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Promesa rota
E.N.D parte ll
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Una luz le cegaba la vista aun así tuviera los parpados cerrados. Los fue abriendo poco a poco hasta que la claridad molestó en sus pupilas. Colocó su antebrazo para protegerse y, al hacerlo, por fin llegaron a él los sonidos de risas y personas conversando.
Se encontraba recostado sobre una superficie plana, pero no podía identificar sobre que, ni tampoco en donde estaba. Cuando por fin se animó a mirar lo que había más allá de lo que parecía ser una nueva pesadilla para atormentarlo, lo sorprendió más de lo que debería.
No había sangre, ni dolor, ni sufrimiento. Solo una enorme paz recorriéndole el cuerpo. ¿Cuánto tiempo había pasado en aquel horrible lugar?
Frente a él estaba un enorme valle cubierto de pasto y flores amarillas. Las leves ventiscas sacudían los arboles y pétalos volaban a través del viento hasta caer al suelo. El sol le picaba en la piel, pero no dolía. Ya no había dolor.
Todos los magos del gremio se hallaban esparcidos a su alrededor, deleitando su vista ante el paisaje y disfrutando de un armonioso día de campo. Los olores de la naturaleza le inundaron los pulmones y los latidos de su corazón se hacían cada vez más fuertes al sentir de nuevo la libertad. De tener de nuevo su cuerpo. Simplemente de estar allí.
Todos le sonreían y él quería echarse a llorar. ¿Cómo había logrado escapar? Sin embargo, la pregunta se evaporó en un instante al mirar a una chica de cabellos rubios acercarse a él, con una hermosa y fascinante sonrisa sobre sus labios color rosa. Lucy siempre supo como sonreír.
Se dejo caer a su lado y acomodó unos mechones salvajes detrás de su oreja.
Esto no era una pesadilla. Era real.
— Todos parecen divertirse. Es agradable salir de la rutina. — comentó, sin dejar de mirar los juegos de sus amigos.
— ¿A quién se le ocurrió esto? — quiso saber.
— Erza quería organizar un día de campo y ninguno de nosotros quiso oponerse. — fingió una mirada asustada —. ¡Es Erza!
Natsu soltó una carcajada y el aire le inundo los pulmones. Qué bien se sentía estar vivo. Podía pasarse la eternidad en ese lugar.
— ¿Cómo te sientes? — le preguntó Lucy.
— Mejor. — admitió —. Este es el mejor sueño que he tenido.
— No lo dudo. — sonrió —. Has dormido por un largo tiempo. — el viento sacudió sus cabellos y se llevó consigo, la esperanza que por un momento pudo sentir —. Tienes que despertar, Natsu.
Era cruel. Muy cruel. ¿Qué tanto más tendría que torturarlo hasta que estuviera satisfecho? Ya no podía más. Era demasiado.
— No quiero. — se le llenaron los ojos de lagrimas. Parecía tan real…
— Tienes que hacerlo.
— Quiero quedarme aquí.
— No puedes. — miró a la familia que tenían frente a sus ojos —. Ellos te necesitan. Yo te necesito.
Él negó con la cabeza.
— No eres real, Lucy. Alguien va a matarte frente a mis ojos una y otra vez. Siempre es lo mismo. ¿Sabes cuantas veces he hablando contigo para después verte morir sin poder hacer algo? — la voz le tembló —. Odio esto.
— Esto es tan real como quieres que sea.
— No quiero que sea real. No quiero que mueras más. Prometí protegerte, prometí proteger a todos… Yo soy el culpable de todo.
— Este eres el verdadero tu. No dejes que gane.
— Él ya gano. — dijo decaído.
La Lucy frente a sus ojos no era nada más que una ilusión. Una jugarreta de su mente. Una tortura más que ya no podía soportar. Esa Lucy era más real que las anteriores. Si estiraba el brazo podría tocarla, pero si lo hacía, ella se desmoronaría en pedazos y su sangre estaría en sus manos.
Entendía la razón de eso. Era la manera que su otra mitad, que END tenía para decirle que todo era su culpa. La sangre de sus amigos permanecería en sus manos por toda la eternidad, al igual que él en aquel siniestro lugar. Sufriendo en la aterradora oscuridad.
Por esa razón, este sueño lo era todo para él, y ya contaba los segundos que le faltaba para desaparecer y continuar con el suplicio. Su mente y corazón estaban tan dañados que él mismo se los arrancaría… Ojala pudiera morir.
