Capitulo 4º
Era un esplendoroso día; el sol brillaba con calidez, los animales del bosque comenzaron sus habituales rutinas. Mientras las hadas terminaban de darle color a todas las flores que rodeaban el río, Hydra y Murtagh se divertían practicando con las espadas. El guerrero tenía un talento muy especial para los duelos, pero no contaba que la encantadora jovencita era un difícil rival.
-¡Carambas! ¡Hydra! ¿Dónde haz adquirido tanta habilidad?- vociferó Murtagh, sudando y blandiendo su espada con destreza
-¡Criarme entre hombres! ¡Roran y Eragon me enseñaron a luchar!- exclamó divertida. Su cabello estaba visiblemente alborotado y pequeñas gotitas de sudor enmarcaban sus ojos.
-¡Eres grandiosa!- gritó el muchacho agitando su espada con elegancia.
Hydra bloqueaba una y otra vez los ataques del sorprendido muchacho.
Eragon los observaba mientras acomodaba sus pertenencias. Era muy confusa aquella situación; su hermana menor y Murtagh sentían una atracción entre ellos. El chico temía que el misterioso guerrero tramara algo más. ¿Sería acaso un traidor? No lo sabía; pero muy a su pesar, Murtagh le había salvado la vida en alguna ocasión y cualquiera que fuesen sus intenciones lo necesitaba a su lado.
-Saphira, ¿Crees que Murtagh le declare su amor a mi hermana?- cuestionó Eragon a la dragona
"La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco"
-¿A que te refieres?-
"Eragon; eh visto a través de su alma un amor sincero. El la ama y ella le corresponde"
Eragon soltando una sínica risita, terminó de empaquetar lo necesario. A lo lejos su hermana menor y el atractivo guerrero jugueteaban cerca del río.
-¿Te rindes?- murmuró Murtagh con una sonrisa sujetándola por los brazos y arrinconándola junto a un árbol.
-¡No! ¡Pero creo que el río necesita compañía!- exclamó mirándolo con un brillo infantil a los ojos.
Un impulso de besarlo la invadió; dejándose llevar por la situación acerco su rostro al del emocionado chico que cerraba sus grisáceos ojos lentamente. La abrazo por la cintura y la acerco a su cuerpo. Quería sentirla y que se fundieran en un pasional beso pero….
-¡Hydra! ¡Murtagh!- gritó Eragon a lo lejos.
El guerrero y la muchacha se separaron con brusquedad. El ambiente se tornó embarazoso y extremadamente incomodo; Hydra se sentía avergonzada. Murtagh con bochorno evitó mirarla. Ambos completamente ruborizados caminaron en silencio hacia el campamento. Murtagh se subió con aire soñador a su corcel. Con Eragon e Hydra a la cabeza iniciaron su marcha para llegar a Farthen Dûr.
Farthen Dûr era parte de la cordillera de las montañas Beor. La altura era inmensa y el aire escaseaba, provocando que hubiera poco oxígeno para subir. La mayoría de las personas entraba en una especie de "trance "donde los combatientes más valientes morían ahogados a causa de espejismos.
Hydra comenzó a tener fuertes dolores de cabeza, su tez palideció escalofriantemente y comenzó a ver extrañas visiones.
-¡Debemos a travesar la cascada nadando! ¡Solo así lograremos llegar con los valdenos!- exclamó Murtagh sin percatarse de la mala condición de la muchacha que comenzaba a delirar.
Eragon se bajó del caballo sin fijarse en su hermana que se acercaba a la orilla. Una de sus extrañas visiones le susurraba que se lanzara al río. ¡Ven Hydra! ¡Únete a nosotros! ¡Camina! ¡Te llevare a un hermoso lugar donde gobernaras y Murtagh será solo tuyo! ¡ANDA HYDRA!
Hydra emocionada se lanzó a la cascada y cayó flácidamente al agua. Tras el fuerte sonido de un chapuzón ambos jóvenes dirigieron su vista a Hydra. Murtagh y el jinete de dragón asustados se miraron con temor a los ojos. El agua estaba manchada de un penetrante color rojo. Eragon alejó de su mente la sangre que había vista. Ambos se despojaron de todas sus pertenencias y de sus capas de viaje y se lanzaron audazmente a las impetuosas aguas.
-¡HYDRA!- gritó aterrado Eragon- ¡SHAPIRA! ¡Ayúdame!-
Murtagh se sumergió hasta las profundidades y vislumbró una figura femenina. Suavemente, el guerrero la tomo entre sus brazos y la llevó hasta la superficie. Horrorizado observó como la sangre escurría por el herido brazo de la muchacha, poniendo los ojos como platos y con el corazón acelerado, miró con nerviosismo la herida en la cabeza de Hydra. Cerca de su oreja se había hecho un profundo corte, por donde la sangre brotaba sin control. El muchacho no sabía que hacer ambas heridas eran profundas y la joven estaba inconsciente.
Murtagh buscó con la mirada a Eragon; el jinete de dragón estaba rodeado de soldados de tez morena que apuntaban con sus afiladas armas. Sin duda habían llegado a Farthen Dûr y aquellos hombres eran los tan anhelados vardenos.
