Disclaimer: Los personajes de Inuyasha le corresponden a Rumiko Takahashi, la historia en cambio es mía y está registrada en INDAUTOR desde el 2017.

Volví. Sí señores, primero regresé con HOF pero como Infiltrada ya está terminada la empezaré a subir poco a poco de nuevo X'D porque siento que me tardo mucho en las otras actualizaciones. Ando viendo si también subo SIRBY porque amm pues ya voy muy avanzada pero me he dado cuenta que ya no hay tantos lectores como antes y eso es muy sad para todos porque a falta de lectores activos los autores dejan de subir y entonces empieza a haber menos lectores y así el ciclo sin fin de la desgracia ficker.

Bueno, veamos si hay gente por aquí XD

Les aviso que hay una chica haciendo comics muy monos en facebook, está en el grupo de Elixir Plateado, link en mi perfil, se llama Kimy y su página es Kimy Art

.

~O~O~O~


~O~O~O~

.

La gran noche

.

Se quedó paralizada mientras veía la imagen, sintió que su boca se le secaba y su garganta se cerraba con un nudo que le oprimía el pecho. Arrancó la hoja completa y contempló la imagen, las lágrimas en sus ojos amenazaban con salir.

Escuchó que Suikotsu estaba por desocupar el baño y dobló la hoja en cuatro para guardarla entre las comisuras del sillón, trató de jalar todo el aire posible y con una servilleta secó las lágrimas del párpado inferior para no correr su maquillaje.

Cuando Suikotsu llegó a la sala la observó detenidamente. Definitivamente envidiaba a Sesshomaru por tenerla en su departamento, viviendo con él y posiblemente haciendo con ella otras cosas. Se deshizo del pensamiento tan rápido como apareció para ofrecerle a esa chiquilla la mejor de sus sonrisas y tal vez, sólo tal vez cautivarla.

—Hay información nueva también, la que encontró Jakotsu sobre Onigumo —su sonrisa se quedó en el aire, pues ella no levantaba la mirada de los documentos que estaba leyendo, pero su intención no era ignorarlo, sino evitar que viera su mirada triste. Él dejó escapar el aire y se puso a armar el comunicador en silencio.

.

~O~O~O~

.

Kagura entró a la oficina de Naraku, llevaba sus maletas y las dejó en la entrada, su hermano la había mandado llamar antes de que tomara el vuelo directo a Canadá. No sabía exactamente para qué la quería pero tenía una vaga idea.

—¿Querías verme Naraku? —preguntó sentándose en una silla frente al escritorio caoba de su hermano, él alzó la vista del monitor y le prestó atención a su hermana menor.

—Así que Byakuya —dijo al deducir el motivo de su viaje. Iría a ver al viudo de su prima y al hermano de ésta, que vivían Winnipeg en Manitoba, una de las ciudades más frías de Canadá.

—¡Sabes de la gravedad de la enfermedad de Kanna! —le reclamaba por no hacer nada a pesar de ser el socio de una de las mejores farmacéuticas. Kanna era hija de Sakura, su prima de sangre y hermana de Moryomaru, pero Sakura había muerto al dar a luz, dejando a Byakuya con una hija. Moryomaru vivía con ellos desde entonces.

—Ya te dije que ellos no quieren mi ayuda —dijo mirándola de forma intimidante para que le bajara al tono de su voz. Si alguien estaba molesto era él. Y ella no tenía derecho a reclamarle nada.

—Una cosa es ofrecerles ayuda y otra cosa es chantajearlos —dijo con la mirada baja. Kanna era su sobrina, una niña de apenas once años y la adoraba, y quizá pronto moriría si no recibía los cuidados que necesitaba.

—Si Moryomaru fuese más listo aceptaría mis condiciones —dijo con voz calmada, relajando la expresión de su rostro—. Así como lo han hecho Hakudoshi y Akago, y tal vez el muerto de hambre con el que Sakura se casó lograría darle una mejor vida a su hija —Kagura apretó los puños ante la impotencia. Deseaba poder abandonar a su hermano y ser libre pero la tenía amenazada, con su propia familia.

—Si quieres ir a verlos, está bien, te daré permiso —dijo extendiéndole un sobre con efectivo. Naraku controlaba absolutamente todos sus movimientos financieros.

—Gracias —escupió la palabra con rabia contenida y tomó el sobre, quizá con ese dinero podría pagar las terapias de Kanna, aunque lo dudaba porque la leucemia no se curaba de un día para otro.

—Pero intenta persuadirlos —dijo con un tono de malicia en la voz—. Si quieren que Kanna reciba las atenciones que necesita, yo me haré cargo. Pero deben regresar y serme útiles.

—Si no lo han hecho, por algo ha de ser —Kagura desconocía los fraudulentos movimientos de su hermano, trabajaba en Pharmatee en recursos humanos, pero no era consciente de nada anormal. Aunque tenía sus reservas, no tenía ni una prueba en su contra.

—Pero tú te encargarás de que cambien de idea. Por el bien de Kanna —dijo con una sonrisa en el rostro que acrecentó el rencor que Kagura le tenía y las miradas rojizas de los hermanos se quedaron fijas unos segundos. Kagura rompió el contacto visual y salió de ahí con su equipaje y los escoltas que Naraku le había puesto.

"Byakuya y Moryomaru. ¿Qué harán si la vida de su pequeña Kanna está en peligro?" se preguntó mientras se contactaba con gente que tenía en Winnipeg. Se había encargado de que rechazaran a Kanna en cualquier organización de ayuda a niños con cáncer. Les estaba cerrando todas las puertas para que su única salida fuese él. Y estaba funcionando.

