El baile de Sadie Hawkins, cuarta parte:
Era una tranquila tarde en el Santuario. El otoño cubría de un tono dorado las hojas y hacía juego con las armaduras doradas de... los dorados. A ellos les gustaba juntarse todos bajo las ramas (doradas) de un pequeño bosque dedicado a Atenea. Se mantenían en silencio, meditando, mientras dejaban que la luz del sol arrancara reflejos (dorados) a sus armaduras y el suave viento alborotara elegantemente sus largos cabellos.
Y precisamente en esa tarde, aprovechaban de celebrar una conferencia de prensa. Los paparazzi les sacaban foto tras foto, y ellos contestaban graciosamente las preguntas de los periodistas. La idea era promocionar el baile y obtener patrocinadores. Estaban seguros de obtener el dinero suficiente para construir un nuevo sauna.
Pero algo no estaba en sus planes.
-¿Cómo reaccionan a la provocación del gobierno chino? - preguntó un británico de pobladas cejas.
-¿Cuál provocación? - preguntó Mu, alzando un punto.
-La declaración que emitieron ayer – contestó el británico, y el resto de los periodistas comenzaron a hablar todos a la vez. Aioria se acercó al británico y recogió el tablet que este le alargaba.
-El gobierno chino ha declarado que el baile de Sadie Hawkins es una afrenta a todos los dioses orientales – leyó Aioria – pues pretende enfocarse en el deseo inconsciente de las diosas que esperan conseguir un cuerpo masculino joven y suave. Pone énfasis en la parte carnal del ser humano en desmedro de la espiritual, y además tiene como objetivo colocar a la diosa occidental Athena como centro de la actividad mundial, y así menospreciar los dioses orientales.
-Eso no tiene sentido – gruñó Aldebarán.
-No, pero escucha lo que sigue: por este motivo, el gobierno chino ha declarado su deseo de competir en igualdad de oportunidades con la diosa Athena en la elección de la Reina del Baile de Sadie Hawkins.
-¿Reina? ¿Vamos a elegir una reina? - preguntó Milo.
-Nunca quedamos en eso – protestó Aldebarán.
-Oh, sé que no estaba en los planes – anunció Saori, llegando en el momento justo – pero hace tres días declaré a la prensa la intención de elegir a la reina del baile entre las bellas asistentes. Claro, si me eligen a mí no estaría mal, pero aseguro a los señores de la prensa y a todos los gobiernos que la elección será absolutamente justa. Gracias, pueden retirarse.
Los reporteros se fueron lentamente del lugar, y mientras sacaban las últimas fotos, oyeron a Saori decir:
-Después de todo, ¿quién podría ganarle a una diosa?
Y ella, la que podía ganarle a una diosa, venía en camino. El gobierno chino había gastado muchos recursos en encontrarla, convencerla y dotarla de las armas necesarias para vencer a la diosa capitalista. La misión de ella era demostrar que Oriente siempre superaría a Occidente.
Shiryu esperaba a Shunrei muy nervioso, pensando cómo sería el reencuentro entre ellos y en cómo pasarían esas noches juntos. La caja de las cosas esas "con sabor" que le había pasado Shun había quedado encima de su cama, y ahora se arrepentía de eso. Seiya lo había convencido de dejarla ahí, pues, según afirmó, "eso convencerá a Shunrei de que tus intenciones no son santas".
Las intenciones de Shiryu no eran santas, claro. Su salud era excelente y tenía los impulsos básicos de alguien de su edad, pero no estaba seguro de querer que Shunrei se enterara de eso el primer día.
Apenas la vio con su maleta, a unos metros, su corazón le dio un vuelco. Partió a recibirla, pero aminoró el paso al notar que la chica llevaba una vistosa boina roja con una estrella solitaria. Y además, llevaba un uniforme de ejército del mismo color.
-Saludos, Shiryu – dijo la chica, inclinándose en una reverencia – es un gusto verte. El pueblo, el partido y yo hemos decidido que tú puedes ayudarnos en nuestra misión.
Mientras iban al Santuario, Shunrei le contó a Shiryu cuál era su misión: El gobierno la había reclutado para demostrar la superioridad de Oriente.
-Occidente es la raíz del mal, la fuente de toda deshonra y está representado por el panteón griego – recitó la chica – que se verá ensalzado a la categoría de símbolo mundial en ese baile, sobre todo si esa diosa griega gana el cetro de Reina. Por eso, debemos humillarla en su territorio y demostrarle al mundo que Oriente es la fuente de toda sabiduría ancestral. Entonces, el gobierno me ha comisionado para que gane la corona de Reina del baile. Durante estas semanas haré campaña por las redes sociales, prepararé un vestido espectacular y ensayaremos todos y cada uno de los bailes, Shiryu, de modo que no les quede más remedio que declararme Reina.
Las esperanzas de Shiryu de noches pasionales se desmoronaron una a una con las palabras de la chica.
-¿No has pensado que los que eligen a la reina son los propios santos de Athena? - dijo después de un rato.
-La reina se elige por internet y por mensajes de texto. ¿No sabes que el evento será televisado?
-Oh – dijo finalmente el dragón y se sumió en sus tristes pensamientos mientras ella hablaba de la superioridad de Oriente.
Esa noche Seiya dormía apaciblemente en su camita cuando de pronto se vio arrojado al suelo. Un muy molesto Dragón ocupó su lugar y le gruñó cuando Seiya trató de recuperar su lecho.
