Epílogo

Epílogo.

Sonreí, los recuerdos de mi primera vez como humana eran uno de los mejores que pudo haber conservado mi memoria.

Me miré en el espejo frente a mí, observando mi piel blanca y bastante fría. Parecía increíble que habían pasado cincuenta años desde eso, y más increíble aún que cada día amara más a Edward. Jugueteé con la sortija en mi dedo anular y miré hacia fuera por la ventana, el impresionante lago congelado y las montañas que rodeaban la mansión Cullen de los Alpes Suizos.

Suiza… Alaska, y muchos otros lugares había conocido desde mi transformación, ya no tenía apuro por conocer el mundo; tenía una eternidad para ello. Por supuesto, en compañía del ser más perfecto.

Oí la puerta del primer piso abrirse, al parecer Alice y Rosalie ya había regresado, y venían con mucho apuro. Sus olores corrían raudos por el pasillo y no tardaron en aparecer en mi umbral.

-¡Corre Bella! –dijeron mientras me tomaban de la mano y me sacaban, obligándome a salir con ellas y comenzar a huir al tercer piso.

Sentí la puerta abrirse nuevamente y los olores de Edward, Emmet y Jasper se hicieron presentes.

-¿Qué sucede? –les pregunté a las chicas que aumentaron su velocidad.

-Bella… -canturreó la voz de Edward desde abajo, al mismo tiempo que Emmet y Jasper llamaban a sus compañeras.

-¡Jasper se ha puesto a mandar ondas por todos lados! –contó Alice en medio de su apuro. Eso fue suficiente para mí, me adelanté con ellas huyendo al tercer piso.

Ya sabíamos muy bien lo que sucedía cuando Jasper dejaba escapar ésas hondas de emociones reprimidas: Todo el que estuviera cerca perdía por completo la noción, y sus deseos afloraban con cien veces mayor potencia que de costumbre.

Corrimos como locas por todo el pasillo, entrando lo más rápido que podíamos por todas las habitaciones para dejar rastros falsos, agradeciendo a los cielos que ninguno de ellos fuera rastreador.

La verdad la pasábamos bastante bien estas ocasiones, pero la parte de la huída también era muy divertida. ¡Y sentirlos recorrer la casa como locos buscando a su compañera en un apuro por saciar sus apetitos!

Retuvimos una risilla mientras escapábamos por una ventana, caímos al suelo sin el mínimo ruido.

Alice señaló a Rosalie y luego hacia el bosque, ella salió de inmediato hacia allí, luego me indicó que tomara el camino hacia un oculto claro que había como a un kilómetro de la casa y lo último que vi antes de partir a toda velocidad fue que ella volvió a entrar al primer piso aprovechando que los chicos ya estarían registrando las últimas habitaciones del piso superior.

Sentí un hermoso júbilo embargarme mientras corría por los espesos bosques sin dejar rastro, sin chocar siquiera con una ramita, el viento golpeaba mi gélida cara y mi cuerpo se movía al compás con él, rasgándolo como una flecha. Decididamente, convertirme en un vampiro había sido la mejor de todas mis decisiones. Era incluso mejor de lo que yo podía imaginarme.

Y había aprovechado hasta ahora mis cincuenta años, claro que sí. Había aprendido francés e italiano, Rosalie me había enseñado un poco de mecánica, incluso era mejor en ello que Edward y eso era algo que me hacía reír; jamás imaginé siquiera que hubiera algo en lo que yo pudiera ganarle a mi eterno esposo. Me reí suavemente y de los árboles se levantó un breve eco similar al canto de un gorrión, aumenté mi velocidad cuando sentí el olor de Edward cerca.

Me había descubierto.

Una sonrisa se curvó en mis labios que se deslizaron, ya podía ver unos trescientos metros más allá el resplandor del pequeño claro congelado; faltaron un par de segundos para que entrara en él y me agazapara en el suelo con una mirada divertida, esperando por mi compañero.

Oí una ramita quebrarse al paso de un apurado Edward.

-cuidado amor, o los de Green Peace te van a demandar por acabar con el bosque –bromeé en cuanto salió por la misma parte que lo había hecho yo, aunque mi vos fue más un ronroneo. Vaya cosas las que logras cuando eres un vampiro en potencia.

Él también se agazapó, aunque su mirada no era precisamente de diversión; tenía un potente brillo de lujuria.

-no bromees, Bella –me gruñó suavemente –sabes que te necesito.

Me reí por lo bajo.

