CAPITULO 3: VISITAS SORPRESIVAS.

-Katrina, ¿dónde estás?

-Camino al departamento de Oxton.

-¿Pero…? ¿Y el objetivo?

-Emmmm… imaginaras que no lo estoy llevando con Tracer y su chica, ¿verdad?

-¿Y la policía? ¿No le dieron apoyo?

-¿Cuál policía?

-Maldita… un momento… Underwood, ¿dónde estaba Lena Oxton?

-Lejos del Centro de la Ciencia. El tipo se estaba escapando y…

-¡¿Cómo que no estaba en el Centro de la Ciencia?!

-Ehhhhh no… espera, ¿eso es algo malo?

-Ahhh… espérame en el departamento. Prepara uno de tus disfraces. Tengo que hablar de nuevo con esa hija de…

{{{{{}}}}}

Robert Eimer estaba furioso, como muy pocas veces en su vida. Desde hacía cinco horas su edificio y su empresa eran el foco de incontables policías, políticos, competidores y periodistas. "Demasiada gente husmeando…" pensó, mientras intentaba contener las ganas de estampar sus puños contra una pared. No solo habían vulnerado el bastión de su compañía y asesinado a su equipo de seguridad, sino que el asesino también se encargó de robarle la preciada gota de antimateria que alimentaba a la Usina, una tecnología valuada en miles de millones de dólares que le costó años de negociaciones con el CERN. La fuente de un poder casi ilimitado ahora estaba muy lejos de sus manos.

-Señor… -Eimer levantó su furibunda mirada al oír la particular voz de su segundo y más antiguo asistente: Carrel Raktha, un omnico de aspecto elegante y formal. –Tiene una llamada en la línea cero.

Robert asintió ligeramente y Raktha se retiró. "La línea cero": sus contactos secretos y prohibidos, aquellos de los que nadie debía enterarse de su existencia. Eimer tuvo que ensuciar sus manos en más de una ocasión para proteger su fortuna, y no se arrepentía de ello. "Solo son gajes del oficio. " dijo para sus adentros mientras encendía la pantalla holográfica de su escritorio. Lo primero que sus ojos vieron fue un símbolo, uno que estaba relacionado con severos actos criminales y terroristas por todo el mundo, uno que representaba miedo y horror. Era el símbolo de Talon.

-Señor Eimer. –lo saludo una voz absolutamente distorsionada. Se hacía llamar El Ejecutor, su contacto dentro de la organización terrorista. -¿Tiene más trabajo para noso…?

-¡¿Trabajo?! ¡Les pague una puta fortuna por el ultimo y ni siquiera lo cumplieron, malditos bastardos! –gritó, dejando escapar su enojo y su grueso acento alemán.

-Le pido que se calme y explique su situación con menos… vehemencia.

-¿Calmarme? –Robert rio casi con locura. -¡¿Por qué demonios me calmaría?! ¡Aron Drenssen sigue vivo, imbécil!

-No, eso es imposible. –respondió su interlocutor luego de un corto silencio. -Su cadáver ha sido identificado hace un año. ¡Nuestros mejores agentes se encargaron de él!

-Entonces… ¡¿Quién fue el hijo de puta que me robó treinta mil millones de dólares y mató a todo mi equipo de seguridad?! ¡Lo reconocí, Ejecutor! ¡El me reconoció! ¡Nichts ist unmöglich dijo! ¡Nada es imposible!

Al instante se oyó un profundo suspiro. Los gritos iracundos de Eimer estaban rozando la demencia y sus palabras no tenían demasiado sentido. "Calma, es un cliente importante. Hay que tratarlo como tal" se dijo El Ejecutor, antes de volver a hablar.

-¿Y la policía? ¿Sabe algo sobre el… atacante?

Eimer lanzó una irónica carcajada. El exagerado despliegue de la policía local solo fue superado por la ineficacia de este. Ann Williams, su secretaria, en pleno shock nervioso, les había balbuceado a los oficiales de que el asesino se estaba escapando por los pisos superiores. Scotland Yard buscó intensamente durante tres horas solo para descubrir que el ladrón no estaba allí y que, probablemente, nunca había estado.

