Disclaimer: Bleach pertenece a Tite Kubo, quien por suerte es un IchiRuki fan =) yay!


"Jason Walker and Molly Reed - Down."

La veía caer. De nuevo. Ése rostro. Ésos ojos...

La última vez que había estado en su habitación, había sido un día antes de la batalla final, cuando el rey de los espíritus les había concedido tiempo extra para prepararse para el enfrentamiento. La realidad era que había sido un tiempo para despedirse por si acaso. Y en el caso de Rukia había sido obviamente para decir un adiós definitivo.

Había adquirido mucho más poder del que era capaz de concebir en un shinigami/humano/quincy, lo que fuera que fuera él realmente... Tanto poder, que había sido advertido que no sería capaz de regresar al mundo humano tras aquello.

Y sin embargo, aquí estaba.

En su habitación, en su casa, en su mundo...

En un mundo sin ella.

-Ichi nii

No respondió por supuesto. Prefería quedarse recostado en aquella cama, la misma en la que compartiera la noche con ella antes de que ambos partieran de regreso a la dimensión cero. La misma en la que se había confesado. Bajo el manto de aquella sábana que los había mantenido tibios mientras él confesaba la verdad sobre su origen... Mientras ella le hablaba de Kaien...

Karin suspiró. Molesta y preocupada de que la misma situación se sucediera día tras día. Yuzu también ya se había resignado de insistir, envuelta también en su burbuja de duelo. La verdad era que todos en aquella casa sufrían por la muerte de Rukia.

Contrario a la situación de Ichigo, su padre Isshin, no había regresado aún de la sociedad de almas, a pesar de que había sido él justamente quien había mandado de regreso al pelinaranja.

-Te dejo la comida en el escritorio. Más te vale que la comas -le advirtió molesta -o juro que obligaré a Kon a que tome tu lugar y se alimente por ti.

La amenaza había servido los primeros días. Ahora ya no tenía el mismo efecto.

Estar en su forma de shinigami le hacía sentirse más cerca de Rukia, aún a sabiendas de que aquello era imposible.

-Deja la bandeja ahí Karin -le ordenó con voz monótona y su hermana hizo como le dijo sin voltearse a mirarlo antes de abandonar la situación.

-Ichigo -esta vez era Kon quien hablaba, las lágrimas seguían marcadas en su afelpado rostro -Ne san ya te habría partido la cara en este instante.

Primero se enojó y luego bufó, sentándose al fin para comer lo que fuera que Yuzu le hubiese preparado. Sabía que ellas también estaban sufriendo. Pero lo que sentía era tan intenso, incluso más fuerte que lo que alguna vez había sentido por la partida de su madre, que no podía evitar sentirse egoísta. Dentro de sí sentía que nadie podía entender el inmenso dolor que ahogaba su pecho.

Porque una y otra vez, revivía aquella escena.

Ella caía.

Él se lanzaba tras ella.

Ella alzaba su mano instintivamente hacia él, al ver cómo éste intentaba alcanzarla.

Pero de pronto, algo reaccionaba aparentemente en ella, se reflejaba en su mirada. Y justo cuando él estaba por alcanzar su mano, ella le había golpeado con la misma, evitando el contacto, rechazándolo. Al mismo tiempo en el que seguía añorando por él.

-¡Ichigo...!

Había gritado su nombre y en él todas las cosas que quería decirle.

"Lo siento. Perdóname. Adiós. Te quiero."

Y en ese instante había hecho un último Bankai que había tomado por sorpresa al chico, con un leve movimiento de Sode no Shirayuki, había levantado una suave ventizca, la cual había frenado la caída del mismo. Lo suficiente para que no pudiera alcanzarla.

Y al caer y golpearse. Había muerto al instante. Aquella nieve deshecha, el joven había caído después pero sin la misma fuerza. Se había levantado tan prónto como había caído, tambaleándose y resbalando en sus pasos hasta llegar a ella.

-Rukia -le había llamado, tomándola en sus brazos, la voz le temblaba -Rukia -todo el cuerpo le temblaba. -Nee, Rukia -la sacudió suavemente, como pudo, sin querer hacerle más daño. -Rukia!

Pero el peso en sus brazos no había sido suficiente, cuando la sangre resbaló fue cuando finalmente lo entendió.

Se había ido.

-No Rukia, no. -Le había pedido. -No tú. Tú no...

-Kurosaki kun, Kuchiki san

Orihime había sido la primera en llegar, dispuesta a curarlos a ambos. Pero le había quedado claro, por la forma en la que él se aferraba a la morena, que no había nada ya que pudiera curar. Incluso, en su desolación el mismo chico lo entendía.

-Puedo perder a cualquiera -dijo él de repente, derramando interminables lágrimas sobre el pequeño cuerpo de la joven -pude haber perdido a cualquiera -recalcó con más fuerza -pero no a tí... a ti no Rukia... por favor... no a tí...

