Acto IV

Malas intenciones.

7:00 pm.

Cinco horas antes de navidad.

La cabeza le dolía, oh dios como lo hacia. Sus párpados se fueron abriendo lenta y torpemente sí pero lograba recuperarse, el zumbido en su cabeza aún molestaba así como sentir nauseas a más no poder, el dolor era insoportable y tan sólo podía recuperarse lentamente.

Parpadeo un par de veces mientras recuperaba la visión por completo, ahora mismo su prioridad era ubicar el lugar en donde estaba y subió esta misma al darse cuenta de que estaban atada a algo y lo peor, su máscara y capucha habían sido retiradas.

No podía moverse, estaba literalmente sujeta a una silla de ruedas Dios sepa donde, con cuidado fue mirando sus alrededores, lo primero que noto fue el suelo de tablas, estaban limpias y bien sujetas, algo estilístico también, esto por lo tanto decia que era un lugar con mucho tiempo pues las tablas estaban ya gastadas pero se mantenían decentes. Las paredes estaban adornadas en estilo victoriano junto con varias lámparas estilo candelabros, unas cuantas ventanas a su derecha dejaban entrar poca luz de la luna iluminando el oscuro cuarto en el que se encontraba, pues la única fuente de luz estaba en la dirección contraria alumbrando unas cuantas mesas y estantes por ahí.

¿Como llego ahi? Era la pregunta principal, quien sea que la haya traído se había asegurado de mantenerla quieta en esa silla.

Hermoso lugar. ¿No lo crees?

De inmediato dirigió su mirada hacia adelante directo a la fuente de la voz, estaba oscuro y no se podía ver a quién estaba ahí delante de ella, la oscuridad jugaba con sus sentidos haciéndola incapaz de identificar a la silueta a unos metros de donde estaba.

¿O quizás no?

Se mantuvo callada y la miro sonreír, aunque la penumbra estaba en su contra aquella sonrisa se podía ver en la noche, como la silueta en el fondo hacia una mueca de felicidad que más allá de parecer inocente era perturbadora y porque no, incomoda de ver.

–¿Sabes en dónde estamos?– pregunto nuevamente la persona, Lori no cortó el contacto visual pero aun asi respondio.

–¿En un teatro supongo?– dijo.

–No es solo cualquier teatro– respondió la silueta,– este es el antiguo teatro de Royal Woods, la joya de su época.

Comenzó a caminar hacia su dirección, sus pasos eran lentos y cortaban el silencio junto a su voz.

–Este teatro fue fundado en el año mil novecientos quince y fue creado para las obras de ópera de la época, con el paso del tiempo se convirtió en un importante lugar para todo aquel que quisiera ser parte de la historia de este pueblo.

Lori se mantenia en silencio, estoica mientras la escuchaba.

–Este lugar me encanta porque me trae buenos recuerdos. Dime algo ¿Recuerdas cual era mi mayor sueño?– pregunto, pero no esperó respuesta alguna pues obviamente no la tendría, –recuerdo cómo de pequeña soñaba con ser la persona más joven en actuar aquí mismo, era mi mayor anhelo, mi inspiración, pero– hizo énfasis en esa palabra –alguien más lo hizo, se volvió parte de esta historia y tiró abajo mi sueño, me sentí devastada por dentro pero por fuera seguía sonriendo, esa es la maldita carga que tomamos nosotros.

–Así que acepte la realidad y tuve que vivir con ello, me costó pero acepte que ya no alcanza ese sueño. ¿Fue el fin de mi carrera?– cuestionó al aire. –No, solo era una etapa más.

–Pero no duraría mucho antes de que todo se viniera abajo,– comento tomando un aire más enojado –un día llegó un maldito bastardo y me arrebató algo importante de mi vida, algo que no se podrá recuperar jamás.

Se detuvo la persona y Lori pudo ver como su sonrisa se apagó, ya no se veía nada, solo el sonido de como apretaba sus puños. Al cabo de unos segundos levantó la mirada y retomo la palabra.

–Ese fue el peor momento de mi vida, te puedo jurar que ahí todo mi mundo se vino abajo, la mierda cayó a más no poder y estuve a punto de acabar con todo... Recuerdo tener cinco pastillas en mi palma izquierda era tan solo un leve movimiento y acabaría con todo, pero me detuve... algo me detuvo.

–Me dije a mi misma "Hey! Terminare con todo de una buena vez?" ¿Era esa la salida prudente? ¿Dejar caer el telón?– una leve pausa hizo que ella se riera levemente.

–¿Porque tendría que acabar con el acto yo si el mundo fue quien me quitó todo? No, si íbamos a seguir este número, hare uno mejorado, era hora de improvisar. Asi que decidi tirar esas pastillas y volví a hacer lo que mejor sabía hacer, diseñe un nuevo acto, uno mejor, más único, improvise todo a tal grado que crearía la obra maestra.

Fue entonces donde retomó su caminar pues había comenzado lo bueno.