-Lo que saben no me sirve de nada. ¡Ni siquiera formaron un puto perímetro alrededor del edificio! Ahora deme una explicación de cómo hizo Drenssen para sobrevivir a su tan perfecto ataque. ¡¿Qué pasó en el medio?!

-Nos encargaremos de investigar, Eimer. Y de eliminarlo de una vez por todas.

-¡No, no lo hagan! Esta vez no… –dijo, más pensativo. Se le había ocurrido una idea, una que terminaría beneficiando sus intereses. -Si volvió fue gracias a algo y quiero ese algo, ese toque que lo trajo a la vida. Necesito a Drenssen con vida, sí o sí.

-Entendido, señor Eimer, pero entenderá que ese trabajo tiene un precio.

-Considérenlo un deber luego de los 100 millones que me robaron.

{{{{{}}}}}

-Señorita, por favor cálmese…

-¿Lena? ¡Lena, despierta por favor!

-Tranquilícese, soy doctora. Ella va a estar bien…

{{{{{}}}}}

Lena Oxton pensó que no despertaría nunca, o que bien abriría los ojos en la sala de un hospital, pero jamás pasó por su cabeza la idea de que si recobraba la conciencia se encontraría recostada sobre el sofá de su departamento, como si nada hubiera sucedido. Aun atontada por su extraño despertar la joven pudo oír dos voces femeninas que provenían de la cocina. Una la reconoció al instante: era la de Emily.

-¿Cómo la encontraste?

-Pues de casualidad. Estaba a punto de salir a trabajar y oí unos ruidos muy extraños encima del edificio. Cuando escuché el grito subí las escaleras hasta el tejado y la encontré. Estaba inconsciente y bastante golpeada, como si hubiese peleado con alguien… y, bueno, no le ha ido muy bien que digamos.

-Que extraño. Ella siempre se cruza con maleantes de poca monta y cosas así, nada que no pueda solucionar con sus poderes, pero…

-¿Pero…?

-Esto es diferente, es… otro nivel…

-No te preocupes por eso, Emily. Lo importante es que ella está bien. Debe ser difícil estar con semejante figura.

-Aunque no lo creas, es más sencillo de lo que parece.

-¿En serio?

-¡Claro! Lena no es una soldado estricta y aburrida, sino todo lo contrario. Es tierna, amable, ¡el alma de la fiesta!

-¡Pues te envidio! Ojalá hubiese más personas como ella en esta vida.

Las voces se escucharon cada vez más cercanas, dando la sensación de que caminaban hacia la sala de estar. Cuando Emily encontró a Lena despierta no pudo evitar acercarse a ella y abrazarla con severa preocupación. Luego, comenzó a revisar minuciosamente su cuerpo, como una madre en busca de cualquier rasguño que su hijo pudiese tener.

-¿Estás bien? ¿Te duele algo? –preguntó con rapidez. Lena frunció el ceño y tomó sus dos manos cariñosamente, intentando calmar los ánimos de su novia. Su dulce sonrisa completo ese trabajo.

-Tranquila amor, estoy bien… algo adolorida pero bien. –contestó, antes de sentir los labios de su amada sobre los suyos. Por un momento sus heridas la molestaron con menor intensidad mientras entrelazaba su boca con la de Emily, y rápidamente, notó la curiosa y sorpresiva mirada de la invitada.

"¡La invitada!" pensó Lena, separándose de su novia. Cuando la vio, la piloto supuso que los golpes que aquel ladrón le proporcionó habían dejado alguna lesión permanente en su cerebro. Era muy joven, de contextura delgada y atlética, pero al mismo tiempo deforme y enferma. Vestía una larga falda oscura, una blusa morada y una chaqueta negra con detalles en violeta. Lo que más llamó la atención de Oxton fue su rostro: pálido, con un leve enrojecimiento en sus mejillas cubiertas de pequeñas manchas y ojos morados decorados por lentes de aumento. Su cabello era rubio, lacio y caía por toda su espalda hasta sus muslos. Era el más largo que había visto en su vida.

-Ejem… lo siento. No tuviste que ver eso. –dijo Emily sonrojada por la vergüenza.