Kagura se fue en el vehículo que Naraku le había dado, llevaba al chofer y a dos corpulentos escoltas para ser vigilada en todo momento. Se preguntó en qué momento su hermano había cambiado tanto. Desde la muerte de sus padres, la cual permanecía como caso cerrado en la delegación al no poder determinar al culpable, se había vuelto un ser despreciable. Kagura sonrió, tal vez siempre lo había sido.

Ese suceso había sido antecedente para la partida de sus primos a Winnipeg, Kagura desconocía la verdadera razón pero sabía que había sido culpa de su hermano. Y poco después descubrieron la enfermedad de Kanna. Desde entonces Kagura los visitaba, a pesar del miserable departamento en el que vivían y los problemas económicos que tenían. Ella ahorraba dinero para dárselos cada que podía. No era capaz de mandárselos pues Naraku se daría cuenta y no quería descubrir de qué era capaz.

.

~O~O~O~

.

Sesshomaru llegó al departamento con algunas compras para la comida y el arete de Rin. Entró y vio a los dos jóvenes en la sala, casi no hablaban porque la castaña no despegaba su atención de una carpeta.

—Tardaste —le dijo Suikotsu mientras terminaba con el micro comunicador. Rin alzó la vista y le dedicó una sonrisa. Pero era una diferente a las que usualmente dejaba que adornaran su rostro. Esa sonrisa no le llegaba a los ojos y Sesshomaru sintió algo en su pecho que no pudo describir.

—Lo siento fui a la despensa también —dijo denotando lo obvio con las bolsas que traía. Rin se levantó del sillón, dejando la carpeta en la mesita del centro, Suikotsu la vio irse hacia Sesshomaru.

—¿Te ayudo? —algo en el semblante de la chica y en su tono de dulzura fingida lo molestaban. Prefería que estuviera soltándole puñetazos en la cara a verla tan... Apachurrada.

—Está bien Rin —dijo pasándole un par de bolsas que las acomodara en la cocina, Suikotsu se quedó en la sala con un ligero toque de ironía. Notaba que había algo entre ellos pero no supo definir qué. Y pensar en lo diferentes que eran...

Poco después Sesshomaru y Rin llegaron a la sala y se sentaron en diferentes plazas, Suikotsu levantó el comunicador y Sesshomaru sacó del bolsillo interno de su saco una caja de terciopelo negra. Al mostrar su contenido Suikotsu abrió los ojos con sorpresa.

—Te has pasado —dijo al reconocer la calidad de la joya. El arete cubría toda la oreja. Era un dragón que tapaba todo el hélix, y en la concha de la oreja había una perla—hueca—, justo dentro iba el comunicador, éste no era visible porque lo cubría la cáscara de la perla. Todo el arete era de plata, y para la otra oreja traía una pieza más discreta. Eran a juego.

—Era así como lo necesitabas —dijo encogiéndose de hombros, Rin vio el arete con asombro. Seguramente era pesado e incómodo. Suikotsu le introdujo el comunicador con un pegamento especial en la base, una vez listo se lo mostró a Sesshomaru.

—Rin deja que te lo ponga —esas iban a ser las palabras de Suikotsu una vez que recuperara la joya, pero había sido Sesshomaru el que las había dicho. La joven asintió y se acercó al peliplata, alzando el rostro y ladeándose para que Sesshomaru le pusiera cuidadosamente el arete.

—Te queda perfecto —dijo más para sí, Suikotsu frunció levemente el ceño, vio a Rin apartarse rápidamente con un leve sonrojo.

—Gracias —dijo tocando el arete. No era tan pesado como lo había imaginado y eso le agradaba porque lo tendría que usar con frecuencia.

—Bien veamos si funciona —dijo indicándole que entrara al pasillo—. Sesshomaru ve con ella a otra habitación y hablen de lo que sea, yo le diré a Rin si se escucha tu voz, y ella me dirá si escucha la mía con claridad —dijo sentándose en el sillón, tecleando algo en su computadora personal. Ambos fueron a la recámara más alejada. La de él.

—Pregúntale si me escucha —dijo el peliplata una vez dentro. La joven achicó los ojos al escuchar la voz de Suikotsu decirle que escuchaba perfectamente. Suikotsu quería ser el que se quedara con ella unos momentos a solas, pero era el único que sabía cómo funcionaba el programa al que estaba enlazado el comunicador.

—Sí te escucha —dijo ella con media sonrisa en el rostro. Otra vez no era una sonrisa sincera y Sesshomaru quiso saber por qué, pero no lo iba a preguntar con Suikotsu escuchando todo.

—Bien vamos —dijo saliendo de la habitación para ir de nuevo a la sala. Se encontraron con Suikotsu recogiendo todas sus cosas y guardándolas en las maletas.

—¿No te quedas a comer? —preguntó Rin sin consultar a Sesshomaru. Pero recibió una negativa por parte del moreno.

—Lo siento Rin —dijo sin verla—. Bankotsu quiere que nos reunamos con Jakotsu para hablar algunas cosas del tema —dijo con media sonrisa en el rostro.

—Oh, ya entiendo —no tenía idea de quién era el aludido pero no quiso preguntar—. Entonces nos vemos —dijo con un intento de sonrisa.

—Espera —se acercó a ella y tomó su rostro entre sus manos, consciente de la afilada mirada del peliplata—. Te enseñaré a apagarlo —dijo tomando el arete, lo retiró con cuidado y le mostró que el comunicador tenía un pequeño botón rojo, muy poco visible. Tomó el otro arete y con la punta presionó el botón—. Ya está.

