EL RENACER

Disclaimer: Esta historia pertenece a J. solo es mía la trama y uno de los personajes protagonistas.


Capítulo 4: Visión

Pasaron las semanas y el ambiente que se respiraba en el grupo de amigos cambió, ya que en todo momento estaban juntos y en la mayoría de las ocasiones no podían parar de reír. Melinda seguía esquivando a Snape y cuando tenían clase con él, ella era incapaz de mirarle a la cara, sin embargo, sus amigos ya no la veían llorar, ya que había aprendido a controlarse para que ellos no se sintieran incómodos, pero siempre se desahogaba por la noche cuando se aseguraba de que sus compañeras de habitación ya no la podían escuchar.

-Esto no puede seguir así, hay que hacer algo.-Hermione, que acababa de quejarse, estaba sentada en los jardines de Hogwarts con Melinda, Harry, Ron, Neville y Ginny.

-Yo estoy con Hermione, tenemos que actuar pronto o Snape nos acabará matando.

-¿Y qué proponéis hacer? Porque yo no soy nada mejor que vosotros en Oclumancia.

-No digas tonterías, Harry, si eres el mejor en defensa.

-Para Ginny eres el mejor en todo.

-Ron, por favor.-Los amigos volvieron a reírse, hacía mucho tiempo que no tenían una conversación que no tuviera relación con muertes.

-Perdonad.-Una voz soñadora les llamó la atención.-No he podido evitar oiros, y creo que puedo ayudaros.

-¿Cómo, Luna?-Neville se había levantado del césped.

-¿Es que ya no os acordáis del Ejército de Dumbledore?

-Sí, pero lo hicimos porque...

-Porque necesitábamos defendernos de los abusos de un profesor.

-Luna...-Neville sonrió, un brillo especial en los ojos.-Eso es una gran idea.

-Gracias.-Dijo ella, algo sonrosada.

-Está bien, al terminar el día nos reuniremos en la Sala de los Menesteres.-Hermione habló decisiva.-Ahora a las clases, vamos.-Los amigos se levantaron y se fueron a sus respectivas asignaturas, deseando que llegara el esperado momento, que no se hizo de rogar, ya que a todos aquellos que habían decidido volver a practicar defensa sin que lo supieran los profesores las clases se pasaron en un abrir y cerrar de ojos, por lo que, cuando Melinda, Harry, Ron, Hermione y Neville entraron en la sala secreta de Hogwarts, había decenas de alumnos esperándolos, ya que Harry Potter era el profesor de todos ellos.

-¿Por qué nos miran todos?-Le preguntó Harry a Hermione.

-No nos miran, te miran.

-¿Y por qué?

-Está claro, Harry, esperan que digas algo.

-¿Y qué quieren que...? Vale, está bien, no me mires así.-El joven carraspeó y se dirigió hacia el centro de la sala, donde todos sus compañeros cerraron un círculo en torno a él.-Eh...hola, gracias por estar aquí y...bueno, qué más da la palabrería, todos sabemos qué venimos a hacer aquí, así que manos a la obra. Empezaremos con un hechizo que creo que es importante que todos podáis dominar: Expelliarmus. Por parejas, separados entre vosotros, vamos.-Harry dio una palmada para que sus compañeros comenzaran a practicar, pero lo que siguió a su gesto fue un elocuente aplauso.-No, por favor. Gracias, muchas gracias a todos, de verdad, pero hay que ponerse a trabajar.-Al cabo de unos eternos segundos para Harry, lo que en ese momento eran sus alumnos, acataron su orden y, antes de que pudiera darse cuenta, gritos conjurando el hechizo de desarme sonaban por todos lados. Harry se paseaba por la clase, corrigiendo a quien lo hacía mal y aconsejando a quien ya casi lo dominaban. Tan solo unas pocas personas podían controlarlo a la perfección, y una de ellas era Melinda, que desarmaba a Neville una y otra vez, e incluso era capaz de expulsarlo por los aires.

-Neville, prueba a ponerte con Ron.-Le dijo Harry al muchacho mientras le ayudaba a levantarse del suelo.-Mel, te pondrás con Hermione.-Su amiga, quien ya había aprendido el hechizo, apareció nada más oír su nombre.-No os interrumpo más, podéis seguir.-Antes de que Harry se girara para seguir impartiendo sus conocimientos, la varita de Melinda pasó junto a su cabeza, pero regresó a su dueña con un rápido Accio e hizo, aún más velozmente, volar a Hermione unos metros antes de caer sobre los cojines que la clase había esparcido para evitar accidentes y que resultaron ser de gran ayuda, ya que cuando iban a terminar la clase, todas las parejas habían caído sobre esos cojines más veces de las esperadas. Harry sonrió para sus adentros, ya que eso significaba que los chicos habían mejorado notablemente con aquel hechizo.-Genial, chicos, por hoy hemos acabado, lo habéis hecho muy bien, y espero veros a todos mañana a la misma hora.-Poco a poco, los alumnos fueron abandonando la Sala de los Menesteres.

