Capítulo 3: Despertar
Emiko se despertó sin abrir los ojos, escuchaba varios ruidos molestos, pitidos y silbidos entre otras cosas, intentó moverse pero se detuvo al sentir un agudo dolor en el dorso de la mano izquierda, totalmente desorientada abrió un poco los ojos y se encontró con un techo blanco, totalmente desconocido para ella, giró la cabeza y vio un montón de aparatos marcando su pulso, la presión, el ritmo respiratorio y otras indicaciones más que no tenía idea de que era lo que marcaban. Sobresaltada, se incorporó de repente, mala elección, totalmente mareada se volvió a recostar pensando en lo último que hizo, estaba en el ryokan de Aika, el Blue Lake, comieron se bañaron, luego las atacaron esos tipos raros parecidos a monjes, el anciano loco que las conocía, Eriko…
-¡ERIKO!- gritó, levantándose de la cama, haciendo caso omiso a los mareos y las náuseas que sentía. Saliendo de la habitación se chocó con una enfermera de pelo rosa, que la miró enojada.
-¿Qué estás haciendo levantada?- le dijo en tono molesto.
A Emiko no le gustó esa chica, parecía demasiado gruñona y gritona, a su parecer, las enfermeras tenían que ser amables y dulces, esta no tenía ninguna de las dos cualidades.
-Voy a buscar a mi hermana- contestó a la defensiva.
-¿Tu hermana es esa chica que estaba con vos cuando Naruto y Lee las encontraron?- preguntó, ahora con un tono más relajado –Ahora que te veo bien, son bastante parecidas- dijo mirándola detenidamente.
-Somos gemelas- explicó -¿Dónde está?, no se veía nada bien cuando la traje-.
-Está en terapia intensiva, pero esta mejor que cuando la trajiste- informó –Ha progresado mucho en tres días y…-.
-¿¡TRES DÍAS?!- gritó horrorizada -¿¡Estuve inconsciente tres días?!-.
-Cuando las trajeron, tu hermana era la más grave, pero vos tampoco estabas muy bien que digamos-.
-Oh por Dios- murmuró.
-No puedes verla todavía, no está en condiciones de tener visitas- la atajó al ver que Emiko se levantaba de nuevo.
-Vos no me vas a decir lo que tengo que hacer, es mi hermanita y me necesita, así que con tu permiso- le escupió, pasando a su lado.
Antes de siquiera tocar la puerta, Emiko fue violentamente tirada hacia la cama
-Te dije que no puedes ir a visitarla, su estado de salud es bastante delicado- dijo la enfermera
-¿No era que había mejorado mucho?, al parecer el nivel de este hospital no es tan alto como aparenta- dijo en tono burlón.
-Si vuelves a decir una sola cosa más…- le advirtió con furia mal contenida.
-¿Qué me vas a hacer?- preguntó -¿Golpearme? O tal vez, tirarme por la ventana, a propósito, ¿cómo te llamas?- preguntó inocentemente.
La enfermera se quedó atónita, la chica era demasiado rara, primero se comporta de forma desagradable y después le pregunta el nombre con toda naturalidad.
-Me llamo Haruno Sakura- respondió.
-Bien, Haruno- Emiko se acercó a Sakura y se paró a centímetros de su cara –Vuelves a tirarme, o siquiera a tocarme y va a ser lo último que hagas en tu vida- le gruñó
Eso fue la gota que colmó el vaso, Sakura la empujó hacia atrás y Emiko cayó despatarrada en el piso, enfurecida, Emiko le pateó las piernas y Sakura también cayó al piso
Siguieron peleándose un buen rato hasta que un joven rubio y otro morocho entraron al cuarto.
-¡Sakura-san, no puedes estar peleando con los pacientes!- gritó el morocho, corriendo hacia las jóvenes para separarlas.
-NO ME TOQUES LEE- bramó la pelirrosa –¡¡VOY A MATAR A ESTA LOCA!!- Sakura se revolvía en los brazos de Lee, quien la sujetaba con toda la fuerza que tenía.
A su vez el chico rubio se acercó a Emiko, mirándola divertido y tendiéndole una mano.