—Perfecto —dijo ella con media sonrisa en el rostro, repentinamente Suikotsu la abrazó y le habló al oído.

—Vas a ver que todo saldrá bien —la estrechó con fuerza contra su pecho y sin esperar a que ella le regresara el abrazo la soltó para salir del departamento dejando a Sesshomaru con el ceño fruncido y a Rin con los ojos muy abiertos.

—Se llevan muy bien —siseó el peliplata dejándola en la sala. Ella reaccionó y guardó los aretes en la caja. No le había prestado atención a las palabras que había dicho Sesshomaru. Su cabeza estaba en otra parte entre los cojines del sillón.

Cuando perdió de vista a Sesshomaru en la cocina sacó la hoja doblada y se dirigió a su cuarto, abrió uno de los cajones de ropa y la escondió hasta el fondo. Reprimió de nuevo sus ganas de llorar y cerró el cajón, todavía era temprano y ella no tenía ganas de hacer nada, lo cual era raro. Mucho.

Salió de su cuarto y se preguntó a dónde llevaba el pasillo antes de la recámara de Sesshomaru. No conocía todo el departamento y a veces sentía curiosidad. Sintió la pesada mirada del ojidorado sobre ella y se volvió para verlo.

—Es la sala de estar —dijo refiriéndose al pasillo que ella veía—. Casi no la uso —se dirigió hasta ella haciéndole un gesto para que lo siguiera y ella lo hizo, pasando el pasillo llegaron a una puerta y la abrió, había una televisión de pantalla plana en la pared, una mesa de billar, apartado, no más bien aislado había un piano, frente a éste se ubicaba una cantina con muchas botellas y copas, posiblemente empolvadas por la falta de uso y un sillón de piel hasta el fondo. ¿Cuántos cuartos más había en ese lugar que ella no conocía?

—Se ve cómodo —dijo ella con una leve sonrisa en el rostro, sintió una afilada mirada y una descarga eléctrica la recorrió por completo, él la veía, no más bien la estudiaba con la mirada, se veía entre molesto y curioso.

—¿Qué te pasa? —le preguntó con su ronca voz, haciéndola tragar con dificultad, ¿tan mal se veía?

—No es nada... Nervios —él se dio cuenta que mentía, pero no quería darle importancia. No es que se preocupara por ella—. Por lo de mañana ya sabes... —dijo sosteniendo su cuento, se resistió a apartar la mirada hasta que él desvió la suya.

—Todo va a salir bien —se odió por usar las mismas palabras del moreno. Rin se mordió el labio con nerviosismo, aún no sabía que iba a pedirle él a cambio de su ayuda. Sin contar que la había llenado de lujos y esas cosas.

—Te vino a buscar tu novia —dijo sentándose en un banco frente a la mesa de billar, notó como el levantaba las cejas desconcertado—. Bueno tu amante —se corrigió, refiriéndose a Kagura.

—Kagura —dijo él entendiendo de lo que hablaba y viéndola asentir. ¿Debía sacarla de su error? No, pensó que para él sería mejor que no—. ¿Ella te dijo que era mi novia? —preguntó sentándose en un banco frente a ella.

—No, pero es obvio. Me di cuenta desde que la conocí. Por su forma de verte... —dijo desviando la mirada. ¿Por qué estaba teniendo esa plática con él?

—¿Qué quería? —preguntó buscando la mirada de la chica, pero ella no levantó la cara.

—Despedirse —dijo con voz baja, el hecho de que Sesshomaru aceptara que eran amantes le molestaba y ni siquiera sabía por qué. Era lo más normal, ella era una mujer grande y madura. Sin mencionar que era hermosa y tenía la clase y la educación que a ella le faltaban—. Dijo que se iría a Canadá unos días, y que te llamaría después —dijo levantándose del banco.

—Ya —Sesshomaru se levantó tras ella y la tomó del brazo con el único fin de verla a los ojos, ella regresó su vista a él y pudo notarla más afligida que antes. ¿Acaso le molestaba que tuviera algo con Kagura?

—Eso era todo —dijo ella en un intento por recuperar su brazo, él la soltó y ella se dispuso a salir, dejando a un confundido peliplata en la sala de estar. Sesshomaru sacó su móvil y marcó el número de Kagura sin obtener respuesta, seguramente ya había subido al avión, ella siempre, siempre le contestaba el teléfono a él.

Rin por su parte caminó hasta la sala y tomó la carpeta que Suikotsu le había dejado, leyendo todo lo que había de Onigumo. Nada sobre cómo se veía, pareciera que nadie le había visto realmente. Era como un fantasma. Sin duda sabía cuidarse, pero sus seguidores no. Vio la foto de un hombre albino con ojos infantiles color lila, debajo de la imagen decía el nombre: Hitomi Akago. Ella frunció el ceño, la cara de malicia de ese hombre había logrado ponerla de peor humor.

—Rin —la llamó Sesshomaru y la aludida giró el rostro para encontrarse con la vehemente mirada del peliplata, muy distinta a la de momentos antes.

—¿Sucede algo? —preguntó intentando separar su vista de la de él. Esa manera de verla la ponía muy nerviosa. Esa mirada era muy intensa y se sentía indefensa ante él.

—Tengo que mostrarte algo. Ven a mi recámara —se perdió en el largo pasillo y Rin se dispuso a seguirlo después de unos segundos. Analizando la profundidad de su mirada. Podía ser ¿culpa?

