Abrazo


El reloj en su muñeca marcaban las dos y un cuarto. El día y la hora habían llegado después de años. Y su corazón ardía con la intensidad de mil soles.

Emocionada observaba por aquel gran ventanal la llegada de aviones que venían de todas partes del mundo, solo esperando el indicado. Esperando aquel que lo traería de vuelta para cumplir aquella promesa que se hicieron varios años atrás.

Era invierno, la noche anterior había nevado, era una mañana blanca y hermosa para estar con aquellos que más quieres disfrutando de la época. Sin embargo, dos almas que tanto se amaban se despedían en el estacionamiento del edificio donde él vivía.

Sus manos, carentes de calor, se tocaban una a la otra en busca de aquel sentir que les daba paz en su interior. Pero esa mañana solo encontraron la amargura de un adiós.

—Volveré —dijo, con una voz segura de sí.

—Regresa a mí —proclamó la castaña.

Se abrazaron con el deseo de no dejar ir al otro, a pesar que solo uno era quien partiría. Estuvieron por varios minutos uno junto al otro, deseando que sus almas fueran uno. Pidiendo que ambos pudieran ir a cualquier parte del mundo o quedarse en ese lugar para siempre.

Se abrazaron, pero el tiempo no se detuvo.

Él partido dejándola con la promesa de regresar. Ella se quedó con la esperanza de que el volvería a sus brazos.

Las manecillas del reloj marcaban las dos y media, y una voz anuncio la llegada del vuelo que procedía de Paris. Su corazón dio un vuelco mientras sus ojos veían a través del cristal de la ventana en búsqueda del avión.

Había muchos que no supo cuál de todos eran, pero sabía que en el que él viniera se acercaría a ese punto del aeropuerto. A su costado una puerta era la que dejaría salir a las personas del avión procedente de Paris.

Unos minutos más pasaron que parecieron ser siglos, haciendo creer que los años de espera fuese tan solo segundos.

En un momento dado las puertas se abrieron, y personas de todo tipo salieron a traves de ellas en búsqueda de su equipaje. Lo busco con la mirada, pero no tuvo que hacerlo por mucho. Unos ojos azules también la buscaban.

Sus miradas se encontraron después de tiempo.

Se acercaron con prudencia a pesar de las enormes ganas de salir corriendo abrazar al otro. Se detuvieron a un paso, uno que se sentía como un kilómetro. El sonrió y ella se ruborizo. El rubio rompió el pequeño espacio que los separaba y la envolvió en sus brazos.

Ningún video llamado, ninguna ventana de chat se compraría con tenerla entre sus brazos. Y, en esa sala del aeropuerto, la promesa se vio cumplida.

*Abrazo*