Inesperado
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Era la cuarta vez que jugaban contra el grupo de Bokuto y Kuroo. Tooru estaba seguro de que había mandado al diablo el refrán de "la tercera es la vencida", porque no había forma de ganarle, por más que odiara admitirlo. Y que el muy inútil de Tetsuro se le riera en la cara, no hacía más que enfurecerlo.
¿Cuál era el truco? ¿Qué era lo bueno que tenían aquellos dos imbéciles? Sus bloqueadores eran tan y más buenos que el capitán del Nekoma, y Hajime junto a sus levantadas podrían vencer a Bokuto, incluso con los ojos vendados. Bueno, si lo piensa mejor, quizás no sea tan así; porque hay que reconocerle al capitán del Fukurodani que es genial.
Dejando de lado eso, su propio orgullo no puede admitir tres derrotas consecutivas, por más que sean de práctica. Se golpea las mejillas, frustrado, pretendiendo despabilarse. Tiene que ganarle a Tetsuro y demostrarle que Mattsun vale más que él (aunque el susodicho no esté ni un poco interesado en confirmar tal cosa).
Al otro lado de la red, Kotaro le observa fijo. Quizás si no fuera tan tonto (piensan todos allí, incluido el mismo Bokuto), Tooru notaría sus evidentes fallos y su bajo rendimiento, a comparación de otras veces (y que, también, esas risillas que se le oyen a Tetsuro son de otra cosa, y no de burla).
Kotaro baja la vista, pensante (por más fuera de lugar que parezca). Cree que, quizá, el chico del Aoba sí esté enterado de todo, y que el caso es que, simplemente, él no le gusta.
—Tú —del otro lado, la estrella del Seijoh le llama. Bokuto no tiene idea de por qué, pero se acerca—. Me parece que crees que el tarugo aquél se las sabe todas —comenta, y señala con el dedo a Oikawa—, pero es un idiota. Te aseguro que no se entera de nada.
No esperó aquello, y menos del chico con cabello alborotado. La sonrisa que trae se expande mucho más (si es posible, y sin verse como un completo lunático).
—¡Tú, uno! —exclama, sin pensárselo dos veces (y es que es Bokuto, qué esperaban).
Tooru oye la voz, demasiado ruidosa para pasar desapercibida, y levanta la vista del balón. Mira a todo mundo y todos lo miran a él, incluido el capitán del Fukurodani.
—¿Yo?
Puede ver a Tetsuro golpearse el rostro con evidente frustración, y no entiende nada.
—Pero serás tarado, hombre. ¡Obviamente habla de ti! —Tetsuro grita, en el enojo del momento omite que, de hecho, él también lleva el número uno en su camiseta.
—¡Bro, no le trates así!
—Pero es que está más idiota que tú, bro.
—¡Bro!
Tooru dejó de entender por qué le habían llamado en cuanto los dos capitanes se pusieron a discutir como si no hubiera un mañana. Llegó a la conclusión de que, por lo menos, en su equipo nadie (excepto él mismo) era tan tarugo, y eso era una victoria para él.
—¡Joder, si no le dices de frente jamás sabrá que estás enamorado de él, imbécil!
Oikawa pudo oír una disculpa muy tardía de Kuroo hacia Bokuto, y por fin lo entendió. Estaba rojo hasta las orejas.