Pensando que se lo merecía por entrometido, Seiya se acurrucó y volvió a dormirse fácilmente.
Con la llegada de Shunrei, las cosas se pusieron extrañas en el Santuario. La chica era muy dulce y amable con todos, pero siempre sacaba a colación el tema de la perversión de Occidente y los malos ejemplos que los dioses griegos habían dado a lo largo de la historia:
-¡Hola! - saludó a Shun - ¿Tú eres el que conmemora el sacrificio de una hija por culpa de una madre habladora que sufre un castigo desproporcionado?
-¡Hola! - saludó a Seiya - ¿Tú eres el que conmemora el asesinato de una de las víctimas de la ira de Athena?
-¡Hola! - saludó a Hyoga - ¿Tú eres el que conmemora el vicio del padre de tus dioses?
-¡Hola! - saludó a Ikki – Tú eres de nosotros.
A Ikki le agradó mucho la chica. Decidió que sería su guardaespaldas.
La dulce Shunrei les decía cosas parecidas a los caballeros dorados, que se confundían un poco ante la contradicción entre sus molestas palabras y su amable actitud. La chica los ofendía y les minaba la autoestima con una tierna sonrisa y los convencía casi sin darse cuenta de lo malos que eran los dioses a los que habían rendido honores toda su vida. Hasta Shura estuvo tentado de dejar su armadura y partir en peregrinación al Oriente.
Saori tardó un par de semanas en darse cuenta de lo que sucedía, ocupada como estaba en viajar a París cada dos días a probarse su vestido de diseñador. Y una linda tarde, mientras volaba con Seiya en su avión privado para una prueba de vestuario, se puso a buscar videos de baile en la red para practicar con Seiya, cuando encontró una serie de grabaciones de Shunrei, riéndose con los aldeanos de Rodorio, charlando con los dorados, compartiendo con los plateados y probándose vestido tras vestido para que los internautas votaran cuál era el mejor para llevar al Baile.
El canal se llamaba "reina_de_oriente", tenía dos millones de suscriptores y cien millones de reproducciones.
La palabrota que lanzó Saori hizo tambalear el avión y provocó una lluvia de ranas en un pequeño pueblo de Islandia.
-¡Tatsumi! - gritó ella - ¿Qué sabías tú de esto?
Tatsumi suspiró y le explicó lo que tantas veces había tratado de explicarle antes: que no bastaba ser diosa millonaria para ganar el voto popular, que Shunrei estaba haciendo una fuerte campaña tanto en la red como en el santuario para desprestigiar a los dioses occidentales, y que todas las encuestas daban como ganadora a la joven china.
-Y pensar que yo le he dado mi hospitalidad – murmuró Saori con una lágrima en la mejilla - ¡Debe ser expulsada del santuario!
-Eso sería contraproducente, señora – dijo Tatsumi – pues aumentaría su popularidad, al ser considerada una víctima más de los desplantes divinos.
-Necesito un plan para hacerme más popular que ella, entonces – dijo Saori, pensativa - ¡Seiya, despierta!
Seiya, que dormitaba en un asiento trasero del avión, se despertó sobresaltado.
-¡Soy talla medium! ¡Soy talla medium! - gritó, aún medio dormido - ¿Ya llegamos?
-No, quiero que me ayudes a hacerme más popular que Shunrei en el alma de la gente y que voten por mí para reina.
-¡Ah, los videos de Shunrei! Son muy buenos. Yo le enseñé a Shiryu a grabar y lo ayudo a editarlos, ¿sabes? Shun pone los efectos sonoros, Hyoga consigue a la gente para que participe y hasta Ikki quiso colaborar con ella como guardia de seguridad. Es increíble lo mucho que la quieren todos, aunque dice cosas raras de los dioses griegos y la filosofía oriental. Yo a veces me aburro de escucharla, pero me gustan sus videos. Soy uno de sus suscriptores, y...
La expresión enfurecida de Saori lo convenció de callarse.
-Necesito que me ayudes a volver a ser la diosa del pueblo, como antes lo fui – dijo ella – Usa cualquier técnica. Grábame, hazme bromas en cámaras, consigue que me inviten a las casas de los aldeanos, lo que sea. Pero quiero recuperar mi popularidad.
-¿Cuál popularidad? - preguntó inocentemente Seiya.
Saori se puso muy roja y sintió deseos de arrojar a Seiya al vacío. Pero pensó que no se vería bien y se aguantó.
Reflexionó unos momentos y su rostro se iluminó de esperanza.
-Puedo ganar – murmuró – Sólo debo hacer lo que mejor sé: usar el dinero para comprar votos. ¡Yo ganaré!
Una carcajada maquiavélica salió de su linda boca. Tatsumi y Seiya se miraron sin atreverse a interferir.
Continuará...
Nota de la autora:
Próximo capítulo: ¡Gran final!
¿Quién saldrá elegida reina? ¿La tigresa del oriente, o la diosa de la fortuna?
¿Qué tendrán planeado Eri y Fler para Hyoga?
¿Cómo la pasarán en el baile los chicos?
¿Qué otra sorpresa tendrá Shun para Ikki?
¿Alguno de ellos conseguirá un beso?
¿Irán de dorado los dorados?
Todo eso y más pronto, eso creo.
Gracias por sus lindos reviews,
¡Nos llemos!
