie.
-Mucho gusto- dijo la morena- Anastasia O'Connor, para mis amigos Annie- dijo y luego soltó la mano de Malfoy.
-Matt Colleman- dijo el acompañante de Annie- Su novio…- Estrechó la mano de Malfoy y luego, Annie dio la magnífica idea de salir a pasear.
Dejaron que Malfoy y Matt, fueran juntos mientras ellas hablaban un poco alejadas de ellos.
-Hace mucho que no escribes… Annie- murmuró la castaña, caminando a paso lento.
-Lo siento Hermione, tuve problemas…. Ben me engañó, y bueno… Me encerré en una habitación sin recibir nada, ni e-mails, ni lechuzas, ni correo normal… De verdad, quiero me disculpes- pidió y Hermione asintió de inmediato.
-No te preocupes, sé que se siente…- dijo la castaña.
-¿Él es Malfoy?- preguntó Annie con una sonrisita.
-Sí, y como haz de notar, es muy egocéntrico…- dijo Hermione y luego soltó una carcajada.
-Y… Guapo- susurró haciendo que Hermione se sonrojara.
-Y no lo has visto desnudo…- dijo y Annie casi se le salían los ojos de sus órbitas. Rompieron en carcajadas un segundo después.
-¿lo has hecho con él?- preguntó interesada su amiga.
-Bueno…- dijo Hermione, mirando hacia otro lugar.
-¡Sí!, lo sabía… ¿Son novios?- preguntó Annie.
-No…- dijo Hermione.
-¿Y porqué vive contigo acá?- preguntó Annie, mirando a Hermione al rostro.
-Porque… Voy a tener un hijo suyo- dijo Hermione demasiado rápido y muy bajito, pero Annie la entendió completamente.
-No te lamentes… Va a ser un hermosísimo bebé- dijo sonriente.
-Sí, que esperanza…- dijo Hermione, con una triste sonrisa.
-Ohh, vamos Hermione. Sabes que te encanta Malfoy, y a él le encantas tú. ¿De qué otra manera se hubiese venido contigo a este colegio donde estamos los que ustedes llaman muggles y no hay nada de magia?; Vives con él y lo comienzas a conocer y listo; Así me ocurrió con Matt, solo que yo no estoy embarazada…- dijo Annie dándole ánimos a su amiga.
-No, Annie. No me gusta Malfoy…Lo odio y me odia, ese es el único sentimiento que compartimos…- dijo y se sonrojó por completo.
-¿No te has puesto a pensar que tal vez no te odie?, Tal vez te quiera pero intente ocultarlo- dijo Annie sacándole una risita a su amiga.
Caminaron por todo el campus, Annie y Matt les enseñaron las discotecas, el supermercado, las torres de la escuela, los centros comerciales, todo. Pues St. Lois era una escuela que tenía puertas hacia todo el pueblo. Tuvieron que subirse al auto de Matt, para poder recorrer todo el pueblo y aun les quedaban lugares específicos que visitar.
Por eso, hicieron un plan toda la semana, en la que algunos días, Annie se fue al departamento de Hermione y Malfoy para pasar la noche y Malfoy se iba al de ella, para charlar sobre cosas de hombres con Matt. Quienes se habían vuelto muy unidos. Realmente, Hermione había sentido el tiempo pasar, el sábado siguiente; cuando ya las nauseas no la sacaban de la cama, cuando ya las vitaminas y las píldoras hacían efecto. No sufrió los repentinos cambios de humor tan seguido, pero los antojos la traían loca. Antojos que su amiga Annie, Matt y el propio Malfoy se dedicaban a complacer, a regañadientes.
Observaban todas las puestas de sol desde el puerto y cuando Annie y Matt comenzaban a ponerse melosos, corrían y se subían al auto de Matt, en la parte trasera en absoluto silencio, sin decir palabra. Pues no querían ver esas expresiones de amor, a Hermione le daban tristeza y a Malfoy asco.
No hubo un día en el que Hermione y el rubio no discutieran. Por el color de la pared, por el deportivo, por Annie que no se iba a su departamento, por Matt que se quedaba hasta tarde cuando ya Annie se había ido, por alergias de Malfoy, por berrinches con los antojos de Hermione. Pero siempre lograban canalizar la rabia que sentían, y podían seguir pasando el día. Hasta que el día antes de la víspera de navidad, tuvieron una de las peores discusiones, se gritaron mil ofensas, se dijeron sandeces, Hermione le zampó una bofetada que dejó marca y se encerró en su habitación, dejando a Malfoy en la puerta. Estaba enojado, muy enfadado; así que tomó su chaqueta, su billetera y las llaves del deportivo y al salir, azotó la puerta.
Hermione llamó por teléfono inmediatamente a Annie, triste, con voz apagada. Necesitaba salir, despejar su mente. Estaba preocupada por Malfoy, claro que sí; pero necesitaba librarse de la culpa que la albergaba. Una culpa extraña, se sentía culpable por tratarlo tan mal; después de pelear porque no sabes utilizar un colador para pasta según ella.