-Harry.-Ron le llamó la atención a su amigo mientras estaban en la sala común de Gryffindor terminando la tarea pendiente.-He estado pensando y he visto que mañana no nos podremos reunir: tenemos que entrenar por la mañana para el partido de quidditch de la tarde.

-Es verdad.-Harry se golpeó la frente.-Puse el partido el primer sábado de este mes.

-No te preocupes.-Ginny le miró a los ojos.-Sé que no soy tan buena como tú, pero algunos hechizos se me dan muy bien, así que podría hacerme cargo de la clase mañana por la mañana, para que no perdamos la clase de por la tarde mientras vemos el partidos, si no te importa, claro.

-No, Ginny, cómo me iba a importar, muchas gracias.-El chico le correspondió la mirada mientras se sonreían ambos, hasta que Ron carraspeó exageradamente, sacándolos de su complicidad.

Al día siguiente, los alumnos se habían dividido, ya que unos preferían ir a ver el entrenamiento de quidditch, mientras que otros se quedaron en las clases de Defensa. Melinda, a diferencia de Hermione, se había decantado por no interrumpir su práctica, pero mientras iba hacia la Sala de los Menesteres vio a Malfoy, Crabbe y Goyle, así que decidió ir por otro camino, aunque más largo, para evitar cualquier disputa. A mitad de camino, la chica notó cómo un sentimiento se apoderaba de ella, y miró a su alrededor para ver qué lo había producido y la nostalgia se incrementó en cuanto reconoció que estaba delante de la puerta del baño de los prefectos. Sabía que debía seguir andando, que tenía que olvidar que había pasado por un descuido por allí, pero una minúscula parte de su cerebro le susurró que entrara y ella, masoquista, le hizo caso omiso a todas sus advertencias interiores y posó su mano en la gran puerta de entrada. Aunque hizo fuerza, esta no cedió y recordó que debía de pronunciar una contraseña, que ella, pensó amargamente, no conocía. Siempre que había entrado era porque Cedric, al ser prefecto, contaba con cada cambio de contraseña, pero a ella, que nunca había recibido aquel cargo, le era imposible saberla.

-¡Y Ron Weasly para la quaffle! Atrás quedó el tiempo en el que no parabas ni una, Ron.-Desde fuera penetró la voz del comentarista del entrenamiento.

-Pues claro: Ron.-Melinda pensó en voz alta.-Él me dijo una contraseña, pero fue hace demasiadas semanas, aunque creo recordar que la contraseña no se cambiaba a menudo. Vale, puedo probar, pero ¿cual era?-Melinda cerró los ojos.-Piensa, piensa.-Se apretó la sien con los dedos.-¡Pan con azúcar!-Melinda abrió los ojos y vio la puerta abrirse lenta y silenciosamente. La chica entró por ella mirando a todo su alrededor y la puerta se volvió a cerrar en cuanto hubo cruzado su umbral. Había olvidado lo inmensa y preciosa que era aquella sala, con las vidrieras de colores y formas que le conferían a la habitación un matiz muy elegante y sinuoso. Justo en el centro, estaba la bañera más grande y brillante que Melinda hubiese visto jamás. Se acercó a ella y rozó el frío mármol con la yema de los dedos y algo más cálido se posó en ellos. Melinda ni siquiera se había dado cuenta de que había empezado a llorar, aunque lo había imaginado nada más tocar la puerta de entrada, ya que sentía como si todo su ser fuera únicamente nostalgia y el recuerdo de todo lo vivido en aquellos baños la embriagaba una y otra vez hasta llegado el punto en el que creía que estaba allí, junto a Cedric, pero cada vez que se imaginaba a su chico a su lado, no lograba componerle aquella sonrisa juguetona que siempre la atraía, ni su risa, que te incitaba a seguir aquel sonido hasta el fin del mundo, ni tan solo sus abrazos, que te hacían olvidar todo, pensar que solo estaban ellos dos y que el mundo ya podría sumirse en un caos total, que mientras Cedric la abrazara todo estaría bien. Pero ahora que no tenía nada de él, que ni tan solo podía llegar a reconstruir sus facciones, aquel caos del que siempre había estado protegida la invadía y nada del mundo podía salvarla ahora.