–Puli mi obra por muchas semanas, esta iba a ser la definitiva y mi renacimiento; tarde, pero al final concluí con ese gran acto. ¿Sabes quien fue mi primer espectador?

–¡Pues el bastardo que inició todo!– exclamó con fuerza –Oh... recuerdo ese dia como ningun otro, me deje llevar por el éxtasis del acto y di rienda suelta todo mi potencial, cuando termine con ese mal nacido me cuestione acerca de mi cordura. ¿Estaba loca acaso? Todo lo que le hice a ese sujeto y no sentí ni una pizca de remordimiento, es todo lo contrario... me sentí más viva que nunca.

–Fue cuando me di cuenta de que algo dentro mio estaba roto... pero me pregunté durante mucho tiempo si estaba rota desde ese fatidico dia o quizas fue en otro momento cuando ocurrió, pero me he dado cuenta de algo.

Justo ahí fue cuando se asomo ella, la luz de la lámpara le iluminó el rostro.

He estado rota desde un principio, no lo crees... ¿Lori?

¿Como se ve la locura? ¿Es capaz de ver a la demencia directamente a la cara y ser capaz de describirla tal cual es?

Lori si podía y la estaba viendo en este instante, su rostro era cubierto por una fina cortina de maquillaje blanco, ella recordaba como su cabello era antes largo, acomodado en esa hermosa cola de caballo, más hoy es solo una maraña de cabello de tono verde oscuro que aunque aun lo tenia largo (hasta los hombros) no era lo que antes fue, era liso pero no terso, era oscuro algo pútrido y desalineado.

Su cuerpo era cubierto por un traje de púrpura color, debajo de este saco una chaqueta amarilla ocultaba su cuerpo, los pantalones morados también y zapatos cafés simples. La corbata amarilla debajo de su chaqueta y guantes azules a juego, todo un traje elegante, como de un arlequín, un tipo de comediante multicolor.

Por último estaba su sonrisa, dios, esa mueca que ocultaba detrás de un lápiz labial rojo, aquella expresión que para cualquiera debería ser felicidad, era el máximo rostro del peligro, acentuada era la sonrisa que parecía ser más larga que la de una persona normal, pero no había nada detrás, no había corte o forzamiento de labios, nada, era el cínico trabajo del lápiz labial estirar mediante el color la sonrisa que ella mostraba.

Podía mirar esos maniáticos ojos por toda la noche y Lori nunca podría descifrar que hay ahí dentro, que se concina en esa mente perturbada y como ella misma la describió... Rota.

–Pero– replicó ella tomando una silla para sentarse justo frente a Lori– me alegra saber que es algo de familia.– terminó alegre.

–No somos familia.– decidió atacar Lori por fin, ella solo dijo esas tres palabras pero podías sentir ese vacío, ese ácido detrás de una inofensiva frase.

–Qué extraño– comentó ella pensativa– debería ser yo quien debería decir eso Hermana, después de todo tu eres la responsable de que todo se haya ido al cuerno pero ¡Hey!– se puso de pie tirando la silla misma.–Lo pasado, pasado fue.

Le dio la espalda y caminó hacia adelante un poco Lori sabiendo que rompió el hielo ya e ignorando las fuertes palabras que le dio su hermana decidió excavar un poco en el momento.

–¿Porque me trajiste aquí?– dijo Lori.

–¿No puedo invitar a mi hermana en navidad?–preguntó ella.

–¿No hubiese sido mejor una carta en vez de un disparo en el estómago Luan?

–¡HA! ¡Lo ves!– exclamó al voltearse, se acercó rápidamente y poso sus manos en los hombros de la rubia, –Tenemos más en común de lo que crees, adoro ese sentido del humor tuyo hermana, es tan ácido pero refrescante al mismo tiempo.

Ella no replicó, sino que se mantuvo mirándola sin parpadear.

–No te preocupes– murmuró pellizcando una de sus mejillas, –Tome las medidas necesarias para mantenerte con vida.

Espio levemente hacia la derecha, con más cuidado miro el estante en la pared y pudo identificar unas cuantas vendas y múltiples botellas de alcohol, luego de ello miró su vientre y noto que en efecto estaba cubierta de vendas.

–Aunque no lo creas, si me aseguro de mantener a mi familia con vida.

Ella camino hacia una de las ventanas mientras miraba con cuidado hacia afuera, la ciudad siendo cubierta por la nieve sin saber Lori que algo más ocurría ahí afuera.

–Tienes razón– dijo la payaso –Te traje aquí por una razón.

–¿Y es?

–Dime algo Lori– comentó Luan mirándola– ¿Que quieres para navidad?

–¿Que?

–¿Ya hiciste tu lista de regalos?– en ello Luan sacó una pequeña hoja de uno de los bolsillos de su chaqueta, –Yo ya hice la mía, lo que mas quiero para navidad es algo muy simple.

Se acercó a Lori de lado mientras sonreía.