Entraron a la habitación y Sesshomaru prendió su computadora y le indicó a Rin que se sentara, le puso una imagen de un hombre de negros cabellos y pequeños pero analíticos ojos rojos.

—Él es Hitomi Naraku —"Hitomi" repitió Rin en su cabeza, entonces... Pariente de Akago. No dijo nada porque vio que Sesshomaru estaba por decirle algo más. El peliplata se lo pensó antes de decirle si era hermano de la pelinegra o no, pero optó por contarle todo—. Es el hermano mayor de Kagura —recibió una mirada llena de dudas por parte de la castaña. ¿Qué tenía que ver ella con eso?—. Es el socio mayoritario de Pharmatee —los labios de Rin se abrieron para decir algo pero volvieron a cerrarse casi de inmediato, meditando la imagen. Había cierto parecido en ambos.

—¿Es tu amante y no sabías quién era su hermano? —Rin empezaba a preocuparse, Kagura pensaba que eran primos y más adelante eso podría echar a perder sus planes si le contaba la verdad al tal Naraku.

—Nuestra relación es meramente sexual —dijo divertido al ver como se coloreaban sus mejillas de tonalidades rojizas—. No nos metemos en la vida privada del otro. La convenceré de que no diga nada...

—Claro, con un buen revolcón seguro se queda callada —Rin se arrepintió apenas habló, se odió por decir las cosas sin pensar y se dispuso a disculparse—. Lo siento, digo ya que en eso se basa su relación seguro la convences —no sabía si había sido buena idea continuar hablando. Pero al ver la cara del peliplata supo que lo había arruinado más, su ceño un poco fruncido le decía que estaba molesto, pero su mirada era... ¿Triste?

—Puede ser que con eso baste —su voz sonó ronca y Rin sintió un escalofrío recorrer su cuello y mucha vergüenza por haber abierto su gran boca. Sesshomaru no entendía por qué de cierta forma ella pensaba así de él. Un hombre rico que conseguía lo que quería con dinero o con sexo. Y cayó en cuenta de que ese era él. Pero entonces ¿por qué le irritaba que ella lo supiera o que pensara así de su persona?

Rin se levantó sin decir nada y salió cerrando la puerta tras de sí. Se sentía tonta reclamándole a Sesshomaru de su vida amorosa. No es que a ella le importase, pero en cierta forma le cambiaba de humor saber que esos dos sí tenían una relación. Suspiró. Se sentía patética. Llegando a su cuarto se quitó los tacones y se puso unos zapatos planos. Empezaba a sentir hambre así que salió, topándose al ojidorado en el pasillo.

—¿Tienes hambre? —preguntó ella viéndolo a los ojos, ya no se veían con alguna clase de expresión, sino todo lo contrario. Fríos. Distantes. Indiferentes.

—Sí, vamos —dijo avanzando, su tono le heló los huesos. En serio ese hombre sufría más cambios de humor que ella en su periodo. Pero sonrió levemente, así era él después de todo.

En la cocina las cosas mejoraron, prepararon la comida estilo occidental la cual comieron en una mesa en la cocina, no iban a poner el comedor para dos. Rin —aún con semblante extraño—, procuró hablar de algunas cosas como dónde solía vivir y lo que hacía en sus ratos libres antes de empezar a robar. Nunca mencionó qué la había impulsado realmente y él no le preguntó. Y no era falta de interés, sino que se imaginaba que era relacionado con su familia y que ella no se sentía cómoda tocando ese tema.

Al terminar ella le propuso que vieran una película, a lo que extrañamente él no se negó y ambos se dirigieron a la sala de estar, donde estaba la grandiosa pantalla. Sesshomaru la prendió y puso Netflix, dejando que fuera ella la que escogiera la película.

—¿Acción o comedia? —le preguntó mientras se debatía en algunas de esos géneros, lo vio encogerse de hombros sin darle mucha importancia a la película, a lo que ella escogió una de comedia. Lo que quería era olvidarse de lo que estaba rondando su cabeza desde que encontró esa imagen en la carpeta de información.

Una vez viendo la película ella no despegaba la mirada de la pantalla, soltando una que otra carcajada en cada escena a lo que él sólo mostraba una media sonrisa no precisamente por el tonto film que veían. Tal acto pasó desapercibidos por la castaña, así como algunas miradas por parte de él. Quien posó su brazo sobre los hombros de ella y la sintió tensarse al momento, y su concentración en la película también se vino abajo. Se veía nerviosa. Eso lo molestó, parecía estar más cómoda con Suikotsu que con él y eso no le gustaba. Más bien le irritaba la idea de que a la joven le atrajera uno de los pocos amigos que tenía. Simplemente no le agradaba imaginárselos juntos.

Después de un rato, cerca de las siete de la noche cuando la película terminó y él apagó la televisión y volvió su mirada a la joven, la encontró dormida sobre su pecho. Había notado la posición desde que ella se acomodó, pero no había querido bajar la mirada por sus malestares de celos, y en esos momentos quedó desarmado. La chica dormía con tanta calma que quiso quedarse así mucho más tiempo, agradeció la tenue luz que se colaba por la ventana, en cualquier otra situación con cualquier otra mujer no hubiera dudado con despertarla para que se fuera a dormir apropiadamente o para hacer algo más. Pero en ese momento lo último que quería era despertarla, pues el semblante de preocupación en el rostro que había mostrado durante la tarde se había esfumado por completo.

.

~O~O~O~

.