-Tranquila, solo estabas demostrando tu amor. –respondió. Su voz era infantil, casi aniñada, pero decidida.

-Ah, perdona. ¡No te la he presentado! –observó a su novia, dedicándole una enorme sonrisa. -Lena, ella es Marie.

La joven extendió su mano, a la vez que le dedicaba una ligera reverencia con su cabeza. Lena dudó por un momento en responder el gesto. Había algo mal en esa mujer…

-Marie Curie, mucho gusto. –dijo. Al final Tracer se decidió a estrecharle la mano.

-Lena Oxton… perdona si es una pregunta molesta, pero… ¿estás bien? De salud digo…

-Cariño… -Emily rio forzadamente, a la vez que le daba un discreto y correctivo codazo a su novia. -¿Cómo le vas a preguntar eso?

Marie echó una animada carcajada ante la situación, despreocupada por la pregunta. A pesar de la calidez de su personalidad, Lena siguió creyendo que había algo extraño con esa tal Marie Curie.

-No, estoy de maravillas. De hecho, soy doctora.

"Y parece que te estas muriendo" pensó Oxton, a la vez que tomaba su brazo adolorido. Su pierna derecha y su estómago respondieron de la misma manera, haciéndole dudar a la joven británica de que la tal Marie fuese médica. Lo que sucedió segundos después terminó confirmando su duda.

-¿Y sabes qué? –exclamó Curie, con una exagerada y sorprendente teatralidad. –Dicen que el códice siempre se abre a las seis.

-¿El códice qué? –contestó Emily confundida.

-Que te vas a dormir.

Lena no dio crédito a lo que vieron sus ojos. Marie le dio un simple pero eficaz puñetazo en el rostro a la pelirroja, dejándola inconsciente y desplomada en el suelo. Antes de que Oxton pudiese reaccionar de cualquier manera la joven sacó una pistola con silenciador de su chaqueta y apuntó el cañón a su pecho.

-Pero… ¡¿qué haces?! –gritó furiosa Tracer, mientras pensaba seriamente en lanzarse sobre ella para romperle el cuello. Pero la voz que escuchó un momento después anulo toda reacción posible.

-Lo que yo le ordeno, señorita Oxton.

Y apareció, vistiendo su icónico traje oscuro y caminando a paso lento y firme, dándole la espalda en todo momento. El diablo acababa de entrar en su casa. "Warren Johnson, otra vez no… "

-Por su silencio presumo que está sorprendida de mi aparición. –continuó. El hombre estudió la habitación de cabo a rabo, pero sin cruzar su mirada con la de la de cabello en punta.

Tracer se mantuvo callada. El ligero miedo que le tenía a ese hombre esta vez se veía acrecentado por la presencia de Curie. La simpática y amable doctora que suponía ser se había transformado repentinamente en una fría agente de Johnson. "Ya me imaginaba que había algo malo en esta doctora… "

-¿Qué… quieres? –preguntó con desgano, sin dejar de observar a su amada en el piso.

-A ver… ¿por dónde empiezo?

-Ah, ya sé. –acotó Marie, sin desviar su atención de Oxton. -Por la frase "agente, saca a la civil de aquí"

-Exacto. Agente, saca a la civil de aquí.

-Sera todo un placer. –respondió, guardando la pistola. Marie tomó las manos de Emily y la arrastró hasta la cocina, casi como si estuviese escondiendo un cadáver. "Mi novia, desmayada por una doctora moribunda" pensó Lena anonadada.

-¿Podría al menos cargarla?

-Lamento decirte que no. Mi agente tuvo un suceso medico hoy que la dejo un poco débil.

-Sabía que estaba enferma…

Warren giró para verla y frunció el ceño. No le agradaba que insultaran, menospreciaran o subestimaran a sus agentes, mucho menos a la joven que se hacía llamar Marie Curie. Podía estar enferma, sí, pero tenía un potencial ilimitado. Por eso la había elegido. "Imparable e inquebrantable. "

-Basta de los asuntos de los ajenos. Hablemos de la tarea que te encomendé.

"El ladrón, uno que genera alas instantáneas y golpea muy duro. Gracias por los detalles, Johnson." pensó Tracer molesta.