Orihime no supo en qué momento le habían alcanzado los demás, ni mucho menos el momento en el que sus ojos se habían llenado de lágrimas. Pero la imagen de Ichigo aferrado con fuerza al cuerpo inerte de Rukia era tan devastador, que la conciencia de que había perdido delante de ésta había llegado mucho más tarde. Justo cuando uno de los shinigamis había intentado acercarse en un movimiento que el chico había malentendido; cuando Ichigo, furioso y celoso, había dejado fluir libre su reiatsu al punto de perder la cordura. Lanzando ataques a diestra y siniestra.

Fue el bankai de Renji el que lo hubo contenido. Y las súplicas de Byakuga las que lo trajeron de regreso a una realidad que no quería afrontar.

Una realidad que incluso después de dos meses seguía devorándole la conciencia.

Porque aunque sabía, que por Rukia debía ponerse en pie y seguir adelante... no encontraba las fuerzas ni la motivación para hacerlo.


-¿Algún cambio?

-Ninguno.

Yuzu suspiró con pesar. No lo diría en voz alta, pero la primera vez que sentía deseos de abofetear a su hermano. Quizá era cierto después de todo, que ella también era capaz de ponerse furiosa. No estaba segura, pero tras la muerte de Rukia lo cierto había sido que se había sentido traicionada por la misma. Porque al analizarlo detenidamente se había percatado de que aquél último día, Rukia había ido exclusivamente para despedirse, incluso si no lo había dicho en voz alta, sus acciones habían sido claras. Aunque en ese momento no hubiese sido capaz de darse cuenta.

Pero tras seguir analizando, había descubierto la razón detrás de aquello y al final había terminado sintiéndose agradecida con la difunta shinigami. Si tan sólo su hermano se diese cuenta.

Estaba a punto de ponerse a comer en compañía de su hermana cuando una pequeña presencia negra voló dentro de la cocina.

-¿Qué es eso?

Karin abrió los ojos en asombro.

-¿Puedes verla? -cuestionó intrigada, Yuzu asintió al instante.

-Sí

La morena decidió no darle importancia a los recientes poderes de Yuzu, era obvio que tanta exposición a su hermano estaba finalmente alterando su alma.

-Es una mariposa infernal, es para Ichi nii pero... -su voz se perdió cuando se percató de que la mariposa revoloteaba alrededor de ella.

-Parece que es para ti -aventuró Yuzu

Karin, aún algo dudosa estiró la mano. La mariposa se posó sobre sus dedos al instante.

Su hermana esperó paciente a que el pequeño intruso se desvaneciera. Observó a su hermana perderse un instante en sus pensamientos.

-¿Qué decía?

-Papá dice que debemos mandar a Ichi nii a la tienda de Urahara

-Pudo habérmelo dicho personalmente

Ambas se giraron al instante en dirección a las escaleras. Ichigo estaba de pie con semblante sombrío, se había percatado obviamente de la reciente presencia de la mariposa infernal y había bajado a investigar, confundido por igual de que ésta no hubiese ido directamente con él.

Karin arrugó el gesto, levantandole la voz con evidente molestia.

-No te ofendas, pero no es como que le hagas mucho caso

-Karin chan -le regañó Yuzu

Ichigo por su parte dejó salir una risa ahogada, casi como una burla.

-Está bien Yuzu. Tiene razón después de todo. -Les dijo, justo antes de darse la vuelta en dirección a la entrada.

-¿Vas a ir?

-¿Tengo algo mejor que hacer? -respondió sin voltear.

-Tatsuki vino hace poco, quería saber cómo estabas. -Le informó una preocupada Yuzu, con la intención de lograr una interacción con su hermano, por burda que fuera.

Pero más allá de quedarse en silencio, no obtuvo ningún indicio de que aquello le importase.

-Onichan -le llamó cuando éste salió por la puerta.

-No me esperen. -Fue lo último que les dijo.

Afuera el aire estaba frío, aún a pesar de que todavía era temprano. El sol, aunque moribundo, seguía brillando en el cielo. Un paso tras otro comenzó a andar en dirección a la tienda.

Quizá siguiera deprimido, pero cualquier cosa era mejor que no hacer nada. Y en ese momento, tenía la sospecha de que quizá lo que Urahara tuviera para decirle lograría sacarlo aunque fuera un poco del estupor en el que se encontraba. Quizá una nueva misión o algún nuevo modificador de memoria que funcionara en él. Por supuesto que no quería olvidar a Rukia.

Tan sólo al dolor que sentía.

Era una pena por tanto, que lo que Urahara tenía para revelar, sólo lo dejaría más desencajado de lo que se encontraba...


Notas: Seré eternamente feliz si alguien se anima a hacer esto en doujinshi xD