-Mira que hay que pelearse con Sakura-chan- dijo sonriendo –Eres bastante valiente, ¿cómo te llamas?-.
Emiko le sonrió al muchacho y, agarrando su mano, se incorporó y se limpió un poco la ropa.
-Kawamura Emiko, y… ¿vos sos…?-
-Uzumaki Naruto- se presentó –Y él es Rock Lee y creo que ya conoces a Sakura-chan-
-¡QUE ME SUELTES LEE!- Sakura le pegó un fuerte codazo en el estómago a Lee y se lanzó contra Emiko.
-¡Sakura-chan!- gritó Naruto -¡Espera!
-¡SAKURA!- bramó una voz desde la puerta, Sakura se frenó en seco y miró con pánico en dirección de donde venía la voz-
-Tsu-Tsunade-sama- tartamudeó
-¿¿QUE SIGNIFICA ESTO??- gritó – TE DEJO A CARGO PORQUE CREÍA QUE ERAS LA MÁS CAPAZ, PERO VEO QUE ME EQUIVOQUÉ- siguió, sin bajar el tono.
La muchacha bajó la vista avergonzada
-Sa-Sakura-san, no…estés triste- pidió Lee, tosiendo y sujetándose el estómago
-Lo siento Lee, no quise pegarte- se disculpó la enfermera.
Emiko soltó un bufido indignado y apartó la vista, ¿cómo era posible que ese chico la tratara con tanta ternura, después de semejante golpe?, esa chica parecía un demonio, pero la mujer rubia tampoco se quedaba atrás, Emiko revoleó los ojos, ¿a dónde rayos la había mandado su padre?.
-Hum, usted es Tsunade, ¿cierto?- preguntó
-Así es, soy Tsunade, la Quinta Hokage y directora de este hospital- se presentó -¿Y se puede saber que haces levantada?- le ladró de repente
-Yo…- Emiko suspiró para tranquilizarse, no estaba en su mejor forma y esa mujer podría romperle los huesos si quisiera, así que trató de ser lo más respetuosa posible –Quisiera poder ver a mi hermana- pidió
-No puedes- contestó tajante.
-¿Ves?- le espetó Sakura a Emiko–Yo le había dicho que…-.
-Silencio Sakura, hablaré contigo más tarde- la interrumpió.
-¿Cuándo voy a…?-
-¿Poder verla?- completó Tsunade –No lo sé, le hicieron un jutsu muy extraño, es como si le hubieran bloqueado los sentidos, no puede ver, ni escuchar, ni sentir nada, tengo a mis mejores médicos trabajando en ella y… ¡oye!-
Emiko se había derrumbado y comenzado a llorar, Naruto se le acercó y le apoyó una mano en el hombro, la muchacha sintió una extraña conexión y todo se volvió negro.
Emiko se despertó nuevamente en la camilla del hospital, había tenido un sueño muy extraño, aparecía el muchacho que habían rescatado, una versión monstruosa de Kota con nueve colas, el Gobi y unos extraños individuos con unos atuendos negros con nubes rojas.
Alguien entró en la habitación y se acercó a Emiko.
-Estás despierta, que bien, nos asustaste-
-¿Naruto?-
-¿Qué fue lo que te pasó –ttebayo?-
-No lo sé-
-¿Estás bien?-
Emiko miraba sus manos y temblaba ligeramente.
-Eriko…-murmuró.
-¿Así se llama tu hermana?- preguntó el rubio.
Emiko asintió y de pronto comenzó a llorar de nuevo.
-¡AH!, no llores por favor, ehh… no le va a pasar nada… Tsunade no baa-chan la va a curar, es muy buena en su trabajo, al menos en el médico, porque como Hokage, según Sakura-chan, siempre deja todo para más tarde, y así se le junta mucho. Hablando de trabajo, tendría que entregar el reporte de mi última misión, pero creo que, ¿eh?-.
Emiko reía entre sollozos y Naruto la miró desconcertado.
-Lloras o te ríes, no puedes hacer ambas, te ves medio rara "lloriendo"- le dijo molesto
Emiko soltó una carcajada al escuchar el comentario y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
-Que ojos tan raros- comentó el muchacho.
