Capítulo 4
Todos los invitados se habían reunido en el templo marino tres días antes de la doble boda como respuesta a las invitaciones enviadas, cosa que no fue difícil pues sólo iban a asistir los generales marinos y algunos guerreros asgarianos. Tras lo ocurrido en el Santuario de Atena decidieron por motivos más que obvios no invitar a Erix, ni Atena (que seguramente estaría furiosísima al haber sido sustituida inceremonisamente por Hilda) ni tampoco a Hades. de todas formas la diosa de la guerra y la del caos habían decidido hacer una pequeña visita de "cortesía" al dios del Inframundo junto con su hermana Artemisa. El pobre Hades no tenía muchas ganas de recibir a sus sobrinas porque cada vez que había alguna "reunión familiar" (por llamarlo de alguna forma) su reino recibía unos terribles destrozos. Envió un costosísimo regalo de bodas a Poseidón y una carta disculpándose pero en la que avisaba a su hermano que no contara con su presencia.
Aunque las relaciones entre Hilda y Atena se habían enfriado enormemente desde aquella estúpida fiesta de compromiso en el Santuario*, la mayoría de sus caballeros y guerreros se llevaban bien entre ellos. Siegfried ya había enviado una carta al Gran Patriarca exponiéndole la situación. Shion y los caballeros de oro accedieron ayudar a los nórdicos y propusieron enviar a Aldebarán para que se vistiera como Thor; a Shaka, que se haría pasar por Hagen; Seiya daría el pego como Alberich (tiñéndose el pelo y poniéndose unas lentillas verdes, claro), Máscara de la Muerte sustituiría a Fenrir (con una peluca) y a Milo, que se había teñido el pelo de naranja para hacerse pasar por Mime, aunque esperaba que nadie le pidiese que tocara el arpa. El Escorpión era excelente para lanzar aguijonazos o en su defecto, para actuar como acupunturista, pero como músico...
"Ambas novias" y sus respectivos cortejos ya habían llegado al reino de los mares. Las ceremonias se celebrarían en el templo más cercano a la superficie, que había sido declarado como zona neutral.
Muy contento de verlas, Poseidón salió a recibir a "las damiselas" y les ofreció hacer un tour del palacio. En todo momento se comportó como un perfecto caballero aunque había un detallito que le resultaba sumamente molesto: no le había hecho mucha gracia el que uno de sus generales hubiera tenido la osadía de pedir la mano en matrimonio de la menor de las princesas de Asgard sin pedirle permiso, pero considerando lo fanáticamente leal que le era y el que hubiera robado aquellas armas para mantener a raya a Asgard, decidió dejárselo pasar. Flare no era moco de pavo, su hermana era la regente de Asgard, así que su reino tendría una doble influencia en las tierras de Odín.
Se decidió que la primera boda sería la de Fler y Lumnades, ya que la de Poseidón y Hilda sería mucho más pomposa. Las festividades durarían una semana y después vendría la ceremonia matrimonial.
Durante las fiestas Lumnades estaba tan gozoso que no se había dado cuenta de lo mucho que comían y bebían la novia, su hermana y sus respectivas damas. El pobre iluso estaba tan cegado, al igual que Julián lo estaba con "Hilda" que aceptaron la excusa de Siegfried de que las chicas estaban tan emocionadas con la boda que el apetito se les había despertado enormemente y querían tomar fuerzas para la noche de bodas.
Siegfried tenía que contenerse y tratar de no cruzar miradas con "Hilda" pues se veía de lo más "arrebatadora" con sus bonitos vestidos. Hagen también enviaba miradas furtivas a su comandante, aunque sabía que tenía un papel por representar y trataba de distraerse haciendo ojitos a Julián.
Todas las "mujeres" por tradición llevaban su rostro cubierto por un velo. Mime, Hagen y Syd podían haber pasado por chicas fácilmente aunque tarde o temprano Julián se habría dado cuenta de que su novia en realidad no era Hilda. Con Thor era otra historia y todos los habitantes del reino marino comentaban lo grandota, peluda y marimacho que se veía aquella dama de honor.
Cuando a la noche siguiente, durante otro banquete y tras unas copas de más, Lumnades quiso acariciar el busto de "Flare" y se llevó un bofetón que casi lo derribó al suelo. Mime no se ofendió demasiado por el toqueteo sino por el comentario que hizo acerca de lo duros que estaban sus atributos. El guerrero de Eta, al igual que el de Beta, llevaba un sujetador relleno con una enorme piedra redonda a cada lado. Alberich, rápido como un rayo, fue quien intervino para salvar la situación.
—General Lumnades, no se enfade, es que la novia se siente tan excitada que reacciona siempre así. Además, está deseando que... —guiñó un ojo al feísimo marino y le habla en tono cómplice—. Eso sí, en público la señorita Flare es muy modesta y preferiría que esperasen a la noche de bodas.
Esta última frase la añadió tras ver la mirada asesina que le lanzaba "Flare" y Alberich le devolvió una rapida sonrisa burlona.
Sin embargo, lo que causó un incidente que podría haber dado al traste con los planes fue el que otro de los generales, Sorrento de Sirena, tenía su atención fijada en el cortejo de Asgard, en particular en la dama de compañía de Flare (o sea, Thor) porque había algo muy sospechoso en su comportamiento ni su aspecto físico, aunque no supiera exactamente el qué. Como buen general, intentó advertir a Julián, pero éste no le hacía el menor caso puesto que estaba muy ensimismado con su "prometida".
Por suerte, una distracción vino en la forma del caballero de Tauro, Aldebarán, que se había fijado en aquella increíble y altísima "mujer". De inmediato se sintió atraído y tomó la determinación de no marcharse a Grecia sin por lo menos haberle pedido el número de teléfono, ese interés sirvió para mitigar las dudas que tenían los otros generales marinos.
Mientras tanto Hagen estaba haciendo todo lo posible para que no le quitaran el velo de la cara.
—Hilda, ¡voy a ser tu marido! —le recordó el joven dios.
—¡Qué cosas tienes, cielo! —dijo Hagen en una voz algo aflautada y en tono sugerente— bien puedes esperarte a la noche de bodas.
—¿Ni tan siquiera un besito?
—¡No!. y no te pongas pesado que no voy a cambiar de idea.
—¿Qué le ha pasado a tu voz? Suena un poco rara.
—Es que hace poco me resfrié, ya sabes, con el frío que pasamos en Asgard... —mirándolo modestamente mientras se ajustaba un poco la peluca que llevaba debajo del velo— no quisiera contagiarte antes de nuestra boda.
—Oh, en ese caso sera lo que tú digas —le contestó haciendo gala de sus excelentes modales y besó la palma de su mano delicadamente.
El pobre rubio estaba muy incómodo pues tenía miedo que se descubriera el pastel, ya que había muchos ojos fijos en él. Siegfried fue a su rescate diciendo que sería una buena idea que las señoritas se retiraran pues el día siguiente sería muy largo y debían encontrarse en óptimas condiciones. Indicó a Fenrir, que hacía el papel de su dama de honor que acompañara a "Hilda" a sus aposentos.
Tras concluir el banquete unas horas más tarde todos se fueron a dormir y no hubo incidente alguno por la noche.
Bud, por órdenes de Siegfried estuvo intentando localizar las armas de Thor. No consiguió encontrarlas pero por lo menos no lo pillaron merodeando por allí pues era un verdadero maestro en el arte del camuflaje.
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*Nota de la autora: Para mayor información, leed otro cuento que he publicado que se titula "¿Al más inteligente?"