Pensando en todo ello, Melinda se desnudó y se metió en la bañera, que, a un toque de varita, se llenó de agua de diferentes colores. Melinda cerró los ojos de nuevo, intentando relajarse, pero solo conseguía que la tristeza la desmoronara con más facilidad, por lo que optó por nadar, manteniendo su mente ocupada en realizar perfectos movimientos, pero su visión llegó a un chorro de color rojo, que era el que más fuerza tenía y no pudo contener que se le fuera el aire de los pulmones.

-Mira este.-Le indicó Cedric.-¿A que es precioso?

-Sí.-Melinda miró el agua colorada que desprendía el grifo más adornado de todos.-Sí que lo es.

-¿Sabes su historia?

-No.-Melinda miró a su novio con ojos expectantes.-¿Los grifos tienen alguna historia?

-Este sí.

-¿Y cuál es?

-La de una pareja que entró aquí una vez y miró fascinada el agua que desprendía este grifo. Y como su color era rojo, comprobaron que simbolizaba el amor.

-Así que, ¿el agua que desprende es fruto del amor?-Su habla era más bien un ronroneo.

-Así es.-Cedric se acercó a Melinda, cuyo rostro estaba separado únicamente por el agua colorada.-Y se mantiene únicamente con los besos de dos enamorados.

-¿Y qué pasaría si un día dejaran de venir parejas?

-Que el grifo no volvería a desprender agua nunca más.-Cedric colocó su mano en la mejilla de su acompañante.-Pero no queremos que eso pase, ¿verdad?

-Verdad.-Melinda posó sus manos en los hombros de Cedric y lo atrajo hacía sí, pero cuando su cabeza quedó debajo del grifo, ella le besó.-Así nos aseguraremos de que nunca se marchite.

-Y para que sea más fuerte...-Cedric nadó hacia el poyo de la bañera y cogió su varita. Fue hacia el grifo y comenzó a mover la varita sobre la parte superior del grifo. Cuando volvió a dejar la varita, el agua que desprendía el grifo que había tocado Cedric caía con más velocidad, por lo que la chica supo que, aparte de escribir sobre él, le había hecho algún hechizo, pero eso solo sirvió para que ella se enterneciera más y corrió hacia los brazos de su pareja, que le rodearon enteramente.

Melinda pasó la mano por la inscripción que había en el grifo y leyó las iniciales M+C. Apretó la mano en un puño hasta que los nudillos se le quedaron blancos.

-No quiero que el chorro se apague.-Hablaba con una desesperanzada voz.-Por favor, no permitas que suceda, no me dejes aquí, vuelve conmigo, te lo pido, no me dejes.-Cerró los ojos con la misma fuerza, por lo que empezó a dolerle la cabeza. Profirió un grito y le dio un puñetazo al grifo. El dolor de su mano fue extremo, así que las lágrimas que le cayeron a continuación fueron del dolor físico. Una vez calmada, posó su cabeza sobre el poyo de la gran bañera y cerró los ojos, intentando continuar relajada, pero el ruido de afuera llegaba incluso a aquellos baños, así que hundió también la cabeza en el agua, donde se produjo la gran mejora, ya que estaba insonorizada de todo ruido externo. Allí, sumergida y alejada del mundo, podía pensar, rememorar de nuevo los acontecimientos que habían cambiado su vida. Notaba cómo le faltaba el aire, pero le daba igual, en el agua se sentía a gusto. El pecho empezaba a pincharle, pero no quería salir de su ensoñación.

-¡Mel!-Melinda abrió los ojos al tiempo que unas manos la agarraron por los brazos y tiraron de ella hacia la superficie. Melinda tosió y tomó gran cantidad de aire. Miró hacia delante y el estómago se le contrajo, dejó de respirar, aunque unos segundos antes no cesara de jadear, estaba mareada, todo le daba vueltas y la visión se le enturbiaba. Se agarró como pudo al poyo de mármol y abrió más los ojos, con miedo a que si parpadease la figura que le había salvado la vida se esfumara. Porque, ni tan nítido como una persona, ni tan neblinoso como un fantasma se hallaba Cedric Diggory. Melinda intentó hablar, pero de su boca no salió ningún sonido, aún estaba conmocionada.-¿En qué estabas pensando?-Le regañó Cedric.-Estaba esperando a que salieras, pero si no llego a obligarte, te hubieses ahogado. ¿Acaso quieres matarte?

-Ce...Cedric.-Consiguió articular.

-Sí, princesa, soy yo.-Su tono de voz cambió y su expresión se tornó cariñosa.