-¿Qué tienen de raros?- preguntó inocentemente.
-Ummm, bueno, no conozco mucha gente que tenga los ojos de dos colores- respondió
-Bueno, ahora conoces a una- dijo riendo –Mi hermana también tiene dos colores, pero es al revés que los míos- explicó.
-¿También tiene dos colores?, que raras que son-.
-Hablando de raros, ¿qué son esas marcas en tus mejillas?- preguntó, estirando la mano para tocarlas.
-No estoy muy seguro, las tengo desde que nací- respondió, encogiendo los hombros.
-Parecen bigotes, como los de Kota-
-¿Quién es Kota?-
-Es nuestra mascota, un zorro demonio, vino con nosotras-
-Debe ser el zorro que se llevó Kiba-
-¿Se lo llevaron?, ¿a dónde?- preguntó escandalizada.
-Oye, cálmate, Kiba se lo llevó porque su hermana es veterinaria-
-¿Podemos ir a buscarlo?, necesito ver algo familiar antes de que me vuelva loca-.
-¿Ahora?- preguntó sorprendido.
-Por favor- Emiko trató de hacer la cara de cachorro que pone su hermana y al parecer no funcionó, porque el chico se levantó a toda prisa sin decir una palabra y salió corriendo de la habitación –¿Tan mal me salió que se fue corriendo?- dijo para sí misma.
Emiko se disponía a acostarse de nuevo cuando Naruto entró a la habitación, seguido de Tsunade y Sakura, a ésta última Emiko la fulminó con la mirada, la aludida sólo miró un segundo a Emiko y luego se volteó. La muchacha bufó y se negó a mirar de nuevo a la pelirrosa.
-Bien Emiko, Naruto me pidió que te revisara para ver si ya te podía dar el alta, como tengo mucho trabajo aquí, creo que tener a alguien menos que atender puede ser un gran alivio- dijo la Hokage.
Emiko miró a radiante a Naruto y le dedicó una enorme sonrisa, el muchacho se ruborizó un poco, y le devolvió otra más tímida. Tsunade se acercó a Emiko para comprobar que se encontraba bien, le revisó los reflejos, la hizo saltar y seguir una luz con los ojos.
-Eso es todo pequeña, estás al 100 de tus capacidades, puedes irte- dijo Tsunade.
-Se lo agradezco mucho Tsunade-sama, pero…-.
-¿Pero?-.
-El problema es que no tengo dónde quedarme- dijo en voz muy bajita.
-Ya veo… -
-¿Y si se queda en mi casa?- preguntó el rubio.
Las tres mujeres voltearon hacia Naruto, Sakura parecía furiosa, Emiko contenta pero también avergonzada y la expresión de Tsunade era confusa.
-¿Qué?-
-Naruto, ¿estás loco?- exclamó Sakura –No puedes meter a esa… esa… chica en tu casa-
-¿Qué tiene de malo?-preguntó Emiko –No muerdo-
-Tsunade-sama, no puedes permitir esto, ella no puede quedarse en casa de Naruto-
-¿Por qué no?- Tsunade conocía bien al muchacho, Naruto era el chico más inocente de toda Konoha, no tendría esa clase de problemas si dejaba que Emiko se quedara con el chico.
-Porque…- Sakura se quedó sin palabras
-¿En serio puedo quedarme en tu casa, Naruto?- preguntó emocionada.
-Si Tsunade no baa-chan, no tiene problemas…-.
-Por supuesto que no, bien, Emiko, puedes irte, Sakura, vámonos, necesito que me ayudes con el viejo de la habitación 213-.
-Hai sensei-.
Ambas médicos salieron de la habitación, no antes de que Sakura le echara una mirada cargada de odio a Emiko, quien le sacó la lengua.
-Deberías tratar de llevarte mejor con ella, no es mala, es sólo un poco…- comentó Naruto.
-¿Odiosa?, ¿agresiva?, ¿demente?, tengo más elije la que quieras- bromeó Emiko.
-¿Quieres conocer la ciudad antes de ir a casa?, podemos ir a buscar a tu zorro- sugirió el rubio.