Su amiga acudió al instante y sacó a la castaña del departamento. Subieron al pequeño auto, color azul claro, de Annie. Pasearon por todo el pueblo, comieron fuera y además planearon hacer las compras de navidad al día siguiente.
-Espera- dijo de repente Annie, haciendo que su amiga se detuviese en seco en medio de la calle. Ella volvió su rostro bruscamente y leyó lo que los labios de Annie decían. Veinte, veintiuno, veintidós, veintitrés. -¡Mañana es la víspera de Navidad!-
-¿Qué?; ¡No puede ser!... Espera, si… Tienes razón- dijo Hermione cuando enumeró de nuevo los días en su cabeza.
-Ohh, no- murmuró la morena. Tomó el brazo de Hermione y la arrastró por el boulevard. Hermione, minutos después, tuvo que correr para poder seguirle el paso.
Entraron a centenares de tiendas; ropa, joyas, zapatos, muebles, electrodomésticos y electrónica.
Hermione logró regatear con el vendedor y conseguir más económico el artefacto que le compraría a Malfoy para no ahogarse en culpa. Un IPhone, un reproductor de música y video con teléfono celular incluido; y también regateó con el vendedor en la joyería por ese par de cadenas con un corazón que se partía a la mitad, el regalo que le daría a Matt y Annie.
Simplemente, callada, apagada, con los ojos cerrados pero aun sin quedarse dormida, pasaron los treinta minutos en auto que se necesitaban para regresar al campus. Bajaron todo lo que habían comprado y se fueron cada una a su respectivo departamento.
Hermione, se despidió de ella en el ascensor y luego comenzó a buscar la llave. No estaba en su bolsillo trasero del pantalón ni en su bolsa. No tuvo remedio que llamar a la puerta.
Tocó una vez, dos veces, tres veces. Sin respuesta. Muerta de enojo, le zampó una patada a la puerta y en ese instante se abrió, haciéndola caer sobre nada más y nada menos que el rubio.
Rió entre dientes por el enojo de la castaña y ella lo notó. Se soltó bruscamente del agarre, como tantas veces había hecho y camino dentro del departamento.
-¿El enojado no debería ser yo?- preguntó luego de soltar una armoniosa carcajada.
-No- dijo ella fúrica.
-Está bien, dejaré de reírme de ti…- dijo él, ayudándola a levantar las bolsas. – ¿Te gastaste todo tu dinero?- preguntó al ver la cantidad de cosas que había comprado.
-Puedo gastar lo que yo quiera, es mi dinero, no el tuyo- dijo amargamente. Malfoy levantó una ceja, y después la miró ceñudo.
-¿Quieres bajar la guardia o dejar de estar a la defensiva todo el tiempo?- preguntó el rubio.
-Esta… bien- dijo ella. Caminó hasta el perchero y colgó allí su suéter, bufanda y guantes.
-¿Cenaste por lo menos?- preguntó Malfoy observando su reloj de pulsera.
-No, ¿qué hora es?- preguntó la castaña mirando ahora su reloj de pulsera. – ¡Merlín, si son las ocho de la noche!- exclamó alarmada.
-No te preocupes, quedó algo de mi lasaña del almuerzo- dijo él despreocupado, sentándose en el sofá y encendiendo el televisor. –Está en el refrigerador-
La castaña literalmente corrió, muerta del hambre y abrió el refrigerador. Sacó la lasaña y la colocó a calentar en un plato en el microondas. Espero cincuenta y ocho segundos y sacó el plato impacientemente antes de que pasara el minuto que había programado. Se llevó el tenedor colmado a la boca y saboreó con delicadeza el exquisito manjar italiano.
En ese instante, comenzó a sonar tono del teléfono inalámbrico por todo el departamento. Malfoy lo contestó. Hermione solo alcanzó a escuchar lo que Malfoy decía.
¿Diga?
No, ella está dándose una ducha
Dígame y le dejaré el recado
Muy bien, se lo diré. Gracias por llamar señor Granger.
Colgó el teléfono y observó desde el recibidor a Hermione que estaba en la cocina.
-¿Qué dijo mi papá?- preguntó exaltada. Con el terror impregnado en su rostro.
-Quiere que mañana vayamos a su fiesta de navidad- dijo Malfoy, con una expresión inescrutable en el rostro.
-¿Quieres ir?- preguntó Hermione.
-La verdad, no es mala idea. Mi madre también ha llamado esta tarde para invitarnos, pero preferiría ir con tus padres- dijo Malfoy, se acercó a la cocina y se sirvió un vaso con agua.
-Está bien… ¿seguro que no te molesta?- preguntó para sentirse más segura y confiar en esa respuesta.
-Seguro- dijo Malfoy.
Díganme que les ha parecido.
Besos y nos leemos pronto, lo prometo.