-¿el león morboso y masoquista necesita de la oveja estúpida?

A pesar de que sus colmillos relucían al igual que los míos, una sonrisa tierna se distendió en la comisura de sus labios.

-Oh sí, el león necesita mucho de la oveja.

-ya veo –hice una corta pausa en la que me moví un poco a la izquierda, Edward se movió velozmente ajustándose a mi posición como si fuera una lucha. Eso me causó cierta risita. –y… -di un corto paso hacia delante, liberando mi cabello de la coleta que llevaba ése día con la disposición de que mi olor se liberara más, al parecer dio resultado: Edward hizo su respiración más pesada y caminó agazapado unos cuantos pasos hacia mí -¿qué se supone que quieres que haga por ti?

-no juegues, por favor –casi me suplicó con un gruñido bajo –por favor Bella –sus ojos oscurecidos se clavaron en los míos –no lo soporto más.

Gruñí un poco y me agazapé más, dispuesta a torturarlo unos minutos. Me encantaba ésa necesidad que solía tener de mí en todos los sentidos posibles.

Rondamos por las orillas del claro, Edward estaba impaciente, yo divertida. Finalmente, ambos nos lanzamos hacia delante a la misma vez y nuestros cuerpos colisionaron de manera brutal, haciendo un sonido similar al de una roca muy pesada cuando cae desde mucha altura. Cualquiera hubiera interpretado eso como el inicio de una ardua pelea, sin embargo en el mismo instante en que chocamos nuestras bocas se encontraron y nos envolvimos en un necesitado abrazo, cargando el ambiente y comenzando a revivir de forma más pasional la primera noche que pasamos juntos.

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Un suspiro de satisfacción salió de los labios de mi marido, que no tardaron en posarse sobre mi coronilla, me acunó en sus brazos de forma tierna y comenzó a juguetear absorto con mechones de mi cabello. Lo dicho, algunas cosas no cambiarían nunca.

-creo que dormiría tres días si pudiera –musité a modo de broma mientras acomodaba mi cabeza en su pecho marmóreo y jugueteaba con él.

-Oh vamos, no ha sido tan terrible –murmuró entre risas –además, te ves encantadora así.

Ya me imaginaba a lo que se refería: Mi cabello revuelto completamente y mi desnudez cubierta por la chaqueta que él traía puesta antes. Sonreí y cerré los ojos escuchando a lo lejos los cantos asustados de los pájaros… y un bramido.

Abrí los ojos de golpe y miré a Edward que estaba tan asombrado como yo, luego nos partimos de la risa.

-Cielos… ¡esto va a ser una broma increíble para Emmet! –mascullé, Edward asintió también riéndose.

-Te amo –me susurró con vos aterciopelada en el oído, me estremecí y me volví para mirarlo.

-y yo a ti, eres lo mejor que pueda tener cualquier persona.

Sonrió con orgullo.

-sabes que mi vida cambió desde que te conocí Bella

-ni que digamos la mía –ambos nos reímos por mi pequeño comentario –aunque los primeros años de mi transformación no fueron muy agradables. –arrugué el ceño.

-pero me has dejado orgulloso de ti, tu historial está tan limpio como el de Rosalie. Ni un humano –me recordó dulcemente

-ni un humano, pero un oso o un puma cada semana.

-sin embargo fue bastante agradable ver el rostro de Emmet aquella vez…

Flash Back

Estaba bastante aburrida, era una soleada tarde de domingo y no podríamos salir. Resultaríamos demasiado atrayentes para los curiosos habitantes de Denali, considerando el pequeño detalle que destacaba bajo el sol. Suspiré pesadamente y recordé una petición que Edward me había hecho en mi tiempo de humana: Ganarle a Emmet en un pulso para bajar su autosuficiencia.

Sonreí bastante a gusto, era una neófita y tenía la fuerza suficiente, tenía un poco de sed aunque recién había cazado dos días antes, pero buscaba una y mil formas de concentrar mi mente y cuerpo en otras cosas como las clases de francés e italiano que me daba Alice, las de mecánica de Rosalie y cualquier otra cosa que me distrajera para no pensar en lo deliciosa que resultaba la sangre tibia brotando suavemente por un par de limpias incisiones.

-¡Emmet! –llamé en un tono de vos normal, él no tardó en aparecer en el umbral.

-Gracias a Dios, dime que tienes algo interesante que hacer. Creo que estaba a punto de descubrir que también podemos morir de aburrimiento.

Me reí de su chiste.

