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Sirius se exprime el cerebro pensando que puede ser (descartando a la chica) lo que cabrea tanto a Remus. Da mil paseos por la biblioteca, poniendo nervioso al personal, hasta que consigue que lo inviten (que lo arrastren, más bien) a dar una vuelta fuera del castillo. Por fin, casi media hora más tarde, lo encuentra, estudiando junto al lago.

Se acerca en silencio y se sienta a su lado. Se dedica a trocear briznas de hierba con los dedos hasta que nota que su amigo ha vuelto a concentrarse en el volumen de runas sobre su regazo, y entonces, respira hondo y se aclara la garganta…

-Lo siento… - carraspea flojito.

-¿Cómo dices?- pregunta algo cortante.

-Joder- Sirius suelta el aire despacio- no sé muy bien qué es lo que pasa pero… suelo tener la culpa así que… lo siento, Remus, lo siento… -remarca con fuerza cada palabra, convirtiendo un simple "lo siento" en algo intenso y solemne, mucho más que una mera frase hecha.

-¿Ni siquiera sabes por qué te estás disculpando verdad?- duda Lunático mirándolo de soslayo.

Sirius duda un momento, luego lo mira alzando una ceja y prueba suerte con la teoría de James.

-¿Por ser gilipollas?

La respuesta es una carcajada cristalina que se desliza sobre el césped y deshace el nudo del estómago de Sirius.

-Te perdono –ríe Remus- por ser gilipollas.

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