Rin intentó estirar los brazos, se sentía un poco incómoda al no estar recostada en su cama. ¡Demonios! Se había quedado dormida en los brazos de Sesshomaru mientras veían la película. El peliplata aún dormía, muy poca luz entraba por la ventana. No tenía idea de qué hora era pero no quería moverse y despertar a su acompañante que se veía realmente tranquilo. Se reacomodó en su pecho y cerró los ojos, esperando a que Sesshomaru no se despertara por sus movimientos, cosa que no sucedió y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

Sesshomaru abrió los ojos una hora después, y pese a la no tan confortable postura decidió que había sido una de las mejores noches de su aburrida vida. Nunca había dormido así, sin estar alerta de algo o en compañía de una mujer sin satisfacer sus necesidades. De hecho realmente nunca dormía con mujeres. Tenían relaciones y las hacía irse o era él quien se iba. Nunca le había permitido a ninguna dormir entre sus brazos como en ese momento estaba haciendo la niña que tenía viviendo en su departamento y se sentía sumamente jovial. Decidió que ya era hora de despertarse al ver el reloj que traía en la muñeca indicando las diez menos veinte —sorprendiéndose porque nunca dormía tanto—, con un leve movimiento trató de despertar a Rin.

—Hola —saludó ella con un tono muy suave cosa que le agradó más de lo que pensaba, esa niña se estaba ganando su cariño y eso lo perturbaba.

—Hola —contestó el incitándola a que se levantara para que ambos se arreglaran debidamente—. ¿Ya sabes qué usarás en la noche? —le preguntó mientras ella abandonaba su pecho para sentarse correctamente, cosa que le desagradó, extrañando su calor.

—Sí, un vestido de noche escotado, pero largo —dijo al verlo escrutarla con la mirada, no la podía culpar. Ella no había escogido los vestidos, había sido la francesa.

—Está bien —dijo levantándose—. ¿Quieres bañarte primero? —ella asintió y salió por sus cosas, él se dirigió a su recámara, su espalda le reclamó por haber dormido sentado y se recordó que había valido la pena. Preparó el baño y salió para hacer el desayuno en lo que ella se aseaba.

Una vez que ella salió y él tomó su merecido baño ambos desayunaron y se pusieron de acuerdo con qué decir y hacer durante la cena. Sesshomaru le recordó que debía ser educada con Naraku a pesar del rencor que le guardaba y ella sabía que para que su plan funcionara debía ser así.

—Suikotsu tiene demasiadas cosas útiles, me refiero a que parece dedicarse a esto... —dijo antes de darle un trago a su jugo de naranja. Sesshomaru asintió levemente.

—Es investigador privado, al igual que Bankotsu —notó la preocupación en el rostro de la joven y dedujo el por qué—. Bankotsu es ex fiscal de inteligencia de la seguridad pública —Rin casi si atraganta con su jugo, Sesshomaru pudo notar la angustia en sus ojos—. Tranquila...

—¿Le dijiste quién soy? —preguntó apenas dejó de toser y recobró el oxígeno que le faltaba, sus ojos temblaban y se puso ansiosa.

—No, no sabe que tú eras "el ladrón" de farmacias —la vio calmarse—. Bankotsu ya no tiene nada que ver con la policía, y además trabaja en mi empresa...

—¿Por qué dejo de serlo? —preguntó ya más tranquila. Un policía, vaya suerte la suya.

—Cuando su hermano Renkotsu murió —empezó a relatar y Rin subió sus piernas a la silla para abrazarlas mientras él contaba la historia—, Bankotsu estaba convencido de que no había sido un accidente... Pero la ley exige ciertas pruebas para confirmar ese tipo de sospechas y él se fue por la vía no legal para conseguirlas, perdiendo su puesto.

—¿Y por lo menos consiguió demostrar su teoría? —Rin achicó los ojos, ella sabía lo que se sentía perder a alguien con la intranquilidad de saber que no había sido un accidente sino algo provocado y eso le revolvía el estómago.

—No, desafortunadamente no. Lo único que consiguió fue nada más y nada menos que perder su puesto y sus beneficios, ahora como detective privado no está tan limitado, pero la policía no lo toma en cuenta.

—Vaya... Debe ser duro vivir con eso —si lo sabía ella—. ¿Cuántos hermanos son? —preguntó con algo de curiosidad, ella sólo conocía a dos y la mención de otro que ya no vivía.

—Eran cinco —tomó un sorbo de café antes de continuar—. A Mukotsu y Jakotsu no los conoces, pero a este último lo conocerás más tarde, y tal vez más adelante a Mukotsu también lo llegues a conocer, ya que están muy interesados en apoyar nuestra causa —Rin dio un pequeño respingo al escuchar la palabra nuestra por parte del peliplata y sonrió levemente.

—¿Por qué su interés? —Sesshomaru respiró hondo y la vio tomar otro trago a su jugo y humedecerse los labios, miró a otro lado antes de imaginarse cosas, y dudó antes de contarle la historia de Bankotsu.

—Nadie le quita la idea de la cabeza a Bankotsu que Onigumo tuvo algo que ver con la muerte de Renkotsu —la vio tensarse—. Pero no tiene ninguna prueba.

—¿Por qué lo cree? —Sesshomaru pensó que mientras más informada estuviera mejor, pero no pudo evitar sentir que en cierto modo traicionaba la confianza que le tenía el moreno.

—Su hermano trabajaba en APS, una empresa que se dedica a otorgar las licencias de los medicamentos antes de que salgan a la venta... Les hacen pruebas y demás —vio como ella empezaba a acomodar las piezas en su cabeza. Onigumo sin duda tenía gente dentro de esa organización, se levantó de golpe y corrió a la sala por la carpeta para abrirla frente a él.