-Mis informes afirman que lo perseguiste por todo el distrito financiero y lo interceptaste en el tejado de un edificio.

-Y me pateó el trasero, y se escapó, y se llevó tu "fuente de energía" –ironizó la chica. –Es todo lo que tienes que saber. Ahora, ¿podrías decirme porque tu puta golpeó a mi novia?

-Protocolo de seguridad. –acotó Marie, apareciendo nuevamente en la sala de estar. La joven ahora estaba completamente calva y su rostro estaba escondido tras una máscara de hockey. –No tiene que saber de qué estamos hablando.

"Una mujer hablando en clave, el jodido Warren Johnson, un ladrón que crea alas de la nada y una calva con disfraz… ¡diablos, es el día más extraño de mi vida!"

-Agente Oxton, no me preocupa que haya fallado su orden, sino su falta de responsabilidad frente a una situación delicada.

-¿Falta de… responsabilidad? ¡Pero si llegue al edificio!

-¿A tiempo?

La pregunta, aunque sencilla, había tomado por sorpresa a Lena. Warren lo noto de inmediato en sus ojos. Comenzaba a dudar.

-Tenías que interceptar al ladrón dentro del edificio y con la ayuda de la policía, no corriendo como loca por toda Londres sin ningún tipo de apoyo. –explicó. -La cuestión que me interesa saber de todo este asunto es… ¿qué pasó en el medio?

La duda en el rostro de Tracer se volvió vergüenza, enrojeciendo por completo sus mejillas. No quería responder, o mas bien no podía responder. Había llegado tarde a su tarea por culpa de una de sus más grandes amigas/enemigas: la tentación.

-Señor Johnson… -dijo "Marie", quien se acercó a él y le desplegó una pequeña pantalla holográfica. La joven reprodujo un video y los ojos grises de Warren se abrieron como platos. No podía creer lo que estaba viendo. -Esta es la causa por la que llegó tarde. –continuó.

-Detén esto. Ya vi demasiado.

-¡Y yo aún más! No grabe la mejor parte, pero esto es suficiente para una…

Antes de que terminara su frase Warren fijó sus ojos en la chica calva, que retrocedió guardándose sus palabras y la holotableta. Volvió con Lena, recuperando su semblante frio y misterioso.

-Y todo esto por revolcarte con tu novia…

-¡¿Qué?! –exclamó Lena impactada. La crudeza de las palabras de Warren dolió más que la revelación en sí. -¡Me… me estuviste espiando!

-¿En serio te sorprende eso? —respondió Warren con naturalidad. –Te he vigilado, no solo a ti sino a varios de tus compañeros por los últimos diez años. Cada movimiento que hiciste, cada persona con la que hablaste… lo he visto todo, Oxton, incluso lo que no recuerdas.

Las palabras de Warren fueron como un disparo a la nuca de Lena Oxton. Aquel hombre de gran importancia en Overwatch que se suponía muerto le estaba demostrando que no solo había fingido hábilmente su suicidio, sino que estuvo más activo que nunca. ¿Con que propósito? Ese era el mayor misterio de todos.

-No… no sé qué decir. Estoy bloqueada.

-Entonces deja que te explique algunas cosas. –Warren cambió repentinamente su postura, ahora más suavizada e inofensiva. Quería que Lena, por lo menos por los próximos 30 segundos, confiara en él. –No sabes cuánto me cuesta decirte esto de forma seria, pero… fuiste una de las agentes más eficaces de Overwatch, casi llegando al nivel de un veterano.

-Oh… pues gracias.

-Y a pesar de este fallo aun tienes una carta más para jugar.

Warren hizo un gesto con su mano y la joven enmascarada se acercó hasta Lena para entregarle la holotableta. En la pantalla se mostraba un cilindro cristalino de última tecnología con una pequeña gota grisácea flotando en el centro.

-Lo que estás viendo… ¿lo reconoces?

-Es lo que tenía el ladrón…

-Se llama antimateria. Es una tecnología que se está utilizando demasiado en desarrollo energético y armamentístico, en el último sin mucho éxito. Es muy inestable y peligrosa en las manos equivocadas.

-¿Qué tan peligrosa?