— El Natsu que yo conozco nunca se rendiría.
— Ese Natsu nunca ha existido.
— Entonces, ¿todas las aventuras que vivimos juntos jamás existieron? ¿Yo no existí para ti? — él no respondió —. Debes enfrentarlo. Solo tú puedes hacerlo.
— ¿Y si no puedo hacerlo?
— Él te hizo creer que no podías. ¿Por qué crees que te aprisiono aquí? — cuestionó —. Pero eso ya lo sabías. ¿A que le temes, Natsu?
A muchas cosas, quiso responder. Su peor miedo ya se había hecho realidad y no podía verlo. Por una parte era mejor, pero por la otra, realmente se sentía impotente al no ser capaz de hacer algo. En realidad, si había una opción. Solo que estaba demasiado asustado como para tomarla.
— Si lo hago… si decido enfrentarme. — Dio una respiración profunda y dejo salir la pregunta en un hilo de voz—: ¿Me perdonaras?
Ella le sonrió y le dolió el corazón. Dios, parecía tan real.
— Sabes que lo haré.
¿En qué momento se había hecho tan débil? Ya había escuchado una voz que lo llamaba, y se trataba de una voz diferente. Al tener a Lucy frente a él, todo tenía sentido.
Natsu asintió, convenciéndose que lo que iba a hacer era lo correcto. Tenía que serlo. No existían más opciones.
El espacio en donde se encontraban comenzó a desdibujarse con ayuda de las llamas. Las cenizas caían como nieve a su alrededor y no había donde esconderse. El lugar en donde había pasado los peores momentos se estaba cayendo a pedazos. Solo una persona podía liberarlo y siempre estaba con él en cualquier momento.
El destino era un hijo de puta.
El suelo se partió en medio de donde se encontraban, anunciando el fin de la dimensión actual. Era hora. Y después de mucho tiempo, estaba listo.
— ¿Quién eres? — la primera vez que hizo esa pregunta en este lugar, temió por la respuesta. Esta vez, ansió por escucharla.
— Soy una parte de ti. — le dijo y él siguió su mirada a cada uno de los miembros del gremio, sus amigos, su familia —. Somos una parte de ti.
Un nudo se incrustó en su garganta y le fue imposible hablar con claridad.
— El verdadero yo.
Lucy le sonrió por una última vez. Apretó los nudillos con fuerza y observó como el suelo se desmoronaba ante sus ojos, mientras las llamas consumían todo. La luz que guiaba su camino estuvo a su lado todo este tiempo, solo que la oscuridad se empeñó en ocultarla. Ahora podía verla.
— Te veré allí. — le prometió él. Una vez fuera, ya no había vuelta atrás. Debía aceptar su destino y ella también había prometido perdonarlo.
— Estaré esperando. — y fue lo último que vio. De todas formas, siempre terminaba igual: la veía caer ante sus ojos.
Tan pronto las llamas consumieron todo, recordó su objetivo, recordó su razón de vivir, recordó la solución y recordó también las consecuencias ante eso. Todo estuvo escrito desde un inicio, debió notarlo, y ahora sería él quien sufriría… y también Lucy y los demás.
No había nada a la vista, solo los recuerdos que lo golpeaban. Después de un rotundo silencio, la claridad invadió su mente y la voz verdadera de Lucy resonó a través de aquel espacio intermedio, de su propio subconsciente en el que su otra mitad lo mantuvo cautivo.
Ya no más.
Cerró los ojos y esa voz fue lo único que necesito para encararse a sí mismo; atrayendo la realidad a la oscuridad.
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Nunca pensó que engañar a todos sería tan divertido y placentero. El chico había hecho buenos amigos y era una lástima, porque ya había decidido que se bañaría en su sangre. No sin antes ver sus rostros sorprendidos al ver que su querido amigo era su causa de muerte. Gozaría cada segundo de su sufrimiento.
Los humanos eran las piezas perfectas para un juego inolvidable; agregando sus gritos de piedad y dolor, por supuesto. Pensar en la idea lo hacia sonreír. Honestamente, ya se estaba cansando de la estúpida farsita. Sus garras pedían por desgarrar la carne, las llamas por chamuscar sus cuerpos y sus colmillos por saborear el sabor de la sangre.