-Está bien- aceptó –Deja que me vista y salimos-.
Emiko comenzó a sacarse la horrenda bata que le habían puesto en el hospital, pero se detuvo, algo no estaba bien.
-¿Naruto?-.
-¿Hm?-.
-¿Me darías un poco de privacidad?, está bien que me caigas bien, pero no hay tanta confianza-.
-¿Eh?-.
-¡Que te vayas para que pueda cambiarme!- gritó divertida.
-¡Ah!, Ehhh… sí, ya me voy… lo siento… no…quería…yo- balbuceó completamente avergonzado.
-Descuida-.
-Bien… yo… voy saliendo, te espero afuera-.
-Bueno, Konoha no está del todo mal- pensó Emiko mientras se cambiaba.
Naruto esperaba en la puerta del hospital a que Emiko saliera, a pesar de ser una completa extraña, sentía como si se conocieran desde hace tiempo. De repente, se acordó de la misión que le había asignado la Hokage antes de que se encontrara con Emiko, tenía que viajar a Suna a llevarle un mensaje a Gaara, últimamente muchas de las pequeñas aldeas al límite del país del fuego estaban siendo atacadas y destruidas igual que en el país del viento, Tsunade mandaba a llamar al Kazekage para buscarle una solución. Naruto había aceptado gustoso el encargo, hacía mucho que no visitaba a su amigo de la arena, la mujer también había asignado a Lee, hacía tiempo que no le asignaban nada, pues había estado en rehabilitación por una pierna rota.
-¡Narutoooo!- Emiko se acercó corriendo hacia donde estaba el muchacho.
-Ah, ya estás lista, genial, ¿a dónde quieres ir primero?- preguntó Naruto al ver llegar a Emiko.
-Oi, ¿de casualidad te acuerdas cómo me llamo?- preguntó a su vez la muchacha
-Etto…-.
-¡Ja!, lo sabía, es Emiko- le recordó.
-Hai, Emiko, ¿a dónde quieres ir primero?-
-No lo sé, es la primera vez que vengo-
-Cierto, ummm, ¿qué te parece si vamos a…- el estómago de Emiko soltó un quejido y la chica se ruborizó -…buscar un lugar para comer?-.
-Lo siento, no como desde hace tres días- se disculpó, todavía ruborizada.
-¿¡Desde hace tres días?!- exclamó -¿¡Y porqué no comiste nada –ttebayo?!-
-Puede ser porque estuve inconsciente- apuntó con sarcasmo.
-Ah, claro- Naruto se quedó pensativo un segundo y luego exclamó -¡Podemos ir al Ichiraku!, ¿te gusta el ramen?
-¿Ramen?- repitió –Nunca lo he probado-
-¿¡NUNCA?!- exclamó –Increíble, dattebayo-
-¿Qué?- por la forma en que hablaba, parecía que se había perdido uno de los placeres de la vida –Lo siento- se disculpó, no sabiendo muy bien qué hacer, pues Naruto la miraba de forma extraña.
Naruto la tomó de la mano y echó a correr.
-¡¡Hey, espera!!, ¿Qué haces?, ¿a dónde vamos?- Emiko corría tras Naruto, asustada por la repentina reacción del chico.
-Vamos al mejor lugar de toda Konoha- le respondió, volteando para dedicarle una sonrisa.
-¡Cuidado Naruto!- advirtió la chica.
Naruto giró la cabeza y no pudo esquivar al chico que tenía en frente, ambos cayeron, arrastrando a Emiko con ellos.
-Ay, te dije que tuvieras cuidado, ¿qué clase de idiota corre mirando para atrás?- preguntó furiosa -¿Naruto?-
Ambos chicos cayeron en una pose demasiado comprometedora, Naruto estaba tirado sobre el chico con el que habían chocado y su cara estaba demasiado cerca de la boca del moreno, el rubio estaba paralizado. Al ver que no reaccionaba, Emiko lo zamarreó un poco.
-¿Sai?- preguntó el rubio.
-¿Naruto?- preguntó el otro a su vez.
-¿Lo conoces?-.