—Él —señaló a Akago, lo que más llamó la atención del peliplata era el apellido—. Es Akago, el que siempre acompaña a Onigumo.

—Akago Hitomi —otro pariente de Kagura—. Voy a decirle a Bankotsu que busque a todos los Hitomi que encuentre dentro de esa organización —posiblemente había más gente de Naraku involucrada y los descubriría uno a uno.

Rin asintió y lo vio realizar la llamada, en unas horas ellos irían a casa del peliplata para preparar todo. Estarían fuera del salón en una camioneta negra de carga, perteneciente a Jakotsu donde serían capaces de monitorear absolutamente todo lo que acontecía alrededor de Rin.

Después de un largo rato llegaron Suikotsu y Bankotsu acompañados por su afeminado hermano. Rin les abrió la puerta y Bankotsu la pasó de largo, cosa que ya no le molestaba, Suikotsu la saludó con un efusivo abrazo, recibiendo una afilada mirada por parte del peliplata pero pareció no importarle porque lo ignoró y presentó a su hermano con la joven.

—Jakotsu ella es Rin Ko —dijo cuando estaban dentro.

—Mira que monada de niña —dijo con voz chillona cosa que a Rin le pareció divertida, ya que era más que obvio que sus preferencias eran distintas a las de los otros tres hombres en ese departamento.

—Gracias —contestó con una enorme sonrisa en el rostro y recibió otra muestra de afecto pero esa vez por parte de Jakotsu.

—Vine a arreglarte para esta noche —la vio abrir los ojos sorprendida—. Y a ayudar a estos machos con algunas otras cosas, pero venga tenemos mucho que hacer —dijo empujándola al interior de la casa, en lo que los hombres revisaban información y se ponían al corriente con otras cosas.

—Tenía este vestido pensado —le dijo sacándolo del closet, a lo que Jakotsu sonrió ampliamente.

—Tienes buen gusto —dijo admirando el vestido a lo que Rin sonrió apenada. Buen gusto, cómo no.

—Lo ha escogido la modista de Sesshomaru —dijo suspirando.

—Ya caigo —dijo mirándola—. ¿Tienes idea de cómo peinarte? —la vio negar y sacó de su bolso todo lo necesario para empezar con el cabello—. Ponte el vestido, te voy a peinar y a maquillar.

Rin lo obedeció, se trató de cubrir con las puertas del clóset por puro pudor, a pesar de que los gustos de Jakotsu eran diferentes no dejaba de ser un hombre y además ajeno a ella. Cuando terminó se mostró con un leve sonrojo.

Jakotsu le arregló el cabello en un elaborado chongo que dejaba caer sus mechones enchinados. Su copete lo tuvo que rebajar un poco, pero se dio cuenta que la joven era poseedora de un cabello envidiable. No hacía falta maquillarla mucho, tenía bonitas facciones cosa que le repetía constantemente mientras pasaba la brocha con maquillaje por sus pómulos. Con maquillaje aparentaba los dieciocho que tenía. Cosa que sorprendió Jakotsu pues no le calculaba más de dieciséis.

—Hemos terminado —Jakotsu salió del pasillo seguido por el sonido de los tacones de Rin, los tres hombres alzaron la vista, pero en realidad Bankotsu sólo veía la reacción de su hermano y del peliplata, y maldijo internamente. Si los dos estaban embobados con esa chica, lo echarían todo a perder.

Sesshomaru no pudo despegar la mirada de la joven. En efecto, el vestido tenía un escote que llamaba la atención de cualquiera, y el vestido era largo, pero ceñido, cosa que alteraba la cordura de muchos hombres, como en su caso. El poco maquillaje que traía en el rostro sólo se ocupaba de recalcarle su juventud e inocencia, desvió la mirada antes de parecer demasiado obvio, pero al ver al chico que tenía al lado apretó la mandíbula. Al parecer a Suikotsu no se le daba disimular su interés.

—Bien, vámonos —dijo Sesshomaru rompiendo el silencio de la sala. Él ya estaba listo con un traje gris obscuro y una camisa blanca con corbata del mismo color que el traje, Rin asintió y lo siguió, todos salieron del departamento al mismo tiempo.

—¡Qué emoción! —canturreó Jakotsu—. Esto parece algo así como misión imposible o alguna otra película de espías y detectives —continuó con su afeminada y divertida voz.

—Sí algo así —lo apoyo Rin con una sonrisa en el rostro. Llegaron al estacionamiento subterráneo y los grupos se separaron. Sesshomaru le abrió la puerta de su camioneta y en pocos segundos ya estaban en marcha.

—¿Sigues nerviosa? —le preguntó apagando el radio. Estaba atento al camino pero de vez en vez la veía de reojo. Era obvio que estaba nerviosa.

—Sí, la verdad sí. Pero Suikotsu no para de decirme al oído que todo saldrá bien —al escucharse hablar se dio cuenta de que esa frase sonaba muy ambigua y quiso callarse y no seguir metiendo la pata cada que hablaba con él.

—Al menos sabrás qué decir siempre —dijo ignorando su molestia al escucharle decir esas palabras. Admitía que era hermosa y que era normal que despertara el interés de Suikotsu. Y en una balanza el moreno era mejor partido para ella que él mismo. Se maldijo internamente al sacar esas conclusiones. Él y ella no eran nada, ni lo serían.

