Capítulo IV

El Bosque de la Luz

Los días pasaron en la fragilidad de las nubes y los árboles que los guardaban, mínimo había transcurrido una semana desde aquella noche frente al lago, Kagome advirtió que regresaría a su época por algunos días, después de la muerte de Naraku había olvidado por completo su otra vida, prometió no tardar mientras todos se despedían frente al pozo, todo era normal, salvo que Inuyasha está vez no trataba de detener a Kagome de su partida.

Unas horas después de la partida de Kagome Miroku también se disponía a partir, Sango e Inuyasha ofrecieron acompañarlo pero este se negó, pues tenía que hacer cosas muy personales con su antiguo maestro Mushin y contarle sobre el fin de la maldición que había perseguido a sus antepasados por dos generaciones, a pesar de todo Miroku acepto que Kirara y Shippo le acompañaran, ya que ahora sin el agujero negro era propenso a los demonios más fuertes, partió al atardecer, sólo se quedaron Sango e Inuyasha en la aldea de Kaede, pues ellos no tenía nadie que los esperara para felicitarles por el fin del viaje, o preocupara por sus heridas externas e internas, ambos se fueron a la choza de Kaede mientras esta preparaba la cena para todos.

Las horas pasaron tenues en la choza el silencio acompañaba la discreción de esa noche, ni Inuyasha ni Sango y menos Kaede gesticulaban o exhalaban alguna palabra al otro, un habitante llamo a la choza e informo de un extraño ente que estaba apareciendo en una cueva al norte de ahí, Kaede intuyo que se trataba de un demonio así que Sango e Inuyasha estuvieron dispuestos a ir después del mensaje de Mioga días antes sobre la aparición de nuevos demonios después de la muerte de Naraku. Sango se puso su traje de exterminadora y partió junto a Inuyasha quien se ofreció a llevarla en su espalda al principio se negó pero termino cediendo después de una pequeña discusión, ambos emprendieron el camino a aquella cueva acompañados de la noche, las estrellas amordazaban el cielo con su luz, la ausencia de la luna hacía más fuerte su aura luminosa, los árboles tristes comenzaban a despojarse de sus hojas, el otoño era anunciado.

Después de algunos minutos llegaron a la supuesta cueva que en realidad era una gruta, ambos la examinaron por fuera hasta que se decidieron a entrar, había grandes cantidades de agua caliente dentro, el agua variaba en su profundidad conforme se adentraban, subía y bajaba de la cintura a sus rodillas, las piedras erosionadas eran hermosas para la vista al igual que la infinidad de cavidades cavernosas, pero esa noche era todo menos hermoso, se respiraba algo raro, y la única fuente de visión era la antorcha de Sango que cada vez alumbraba menos por la cantidad de vapor del agua hirviendo, de pronto algo parecía escabullirse por el agua.

- ¿Has oído eso Inuyasha?

- Sí, ten cuidado por favor.

Ambos se colocaron en pose de combate tocando sus espaldas en uno con el otro, el silencio se apodero de todo el lugar, se escuchaba el agua caer y el crujir del fuego en la antorcha, una ventisca azoto a los dos acompañante apagando la antorcha, la oscuridad devoro el lugar sólo se escuchaban pequeños susurros.

- No te alejes Sango

- Estoy justo atrás de ti.

Inuyasha cogió la mano de Sango y esperaron, no sabía que pero esperaban, un pequeña luz, diminuta incluso para percibir, la luz se acerco a ellos hasta convertirse en una mujer rodeada en un halo de luz, era hermosa, de cabello rojo, sus facciones eran perfectas, nariz y labios coordinados, sus ojos casi tan rojos como su cabello no auguraban nada bueno.

- ¿Qué quieres mujer demonio, por qué no dejas de atormentar a los individuos que pasan por aquí?

- Pequeño mitad demonio hay cosas que no lograras tener a tu alcance, no tengo un razón, pero este es mi lugar, aquí descanso yo así que a todos los intrusos los expulsare, y eso los incluye a ustedes dos amantes, se que ocultan en sus mentes, esas armas terminaran por unirlos y a la vez destruir todo lo que hay a su alrededor.

Sango e Inuyasha se quedaron estupefactos al escuchar eso de la mujer, pero el tiempo no fue perdido Sango arrojo a Hiraikotsu y rápidamente acabo con la mujer demonio, por un momento parecía que todo había terminado Hiraikotsu fue atrapado a pesar de la oscuridad que rodeaba el lugar, Sango ataco rápido después de lo dicho por el demonio "amantes" algo en su cabeza no quería escuchar esa palabra, no con Inuyasha, a pesar de lo que había pasado no podía permitirse si quiera pensar en un amor que más que no le correspondía, no entendía Sango se monto a Hiraikotsu en su espalda y se preparo para salir de la gruta con Inuyasha cuando el suelo bajo sus pies comenzó a temblar, el suelo se quebró y comenzaron a caer entre las rocas, la caída duro varios segundos primero cayo Inuyasha, después Sango cayo justo encima de él, quedaron frente a frente, mirándose a los ojos se perdieron el uno con el otro hasta que despertaron de su letargo, no se habían percatado de por que había luz, o cómo se habían logrado ver a pesar de estar en una cueva, miraron a su alrededor, parecía un enorme bosque, pero era subterráneo, emergía luz de algunas plantas, y varios hongos gigantes era totalmente luminosos y transparentes, era algo inusual pero agradable para la vista, no se veía una salida cerca y parecía extenderse hasta el infinito el luminoso bosque, había viento, se escuchaba entre los árboles gigantes, movía el cabello de los dos, una sonrisa se dibujo en el rostro de ambos que se tomaron de la mano y comenzaron a andar en lo desconocido, también con un sentimiento desconocido, la luces parecían crecer por su sendero, las armas vibraban por el contacto entre los dos y parecían guiados a un lugar que no conocían, el día comenzó, el sol salio pero ahí no llegaba la luz de este, sólo estaban las luces extrañas del bosque, sólo eso y ellos.