Naruto se quitó de encima de Sai y se sentó en el suelo, perplejo.
-¿Cuándo…?-.
-¡Espera!, yo te conozco de algún lado- dijo Emiko, examinando a Sai –¿Te hiciste algo en el cabello?-.
-No que yo sepa- contestó el morocho.
-Entonces me equivoqué- dijo parándose y sacudiéndose la ropa –¿No se piensan levantar?-.
Sorpresivamente, Naruto le pegó un puñetazo al chico y se enderezó, mirándolo enojado, Sai yacía a sus pies, tocándose la mejilla derecha, ahora hinchada y enrojecida.
-¿Porqué le pegaste?- preguntó indignada –Tú fuiste el que chocó con él, tendrías que pedirle disculpas-.
-Cállate, no es asunto tuyo- le gruñó, sin apartar la vista de Sai.
Emiko obedeció, Naruto parecía enojado de verdad y no pensaba pelearse con él.
-Así que decidiste volver, ¿eh?- preguntó, la voz le temblaba y miraba fijamente al muchacho, como si quisiera matarlo con la mirada, o al menos herirlo mucho.
-Yo…- comenzó Sai, pero Naruto lo interrumpió.
-No me des explicaciones, no las necesito para saber que tú también me abandonaste- temblaba tanto que Emiko pensó que se caería –Emiko, vamos a casa, otro día comeremos aquí, se me fue el hambre-
-Hai- la chica pasó al lado del moreno que miraba a Naruto de forma suplicante.
-Naruto…-llamó Sai –Si me dejaras explicarte…-
-¡TE DIJE QUE NO ME DIERAS EXPLICACIONES!- gritó encolerizado –Sé todo lo que hay que saber, sé que fuiste uno de mis mejores amigos, te conté todo, te abrí mi corazón y alma, te expliqué todo el tema de Sasuke y cómo me había dejado, pero… ¿para qué?- Sai permaneció callado, mordiéndose el labio y apretando los puños -¡PARA QUE UN MALDITO DÍA VINIERAS Y ME DIJERAS "LO SIENTO NARUTO, PERO TENGO QUE IRME POR UNAS SEMANAS, PERO VOLVERÉ" Y TE HAYAS IDO POR DOS MALDITOS AÑOS!- prosiguió.
-Naruto, no es así, no fue ni la mitad de lo que dijiste, es un asunto más complicado y…- Sai salió volando y se estrelló contra una pared.
-¡Naruto!- gimió Emiko –Ya basta- suplicó.
-Vámonos-
Durante todo el trayecto, Naruto no dijo una sola palabra, y Emiko creyó que lo mejor sería no preguntarle nada sobre lo que ocurrió en el centro.
-Ésa es mi casa- dijo Naruto, señalando un edificio a pocos metros –Vivo en el segundo piso-.
A Emiko le pareció como si Naruto hubiera perdido la alegría, el timbre de voz no era el mismo de antes y tenía la mirada perdida, Emiko no aguantó más y caminó más rápido, situándose al lado de Naruto y pellizcándole la manga de la campera.
-¿Eh?-
-¿Qué pasa con ese chico?-preguntó –Desde que nos lo cruzamos, parece como si se te hubiera ido esa… "narutosidad", no pareces el mismo-
Naruto se quedó mirándola a los ojos y soltó una carcajada.
-¿Qué cara…?- Emiko dio un salto hacia atrás y se llevó la mano al pecho –No te rías así de golpe, casi me matas de un susto-
-Lo siento, es que la palabra que usaste me resultó graciosa…- explicó acercándose a la chica, que todavía respiraba agitada.
-Mira quién habla-.
-¿A qué te refieres?- preguntó confundido.
-¿Te suena la palabra "lloriendo"?-.
Ambos chicos se empezaron a reír, Emiko sintió que compartía más de lo que conocía con Naruto, como si hubiera algún lazo especial entre ellos.
-Bien vamos a casa, muero de hambre-
-¿Ahora tenés hambre? Qué chico más raro…- Emiko no terminó la frase que su estómago le hizo un ruido tremendo- Bueno, sí, entremos y comamos algo- dijo, mirando sonriente a Naruto.