Una vez en el salón Rin siguió los pasos de Sesshomaru, era un lugar bastante amplio, había unos cuantos hombres vestidos con pantalones negros, camisas blancas y chalecos obscuros que llevaban una bandeja con copas de aquí para allá. Algunas mesas ocupadas por empresarios adinerados en compañía de sus parejas o socios y una enorme pista con música tranquila donde algunas personas ya bailaban, algunos más descoordinados que otros, pero aparentando que lo hacían bien. "En este medio todo el mundo aparenta" pensó Rin mientras avanzaba y observaba todo con detenimiento, le resultaba nuevo. Nunca había estado en un ambiente similar.

Sesshomaru apretaba la mandíbula con fuerza al reconocer miradas lascivas hacia su bella acompañante. Definitivamente debió llevar otro vestido. Uno más discreto. Y se recordó que lo era, y que aunque no hiciera mucha diferencia su ropa, su joven rostro era otro imán a los ojos de algunos señores mayores y eso también lo ponía de mal humor.

Rin caminaba con pasos firmes pero paradójicamente con los nervios en cada poro de su piel, si no tuviera a un imponente hombre al lado hubiera salido corriendo de ahí. Se sintió incómoda bajo la atención de los hombres y el ojidorado lo notó puesto que recortó distancia entre ellos, haciéndola sentir ligeramente más segura. Entre tantas miradas masculinas divisó a una mujer con un voluptuoso cuerpo que era incapaz de quitarles la vista de encima. "Sólo lo ve a él", se corrigió. Ya que era imposible que su acompañante pasase desapercibido. Inhaló hondo y miró hacia otro lado.

*—Todo saldrá bien —* era la voz de Suikotsu en el comunicador que llevaba en la oreja. Sesshomaru buscó una mesa libre para que se sentaran, pero la mujer que Rin vio antes se les aproximó.

—Sesshomaru —saludó con voz melosa y seductora sin siquiera mirar a la joven que lo acompañaba—. Mira dónde venimos a encontrarnos —la mujer rodeó el cuello del peliplata sin recibir ningún gesto a cambio y pretendió acercarse a su rostro pero él la alejó despacio.

—Sara, ¿qué haces aquí? —preguntó con tono burlón. Ella era rica, sí, pero inútil. No trabajaba ni ganaba dinero por su cuenta. Era una mujer rodeada de lujos y placeres. Alguna vez en el pasado fue su amante, mucho antes de Kagura, pero él se había aburrido demasiado rápido de ella.

—Mi padre —contestó secamente, ya que entendía la intención del ojidorado de ofenderla, desvió su mirada hasta cierta castaña y entendió el comportamiento de Sesshomaru—. Vaya tus gustos han decaído mucho —dijo haciendo referencia a Rin, quien iba a contestarle de alguna manera improvisada como acostumbraba pero la voz de Suikotsu la detuvo.

*—Respira —* le aconsejó, empezando a indicarle la respuesta que le daría a esa mujer madura de penetrantes ojos azules.

—Se podría decir que sus gustos han mejorado, dejando atrás los vestigios para buscar piezas más innovadoras en todo caso —soltó arqueando los labios al ver como se entornaban sus ojos sin saber que responder. Pero siendo consciente de que si lo hacía se iniciaría una guerra de palabras, que por suerte para ella, no ocurrió. Sesshomaru comenzó a caminar nuevamente con Rin a su costado hasta llegar a una mesa donde ambos se sentaron junto al otro.

—Buena respuesta, aunque no es tan mayor como aparenta —dijo sin verla, buscaba con detenimiento a alguien en particular, Rin también pretendía buscarlo.

—Contestó Suikotsu —hizo hincapié en que llevaba el comunicador en la oreja, le pareció ver una media sonrisa en el rostro del ojidorado que duró sólo segundos, y se recordó que ese hombre cambiaba de humor con suma facilidad, aunque tratase a aparentar siempre serenidad.

—Las palabras las dijo él —la miró intensamente—, pero el tono de superioridad era tuyo —volvió su vista a la cena para ubicar a Naraku quien ya lo tenía en la mira. Lo vio acercarse y sentarse frente a ellos en la misma mesa.

—Señor Taisho —dijo fingiendo sorpresa y en tono muy elegante—, me honra con su presencia —clavó sus rojizos ojos en las lagunas doradas esperando una reacción que nunca que llegó.

—Señor Hitomi —era obvio que ese hombre era el hermano de Kagura, ambos tenían cierta clase al hablar y moverse. Además del parecido físico que en foto a pesar de ser obvio en persona relucía más. Ojos rojizos y calculadores, cabello obscuro y la tez clara. La voz del peliplata sonó sumamente fría y distante—. He estado pensando en su oferta —mintió.

—Vaya, pensé que iba a rechazar mi propuesta —ambos hombres se estudiaron con la mirada, pero fue Naraku el que cortó con ese contacto para ver detenidamente a la acompañante del peliplata—. Ofrezco una disculpa por mi falta de modales —le habló dulcemente y Sesshomaru tensó el rostro—, mi nombre es Hitomi Naraku. No sabía que el señor Sesshomaru vendría acompañando por su pareja —a pesar de estar sentado hizo una leve reverencia. Rin también se inclinó un poco, notando que él no conocía la relación que Kagura y Sesshomaru mantenían.

—Se equivoca señor Hitomi, yo soy la asistente personal del señor Taisho —fueron las palabras que Suikotsu le indicó que dijera—. Mi nombre es Ko Rin.

—Ya veo —dijo Naraku mirando a ambos—. Tengo que atender a otros invitados, pero espero verlos más tarde —se levantó y se dirigió a otra mesa. Rin relajó su cuerpo y se volvió hacia Sesshomaru para aclarar algunas de sus dudas.