-bueno, quisiera intentar un pulso contigo si no te importa.

Aló una ceja y cruzó sus impresionantes brazos mientras soltaba una carcajada.

-¿tú? ¿Pulsos conmigo?

-no te rías –lo reté -¿no crees que sea capaz?

Al parecer nuestra pequeña conversación había llamado la atención de todos los Cullen que no tardaron en aparecer con mirada curiosa, el clan de Tanya estaba de caza este fin de semana.

-¿Bella y Emmet? –preguntó Rosalie en un cuchicheo, Jasper asintió y todos miraron con intriga.

-Oh, vamos Emmet, no me digas que le temes a Bella –incitó Edward

-por supuesto que no.

-recuerda que es una neófita, tiene mucha fuerza –dijo sabiamente Carlisle, Emmet sonrió de autosuficiencia.

-ya lo sé, ¡vamos!

Nos sentamos frente a frente en una pequeña mesita para el té y apoyamos nuestros codos en ella, le sonreí y él a mí, crucé una mirada de complicidad con Alice que de seguro ya sabría el resultado y entrelazamos nuestras manos, preparados.

-¡esperen! –Dijo Jasper alzando las manos como en señal de "alto" –Diez a uno a Bella –le sonreí.

-Acepto la apuesta –dijo Rosalie animadamente –pero yo le voy a Emmet.

Él le sonrió.

-¿y tú Alice?

-yo no apostaré, gracias.

-¿Edward?

-voy por Bella.

Cruzamos una mirada.

-bien, ¡adelante! –dijo Carlisle haciendo de Juez, todos miraron con mucha fijeza…

Emmet tenía una fuerza impresionante, demasiada diría yo, y sin embargo logré mantener mi mano estable e inclinar un poco la suya hacia mi lado. Todos contuvieron la respiración.

Fueron segundos tensionantes, a veces la balanza se inclinaba a su favor, otras veces al mío.

Hasta que finalmente hice uso de toda mi fuerza y el brazo de Emmet terminó completamente extendido de mi lado.

Él abrió grande los ojos como sin esperárselo, me miró incrédulo.

-fue una derrota bastante limpia –opinó Esme con una dulce sonrisa –es interesante ver por una vez a alguien que le gane a Emmet.

Él seguía sin palabras, Edward me dio un agradecido beso y fue a cobrarle a Rosalie igual que Jasper.

-tú y yo saldaremos cuentas después –le murmuró ella a su marido, que seguía como en shock.

-la verdad no hace falta ver el futuro para adivinar el resultado, todos sabemos que una neófita tiene más fuerza que el más poderoso de nosotros –canturreó Alice mientras subía a terminar una hermosa pintura que estaba haciendo en su habitación.

Al final de la tarde, todos terminamos entre risas y un muy disgustado Emmet.

Fin del Flash Back

-es cierto, no lo recordaba –dije entre risas

-sí… ¿recuerdas la conversación a la que se refería Alice aquella vez?

Creo que si pudiera sonrojarme, ya lo abría hecho de sólo recordarlo. Fue bastante embarazoso.

Flash Back

Terminé de vestirme y volteé a mirar la cama aún revuelta con los pétalos de rosas, no pude evitar sonreír.

-por favor Bella –llamó Edward desde el baño –anoche te vi desnuda.

Los colores se subieron a mi rostro y le dije que podía salir, lo hizo de inmediato.

-pero no son las mismas circunstancias Edward –objeté.

-bueno… se puede repetir –ronroneó con una sonrisa divertida, mi sonrojo creció y le di la espalda, abochornada.

-sí, pero hoy no. Charlie llegara en quince minutos, debo volver a casa, ¿lo recuerdas?

-por supuesto –me dijo –pero caerá dormido tan pronto toque una cama.

-¡estás loco! –le murmuré mientras sentía sus brazos apresar desde atrás mi cintura.

-Oh, vamos Bella, eres maravillosa haciendo el amor. No me importaría repetirlo cuantas veces quieras –susurró con vos aterciopelada en mi oído, mis límites de sonrojo se excedieron y agradecí a todos los cielos que estuviera detrás de mí.

-no juegues así –lo regañé.

Una risilla ajena inundó el pasillo, nos separamos de inmediato y en una milésima de segundo Edward estaba abriendo la puerta de su habitación. Alice estaba con una sonrisita de autosuficiencia en el rostro, apoyada en la pared del largo pasillo.