El muchacho se dirigió al interior del departamento, seguido de Emiko. La chica se quedó petrificada, el lugar era lindo y amplio, si ignorabas la ropa tirada, los bowls de comida sucios y apilados al costado del fregadero (lleno de platos y vasos), los pergaminos, shurikens, kunais y demás armas, tirados por toda la casa.
-Disculpa un poco el desorden- dijo Naruto, abriéndose camino entre la basura hacia la cocina –No paso mucho tiempo aquí, Tsunade no baa-chan me da muchas misiones y a veces duran hasta casi un mes- explicó.
-Solo tengo ramen instantáneo, ¿no te molesta?- gritó el rubio desde la cocina.
-Está bien para mí- respondió Emiko, inspeccionando un poco el lugar. Encontró más armas y pergaminos, halló una bandana de la hoja y se la puso.
La chica miró alrededor, buscando un espejo, lo encontró colgado cerca de la ventana, al lado de un armario, caminó hasta el otro lado de la habitación, esquivando las cosas filosas y algunas pegajosas que Emiko prefirió no averiguar que eran. Llegando hacia el espejo, por esquivar una de esas cosas, pisó una cáscara de banana (¿!) y se cayó contra el armario, este se abrió, tirando sobre Emiko una montaña de cosas, dejándola sepultada.
-¿Emiko?- Naruto entró corriendo a la habitación y fue a socorrer a la chica -¿Qué fue lo que te paso?-preguntó divertido –Estaba a punto de servir los platos cuando escuche un ruido espantoso, ¿te golpeaste?-.
-Estoy bien- dijo incorporándose -¡AY!-
Emiko se había apoyado en un montón de vidrios rotos y se hizo un profundo corte en la mano.
-Estúpidos vidrios- se quejó, inspeccionándose la mano –Ahora voy a tener que volver al hospital- cierta persona de pelo rosa cruzó por su mente y Emiko hizo un gesto de asco.
-Te llevo ahora, está sangrando mucho- dijo preocupado –Después podemos venir a comer-.
-Está bien- Emiko miró el montoncito de vidrios ensangrentados y descubrió porqué estaban allí, pertenecían a un portarretratos, ahora hecho añicos. La chica se sintió culpable por haberlo roto, de modo que sacó la fotografía que había en él, luego iría a comprar otro.
-Oi, Naruto, ¿este es el chico que nos cruzamos hace rato?-preguntó, mirando la fotografía.
Naruto terminó de recoger los vidrios y se acercó para ver lo que le indicaba la chica.
-Sí, nos la tomamos el día antes de que se fuera- dijo en tono apagado
Emiko se mordió el labio, odiándose por haberle sacado el tema.
-Ven, te vendaré la mano, así no se te ensucia la herida en el camino- dijo Naruto, cambiando de tema, no quería pensar en Sai-
Naruto miró extrañado la mano de Emiko, juraría que había visto la herida, pero ahora no tenía nada.
-¿Qué estás mirando?- preguntó extrañada -¡Oh!, lo había olvidado- suspiró, retirando la mano.
-¿Olvidar que?-
-De que me curo rápido, me pasa desde que tengo memoria, a mi hermana le pasa lo mismo, papá dice que es porque somos especiales- explicó, encogiéndose de hombros –Es que suelo ser cuidadosa, no me lastimo muy seguido-.
Naruto se quedó pensativo, esta chica podría ser una…, sacudió la cabeza, apartando los pensamientos de su mente.
-Si tu hermana también se puede curar rápido… entonces, ¿no estaría mejor ya?- preguntó el rubio.
-Pensé lo mismo, por eso es que quería ir a verla, pero esa cosa no me dejó- coincidió –Pero después la Hokage me dijo que le habían hecho un extraño jutsu, entonces supuse que lo mejor sería dejarla con ellos.
-Entonces, si no es necesario que te lleve al hospital, entonces comamos algo- propuso Naruto, yendo hacia la cocina.
-Ok, te sigo-.
-Procura no matarte de nuevo- bromeó.
-Jaja, qué chistoso- murmuró con sarcasmo.
