Hello, it's me.
Quizá pensaran que había olvidado esta pequeña historia, pero no, aquí estoy de nuevo, agradeciendo el apoyo.
.
¡Hogar, dulce hogar!
.
Deidara había decidido que no fallaría una cuarta vez. Había investigado minuciosamente y en silencio, dispuesto a encontrar los trapos sucios que se escondían tras la fachada del trabajador modélico que Itachi aparentaba ser.
Fue así como lo encontró.
Sasuke Uchiha tenía diecisiete años. Era un joven típicamente japonés con facciones mucho más finas que Itachi (seguramente había salido a su madre), aunque el aura a su alrededor era también bastante más aterradora.
Según le había sonsacado al idiota de Kisame, su odioso compañero se encontraba en malos términos con sus familiares. Al parecer, Itachi se había negado a estudiar la carrera que su padre había decidido para él y ya ha temprana edad había abandonado la casa. Desde entonces, jamás se había puesto en contacto con su unidad familiar.
Hasta ahora.
Sasuke Uchiha, el hermano menor, fulminó a Deidara con la mirada en el mismo momento en que éste lo abordó a salir de clases. También lo había amenazado con llamar a la policía. Aunque nada superaría al instante en que mencionó a Itachi y sintió que el adolescente podría haberlo calcinado con los ojos.
Sorprendentemente, Sasuke aceptó ir con él. El joven se sentía traicionado y la oportunidad de ajustar cuentas con su hermano parecía habérsele hecho de lo más atractiva. Por supuesto, Deidara nunca se negaría a darle a un pobre chico la oportunidad de un reencuentro emotivo. Así que le había dado la dirección de la empresa en la que trabajaba y se había desaparecido.
No fue mucho tiempo el que esperó hasta que Sasuke se presentó con cara de pocos amigos y la rabia ardiendo por todos sus poros. Itachi se vio obligado a salir del edificio para enfrentar a la fiera. Y Deidara fue a asomarse nada disimuladamente a la ventana para ver el espectáculo.
—Te van a despedir por chismoso.
—No seas así, Sasori —respondió ladeando la cabeza para verlo de reojo—, sólo estaba... ¿Eh?
Las cosas sucedieron demasiado de prisa. En lugar de la pelea del siglo, cuando volvió a mirar, el demonio que había sido Sasuke Uchiha se había transformado en un niño tembloroso que lloraba en brazos de su hermano.
¿Podía ser que, en su insensatez, había subestimado los lazos familiares y los había acabado ayudando a reconciliarse por error?
Deidara sólo pudo quedarse ahí, detenido estúpidamente con la boca abierta.