–Quiero ver a esta ciudad convertida en mi.

–No es algo que Santa Claus pueda hacer– dijo Lori mirándola.

–Ahh pero para eso estoy yo aquí,– se apuntó a sí misma con el pulgar,– yo y múltiples hombres y mujeres para hacerlo.

–¿Que estas tramando Luan?– le dijo más inquieta, no le agradaba el camino por el que ella iva.

–No Lori, no es que he hecho, sino que hice.– respondió Luan sonriendo.

–¡¿Que has hecho!?– exclamó con enojo.

–Solo puse un poco de espíritu a esta festividad, después de todo ambas sabemos que tan dificil es esta época para nosotras.

Lori por otro lado intentaba zafarse de su prisión, como pudiese intentaba liberarse y atrapar a esa demente que compartía sangre con ella y detenerla pero la cinta y las correas le hacían eso imposible.

–¡La policia te detendra!– le replicó furiosa.

–¿La policía?– dijo retrocediendo–La policía se tiene que encargar de muchas cosas y te aseguro que yo soy el mínimo de sus problemas Lori.

Se acercó a esta misma para mirarla frente a frente.

–No lo entiendes.¿Verdad? Ya he ganado, la ciudad es mía.

–¿Entonces porque gastar tiempo contándome todo esto? ¿Porque no acabas conmigo?– cuestionó la misma, era cierto. ¿Si ya había logrado lo que quería porque gastaba tiempo manteniéndola con vida?

–Lori Lori Lori,– replicó sentándose en su regazo –Tu no estas entendiendo esto del todo, como dije, estoy invitando a mi hermana para las fiestas y eso incluye a esta misma.

–Mira, ambas sabemos que tienes ese complejo de heroína que te hace querer arreglarlo todo, y yo estoy aquí para dartelo, este es mi regalo para ti, toda una ciudad en caos, un mundo donde la gente se come a sí misma. ¡Disfrutalo maldita sea!

–No me importa a cuantos matones tuyos tenga que detener, cuando acabe con ellos– dijo amenazante Lori– vendré por ti.

–Eso es lo que espero hermana, eso es lo que espero.

Luan se puso de pie frente a ella, se acercó a su oído levemente.

–Sujetate hermana.

De inmediato puso su pie contra la silla y con fuerza la empujó hacia atrás, al estar de espaldas Lori no pudo ver hacia dónde iba, pues rompió una puerta de vidrio en uno de los balcones, todo para caer desde este mismo.

–¡Sujetate!– exclamó ella con fuerza.

Lori cayó desde una altura de dos pisos, la fuerza del impacto no solo rompió la silla sino que reactivó por el impacto la herida en su estómago, la rubia se trató de levantar a duras penas pues el golpe fue inhumano, agradecia a su traje de amortiguar un poco la caida pero aun asi fue demasiado fuerte el susodicho.

Las piezas de metal de la misma la rasparon un poco, la nieve cubrió el lado derecho de su rostro, puso una mano en el suelo y se apoyó con esta misma, poco a poco se recuperó, pero al dar el primer paso ella callo, se llevó su palma izquierda a su estómago para ver como su guante estaba manchado de sangre, la venda estaba bañada en el mismo líquido la morfina debió ya haber perdido el efecto y el impacto solo lo empeoro.

Pero ese no era el mayor de sus problemas, al apenas salir de ahi los oidos de ella comenzaron a ser invadidos por el ensordecedor sonido de la ciudad, alertas de patrullas, explosiones y helicópteros, podía escuchar los gritos de personas y el característico sonido de las llamas.

Levantó la mirada para toparse con la imagen de a lo lejos las calles iluminadas por los incendios, podía ver los helicópteros moviéndose entre los edificios mientras iluminaban con sus faros, era un infierno, así de simple podía describirlo, su ciudad estaba rumbo a destruirse y debía hacer algo.

"Ponte de pie" pensó ella. "Es solo una herida, dejalo ya y camina!" Lo intento pero ella no era indestructible, era humana al fin y al cabo y se estaba muriendo por una hemorragia; cayó de lado y se apoyó contra el concreto del edificio, la nieve iba congelando poco a poco su herida pero más que ayudar tan solo lo empeoraba, se le estaba acabando el tiempo.

–Wow tranquila.

En ello y antes de caer alguien la socorrió, apoyándola en su hombro le ayudó a mantenerse de pie, las náuseas le impedían identificarla pero de algo si estaba seguro, era amigo o al menos aliado.

–Estoy aquí.– le indico la persona– Te llevare a un lugar seguro, solo aguanta un poco. ¿Ok?

Lentamente fueron desapareciendo en la noche, aunque Lori quería y gritaba internamente que se detuviera y volviera a ayudar a la ciudad, estaba muy malherida, la medicación de esa maniática no la iba a ayudar así que por ahora, tenía que dejar que la ayudaran.

Después de todo Lori lo ignora, pero no está sola en esto.

Fin del Acto IV.