—Parece ser que no sabe lo tuyo con su hermana —dijo Rin entre dientes—. Si lo descubre puede ser un problema ya que Kagura cree que somos primos —le recordó, algo que era culpa suya por no pensar otra mentira menos comprometedora.

—El hecho de que esté de viaje nos conviene —dijo viéndola a los ojos, ambos se tenían prensados con la mirada—. Yo hablaré después con ella —Rin sólo pudo asentir de nuevo aunque sabía a qué se refería con hablar. Ahora conocía a su objetivo, sólo tenía que encontrar la manera de estar a solas con el señor Hitomi para poner en marcha el plan y confiar en los métodos de persuasión de Sesshomaru con las mujeres.

Pasaron un buen rato sentados en la mesa platicando de cosas triviales, estaban buscando la oportunidad para dejar a Rin platicando a solas con Naraku. Suikotsu iba a estar monitoreando la charla y Sesshomaru los iba a vigilar de cerca. Algunas personas, socios o amigos de Sesshomaru o de su padre, se acercaban de vez en vez a saludar al heredero de la fortuna de los Taisho. Cosa que empezaba a ser molesta para el peliplata e incómoda para Rin. Cuando por fin estaban solos, Naraku andaba cerca y Sesshomaru aprovechó para levantarse y dejar a Rin sola en la mesa, sin perder de vista a Naraku que al verla no dudó en ir con ella.

—Veo que Sesshomaru es un desconsiderado —dijo Naraku ocupando el lugar que el ojidorado había dejado vacío, poniendo a Rin con los nervios de punta, no quería estar tan cerca de ese hombre. Lo odiaba.

—Ese es su imperecedero comportamiento —se quejó con una sonrisa fingida—. Pero bueno, al ser su asistente personal tengo que sobrellevar su mala conducta, si no quiero perder mi trabajo... Y algunas veces hasta su mal genio.

—Veo que padece malestares al realizar su trabajo con el señor Taisho... —Naraku la vio con interés, algo en ese rostro inocente se le hacía conocido. Rin se humedeció los labios antes de hablar sin ser consciente que estaba despertando los instintos más bajos del hombre al que tenía enfrente.

—La gran mayoría del tiempo —seguía sosteniendo su sonrisa, tenía que mantener interesado a Naraku—, supongo que su asistente no se queja de usted —siguió las órdenes de Suikotsu al hablar.

—Por el momento no tengo a nadie en ese puesto —su voz comenzaba a ser dulce y Rin sintió escalofríos, pero no escalofríos como cuando el peliplata andaba cerca suyo. No. Estos escalofríos le advertían de un peligro real.

—Entonces es usted un hombre realmente ocupado y responsable —lo elogió con la voz más tranquila que pudo emitir—. Lo digo porque me toca a mí hacer gran parte del trabajo de Sesshomaru, y déjeme decirle que varias veces he pensado en abandonar...

—Vaya señorita Ko —el pelinegro sacó algo del bolso interno de su saco de marca y se lo extendió a Rin—. El día que abandone al señor Taisho, las puertas de Pharmatee estarán abiertas para usted —en el momento en el que ella tomó la tarjeta con los datos personales de Naraku, éste le tomó la mano y besó sus dedos con delicadeza. Rin fingió un gesto de cortesía, ya que por dentro deseaba ver a ese hombre tras las rejas, pero la voz se Suikotsu lograba mantenerla a raya.

—Lo tendré muy presente señor Hitomi —otra vez fingió una voz decente para aparentar su repentina furia, nunca se había sentido más hipócrita que en ese preciso momento.

—Qué maravilla de músicos —dijo señalando a la gran orquesta al fondo del salón—. Sería una pena que se desperdiciaran —se puso de pie aún sosteniendo la mano de Rin—. ¿Por qué no bailamos?

Rin asintió y se levantó, dejando la tarjeta junto a su bolso en la mesa, alcanzó a ver que Sesshomaru los observaba a distancia, lo cual la tranquilizó, bailó con el hombre que más odiaba en el mundo y el coraje amenazó con manifestarse, pero constantemente tenía la voz de Suikotsu en el odio pidiéndole que se lo tomara con calma.

Sesshomaru apretó el vaso de cristal que tenía en la mano hasta escucharlo crujir, sin romperse. Odiaba ver la mano de ese despreciable hombre alrededor de la cintura de su Rin. Se molestó aún más por su reacción, diciéndose que sólo se preocupaba por el inminente peligro al que la estaba exponiendo. Sus ganas de romper el vaso crecieron cuando él se acercó para hablarle cerca del rostro.

—¿Nos hemos visto antes? —fue Naraku quien rompió el silencio entre ellos, esa duda le taladraba la cabeza desde que vio sus achocolatados ojos y sus carnosos labios. La conocía de algún lado o su imaginación le estaba haciendo una mala jugada, ya que no dejaba de imaginarse a sí mismo intimando con ella. Despertando así en él su deseo por poseerla. Era joven, muy hermosa y además podría sacarle información de la empresa de los Taisho.

.

~O~O~O~


~O~O~O~

.

Muchas gracias a mis lectores viejitos :3 no me olvido de ustedes:

Yarisha

Autumn Poem

SunyKika

LilSykesMixer

Millyh Taisho

Star fiiree -Lupita Reyes

Maril3

Aleliz

BluesSkies10

Indominus Dea

Angelimar

Kagoyame

FabricioScottlan

DomPath

Rin Rou

Dark Thalassa

Another Angel Down

Mina Rose

RenBellatrix

Asburiru

Nohe

Kazamasousuke

Yessi97

Extrañaba esto :D contestaré los reviews por privado.