-Casi tanto como una bomba nuclear. –acotó "Marie". Al instante, el peso de la responsabilidad cayó sobre los hombros de Oxton como un yunque. Había dejado escapar a un sujeto que ahora poseía un arma de destrucción masiva en sus manos.

-Tranquila, Oxton. El ladrón es más inofensivo de lo que parece. –el acento británico de Johnson sacó de su ensimismamiento a la chica castaña. No parecía estar preocupado por el robo de semejante tecnología. –Mis contactos lo han localizado. He preparado un vuelo para ir tras él, y tu vendrás conmigo.

-¿Para arrestarlo? –preguntó Lena enojada. La única idea que recorría su mente era la de asestarle unos buenos puñetazos a aquel ladrón, y luego quizás a la estúpida de Marie Curie.

-Iremos al aeropuerto, serás mi piloto. A menos que tus heridas no te lo permitan…

-Warren, ¿vamos a arrestar a ese idiota?

-Tienes diez minutos para hacer tus cosas. -prosiguió, caminando hacia la salida seguido por la chica calva. Noto que estaba tratando de evitar el tema. -Te esperare afuera. No te tardes.

-¡Warren! –con todas sus fuerzas Lena se reincorporó y dio un salto temporal hasta colocarse delante de la puerta de salida. Su mirada era desafiante y mezclaba perfectamente la furia con la decisión. –Dime que arrestaremos al ladrón.

-No, no lo arrestaremos. Lo reclutaremos.

-¡¿Para qué?!

-Sabes muy bien para qué.

Y con un leve empujón del cuerpo de Tracer, Warren Johnson salió del departamento, dejando tras sí a una chica inconsciente y a otra anonadada. Su trabajo no había hecho más que empezar…

{{{{{}}}}

Luego de seis horas de búsqueda y una docena de frascos de mantequilla de maní vacíos, Winston logró conseguir suficiente información de los nombres de la lista de Johnson. Los seis "reclutas" de Johnson cubrían buena parte de la pantalla holográfica de su computadora con sus rostros y un ligero resumen de sus expedientes.

Lucio Correia Dos Santos. DJ brasileño, fenómeno mundial, luchador incansable por la paz y la igualdad.

Hana Song. Gamer profesional coreana, piloto de mecas tripulados para el ejército surcoreano, una de las streamers más importantes en Internet.

Fareeha Amari. Oficial del ejército egipcio, portadora de un traje experimental de combate, hija de la legendaria capitana de Overwatch Ana Amari.

Katrina Underwood. Patinadora olímpica, bailarina de ballet clásico, la razón de vivir de sus más de 100 millones de fanáticos alrededor del globo.

Satya Vaswani. Arquitecta para la corporación india Vishkar. Poseedora de una invención tecnológica sin igual.

Aron Drenssen. Físico subatómico graduado con honores, sobrevivientes de la Masacre de Sídney, oficial de la Guardia Suiza, dado por muerto hace dos años.

¿Qué relación podía haber entre seis personas tan diferentes y de lugares tan distantes? Winston no lo sabía. Luego de una búsqueda exhaustiva en internet y en la antigua base de datos de Overwatch el gorila no había llegado a ninguna conclusión lógica. Ni con la ayuda de Athena podía encontrarle el sentido. Pero un nombre resaltaba de los seis, no por sus méritos o trayectoria, sino por el simple hecho de ya estar muerto.

Aron Drenssen, asesinado en Berlín el 28 de octubre de 2050 junto con todo su equipo de investigación, enterrado en el panteón familiar de los Drenssen en Sídney, Australia. Nada más. Ni un paréntesis ni una teoría conspirativa. Aron estaba muerto y ya.

"Tan muerto como Warren" pensó Winston, esbozando una ligera sonrisa. Cerró todas las pestañas de la computadora, abrió un nuevo frasco de mantequilla de maní y siguió buscando la conexión entre los seis nombres. "¿Qué relación podía haber entre seis personas tan diferentes y de lugares tan distantes?" La respuesta fue tan absurda y simple que el mismo Johnson se la había dado en la carta.

Overwatch… regreso… nuevos agentes… reforzar líneas…

El hombre de traje estaba comenzando a reclutar heroes.