-¡te dije que eras demasiado abierto con tus palabras! –lo azuzó y luego salió huyendo a una velocidad increíble de su mirada asesina, sin embargo, cuando él me miró a mí, sus ojos brillaban de ternura.

Y yo estaba tan roja como los pétalos…

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-no ha sido divertido –le murmuré.

-claro que lo ha sido –me contestó cuando entramos por el hueco de mi ventana; se volvió y me besó suavemente.

Abajo oí la puerta cerrarse, de inmediato me tiré a la cama y me hice de lado como solía hacerlo al dormir, subí las cobijas hasta mi cuello para evitar que Charlie me viera con la ropa del día anterior. No resultaría fácil de explicar.

-no, no, no, no tienes idea de cómo preparar una escena –musitó una vos suave en mi oído –normalmente sueles tener una cara más distraída y el cabello un poco más alborotado.

-¿y que se supone que haga? –dije por lo bajo.

-déjamelo a mí.

Edward me dio la vuelta suavemente y comenzó a besarme muy, muy lentamente, acariciando y revolviendo mi cabello al compás suave de sus labios; sentí que la cama daba vueltas debajo de mí.

Oía los pasos de Charlie subir la escalera y mi novio no dejaba de besarme, mi corazón iba demasiado rápido, iba a descubrirnos. Edward estaba más loco que una cabra.

Las pisadas pesadas de mi padre llegaron al pasillo y Edward no se había alejado ni un milímetro de mí, ¿qué pretendía? ¿Qué Charlie comenzara a dispararle?

No resultaría fácil explicar que no se muriera, de modo que tendría que decirle de forma muy tranquila que era un vampiro. ¡Ni loca, lo mataría de un ataque al corazón!

Como Edward no lo hacía, me vi obligada yo a romper el beso. Creo que era la primera vez que lo hacía en todo el tiempo que llevábamos juntos.

-escóndete –le susurré un poco agitada, me regló una sonrisa y atravesó mi pequeña habitación en medio segundo, se metió a mi armario.

Dejé caer la cabeza a la almohada y me volví a dar vuelta, sintiendo el cabello alborotado y mi cara en otro lugar por el beso de Edward. Déjamelo a mí. Ahora entendía su idea.

Volvió a mi lado en cuanto Charlie cerró la puerta y sus pasos se dirigieron a mi habitación.

-¿ves? Eso se llama montar un escenario.

-¿estás loco? ¡Por poco te descubre!

-sabes que no lo iba a permitir Bella, me sorprendió bastante que tuvieras tanto control sobre ti… creo que tendremos que mejorar eso –dijo con una sonrisa pícara tendiéndose a mi lado.

Suspiré derrotada, Edward no tenía remedio.

Y eso me alegraba sobremanera.

Fin Flash Back

Nos sonreímos ante los recuerdos y miramos a nuestro alrededor, las montañas cercanas completamente cubiertas de nieve, gracias al cielo el frío ya no era un problema.

-bien, ¿preparado para la segunda ronda? –le dije en broma, él me miró alzando una ceja en señal de diversión mientras una reluciente sonrisa, de las que solían deslumbrarme, se extendió en su rostro.

-¿ah sí? –ahora su sonrisa cambió a una torcida, mi favorita.

-usted es el responsable de esto, señor Cullen.

-y dígame, señora Cullen, ¿qué hice yo para merecer esto? –dijo con vos de recién condenado a la horca. Me reí suavemente reconsiderando mi pequeña broma… tal vez no fuera mala idea llevarla a cabo.

-convertirse en el centro de mi existencia, y ser la criatura más perfecta a atractiva del mundo –susurré en su oído antes de besarlo, él no tardó en responderme y comenzar a acariciar suavemente mi cintura.

Por lo visto, en broma no se quedaría.

TADAAN!!

Qué les pareció? ¿Feo? ¿Precioso? ¿Muy "hot"? ¡Plis, díganmelo!!

Jajaja, bueno, el epílogo prometido llegó. No sé que les parezca, ¡espero que les guste, es con todo el cariño! Quiero agradecer de todo corazón su apoyo y sus comentarios, ¡son lo mejor de mi vida!

Y lo digo casi literalmente, ¿eh? Bueno… Ojalá les agrade mi pequeño final alternativo, jiji, los quiero… Cuídense!!

Nos vemos en otra historia!!

PD: Se que debí actualizarlo hace mucho como lo juré, pero a última hora mi padre se dio por mover unos cables y el módem, y hacer no sé qué con el disco duro… me tuvo sin compu! Lo siento!!

Ciao…

Sayuri Taisho.