-¿Qué...qué está...qué está pasando?

-Al poco de morir, me encontré con la profesora Trelawney. Al parecer, ella estaba esperándome y me dijo que debía irme con los espíritus de mi familia, pero yo no podía irme, porque te oía. Todos los días te oía llorar y no podía dejarte así, por lo que le dije a la profesora que no me marcharía y ella, que intuyó el por qué, me dijo que no me convertiría en fantasma y que nadie me percibiría, pero que cuando quisiese podría actuar como persona, pero me pidió que no lo hiciera, que dejara las cosas como están. Yo acepté, porque al fin podría estar contigo, pero cada vez que te veía estabas llorando y cuando pensé que ya se te había pasado, todas las noches llorabas. Y yo no podía hacer nada, porque no debía alterar el curso de los hechos, pero ahora no he tenido más remedio, Mel, porque ibas a morir.-La chica le miró, aún no había parpadeado ni una sola vez, y tuvo que tomarse su tiempo para poder procesar aquello.

-Entonces,-Dijo al fin.-¿siempre has estado conmigo?

-En todo momento. Te dije que nunca te dejaría, ¿te acuerdas?

-¿Que si me acuerdo?-Melinda se echó a llorar y, para su sorpresa, Cedric la abrazó. Sintió un calor que pensó que nunca más podría sentir y ella también le rodeó a él.-¿Ahora podré verte?

-Me temo que no. Lo siento mucho, pero es que no debería estar haciendo esto. Tendría que haberte salvado y haberme ido, pero he sido incapaz. Pero ahora no volverás a ver...

-No.-Melinda miró a Cedric a los ojos, unos ojos nítidos como hacía semanas no había podido ver.-Si me dices que no volveré a verte te juro que haré lo imposible porque tengas que venir a salvarme, te lo juro Cedric.

-Pero Mel...

-¡No! No sabes por lo que he pasado, no sabes cómo me he sentido. Sentía que me moría, y tú mientras tanto mirándome sin decirme nada y ahora que sé que estás conmigo no te atrevas a pedirme que te deje marchar.

-Sé que es duro, pero...

-¡No, no lo sabes, porque tú...!-Se le quebró la voz.

-Porque yo estoy muerto, ¿verdad?-Cedric terminó la frase, y Melinda sucumbió al llanto.-Eh, eh.-Cedric la abrazó mas fuerte.-Vale, para, por favor, no puedo soportar verte así. Para por favor. Lo siento, no quería ser tan brusco.-La besó en el tope de su cabeza.-Vale, hagamos un trato. Yo no puedo estar contigo todo el día, porque si tú me ves significa que todo el mundo puede verme, así que, cuando estés sola, me apareceré. Pero a cambio quiero que dejes de sufrir, no podría soportar verte una noche más llorar. Ya sabes que estoy contigo, que no me muevo de tu lado, así que no quiero ver ni una sola lágrima más que empañe esta preciosa carita, ¿vale?-Cedric le puso las manos en las mejillas y, moviendo los dedos, le quitó las lágrimas que le habían caído. Aquellas palabras parecían haberla calmado, ya que Melinda sonrió.-Ahora tengo que irme, nos veremos más tarde.-Cedric bajó su cabeza para ponerla a la altura de la de Melinda y posó sus labios sobre los de la chica. La electricidad que ya había olvidado que surgía en su interior la recorrió por todo su ser, borrando cada sentimiento de desdicha y embriagándola de la felicidad más inmensa que pueda existir dentro de una persona.-Adiós. Sabes que te quiero y, pase lo que pase, eso nunca cambiará.-Con esas palabras Cedric desapareció de la vista de Melinda. La chica miró a su alrededor y comprobó que estaba sola, por lo que hubiese pensado que lo que había pasado había sido un sueño traicionero, pero la sensación de dicha en su interior y el millón de mariposas en su estómago le aseguraban que todo lo vivido en esos últimos minutos había sido absolutamente real. Con una sonrisa que ya no le cruzaba el rostro desde hacía tanto tiempo, volvió a sumergirse en el agua, pero esta vez salió al instante, ya que el aire le faltó en el preciso momento que su cabeza tocó el agua. La joven se alzó sobre la bañera y descubrió una estancia totalmente diferente al baño de los prefectos. ¿Dónde estaba?


¡Buenas!

Muchísimas gracias por los reviews, me han alegrado un montón:):)

El próximo capítulo ya está en marcha, y perdonad si este me salió demasiado "pastelazo", pero en mi defensa diré que es que las manos me iban solas xD

Un beso!