En ese momento, se encontraban en el hotel en algún lugar de Fiore. Le importaba un carajo los nombres. Destruir y lastimar, eso sí que no lo olvidaría. Era más placentero, más vivido, más…
Sus pensamientos se detuvieron al sentir a alguien acercarse y volvió a su máscara. La reconoció de inmediato por su aroma. Aquella rubia linda y astuta. Con el tiempo que había pasado con ella, entendió porque el chico la consideraba especial. Todo en Lucy era fascinante, especialmente sus gritos.
— ¿Qué sucede, Luce? — fingió el mismo tono de voz que el otro estúpido utilizaba. Logró oír el seguro de la puerta, pero no consiguió una respuesta por parte de ella, así que se giró para encararla —. ¿Lucy?
— Ahórrate las palabras.
Frunció el ceño.
— No entiendo… ¿De qué estás hablando, Luce? ¿Es una clase de broma? — ¿Y ahora que se trae entre manos?
— ¿Quién eres? — exigió saberlo.
— ¿Huh?
— Tú no eres Natsu. ¿Quién eres?
Oh. Esto se ponía interesante…
— ¿Por qué piensas eso? — le preguntó con curiosidad.
— Lo conozco muy bien y desde que vi esas marcas en su brazo comenzó a comportarse extraño y, de la nada, desaparecieron y él volvió a ser el mismo. O eso es lo que quisiste que creyéramos. Pudiste engañar a todos, pero no a mí.
Se acercó a ella a paso lento. Su interior estaba ardiendo en furia.
— Si esa es la verdad, te llevó mucho tiempo descubrirlo. — se burló.
— Pero al menos lo hice. Fui más inteligente que tu. — contraatacó e intento tomar una de sus llaves y prepararse para la batalla, pero su atacante fue más rápido.
La tomó del cuello y la alzó del suelo. Quien estuviera en el cuerpo de su amigo, no tenía la más mínima duda de terminar con ella. Arañó sus brazos buscando soltarse, al igual que intentar golpearlo con sus pies. No obstante, el aire abandono cada vez más rápido sus pulmones, al mismo tiempo en el que los ojos de él se tornaban rojos y marcas aparecían en sus brazos y rostro. Estaba furioso.
— Odio esta estúpida cabeza tuya. ¿Qué tal si la arrancó y me haces feliz? — su sonrisa hizo que todos sus sentidos entraran en alerta. Demasiado tarde.
— ¿Dónde está Natsu? — preguntó sin poder respirar. Perdería la conciencia si continuaba apretujando su cuello con aquella fuerza o simplemente terminaría muerta. Además, algo acerca de él le impedía utilizar la magia. Ninguno de sus espíritus podía manifestarse, ni tampoco podía pedir ayuda. Estaba perdida.
— Muy dentro de mí, dulzura. En un lugar de donde nunca saldrá. Ahora dime: ¿Qué más te revelo mi identidad?
— Soy una maga celestial, idiota.
A pesar de estar a punto de morir, le daba créditos por ser tan cabezota. Y la explicación sobre su magia, bueno, eso era la cereza en su pastel. La peor amenaza para él y la tenía entre sus garras. La acabaría y, sin ella, ya nadie podía detenerlo. Ni siquiera Zeref.
Solo un poco más de su fuerza y le rompería el cuello, porque esa rubia no merecía ni una parte de todo su poder. Excepto que ese poder estaba siendo comprimido por algo… o alguien.
— ¡Natsu! — Lucy aprovecho su último aliento para llamarlo. Lo sentía cerca. Él estaba allí adentro.
''¡Lo tengo!''
Esa voz resonó en el interior de END y no debía ser así. Soltó por completo a la chica y retrocedió varios pasos, tomando la cabeza entre sus manos y apretujándola en desesperación.
— No deberías estar aquí… ¡No deberías estar aquí! — rugió.
''Es hora de encararme. Limpiare mi existencia. Y tú y yo, tenemos un asunto pendiente. ''
Su respiración se acelero al mismo tiempo que procesaba aquellas palabras. Intentó mantener el control, pero el otro fue más resistente.
Pudo ver el momento exacto en el que unas manos lo arrastraban hacia las tinieblas que él mismo había sembrado. Su conciencia cayó junto con su cuerpo al suelo. Cerró los ojos y se hundió en el vacío.
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