Una vez en la cocina, Naruto le sirvió a Emiko un enorme plato de humeante ramen y se sentó frente a ella, expectante.
-¿Porqué me miras así?- preguntó incómoda.
-Porque quiero que lo pruebes, estás a punto de comer un regalo de los dioses –ttebayo- comentó con entusiasmo.
-Si insistes… Ittadaikimasu- Emiko tomó los palillos y se llevó un poco a la boca. Se sintió en el paraíso, esos fideos eran lo mejor que había probado en su vida, el sabor, la textura, todo era perfecto.
-¿Y bien?- preguntó ansioso.
Emiko se tomó su tiempo para saborearlos y tragarlos.
-Esto es lo mejor que he probado en mi vida- alabó, metiéndose otro puñado de fideos.
-¿Verdad que si?- coincidió –¡Ittadaikimasu!-.
Ambos jóvenes comieron tres platos enteros cada uno, disfrutaban mucho de la compañía del otro. Emiko le contó cómo era que había terminado desmayada en la puerta de Konoha, por qué
motivo había viajado hasta allí, le contó cómo era su vida en la casita del bosque con su padre y cómo habían encontrado a Kota.
Por su parte, Naruto le contó su sueño de ser Hokage, cómo era su vida en Konoha, le describió a cada uno de sus amigos y senseis, algunas anécdotas de las misiones y sobre Sasuke.
Emiko se quedó impresionada al escuchar la historia de Sasuke, y coincidía con Naruto en que haberse ido para cumplir una venganza era totalmente estúpido. La chica había aprendido que el tema, tanto de Sasuke, como de Sai eran tabú para el rubio, así que procuraría no mencionarlos.
Mirando el reloj de la pared, Naruto soltó un descomunal bostezo.
-Vaya, se ha hecho bastante tarde, iré a prepararte la cama- dijo, levantándose.
-Qué chico hospitalario- comentó Emiko –Entonces deja que yo lave las cosas- Se ofreció.
-Gracias- dijo, saliendo de la cocina.
Emiko se arrepintió de haberse ofrecido a lavar los platos, la pila era enorme, pero se puso los guantes y comenzó a lavar, no era nada comparado con todo lo que Naruto había hecho por ella. Pasados unos minutos, Emiko ya había terminado e iba camino a la habitación donde estaba Naruto.
El rubio había apilado todas las cosas desparramadas del suelo en una esquina y había preparado un futón al lado de la cama.
-Tú dormirás en la cama y yo en el futón- le indicó –Y espero que no te moleste que duerma en la misma habitación- murmuró ruborizado.
-Para nada- lo tranquilizó –Bien, iré a cambiarme y a cepillarme los dientes- dijo, buscando en su mochila.
-Qué mala suerte- exclamó –Me olvidé la ropa de dormir- lloriqueó.
-Ten- dijo Naruto, tirándole unos pantalones naranjas y una remera negra –Supongo que te va a servir, si es sólo para dormir-.
-Qué lindos colores, gracias, iré a cambiarme-.
Al cabo de un rato, Emiko volvió con las ropas de Naruto, este se le quedó mirando asombrado.
-¿Me quedan bien?- preguntó tímidamente.
-¿La verdad?- la chica asintió lentamente –Es que sí, te quedan muy bien-
Emiko le sonrió y se subió a la cama de un salto.
-Vaya, es muy cómoda-
-Sí lo es- coincidió Naruto –Pero no me molesta- aclaró, ante la mirada de Emiko
-Bueno, oyasumi-nasai Emiko- se despidió, acostándose y tapándose.
-Oyasumi, Naruto-.
Hola gente! Heme aquí con un nuevo capítulo, estoy siendo bastante irregular a la hora de subirlos, he visto que algunos autores los suben un determinado día de la semana... yo voy a tratar de hacer lo mismo
Bueno, espero que disfruten este capítulo, como yo disfruto hacerlos :D
Aparecieron los personajes de Konoha! No crean que odio a Sakura, es que necesitaba a alguien con quien Emiko se llevara mal, no todo puede ser color rosa (ok, mal chiste), pero van a empezar a llevarse mejor.
Ja ne!
